domingo, 18 de abril de 2010

Impacto social de las imágenes científicas

por: Javier Echeverría

Instituto de Filosofía, CSICmm

1.- Imágenes científicas y tecnocientíficas.
 
Las ciencias han generado diyersos tipos de imágenes a lo largo de su historia: las figuras geométricas de Euclides, las Cónicas de Apolonio, el árbol de Porfirio, la curva logarítmica, la espiral de Bernouilli, el sistema solar de Newton, la tabla periódica de Mendeleiev, el hexágono de Kekulé, la curva normal de Gauss, la esfera de Riemann, el modelo atómico de Bohr, la doble hélice de Watson y Crick, etc. Muchas de esas imágenes han sido admiradas por su belleza y elegancia, mas lo importante no han sido sus valores estéticos, sino los epistémicos. Esas figuras pretendían representar el mundo geográfico, físico, biológico, social y económico de verdad, es decir, tal y como el mundo es, independientemente de cómo lo veamos los seres humanos. Las órbitas elípticas que traza la Tierra al girar en torno al Sol, o la Luna alrededor de la Tierra, no eran simples hipótesis interpretativas o representaciones figuradas: a partir de Newton, representaron leyes universales de la naturaleza, que quedaban sintetizadas en dichas figuras. Habiendo sido imaginadas por personas concretas, trascendían lo imaginario y expresaban un orden conceptual que quedaba identificado con el orden del cosmos. Además, muchas de esas figuras servían para representar el orden subyacente a ámbitos fenoménicos muy distintos: de ahí su universalidad y la afirmación de Galileo de que el mundo está escrito en lenguaje matemático, cuyo alfabeto está formado por figuras y números.






...sucesor E.: Edward Witten





 
Las imágenes de la ciencia moderna han sido instrumentos intelectuales para comprender, explicar y en su caso predecir la diversidad de fenómenos del mundo real: el planeta Tierra, el sistema solar, la materia física, los organismos, el cuerpo humano e incluso algunos aspectos estructurales de los sistemas sociales y económicos. Los científicos han propuesto muchas imágenes para explicar el mundo, algunas de ellas extremadamente imaginativas. Sin embargo, muy pocas han sido aceptadas como imágenes científicas. Las que han triunfado, primero en algunos países europeos y luego en el resto del mundo, han sido aquellas que mejor han cumplido una función epistémica: explicar aquellas regularidades empíricas que, como el amanecer y el atardecer, se presentan ante nosotros una y otra vez. Las imágenes científicas no se limitan a imaginar, describir o interpretar el mundo. Además de eso, pretenden explicarlo, e incluso predecir lo que ocurrirá. Por ejemplo, la imagen newtoniana del sistema solar sigue prediciendo la aparición del cometa Halley cada 75 años, y no sólo su aparición, sino también el lugar exacto por donde entrará y saldrá en la atmósfera, su trayectoria, etc. No es lo mismo decir: "un carro de fuego vendrá del cielo", que indicar cuándo, por dónde, siguiendo qué ruta, y todo ello con una precisión considerable. Desde el punto de vista epistémico, las imágenes científicas no tienen rival a la hora de explicar el origen, la evolución y los cambios y mutaciones del mundo físico y biológico. Todas las culturas han poseído este tipo de imágenes explicativas. Sin embargo, las científicas se han impuesto sobre las demás, no por ser las más bellas, sino por explicar con mayor precisión, coherencia, exactitud y generalidad cómo son la physis y la biophysis. Conviene resaltar que muchos modelos de imágenes científicas han sido contrarias a nuestra percepción directa de los fenómenos. Vemos que el Sol se mueve por el firmamento día tras día y percibimos que la Tierra es inmóvil. Epur si muove!, como afirmó Galileo. Las imágenes científicas han contradicho muchas tradiciones culturales y religiosas, empezando por las afirmaciones bíblicas sobre el origen y la antigüedad del mundo. Dicho de otra manera: han mostrado que hay imágenes falsas del mundo e imágenes verdaderas, o más próximas a la verdad. El éxito de la ciencia proviene, entre otros factores, de su capacidad de generar mejores imágenes del mundo, entendiendo este amejoramiento desde la perspectiva de los valores epistémicos: precisión, rigor, adecuación empírica, coherencia, generalidad, verosimilitud, etc. Los científicos han sido devotos de esos valores, aun estando también atentos a otros valores: utilidad, aplicabilidad, simplicidad, belleza, elegancia, poder, etc. El éxito de la ciencia ha estado ligado al de los valores epistémicos que encarna y a su capacidad para rechazar falsos ¡conos cósmicos e imponer los suyos propios, que son muy variados.
 
A lo largo del siglo XX se ha producido una gran transformación en la actividad científica, a la que cabe denominar revolución tecnocientífica. Además de cultivar los valores epistémicos, los tecnocientíficos están atentos a otros sistemas de valores (tecnológicos, económicos, políticos, militares, jurídicos, etc.) que guían sus investigaciones. Genéricamente hablando, la tecnociencia se distingue de la ciencia porque no se limita a explicar el mundo, sino que, además, pretende transformarlo. La tecnociencia transforma la materia (plásticos, materiales sintéticos, elementos químicos no existentes en la naturaleza), la energía (física nuclear, fusión, fisión, placas solares ...), la vida (ingeniería genética, reproducción in vítro, clonación), la información y la comunicación (televisión, telefonía móvil, Internet), la escritura (escritura digital, libro electrónico), el juego (videojuegos), la guerra (¡nfoguerra), los negocios (e-business) y otros muchos aspectos de la vida social. También transforma las culturas, como luego veremos. Frente al programa del canciller Bacon, conocer la naturaleza para dominarla, las tecnociencias tienen en su punto de mira la transformación, control y dominio de las sociedades. Así como la ciencia clásica estuvo basada en los lenguajes matemáticos, las tecnociencias dependen estrictamente de los lenguajes informáticos, que son lenguajes para la acción, más que para decir lo que sucede y cómo es el mundo. En el ámbito iconográfico, la informática ha demostrado una enorme capacidad representativa, al posibilitar la digitalización de todo tipo de imágenes y sonidos, incluidas las imágenes científicas tradicionales. Hoy en día, el conocimiento está escrito en lenguaje informático, incluyendo el conocimiento que tenemos sobre la naturaleza y las sociedades.
 
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Esta transformación tiene múltiples consecuencias. Aquí nos limitaremos a comentar brevemente las que atañen a las imágenes y las artes. Las tecnociencias, en efecto, generan sus propias imágenes, cuya función es muy distinta a la de las imágenes científicas clásicas. Evoquemos algunos ejemplos: el hongo nuclear, el invierno nuclear, los agujeros negros en galaxias remotas, los planetas fotografiados desde sondas espaciales, las catástrofes naturales y sociales emitidas por las cadenas de televisión, las simulaciones informáticas, los fractales, las páginas WEB y los avatares de Internet, la fotografía digital, los escenarios virtuales del cine i-max, las consolas de videojuegos, los efectos especiales del tecnocine, las bases de datos económicos y contables, etc. Aunque los programas informáticos que permiten verlas hayan sido diseñados por seres humanos, estas representaciones no son accesibles a nuestros sentidos sin la mediación de artefactos tecnológicos complejos y sofisticados, en particular hardware y software. La emergencia de la tecnociencia está vinculada a la aparición de una nueva modalidad de sociedad, que suele ser denominada sociedad de la información. Así como la ciencia y la tecnología tuvieron un gran impacto en la producción industrial, y por ende en las sociedades industrializadas, las tecnociencias inciden poderosamente en las infosociedades actualmente emergentes. La función principal de las imágenes tecnocientíficas consiste en conformar las mentes de los infociudadanos y configurar los sistemas de organización de las sociedades contemporáneas (e-administración, bolsas interconectadas, e-economía, televisión de información y entretenimiento, tecnomúsica, tecnojuegos, teledeporte, etc.). El mayor o menor éxito de unas u otras Imágenes tecnocientíficas no depende de su capacidad para explicar el mundo, sino de su incidencia social, o si se quiere de sus impactos en los tecno-mercados. Las imágenes tecnocientíficas están Insertas en un tejido empresarial, político y militar, como veremos en el apartado siguiente. La propia ciencia depende de estos nuevos sistemas de representación del conocimiento: cientometría, telelaboratorios, simulaciones informáticas del cosmos físico, químico, biológico, geológico, económico y social, etc. La vida social en las ¡nfosociedades depende estrictamente de las tecnoclencias y de sus imágenes, que dan forma a lo que luego percibimos sensorialmente. El conocimiento está mediatizado tecnológicamente, y por ello las Imágenes tecnocientíficas son indispensables para conformar el mundo actual. Un tecnocientíflco social, por ejemplo, estudia una diversidad de escenarios posibles y planifica sus acciones en función de aquellos que son más favorables para sus Intereses y valores. Aunque tenga sus raíces en la racionalidad científica, la racionalidad tecnocientífica está basada en objetivos y valores mucho más complejos, que no se reducen a los valores epistémicos.


2.- La cultura tecnocientífica.


Todo ello Implica un profundo cambio cultural, que tiende a expandirse por todo el planeta, afectando a la mayoría de las culturas. Las tecnociencias cultivan la información y el conocimiento, en lugar de trabajar el campo y los objetos materiales. Habiendo surgido en los EEUU de América en la época de la Segunda Guerra Mundial, concretamente en el ámbito de la física (Proyecto Manhattan, Radiation Laboratories, etc.) y de las Matemáticas (Proyecto ENIAC, cibernética, computing sciences...), el nuevo modo de producir conocimiento se ha ido expandiendo a las diversas disciplinas, incluidas las ciencias sociales, las humanidades y las artes. Asimismo se ha difundido por varios países: cabe afirmar que el Primer Mundo está tecnocientíficamente desarrollado, que el Segundo inició la transición de la industrialización a la tecnociencia, pero fracasó en ese tránsito, y que el Tercer Mundo está subdesarrollado desde el punto de vista tecnocientífico. Siendo la información y el conocimiento la nueva fuente del poder y la riqueza y estando orientadas las tecnociencias a la producción, elaboración y transformación del conocimiento y la información, la cultura tecnocientífica ha pasado a ser la cultura dominante a comienzos del siglo XXI. Sus imágenes, en concreto, están presentes por doquier, gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Analizado en profundidad, el proceso de globalización es una consecuencia de un cambio económico y cultural mucho más hondo: la revolución tecnocientífica.


Si analizamos sumariamente la estructura básica de la cultura tecnocientífica (tecno-cultura), hay tres características relevantes, que son las que comentaremos en este artículo:


a): La cultura tecnocientífica procede de un mestizaje o hibridación entre varias culturas previas.
b): La tecnocultura se expande por los más diversos sectores culturales (arquitectura, plástica, música, cine, literatura, historia, lenguas, juegos) y genera nuevas formas culturales, en particular las industrias multimedia.
c): La cultura tecnocientífica supera las fronteras geográficas y políticas y produce impactos por doquier, con los consiguientes choques culturales.


Por lo que respecta al punto a), cabe distinguir al menos cuatro grandes tradiciones culturales que se funden en las tecnociencias: la cultura científica, la tecnológica, la empresarial y el poder político. En muchas ocasiones, la cultura militar también desempeña un papel muy relevante a la hora de impulsar la actividad tecnocientífica, por lo que debe ser considerada como la quinta subcultura que confluye en la actividad tecnocientífica. Cada una de esas tradiciones culturales tiene su propia historia, sus especificidades y, en particular, sus valores propíos. Desde una perspectiva axiológica, que es la que nosotros adoptamos a la hora de analizar la revolución tecnocientífica , hay que distinguir entre los valores epistémicos antes mencionados (coherencia, precisión, rigor, generalidad, fecundidad, adecuación empírica ...), los valores tecnológicos (utilidad, aplicabilidad, eficiencia, eficacia, innovación, funcionalidad, "usabilidad", etc.), los valores empresariales (rentabilidad, competitividad, crecimiento, demanda, capitalización, etc.), los valores políticos (poder, libertad, igualdad de oportunidades, justicia, solidaridad, prudencia, democracia ...) y, en su caso, los valores militares (victoria, capacidad ofensiva y defensiva, seguridad, jerarquía, disciplina, obediencia, valentía, combatividad, etc.). Los valores epistémicos de la ciencia moderna siguen teniendo un papel en la actividad tecnocientífica y han de ser satisfechos, pero en la mayoría de los casos no son los valores preponderantes, sino que están subordinados al logro de objetivos tecnológicos, políticos, empresariales o militares y a la satisfacción de otros sistemas de valores. Las agencias tecnocientíficas son estructuralmente plurales, puesto que Incluyen científicos, ingenieros, técnicos, inversores, empresarios, gestores, juristas, apoyos políticos y, en su caso, expertos militares que promuevan unas u otras líneas de Investigación. Frente al individualismo metodológico de la ciencia moderna, basado en la ¡dea de que una persona puede generar conocimiento por sí misma siempre que haya recibido una adecuada formación para ello, las innovaciones tecnocientíficas resultan del trabajo en equipo. La autonomía tradicional de las comunidades científicas se ve seriamente afectada por la inserción de los científicos en empresas tecnocientíficas, públicas o privadas, que son las que marcan las prioridades y los objetivos a conseguir. El sujeto de la tecnociencia es plural y sus diversas componentes proceden de tradiciones culturales distintas. A diferencia de la ciencia clásica, en la que había valores epistémicos compartidos, la agencia tecnocientífica se caracteriza por conflictos permanentes de valores entre los agentes que la Integran. Un científico teórico puede participar en un proyecto de Investigación tecnocientífica con la única meta de lograr avances en el conocimiento, pero junto a él habrá ingenieros cuyo objetivo es generar nuevos desarrollos tecnológicos, empresarios que pretenden obtener beneficios económicos gracias a esos proyectos, políticos que priorlzan unos u otros proyectos en función del prestigio o del progreso que de ellos se derivan para el país y militares que sólo tienen en cuenta el posible valor estratégico de dichas investigaciones y su utilidad para el ataque o la defensa. Por tanto, la tecnociencia se caracteriza por un pluralismo axiológlco en el que no hay valores compartidos entre los diversos agentes, sino acuerdos y alianzas que permitan la satisfacción parcial de unos y otros sistemas de valores. Todo ello se refleja en la pluralidad de objetivos de las investigaciones tecnocientíficas, a diferencia de la ciencia clásica, exclusivamente orientada a la búsqueda de nuevo conocimiento sobre el mundo. Consecuentemente, las imágenes tecnocientíficas no sólo son representaciones del mundo, sino instrumentos para transformarlo, que ha sido generados por empresas y agencias tecnocientíficas tras un diseño previo conforme a sus objetivos, estrategias y valores respectivos. La televisión es un ejemplo canónico, pero otro tanto cabe decir de la mayor parte de las Industrias culturales y, obviamente, de los artefactos tecnocientíficos militares, que suelen estar en la vanguardia de la investigación.


En lo que atañe al punto b), las tecnociencias van mostrando una influencia cada vez mayor en los diversos sectores culturales. La arquitectura, la música, la pintura, la escultura, la danza, el teatro y la literatura, por mencionar únicamente las Bellas Artes, siempre han tenido una fuerte impronta técnica. Pero el artista podía dominar por sí mismo esas técnicas y producir obras de arte. En el caso de las tecnoartes, en cambio, el músico, el director de cine, el artista plástico, el arquitecto y el escritor de libros electrónicos han de formar parte de un equipo que sea capaz de coproducir la obra de arte correspondiente. Ello genera empresas tecnoculturales, públicas o privadas, que resultan indispensables para el diseño, producción y distribución de las obras tecnoartísticas. Un experto en arte o música electrónica, al igual que un arquitecto, sólo puede operar con los borradores y bocetos de sus propias obras si es altamente competente en el uso de las herramientas informáticas o, caso de no serlo, si cuenta con colaboradores para ello. Otro tanto cabe decir de los escritores, en la medida en que la escritura digital y el libro electrónico son productos multimedia. Ello da lugar a una profunda imbricación de artistas y tecnocientíficos como condición de posibilidad de que las imágenes, textos o composiciones musicales resultantes puedan alcanzar un grado mínimo de calidad. Si, además, se pretende que lleguen al público, entonces es preciso contar con expertos en gestión y mercadotecnia, así como con juristas que puedan garantizar la propiedad intelectual y los derechos de autor. Al igual que las ciencias, las artes y las demás industrias culturales están inmersas en la revolución tecnocientífica suscitada por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Los escenarios para la publicación, exposición, construcción o representación de las obras de arte son escenarios tecnológicos. Para subsistir y desarrollarse en el nuevo entorno tecnológico , la alta cultura ha de establecer alianzas estratégicas con las agencias tecnocientíficas y cambiar su modo de producción, difusión y distribución. En resumen, las imágenes que tradicionalmente han encarnado el arte y la cultura devienen tecno-imágenes, con todas las consecuencias que se derivan de esta mediación tecnocientífica.


El punto c) es el más comentado en relación con las TIC, y por ello insistiremos menos en él. Las TIC generan nuevas vías de comunicación y de acceso a la información, a distancia y en red, superando las fronteras geográficas y políticas. La televisión, la telefonía móvil y, sobre todo, Internet, son buenos ejemplos de esta profunda transformación del espacio social, hasta el punto de que cabe afirmar que las TIC generan un nuevo espacio social, el espacio electrónico o tercer entorno, que desborda los territorios de los países y regiones y, por tanto, es transcultural por su misma estructura. Las culturas nacionales no desaparecen, pero por encima de ellas se desarrolla un nuevo espacio e-cultural, que se expresa y funciona gracias a un conjunto de artefactos tecnocientíficos. El espacio electrónico constituye un nuevo ámbito para la creación y la innovación cultural, que ha dado origen a la cibereultura, hoy en día en pleno auge. El riesgo de homogeneización y colonialismo cultural es real, sobre todo en el caso de la televisión. En cambio, Internet permite el funcionamiento de redes locales que, siendo de acceso universal, permiten desarrollar nuevas formas culturales estrechamente vinculadas a sus raíces locales y regionales. Esto se manifiesta en particular en el caso de las lenguas, las cuales, para sobrevivir y desarrollarse en el tercer entorno, han de convertirse en tecnolenguas, es decir, en sistemas de expresión oral y escrita que estén implementadas tecnológicamente a través de herramientas de reconocimiento de voz, transcripción y traducción automática, procesamiento de textos, diseño gráfico y de sonido, etc. Las diversas culturas tienen planteado el reto de desarrollarse en el espacio telemático. Para ello es Indispensable que se conviertan en tecnoculturas, dirigidas a un público multicultural. Ello tiene riesgos evidentes (americanización de las culturas), pero también ofrece oportunidades indudables: en particular la de transferir conocimiento de unas culturas a otras, así como la de generar productos culturales híbridos, generados mediante un trabajo creativo a distancia y en red.


En el caso de las imágenes, la transferencia de iconos, melodías, obras de arte y representaciones a través de las redes es una práctica habitual en Internet. El caso Napster, que aglutinó a 60 millones de usuarios de todo el mundo, es un ejemplo canónico de las potencialidades del espacio electrónico para la transferencia de productos culturales. Otro tanto cabe decir de la comunidad Linux, constituida por millones de personas que, viviendo en países muy diferentes, cooperan a la hora de desarrollar productos tecnocientíficos de todo tipo, incluyendo artefactos para la innovación y la creación cultural. Internet no sólo supera las fronteras territoriales, sino también los muros de los recintos artísticos y culturales (museos, bibliotecas, salas de concierto...). Siendo una red abierta y descentralizada, posibilita una tecnocultura abierta y descentralizada, sin perjuicio de que haya fuertes tendencias a la homogeneización y la centralización de la cultura del espacio electrónico. Como ya vimos, las tecnociencias se caracterizan por los conflictos de valores y por la hibridación de culturas históricamente heterogéneas. En la medida en que a las cinco subculturas antes mencionadas se les vayan Incorporando otras tradiciones culturales será posible desarrollar una tecnocultura socialmente abierta y plural. Para ello es Imprescindible intervenir activamente en el tercer entorno. En todo caso, es claro que estamos ante un nuevo espacio para la intervención cultural y artística.


3.- A modo de conclusión.


Las tecnociencias están en pleno desarrollo, por lo que no es posible predecir su evolución ulterior, ni tampoco el tipo de imágenes que irán produciendo, así como su grado de incidencia social. Hoy por hoy, esta nueva modalidad de imágenes tienen enormes impactos sobre las diversas sociedades. Baste pensar en las grandes producciones cinematográficas basadas en las tecnologías informáticas (La Guerra de las Galaxias, Blade Runner, Matrix, El Señor de los Anillos, Harry Potter, etc., por mencionar sólo las más recientes y en su posterior expansión social transnacional a través de logotipos, videojuegos, objetos de diseño, juguetes, adornos, camisetas, posters, etc.). La imaginería tecnocientífica está casa vez más presente en nuestras casas, oficinas y ciudades. Sobre todo, está cada vez más inserta en nuestras mentes. Cuando afirmábamos que las tecnociencias transforman, ante todo, el conocimiento y las sociedades, estábamos diciendo también que su objetivo es la transformación de nuestras mentes. Las TIC ¡nterconectan las mentes humanas y las marcan con la impronta de las nuevas imágenes tecnocientíficas. Al hacerlo, transforman el imaginario individual y, siendo tecnologías de difusión masiva, también el imaginario social. Las imágenes tecnocientíficas son instrumentos de transformación social porque impactan poderosamente en nuestras mentes, en nuestros hábitos y en nuestros deseos imaginarios. Dichas imágenes no son construibles ni representables sin complejos artefactos tecnocientíficos.


Lo importante es que las tecnociencias no sólo las hacen los científicos y los ingenieros, a diferencia de las ciencias y tecnologías clásicas. Las imágenes tecnocientíficas están cargadas de valores empresariales, políticos y militares. En la medida en que vayan impregnándose de valores culturales y sociales, con toda la pluralidad axiológica que ello implica, las representaciones tecnocientíficas contribuirán a impulsar un desarrollo cultural pluralista. No está excluido que el espacio electrónico sea culturalmente homogéneo, aunque hoy por hoy hay tendencias contrarias al monismo cultural en el tercer entorno. Si los usuarios de las TIC son capaces de hacer suyas las herramientas tecnocientíficas y expresarse por medio de ellas en el nuevo espacio social, las diversas culturas y sociedades impregnarán a las Imágenes tecnocientíficas con sus propios valores. Por ello es importante aprender a generar imágenes tecnocientíficas. Es una de las condiciones para ser una persona tecnocientíficamente culta, o si se quiere tecnoculta. Aunque esté posibilitada por las tecnociencias, la tecnocultura depende de las personas, siempre que sepan organizarse en equipos de intervención cultural en el tercer entorno.

 

2 comentarios:

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Graciela dijo...

Argi, mira si seré tonta! me preguntaba por qué escribe y no se puede comentar, bueno pensé lo usará como un diario jajaja

Hoy descrubí el formulario! ésto se encuentra dentro de las tecnociencias?

Besos

Argifauve dijo...

Graviela: no es para tanto...

"Cada" estructura tiene su función, la tecno-ciencia, tenco-formulario.

Un δύναμις - αγκάλιασμα se entiende? :D

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