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sábado, 13 de junio de 2015
K de Kant
es decir, por qué ocuparme de Kant..
Entrevista realizada por:
viernes, 27 de febrero de 2015
Una aproximación..
..al Anti Edipo de Gilles Deleuze & Felix Guattari
por Marcelo F. Ponte

"Solo hay el deceo y lo social, y nada mas".
Gilles Deleuze y Felix Guattari.
L 'Anti Oedipe. p.32
I
Es tentador pensar que el deseo es el tema de El Anti Edipo (1972) de Gilles Deleuze y Felix Guattari. Motivos sobran. Deseo es la palabra que aparece y reaparece en una multitud de enunciados. Ubicuo, el deseo es puesto bajo un foco de luz para ser destacado y observado, desde diversos angulos. La mirada hace resaltar no solo al deseo en si —su insistencia— sino todo lo que le rodea, a todo aquello que de un modo u otro afecta —y de lo cual es, a su vez, efecto.
Pero desde luego, decir que el deseo es el tema de El Anti Edipo no implica necesariamente decir que el deseo es su unico tema. Es que el deseo no es un naufrago, no hay modo de encontrarlo a solas. La perspectiva deleuzeana gira alrededor del deseo como algo que —al merodearto— puede ser descubierto por todas partes, y asi, entra en interaccion con un vasto mundo de cosas —cosas con las que se topa— que pertenecen a ambitos o esferas aparentemente distanciadas.
Con la palabra que mas veces se encuentra deseo es maquina. Asi, ambos, deseo y maquina, pueblan, colorean y dan sustancia al devenir-texto de la reflexion. A deseo y a maquina son dos vocablos que nos cuesta hacer congeniar. Sin embargo, se intersectan en un espacio compartido, en un compuesto que los reúne. Aparecen en escena, entonces. juntos, como maquinas deseantes. Pero ya volveremos sobre esto.
El deseo —la "maquina" que el deseo es— entra en relacion con el limite y con el mas alla del limite, por eso entra en relacion tambien con la ley y con la transgresion.
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Pero, antes de profundizar, de que esta hecho El Anti Edipo? Que ingredientes participan en su elaboration? Podriamos decir que El Anti Edipo es el despliegue de una perspectiva postmarxista y post-Mayo del 68 (muy singular) aplicada a ensayar una critica a los dogmas principales de la teoria psicoanalítica, y por extension —y por medio de ella— del capitalismo.
Si partimos de la base que todo acto de escritura es ante todo un acto de lectura expresado bajo la forma escrita, El Anti Edipo es en si un acto de lectura —y tambien de recombinación— de la obra de Freud, puesta bajo dos lentes; por un lado el de lo ya pensado, antes de Freud, por Spinoza, Marx, Bergson y Nietzsche y, por el otro, el que permite leerla despues de las aportaciones de los que discreparon y polemizaron con Freud como Jung, Adler, o Melanie Klein, como también despues de las aportaciones de la decada del sesenta de Foucault, Derrida, Lyotard. Bateson y Lacan.
En cuanto al estilo. Deleuze y Guattari eligen una forma de expresion cargada de construcciones lúdicas. espirales de juegos de palabras envolventes, y articulaciones novedosas de acepciones. Hay momentos de destellos de prosa poética que confieren belleza y un indudable atractivo al texto —tomando prestado algunos pasajes de Büchner, Beckett o Kafka— aunque en cierta manera esto se logra a expensas de la claridad. Hay también un reiterar de conceptos —y un redundar— insertos en enunciados que son, apenas, variaciones verbales mínimas de enunciados precedentes. A los que refuerzan. Pero también la escritura tiene algo de la pericia del buen narrador de aquellas historias que se mueven del enigma a su resolución y de lo complejo a lo simple, volviéndose más legible el entramado de su arquitectura conceptual durante el último tercio.
Por eso es que leer El Anti Edipo implica una paciente y atenta labor de descifrado, algo próximo por momentos a un arte de traducción. Hay toda una rica terminología a la que uno debe aprender a apreciar, y a acostumbrarse, y con la que uno debe amigarse antes para poder dar con el contenido, o para asir o entrever su sentido.
A diferencia de lo que se podría haber imaginado, en virtud del título, la omnipresencia de las máquinas es uno de los primeros rasgos a resaltar. Donde posamos la vista hay máquinas. Con todo, este 'significante', sin embargo, muy pocas veces —en contadas veces— designa a su significado convencional. Cuando es así, Deleuze nos lo avisa: le adosa un adjetivo y aclara para señalarlo, llamándolas, en este caso, "máquinas técnicas". Pero al lado y en interacción con ellas, hay máquinas célibes, máquinas-fuente, máquinas-objeto, máquinas de inscripción, máquinas-órganos, máquinas-flujo, máquinas de máquinas, máquinas de deseo.
En el capitalismo, hasta los hombres son o se vuelven 'máquinas' o son adyacentes a máquinas —una definición— y las máquinas reemplazan (o sirven) a los hombres. O bien, al reemplazar a unos, sirven a otros (o se sirven de ellos).
No hay manera de eludirlo: máquina es el significante-puerta de entrada a (o de) la interpretación y una de las piedras de toque o piedras medulares del texto. Puesto que máquina es metáfora de —y es la que ocupa (o usurpa), en tanto 'tropo', el lugar semántico de— aparato, artefacto, entidad, esquema, cuerpo, sistema, continente, conjunto o todo, la combinación pieza/máquina refiere en consecuencia a la relación binaria, de dos términos, entre órgano y cuerpo, contenido y continente, elemento y conjunto, componente y suma de componentes, ser-subsistema y ser-sistema, ser-parte integrante de y ser el todo de, ser parte-de-ti o que vos seas parte-de-mí, parte y todo.
II
Porque ya "todo es producción", nos dicen Deleuze y Guattari. Así como hay un registro de la producción, hay una producción del registro. Así como hay un consumo de la producción, hay una producción del consumo.
De suerte que todo es producción: producciones de producciones, de acciones y de pasiones; producciones de registros, de distribuciones y de anotaciones; producciones de consumos, de voluptuosidades, de angustias y de dolores. De tal modo todo es producción que los registros son inmediatamente consumidos, consumados, y los consumos directamente reproducidos.
De lo cual se desprende, siguiendo esta línea argumental, como ejemplo, que todo en política es producción de puestas en escena, de escenificación, de actuaciones y sobreactuaciones. De confección (y de instauración) con valor de verdad de "mitos" y de "creencias". Y el hacer-política es ya ese producir de las puestas en escena, tanto como el de hacerlas-consumir, el de producir su consumo.
III
Pero no toda producción es producción deseante. La producción deseante es la producción cuyo 'motor' no es otro que el deseo, la máquina del deseo, «lo Real en sí mismo».
La producción social, en cambio, es producida por la 'máquina social' —el socius, el campo social— la cual puede ser, en ocasiones, una máquina social-deseante cuando, en virtud de una síntesis conectiva, se da una suerte de acoplamiento o de conjunción de diversas máquinas deseantes. Claro que también, la máquina social puede funcionar, contra el deseo, y en tanto máquina colectiva, como máquina reprimente, de coerción.
Así, "la máquina social o socius puede ser el cuerpo de la Tierra, el cuerpo del Déspota, el cuerpo del Dinero. Porque, provocadoramente, "sólo hay el deseo y lo social, y nada más".
IV
Consideremos ahora la siguiente pregunta: ¿Cómo hace el deseo para abrirse paso, para no anularse, en fin, para hacerse presente —incidir e insertarse— en el campo de lo social?
¿Es que el deseo, para poder ser-deseo, tiene que ser libre o bien el deseo encerrado puede, pese a su estar encerrado —impedido, confinado o reprimido— seguir siendo deseo?
"La cuestión del deseo no es «¿qué es lo que ello quiere decir?» sino cómo marcha ello". Para Deleuze. el inconsciente —el topos del deseo— no plantea ningún problema de sentido, sino únicamente problemas de uso. Porque lo esencial no es saber qué quiere decir sino qué hacer con él, hacia dónde va. EI inconsciente desde siempre es huérfano, no reconoce padre, se engendra a sí mismo, no tiene creencias, es ateo, no reconoce Dios, es nómada y polívoco, no reconoce ley, "permanece siempre sujeto, se produce a sí mismo y se reproduce". Porque el inconsciente es "productivo, en lugar de expresivo*.
Es por eso que El Anti Edipo como argumentación desemboca o converge en una proposición-síntesis, proposición que se deja condensar en una sola palabra: desedepizar. Y esto es debido a que se parte de la premisa de que:
'Edipo no es un estado del deseo y de las pulsiones, es una idea, nada más que una idea que la represión nos inspira en lo concerniente al deseo, ni siquiera es un compromiso sino una idea al servicio de la represión, de su propaganda o de su propagación"'.
Y por este medio El Anti Edipo no es que pone en duda la realidad de la tríada papá-mamá-yo, su dinámica o su papel; más bien pone en cuestión que la tríada papá-mamá-yo sea tan determinante para la constitución del yo —y de los deseos o los delirios del yo— como parece que lo quiere hacer ver (o creer) el discurso tradicional del psicoanálisis.
El siguiente enunciado lo explica, más adelante, con mayor amplitud:
"...esta comunicación de los inconscientes no tiene a la familia por principio, tiene por principio a la comunidad del campo social en tanto que objeto de la catexis de deseo. En todos los aspectos. la familia nunca es determinante, es determinada. primero como estímulo de partida, a continuación como conjunto de llegada, por último como intermediaria o intercepción de comunicación" .
V
En El Anti Edipo se admite que la producción social y la producción deseante, si bien forman una sola unidad, difieren de régimen. De tal modo que una forma social de producción ejerce una represión esencial sobre la producción deseante. Y a tal punto que:
"Si el deseo es reprimido se debe a que toda posición de deseo, por pequeña que sea. tiene motivos para poner en cuestión el orden establecido de una sociedad: no es que el deseo sea asocial. sino al contrario. Es perturbador, no hay máquina deseante que pueda establecerse sin hacer saltar sectores sociales enteros. Piensen lo que piensen algunos revolucionarios, el deseo en su esencia es revolucionario —el deseo, ¡no la fiesta!— y ninguna sociedad puede soportar una posición de deseo verdadero sin que sus estructuras de explotación, avasallamiento y jerarquía no se vean comprometidas. Si una sociedad se confunde con sus estructuras (hipótesis divertida), entonces, sí. el deseo la amenaza de forma esencial. Para una sociedad tiene pues una importancia vital la represión del deseo, y aún algo mejor que la represión, lograr que la represión, la jerarquía, la explotación, el avasallamiento mismos sean deseados.
VI
Hay varias fuentes de singularidad en El Anti Edipo. Podríamos llamarlas, en lugar de fuentes, rasgos. Mejor aún, partículas de singularidad: el flujo, el corte, el cuerpo lleno, la esquizia, las líneas (o puntos) de fuga, la territorialidad, las máquinas deseantes, las síntesis conectivas, los acopiamientos, las cuasi-causas, la resignación-deseo, la superficie de inscripción (resbaladiza), la superficie encantada, la repulsión y la atracción, las instancias de antiproducción, las máquinas oníricas, la distinción de régimen...y pueden mencionarse más. Pero la más enigmática de todas estas partículas del lenguaje es el cuerpo sin órganos. Un significante que a la vez excede y falta a su lugar, como dice Foucault .
No solamente su presencia sino su incesante repetición hacen que el cuerpo sin órganos sea un objeto tan atractivo, tan ineludible y tan difícil de asir en la exploración del sentido del texto. Porque como dice el mismo Deleuze la repetición se forma al mismo tiempo que se disfraza' . Por lo cual es preciso tener en consideración que:
-La repetición es propia del humor y la ironía; es por naturaleza transgresión, excepción, manifestando siempre una singularidad contra los particulares sometidos a la ley. manifestando un universal contra las generalidades que hacen ley" .
Ahora bien, podemos percibir o intuir en la expresión el cuerpo sin órganos algo que también poseen las expresiones 'amanecer oscuro', 'negra blancura', 'fuego sin humo, 'sombra luminosa'. Que las pone en relación de afinidad con las formas paradójicas del juicio, desde Zenón de Elea. Puede que se trate de una repetición que —a fuerza de repetirse y pese a su ubicuidad— todavía no ha "encontrado el medio de definirse". O que en el fondo no se deja encerrar en un sentido ni común ni íntimo ni finito por lo que use resiste a cualquier especificación por el concepto, por lejos que se la lance.
Pero entonces, ¿qué es este cuerpo-sin-órganos y qué es lo que se oculta debajo de, o en, él? ¿Cómo hace para ser-cuerpo, siendo que carece de órganos, y aún así, seguir siendo-cuerpo?
Si a la repetición de una misma palabra debemos concebirla como una «rima generalizada» , el cuerpo sin órganos, en tanto objeto (visible y sonoro) que teje su propia repetición, es un gran toque lúdico, un homenaje a Artaud , una marca de agua, un atajo que permite bascular entre el más acá y el más allá del sinsentido, un guiño a lo irracional, una vía colectora —en paralelo— a la que uno se desplaza para deshacer o desprenderse o burlarse del primado de la lógica, un modo de plant(e)ar un raro acertijo; tal vez, tan sólo, una misteriosa y elusiva incógnita a la espera de ser descifrada (hipótesis imposible).
VII
En el capítulo III de El Anti Edipo, Deleuze y Guattari ensayan un esquema de condensación de la historia universal en tres tiempos, a saber el tiempo de los salvajes, en donde el socius toma la forma de 'la máquina territorial', luego, el tiempo de los bárbaros, en donde el socius toma la forma de 'la máquina despótica o imperial' y por último, el tiempo de los civilizados, en donde el socius toma la forma, esta vez, de 'la máquina capitalista'.
Si bien reconocen que "no hay más historia universal que la de la contingencia" , también conceden en su argumentación un lugar de relieve a la aparición en escena del Estado: Ciudad de Ur, punto de partida de Abraham, o de la nueva alianza, el Estado no se formó progresivamente, sino que surgió ya armado, golpe maestro de una vez, Urstaat original, eterno modelo de lo que todo estado quiere ser y desea. Aunque, en este sentido, en una de sus proposiciones centrales afirman que:
"Es posible que espiritual o témpora!, tiránico o democrátco. capitalista o socialista, no haya habido nunca más que un solo Estado". Respecto de la cual añaden que: "...Las funciones reguladoras del Estado no implican ningún tipo de arbitraje entre clases. Que el Estado esté por completo al servicio de la clase llamada dominante es una evidencia práctica, pero que todavía no entrega sus razones teóricas" .
También resultan muy destacables los pasajes que hacen alusión y sientan posición sobre el capitalismo, sobre texto, a la luz de la grave crisis global que tuvo su manifestación a partir de mediados del año 2008 . Por ejemplo:
'Del capitalismo decimos a la vez que no tiene límite exterior y que tiene uno: tiene uno que es la esquizofrenia, es decir, la descodificación absoluta de los flujos, pero no funciona más que rechazando y conjurando este límite. Además, tiene límites interiores y no los tiene: los tiene en las condiciones específicas de la producción y la circulación capitalistas, es decir, en el capital mismo, pero no funciona más que reproduciendo y ampliando estos límites a una escala siempre más vasta. Ahí radica la potencia (y el poder) del capitalismo: su axiomática nunca está saturada, siempre es capaz de añadir un nuevo axioma a los axiomas precedentes" .
A juicio de Deleuze y Guattari y en concordancia con otros autores. uel Estado capitalista...organiza sus fallos como condiciones de su funcionamiento* . Debido a que Usu único fin es la riqueza abstracta, y su realización bajo otras formas que las del consumo* , u(...) su campo de inmanencia instaura una esclavitud incomparable, una servidumbre sin precedentes: ya ni siquiera hay señor, ahora sólo esclavos mandan a esclavos, ya no hay necesidad de cargar el animal desde fuera, se carga a sí mismo. No es que el hombre sea el esclavo de la máquina técnica, sino el esclavo de la máquina social. (...) En ese papel está dominado, como el atesorador, por la pasión ciega por la riqueza abstracta, el valor* .
VIII
Se ha señalado en estudios previos que Deleuze y Guattari emplean, como rasgo distintivo, Uun modo de discurso anárquico y nomádico que convierte al pensamiento en activo, afirmativo y creativo" Constantemente busca salirse de los marcos convencionales de lo que se considera uel sentido común*. Por tal motivo, en El Anti Edipo se resalta, además, la preferencia por la teoría lingüística del danés Louis T. Hjelmslev (1899-1965) respecto a la de Saussure, 'porque (aquella) abandona toda referencia privilegiada. Porque describe un campo puro de inmanencia algébrica que ya no es posible sobrevolar a través de ninguna instancia trascendente, incluso en retirada. Porque hace correr por este campo sus flujos de forma y de substancia, de contenido y expresión. Porque substituye la relación de subordinación significante-significado por la relación de presuposición recíproca expresión-contenido.
Y al igual que Proust en En busca del tiempo perdido, el discurso deleuzeano gira en derredor del devenir, a la manera de un viaje, "viaje intensivo que deshace todas las tierras en provecho de la que crea" .
Así, en el aspecto que hace a la esfera de las tareas positivas, Deleuze y Guattari proponen —como parte de lo que denominan el esquizoanálisis— "descubrir en un sujeto la naturaleza, la formación o el funcionamiento de sus máquinas deseantes, independientemente de cualquier interpretación" , porque de lo que se trata en el fondo es de hallar cuáles son las máquinas deseantes de alguien, cómo marchan, con qué síntesis, qué devenires en cada caso". A tal punto que postulan que:
"No son las lineas de presión del inconsciente las que cuentan, son. al contrario, sus lineas de fuga. No es el inconsciente el que presiona a la conciencia: es la conciencia la que presiona y agarrota, para impedir que huya" .
Por otra parte, en una de sus tesis principales, Deleuze sostiene la teoría de los dos polos de catexis, según la cual hay, por un lado, catexis de deseo, y por otro, catexis de interés, las cuales pueden (y suelen) actuar en sentido contrapuesto. En el siguiente pasaje lo aclara de este modo:
"Hay una catexis libidinal inconsciente de deseo que no coincide necesariamente con las catexis preconscientes de interés y que explica cómo éstas pueden estar perturbadas, pervertidas en «la más sombría organización», por debajo de cualquier ideología" .
En consecuencia, siguiendo la estela de Nietzsche, Bataille y Klossowski, según Deleuze, "resulta en vano intentar distinguir lo que es racional y lo que es irracional en una sociedad" . Ya que, por ejemplo, "incluso el capitalismo más demente habla en nombre de la racionalidad económica" .
Y sin embargo, aunque la máquina capitalista forma un poder absurdo, cada uno en su clase y su persona recibe algo de ese poder o es excluido de él, en tanto que el gran flujo se convierte en rentas, rentas de salarios o de empresas, que definen fines o esferas de interés, extracciones, separaciones, partes" .
IX
Habiendo dicho lo anterior, y habiendo intentado brindar una síntesis del heterogéneo contenido del El Anti Edipo. me parece necesario ahora, también, señalar algunos elementos que pueden servir a una valoración crítica del texto. En lo esencial, el discurso deleuzeano milita incondicionalmente a favor del deseo, aún cuando —e incluso cuando— éste no tiene fín: ni finalidad . (Creemos en el deseo como en lo irracional de toda racionalidad y no porque sea carencia, sed o aspiración, sino porque es producción de deseo y deseo que produce, real-deseo o real en sí mismo" ). Por lo tanto, esta toma de posición traza y erige una arquitectura conceptúa (audaz e irreverente), que exhibe —cuando se examinan sus implicancias— por lo menos dos zonas bien diferenciadas y contrapuestas, que se desprenden de sus elecciones: la una, de fortaleza y la otra, de fragilidad.
La zona de fortaleza, a mi modo de ver, está implícita en un concepto que podemos hacer derivar de sus postulados: nunca lo dado está dado para siempre. En consecuencia, todo es posible, nada es imposible, lo que es está siendo y deviniendo, todo puede ser pensado de manera divergente a lo ya pensado, todo puede ser dado vuelta y puesto una vez más en cuestión. Así, en este aspecto, la filosofía deleuzeana —toda ella—, es en sí misma una linea de fuga que ofrece una vía de salida para que el pensar no quede estabilizado, cristalizado (o encerrado) bajo la forma del dogma (la Doxa) y de su repetición. Y sobre todo, por esto merece ser valorada en virtud de su impronta anti-dogmática, anti-totalitaria, anti-convencional y anti-statu-quo. (Su metáfora de la máquina social puede ser trasladada al Partido, como máquina política, al Régimen, como máquina de vigilancia y opresión, a la Empresa o al Estado como máquina de disciplina y sujeción, etc, etc.).
Sin embargo, percibo también una zona de fragilidad que siento que debe ser puesta a la superficie para reflexionar y compartir con otros: Esta militancia tan incondicional y tan sin reservas en favor del Deseo y de las máquinas del deseo — cualquiera sea éste, y cualquiera sea el lugar hada dónde éstas nos conduzcan— equivale a una risa en la cara ante la presencia de toda proposición que aspire a adquirir (y permanecer), aún en lo más mínimo, bajo la forma de algo llamado Ética.
¿Y por qué digo esto? Porque el deseo, como sabemos, puede ser también deseo-de-muerte (deseo ya sea volcado hacia uno, ya sea volcado hacia los demás en el deseo-rie-rfor-muerte), puede ser el deseo de violar, el deseo de maltratar o de golpear, el deseo de hacer 'limpiezas étnicas', el de cortar rutas, el deseo de privar de libertad o el de deportar, o el deseo de vivir del tráfico de sustancias prohibidas o del de personas, sólo por dar apenas algunos ejemplos.
Claro que se trata de la otra cara del deseo.
¿Entonces? Es que esta militancia tan incondicional a favor del deseo propende, a mi modo de ver, a que el deseo, al encontrarse (al dar con) su límite, y cada vez que se encuentra con su límite, lo franquee o lo desplace. Y entonces, si es así, todo limite se vuelve poroso, y ya no es límite, y a toda ley se la declara transgredible y decorativa, y ya no es ley.
Si partimos de la base que todo acto de escritura es ante todo un acto de lectura expresado bajo la forma escrita, El Anti Edipo es en si un acto de lectura —y tambien de recombinación— de la obra de Freud, puesta bajo dos lentes; por un lado el de lo ya pensado, antes de Freud, por Spinoza, Marx, Bergson y Nietzsche y, por el otro, el que permite leerla despues de las aportaciones de los que discreparon y polemizaron con Freud como Jung, Adler, o Melanie Klein, como también despues de las aportaciones de la decada del sesenta de Foucault, Derrida, Lyotard. Bateson y Lacan.
En cuanto al estilo. Deleuze y Guattari eligen una forma de expresion cargada de construcciones lúdicas. espirales de juegos de palabras envolventes, y articulaciones novedosas de acepciones. Hay momentos de destellos de prosa poética que confieren belleza y un indudable atractivo al texto —tomando prestado algunos pasajes de Büchner, Beckett o Kafka— aunque en cierta manera esto se logra a expensas de la claridad. Hay también un reiterar de conceptos —y un redundar— insertos en enunciados que son, apenas, variaciones verbales mínimas de enunciados precedentes. A los que refuerzan. Pero también la escritura tiene algo de la pericia del buen narrador de aquellas historias que se mueven del enigma a su resolución y de lo complejo a lo simple, volviéndose más legible el entramado de su arquitectura conceptual durante el último tercio.
Por eso es que leer El Anti Edipo implica una paciente y atenta labor de descifrado, algo próximo por momentos a un arte de traducción. Hay toda una rica terminología a la que uno debe aprender a apreciar, y a acostumbrarse, y con la que uno debe amigarse antes para poder dar con el contenido, o para asir o entrever su sentido.
A diferencia de lo que se podría haber imaginado, en virtud del título, la omnipresencia de las máquinas es uno de los primeros rasgos a resaltar. Donde posamos la vista hay máquinas. Con todo, este 'significante', sin embargo, muy pocas veces —en contadas veces— designa a su significado convencional. Cuando es así, Deleuze nos lo avisa: le adosa un adjetivo y aclara para señalarlo, llamándolas, en este caso, "máquinas técnicas". Pero al lado y en interacción con ellas, hay máquinas célibes, máquinas-fuente, máquinas-objeto, máquinas de inscripción, máquinas-órganos, máquinas-flujo, máquinas de máquinas, máquinas de deseo.
En el capitalismo, hasta los hombres son o se vuelven 'máquinas' o son adyacentes a máquinas —una definición— y las máquinas reemplazan (o sirven) a los hombres. O bien, al reemplazar a unos, sirven a otros (o se sirven de ellos).
No hay manera de eludirlo: máquina es el significante-puerta de entrada a (o de) la interpretación y una de las piedras de toque o piedras medulares del texto. Puesto que máquina es metáfora de —y es la que ocupa (o usurpa), en tanto 'tropo', el lugar semántico de— aparato, artefacto, entidad, esquema, cuerpo, sistema, continente, conjunto o todo, la combinación pieza/máquina refiere en consecuencia a la relación binaria, de dos términos, entre órgano y cuerpo, contenido y continente, elemento y conjunto, componente y suma de componentes, ser-subsistema y ser-sistema, ser-parte integrante de y ser el todo de, ser parte-de-ti o que vos seas parte-de-mí, parte y todo.
II
Porque ya "todo es producción", nos dicen Deleuze y Guattari. Así como hay un registro de la producción, hay una producción del registro. Así como hay un consumo de la producción, hay una producción del consumo.
De suerte que todo es producción: producciones de producciones, de acciones y de pasiones; producciones de registros, de distribuciones y de anotaciones; producciones de consumos, de voluptuosidades, de angustias y de dolores. De tal modo todo es producción que los registros son inmediatamente consumidos, consumados, y los consumos directamente reproducidos.
De lo cual se desprende, siguiendo esta línea argumental, como ejemplo, que todo en política es producción de puestas en escena, de escenificación, de actuaciones y sobreactuaciones. De confección (y de instauración) con valor de verdad de "mitos" y de "creencias". Y el hacer-política es ya ese producir de las puestas en escena, tanto como el de hacerlas-consumir, el de producir su consumo.
III
Pero no toda producción es producción deseante. La producción deseante es la producción cuyo 'motor' no es otro que el deseo, la máquina del deseo, «lo Real en sí mismo».
La producción social, en cambio, es producida por la 'máquina social' —el socius, el campo social— la cual puede ser, en ocasiones, una máquina social-deseante cuando, en virtud de una síntesis conectiva, se da una suerte de acoplamiento o de conjunción de diversas máquinas deseantes. Claro que también, la máquina social puede funcionar, contra el deseo, y en tanto máquina colectiva, como máquina reprimente, de coerción.
Así, "la máquina social o socius puede ser el cuerpo de la Tierra, el cuerpo del Déspota, el cuerpo del Dinero. Porque, provocadoramente, "sólo hay el deseo y lo social, y nada más".
IV
Consideremos ahora la siguiente pregunta: ¿Cómo hace el deseo para abrirse paso, para no anularse, en fin, para hacerse presente —incidir e insertarse— en el campo de lo social?
¿Es que el deseo, para poder ser-deseo, tiene que ser libre o bien el deseo encerrado puede, pese a su estar encerrado —impedido, confinado o reprimido— seguir siendo deseo?
"La cuestión del deseo no es «¿qué es lo que ello quiere decir?» sino cómo marcha ello". Para Deleuze. el inconsciente —el topos del deseo— no plantea ningún problema de sentido, sino únicamente problemas de uso. Porque lo esencial no es saber qué quiere decir sino qué hacer con él, hacia dónde va. EI inconsciente desde siempre es huérfano, no reconoce padre, se engendra a sí mismo, no tiene creencias, es ateo, no reconoce Dios, es nómada y polívoco, no reconoce ley, "permanece siempre sujeto, se produce a sí mismo y se reproduce". Porque el inconsciente es "productivo, en lugar de expresivo*.
Es por eso que El Anti Edipo como argumentación desemboca o converge en una proposición-síntesis, proposición que se deja condensar en una sola palabra: desedepizar. Y esto es debido a que se parte de la premisa de que:
'Edipo no es un estado del deseo y de las pulsiones, es una idea, nada más que una idea que la represión nos inspira en lo concerniente al deseo, ni siquiera es un compromiso sino una idea al servicio de la represión, de su propaganda o de su propagación"'.
Y por este medio El Anti Edipo no es que pone en duda la realidad de la tríada papá-mamá-yo, su dinámica o su papel; más bien pone en cuestión que la tríada papá-mamá-yo sea tan determinante para la constitución del yo —y de los deseos o los delirios del yo— como parece que lo quiere hacer ver (o creer) el discurso tradicional del psicoanálisis.
El siguiente enunciado lo explica, más adelante, con mayor amplitud:
"...esta comunicación de los inconscientes no tiene a la familia por principio, tiene por principio a la comunidad del campo social en tanto que objeto de la catexis de deseo. En todos los aspectos. la familia nunca es determinante, es determinada. primero como estímulo de partida, a continuación como conjunto de llegada, por último como intermediaria o intercepción de comunicación" .
V
En El Anti Edipo se admite que la producción social y la producción deseante, si bien forman una sola unidad, difieren de régimen. De tal modo que una forma social de producción ejerce una represión esencial sobre la producción deseante. Y a tal punto que:
"Si el deseo es reprimido se debe a que toda posición de deseo, por pequeña que sea. tiene motivos para poner en cuestión el orden establecido de una sociedad: no es que el deseo sea asocial. sino al contrario. Es perturbador, no hay máquina deseante que pueda establecerse sin hacer saltar sectores sociales enteros. Piensen lo que piensen algunos revolucionarios, el deseo en su esencia es revolucionario —el deseo, ¡no la fiesta!— y ninguna sociedad puede soportar una posición de deseo verdadero sin que sus estructuras de explotación, avasallamiento y jerarquía no se vean comprometidas. Si una sociedad se confunde con sus estructuras (hipótesis divertida), entonces, sí. el deseo la amenaza de forma esencial. Para una sociedad tiene pues una importancia vital la represión del deseo, y aún algo mejor que la represión, lograr que la represión, la jerarquía, la explotación, el avasallamiento mismos sean deseados.
VI
Hay varias fuentes de singularidad en El Anti Edipo. Podríamos llamarlas, en lugar de fuentes, rasgos. Mejor aún, partículas de singularidad: el flujo, el corte, el cuerpo lleno, la esquizia, las líneas (o puntos) de fuga, la territorialidad, las máquinas deseantes, las síntesis conectivas, los acopiamientos, las cuasi-causas, la resignación-deseo, la superficie de inscripción (resbaladiza), la superficie encantada, la repulsión y la atracción, las instancias de antiproducción, las máquinas oníricas, la distinción de régimen...y pueden mencionarse más. Pero la más enigmática de todas estas partículas del lenguaje es el cuerpo sin órganos. Un significante que a la vez excede y falta a su lugar, como dice Foucault .
No solamente su presencia sino su incesante repetición hacen que el cuerpo sin órganos sea un objeto tan atractivo, tan ineludible y tan difícil de asir en la exploración del sentido del texto. Porque como dice el mismo Deleuze la repetición se forma al mismo tiempo que se disfraza' . Por lo cual es preciso tener en consideración que:
-La repetición es propia del humor y la ironía; es por naturaleza transgresión, excepción, manifestando siempre una singularidad contra los particulares sometidos a la ley. manifestando un universal contra las generalidades que hacen ley" .
Ahora bien, podemos percibir o intuir en la expresión el cuerpo sin órganos algo que también poseen las expresiones 'amanecer oscuro', 'negra blancura', 'fuego sin humo, 'sombra luminosa'. Que las pone en relación de afinidad con las formas paradójicas del juicio, desde Zenón de Elea. Puede que se trate de una repetición que —a fuerza de repetirse y pese a su ubicuidad— todavía no ha "encontrado el medio de definirse". O que en el fondo no se deja encerrar en un sentido ni común ni íntimo ni finito por lo que use resiste a cualquier especificación por el concepto, por lejos que se la lance.
Pero entonces, ¿qué es este cuerpo-sin-órganos y qué es lo que se oculta debajo de, o en, él? ¿Cómo hace para ser-cuerpo, siendo que carece de órganos, y aún así, seguir siendo-cuerpo?
Si a la repetición de una misma palabra debemos concebirla como una «rima generalizada» , el cuerpo sin órganos, en tanto objeto (visible y sonoro) que teje su propia repetición, es un gran toque lúdico, un homenaje a Artaud , una marca de agua, un atajo que permite bascular entre el más acá y el más allá del sinsentido, un guiño a lo irracional, una vía colectora —en paralelo— a la que uno se desplaza para deshacer o desprenderse o burlarse del primado de la lógica, un modo de plant(e)ar un raro acertijo; tal vez, tan sólo, una misteriosa y elusiva incógnita a la espera de ser descifrada (hipótesis imposible).
VII
En el capítulo III de El Anti Edipo, Deleuze y Guattari ensayan un esquema de condensación de la historia universal en tres tiempos, a saber el tiempo de los salvajes, en donde el socius toma la forma de 'la máquina territorial', luego, el tiempo de los bárbaros, en donde el socius toma la forma de 'la máquina despótica o imperial' y por último, el tiempo de los civilizados, en donde el socius toma la forma, esta vez, de 'la máquina capitalista'.
Si bien reconocen que "no hay más historia universal que la de la contingencia" , también conceden en su argumentación un lugar de relieve a la aparición en escena del Estado: Ciudad de Ur, punto de partida de Abraham, o de la nueva alianza, el Estado no se formó progresivamente, sino que surgió ya armado, golpe maestro de una vez, Urstaat original, eterno modelo de lo que todo estado quiere ser y desea. Aunque, en este sentido, en una de sus proposiciones centrales afirman que:
"Es posible que espiritual o témpora!, tiránico o democrátco. capitalista o socialista, no haya habido nunca más que un solo Estado". Respecto de la cual añaden que: "...Las funciones reguladoras del Estado no implican ningún tipo de arbitraje entre clases. Que el Estado esté por completo al servicio de la clase llamada dominante es una evidencia práctica, pero que todavía no entrega sus razones teóricas" .
También resultan muy destacables los pasajes que hacen alusión y sientan posición sobre el capitalismo, sobre texto, a la luz de la grave crisis global que tuvo su manifestación a partir de mediados del año 2008 . Por ejemplo:
'Del capitalismo decimos a la vez que no tiene límite exterior y que tiene uno: tiene uno que es la esquizofrenia, es decir, la descodificación absoluta de los flujos, pero no funciona más que rechazando y conjurando este límite. Además, tiene límites interiores y no los tiene: los tiene en las condiciones específicas de la producción y la circulación capitalistas, es decir, en el capital mismo, pero no funciona más que reproduciendo y ampliando estos límites a una escala siempre más vasta. Ahí radica la potencia (y el poder) del capitalismo: su axiomática nunca está saturada, siempre es capaz de añadir un nuevo axioma a los axiomas precedentes" .
A juicio de Deleuze y Guattari y en concordancia con otros autores. uel Estado capitalista...organiza sus fallos como condiciones de su funcionamiento* . Debido a que Usu único fin es la riqueza abstracta, y su realización bajo otras formas que las del consumo* , u(...) su campo de inmanencia instaura una esclavitud incomparable, una servidumbre sin precedentes: ya ni siquiera hay señor, ahora sólo esclavos mandan a esclavos, ya no hay necesidad de cargar el animal desde fuera, se carga a sí mismo. No es que el hombre sea el esclavo de la máquina técnica, sino el esclavo de la máquina social. (...) En ese papel está dominado, como el atesorador, por la pasión ciega por la riqueza abstracta, el valor* .
VIII
Se ha señalado en estudios previos que Deleuze y Guattari emplean, como rasgo distintivo, Uun modo de discurso anárquico y nomádico que convierte al pensamiento en activo, afirmativo y creativo" Constantemente busca salirse de los marcos convencionales de lo que se considera uel sentido común*. Por tal motivo, en El Anti Edipo se resalta, además, la preferencia por la teoría lingüística del danés Louis T. Hjelmslev (1899-1965) respecto a la de Saussure, 'porque (aquella) abandona toda referencia privilegiada. Porque describe un campo puro de inmanencia algébrica que ya no es posible sobrevolar a través de ninguna instancia trascendente, incluso en retirada. Porque hace correr por este campo sus flujos de forma y de substancia, de contenido y expresión. Porque substituye la relación de subordinación significante-significado por la relación de presuposición recíproca expresión-contenido.
Y al igual que Proust en En busca del tiempo perdido, el discurso deleuzeano gira en derredor del devenir, a la manera de un viaje, "viaje intensivo que deshace todas las tierras en provecho de la que crea" .
Así, en el aspecto que hace a la esfera de las tareas positivas, Deleuze y Guattari proponen —como parte de lo que denominan el esquizoanálisis— "descubrir en un sujeto la naturaleza, la formación o el funcionamiento de sus máquinas deseantes, independientemente de cualquier interpretación" , porque de lo que se trata en el fondo es de hallar cuáles son las máquinas deseantes de alguien, cómo marchan, con qué síntesis, qué devenires en cada caso". A tal punto que postulan que:
"No son las lineas de presión del inconsciente las que cuentan, son. al contrario, sus lineas de fuga. No es el inconsciente el que presiona a la conciencia: es la conciencia la que presiona y agarrota, para impedir que huya" .
Por otra parte, en una de sus tesis principales, Deleuze sostiene la teoría de los dos polos de catexis, según la cual hay, por un lado, catexis de deseo, y por otro, catexis de interés, las cuales pueden (y suelen) actuar en sentido contrapuesto. En el siguiente pasaje lo aclara de este modo:
"Hay una catexis libidinal inconsciente de deseo que no coincide necesariamente con las catexis preconscientes de interés y que explica cómo éstas pueden estar perturbadas, pervertidas en «la más sombría organización», por debajo de cualquier ideología" .
En consecuencia, siguiendo la estela de Nietzsche, Bataille y Klossowski, según Deleuze, "resulta en vano intentar distinguir lo que es racional y lo que es irracional en una sociedad" . Ya que, por ejemplo, "incluso el capitalismo más demente habla en nombre de la racionalidad económica" .
Y sin embargo, aunque la máquina capitalista forma un poder absurdo, cada uno en su clase y su persona recibe algo de ese poder o es excluido de él, en tanto que el gran flujo se convierte en rentas, rentas de salarios o de empresas, que definen fines o esferas de interés, extracciones, separaciones, partes" .
IX
Habiendo dicho lo anterior, y habiendo intentado brindar una síntesis del heterogéneo contenido del El Anti Edipo. me parece necesario ahora, también, señalar algunos elementos que pueden servir a una valoración crítica del texto. En lo esencial, el discurso deleuzeano milita incondicionalmente a favor del deseo, aún cuando —e incluso cuando— éste no tiene fín: ni finalidad . (Creemos en el deseo como en lo irracional de toda racionalidad y no porque sea carencia, sed o aspiración, sino porque es producción de deseo y deseo que produce, real-deseo o real en sí mismo" ). Por lo tanto, esta toma de posición traza y erige una arquitectura conceptúa (audaz e irreverente), que exhibe —cuando se examinan sus implicancias— por lo menos dos zonas bien diferenciadas y contrapuestas, que se desprenden de sus elecciones: la una, de fortaleza y la otra, de fragilidad.
La zona de fortaleza, a mi modo de ver, está implícita en un concepto que podemos hacer derivar de sus postulados: nunca lo dado está dado para siempre. En consecuencia, todo es posible, nada es imposible, lo que es está siendo y deviniendo, todo puede ser pensado de manera divergente a lo ya pensado, todo puede ser dado vuelta y puesto una vez más en cuestión. Así, en este aspecto, la filosofía deleuzeana —toda ella—, es en sí misma una linea de fuga que ofrece una vía de salida para que el pensar no quede estabilizado, cristalizado (o encerrado) bajo la forma del dogma (la Doxa) y de su repetición. Y sobre todo, por esto merece ser valorada en virtud de su impronta anti-dogmática, anti-totalitaria, anti-convencional y anti-statu-quo. (Su metáfora de la máquina social puede ser trasladada al Partido, como máquina política, al Régimen, como máquina de vigilancia y opresión, a la Empresa o al Estado como máquina de disciplina y sujeción, etc, etc.).
Sin embargo, percibo también una zona de fragilidad que siento que debe ser puesta a la superficie para reflexionar y compartir con otros: Esta militancia tan incondicional y tan sin reservas en favor del Deseo y de las máquinas del deseo — cualquiera sea éste, y cualquiera sea el lugar hada dónde éstas nos conduzcan— equivale a una risa en la cara ante la presencia de toda proposición que aspire a adquirir (y permanecer), aún en lo más mínimo, bajo la forma de algo llamado Ética.
¿Y por qué digo esto? Porque el deseo, como sabemos, puede ser también deseo-de-muerte (deseo ya sea volcado hacia uno, ya sea volcado hacia los demás en el deseo-rie-rfor-muerte), puede ser el deseo de violar, el deseo de maltratar o de golpear, el deseo de hacer 'limpiezas étnicas', el de cortar rutas, el deseo de privar de libertad o el de deportar, o el deseo de vivir del tráfico de sustancias prohibidas o del de personas, sólo por dar apenas algunos ejemplos.
Claro que se trata de la otra cara del deseo.
¿Entonces? Es que esta militancia tan incondicional a favor del deseo propende, a mi modo de ver, a que el deseo, al encontrarse (al dar con) su límite, y cada vez que se encuentra con su límite, lo franquee o lo desplace. Y entonces, si es así, todo limite se vuelve poroso, y ya no es límite, y a toda ley se la declara transgredible y decorativa, y ya no es ley.
Fuente: educalab.es/intef
Publicado por: Argi
Etiquetas: Educación, Gilles Deleuze, Retórica
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sábado, 6 de diciembre de 2014
D de deseo
El Abecedario de Gilles Deleuze
un nuevo concepto de deseo..

Entrevista realizada por: Claire Parnet
viernes, 18 de julio de 2014
El Anti-Edipo
Entrevista a Gilles Deleuze y Felix Guattari
Entrevista: Catherine Backes-Clément
(L'Arc, n.º 49, 1972)
Ustedes oponen constantemente un inconsciente esquizoanalítico, compuesto de máquinas deseantes, al inconsciente psicoanalítico, al que dirigen toda clase de críticas. Utilizan la esquizofrenia como patrón de referencia. Pero, ¿dirían ustedes sinceramente que Freud ignoraba el dominio de las máquinas o, al menos, de los aparatos? ¿Dirían que no comprendió el campo de la psicosis?
F.G.: Es complejo. En ciertos aspectos, Freud tenía plena conciencia de que su verdadero material clínico, su base clínica procedía de la psicosis, de Bleuler y Jung. Y esto es así hasta el final: todas las novedades del psicoanálisis, desde Melanie Klein hasta Lacan, proceden de la psicosis. Por otra parte, está el caso de Tausk: es posible que Freud temiese una confrontación de los conceptos analíticos con la psicosis. El comentario sobre Schreber revela todo tipo de ambigüedades. En cuanto a los esquizofrénicos, se tiene la impresión de que a Freud no le gustan en absoluto, dice sobre ellos cosas horribles, extremadamente desagradables... Ahora bien, es cierto, como usted dice, que Freud no ignoraba la maquinaria del deseo. El deseo, las maquinarias del deseo son incluso el descubrimiento propio del psicoanálisis. Nunca en el psicoanálisis dejan de zumbar, de chirriar, de producir. Y los psicoanalistas no dejan nunca de alimentar o de realimentar las máquinas, sobre un fondo esquizofrénico. Pero quizá hacen o desencadenan cosas de las que no tienen clara conciencia. Quizás su práctica implica operaciones incipientes que no aparecen con claridad en la teoría. No hay duda de que el psicoanálisis ha perturbado toda la medicina mental, como una especie de máquina infernal.
Aunque ya desde el principio estuviese sometido a compromisos, causaba perturbaciones, imponía nuevas articulaciones, revelaba el deseo. Usted acaba de invocar los aparatos psíquicos tal y como son analizados por Freud: aparece ahí todo un aspecto de maquinaria, de producción de deseo y de unidades de producción. Pero hay otro aspecto: la personificación de estos aparatos (el super-yo, el yo, el ello), una escenografía teatral que sustituye las verdaderas fuerzas productivas del inconsciente por simples valores representativos. Así es como las máquinas del deseo se convierten progresivamente en maquinarias teatrales: el super-yo, la pulsión de muerte como deus ex machina. Tienden progresivamente a funcionar fuera de la escena, entre bastidores. O bien como máquinas de ilusión, de producción de efectos. Toda la producción de-seante queda anonadada. Nosotros decimos estas dos cosas al mismo tiempo: Freud descubre el deseo como libido, como deseo que produce; pero no cesa de enajenar la libido en la representación familiar (Edipo). Sucede con el psicoanálisis igual que con la economía política tal y como la veía Marx: Adam Smith y Ricardo descubren la esencia de la riqueza como trabajo que produce, pero no cesan de enajenarla en la representación de la propiedad. El deseo se proyecta sobre una escena de familia que obliga al psicoanálisis a ignorar la psicosis, a no reconocerse sino en la neurosis, y a dar una interpretación de la propia neurosis que desfigura las fuerzas del inconsciente.
- ¿Es esto lo que quieren decir cuando hablan de un “giro idealista” en psicoanálisis, asociado a Edipo, y cuando se esfuerzan en oponer al idealismo psiquiátrico un nuevo materialismo? ¿Cómo se articulan el materialismo y el idealismo en el dominio del psicoanálisis?
G. D.: El objeto de nuestros ataques no es la ideología del psicoanálisis sino el psicoanálisis en cuanto tal, tanto en su práctica como en su teoría. Y no hay, en este aspecto, contradicción alguna en sostener que el psicoanálisis es algo extraordinario y, al mismo tiempo, que desde el principio marcha en una dirección errónea. El giro idealista está presente desde el comienzo. Pero no as contradictorio: aunque la putrefacción ya está en el origen, en ella crecen espléndidas flores. Lo que nosotros llamamos idealismo en el psicoanálisis es todo un sistema de proyecciones y reducciones propias de la teoría y de la práctica del análisis: reducción de la producción deseante a un sistema de representaciones llamadas inconscientes, y a las formas de motivación, de expresión y de comprensión correspondientes; reducción de la fábrica del inconsciente a un escenario dramático, Edipo o Hamlet; reducción de las catexis sociales de la libido a catexis familiares, desviación del deseo hacia coordenadas familiaristas. Edipo, una vez más. No queremos decir que el psicoanálisis haya inventado a Edipo. Se limita a responder a la demanda, cada cual se presenta con su Edipo. El psicoanálisis no hace más que elevar Edipo al cuadrado -un Edipo de transferencia, un Edipo de Edipo- en la ciénaga del diván. Pues, ya sea familiar o analítico, Edipo es fundamentalmente un aparato de represión de las máquinas deseantes, en absoluto una formación propia del inconsciente en cuanto tal. Tampoco deseamos sostener que Edipo, o sus equivalentes, varíen según las formaciones sociales consideradas. Estamos más inclinados a creer, como los estructuralistas, que se trata de una constante. Pero es la constante de una desviación de las fuerzas del inconsciente. Por eso atacamos a Edipo: no en nombre de unas sociedades que no implicarían a Edipo, sino debido a la sociedad que lo implica de un modo eminente, la nuestra, la capitalista, No atacamos a Edipo en nombre de ideales pretendidamente superiores a la sexualidad, sino en nombre de la propia sexualidad, que no se reduce al “sucio secretito de familia”. No establecemos diferencia alguna entre las variaciones imaginarias de Edipo y la constante estructural, puesto que se trata en ambos extremos del mismo atolladero, del mismo avasallamiento de las máquinas deseantes. Lo que el psicoanálisis llama a solución o la disolución de Edipo es en extremo cómico, ya que se trata precisamente de la puesta en marcha de la deuda infinita, el análisis interminable, la epidemia edípica, su transmisión de padres a hijos. Cuánto desatino, cuántas estupideces han podido decirse en nombre de Edipo, especialmente a propósito de los niños.
Una psiquiatría materialista es aquella que introduce la producción en el deseo y viceversa, la que introduce al deseo en la producción. El delirio no remite al padre, ni siquiera al nombre del padre, sino a todos los nombres de la Historia. Es algo así como la inmanencia de las máquinas deseantes en las grandes máquinas sociales, Es la ocupación del campo social histórico por parte de las máquinas deseantes. Lo único que el psicoanálisis ha comprendido de la psicosis es su línea "paranoica”, la que conduce a Edipo, a la castración y a todos esos aparato. represivos que se han inyectado en el inconsciente. Pero el fondo esquizofrénico del delirio, la línea “esquizofrénica" que diseña un campo ajeno a la familia, se le ha escapado por completo. Foucault decía que el psicoanálisis seguía siendo sordo a la voz de la sinrazón. Y, efectivamente, d psicoanálisis lo neurotiza todo y, mediante tal neurotización, no contribuye únicamente a producir esa neurosis cuya curación es interminable, sino al mismo tiempo a reproducir al psicótico como aquel que se resiste a la edipización. Carece por completo de una posibilidad de acceso directo a la esquizofrenia. Y pierde igualmente la naturaleza inconsciente de la sexualidad debido a su idealismo, al idealismo familiarista y teatral.
- Su libro tiene un aspecto psiquiátrico o psicoanalítico, pero también un aspecto político y económico, ¿Cómo conciben ustedes la unidad de estos dos aspectos? ¿Intentan ustedes recuperar de algún modo la tentativa de Reich? Hablan ustedes de catexis fascistas, tanto al nivel del deseo como al del campo social. Se trata en tal caso de algo que claramente concierne al mismo tiempo a la política y al psicoanálisis. Pero no se comprende bien qué es lo que ustedes opondrían a esas catexis fascistas. ¿Qué es lo que se puede contraponer al fascismo? Se trata de una cuestión que no concierne únicamente a la unidad de este libro, sino también a sus consecuencias prácticas: y estas consecuencias son de una enorme importancia, porque si nada impide esas “catexis fascistas”, si ninguna fuerza las contiene, si lo único que puede hacerse es constatar su existencia, ¿cuál es el significado de su reflexión política y de su intervención en la realidad?
F. G.: Sí, como tantos otros, nosotros anunciamos el desarrollo de un fascismo generalizado. Aún no ha hecho más que empezar, no hay razones para que el fascismo no siga creciendo. Mejor dicho: o bien se construye una máquina revolucionaria capaz de hacerse cargo del deseo y de los fenómenos del deseo, o bien el deseo seguirá siendo manipulado por las fuerzas de opresión y represión y terminará amenazando, incluso desde el interior, a las propias máquinas revolucionarias. Distinguimos dos clases de catexis en el campo social: las catexis preconscientes de interés y las catexis inconscientes de deseo. Las catexis de interés pueden ser realmente revolucionarias y, no obstante, permitir la subsistencia de catexis inconscientes de deseo que no lo son o que incluso son fascistas. En cierto sentido, lo que llamamos esquizoanálisis tendría su punto ideal de aplicación en los grupos, y especialmente en los grupos militantes: es en ellos en donde se dispone de modo más inmediato de un material ajeno a la familia, donde aparece el funcionamiento a veces contradictorio de las catexis. El esquizoanálisis es un análisis militante, libidinal-económico, libidinal-político. Al contraponer esos dos tipos de catexis sociales, no estamos contraponiendo el deseo, como fenómeno suntuario o romántico, a los intereses, que serían económicos y políticos; al contrarío, pensamos que los intereses se encuentran siempre emplazados allí donde el deseo ha predeterminado su lugar. Igualmente, no hay revolución conforme a los intereses de las clases oprimidas a menos que el deseo haya adoptado una posición revolucionaria que comprometa a las propias formaciones del inconsciente. Porque el deseo, en todos los sentidos, forma parto de la infraestructura (no creemos en absoluto en conceptos como el de ideología, que no sirve de nada a la hora de analizar los problemas: no hay ideologías). La amenaza permanente contra los aparatos revolucionarios estriba en hacerse una idea puritana de los intereses, que nunca se realizan más que en provecho de una franja de la clase oprimida que realimenta una casta y una jerarquía por completo opresiva. Cuanto más se asciende en una jerarquía, incluso aunque se trate de una jerarquía seudo-revolucinaria, menos posible será la expresión del deseo (por contra. tal expresión aparece en las organizaciones de base, aunque sea muy deformada). A este fascismo del poder nosotros contraponemos las líneas de fuga activas y positivas, porque tales líneas conducen al deseo, a las máquinas del deseo y a la organización de un campo social de deseo: no se trata de que cada uno escape "personalmente”, sino de provocar una fuga, como cuando se revienta una cañería o cuando se abre un absceso. Dejar que pasen los fluidos por debajo de los códigos sociales que pretenden canalizarlos o cortarles el paso. Toda posición de deseo contra la opresión, por muy local y minúscula que sea, termina por cuestionar el conjunto del sistema capitalista, y contribuye a abrir en él una fuga. Denunciamos toda la temática de la oposición hombre-máquina, el hombre alienado por la máquina, etc. Desde el movimiento de Mayo, el poder, apoyado por las seudo-organizaciones de izquierda, ha intentado hacer creer que sólo se trató de unos cuantos niños mimados que luchaban contra la sociedad de consumo, mientras que los obreros de verdad sabían perfectamente dónde estaban sus intereses... Pero jamás hubo lucha contra la sociedad de consumo (noción imbécil donde las haya. Al contrario, lo que decimos es que aún no hay suficiente consumo, aún no ha suficiente artificio, los intereses no estarán jamás de parte de a revolución hasta que las líneas dé deseo no alcancen el punto en el que e deseo y la maquina, el deseo y el artificio, sean una sola cosa, el punto en el que se rebelen por ejemplo contra los llamados “datos naturales” de la sociedad capitalista. Nada más fácil que alcanzar ese punto, pues el más minúsculo de los deseos se eleva hasta él, y al mismo tiempo nada más difícil, porque comporta todas las catexis del inconsciente.
G. D.: En este sentido. la cuestión de la unidad del libro está fuera de lugar. Hay, ciertamente, dos aspectos: el primero es una crítica de Edipo y del psicoanálisis; el segundo, un estudio acerca del capitalismo y de sus relaciones con la esquizofrenia. Pero el primer aspecto depende estrechamente del segundo. Atacamos al psicoanálisis en los siguientes puntos (que conciernen tanto a su teoría como a su práctica): su culto a Edipo, su reducción de la libido a catexis familiaristas, incluso bajo las formas encubiertas y generalizadas del estructuralismo o del simbolismo. Decimos que la libido actúa mediante catexis inconscientes que difieren de las catexis preconscientes de interés, pero que, como estas últimas, conciernen al campo social. Sea una vez más el caso del delirio: nos preguntan si hemos visto alguna vez un esquizofrénico, pero nosotros preguntamos a los psicoanalistas si ellos han escuchado alguna vez un delirio. El delirio no es familiar, sino histórico-mundial. Se delira a propósito de los chinos de los alemanes, de Juana de Arco y del Gran Mongol acerca de los arios y los judíos, del dinero, del poder y de la producción, y no en absoluto sobre papá y mamá. Aún más: la famosa “novela familiar” depende estrechamente de las catexis sociales inconscientes que aparecen en el delirio, y no a la inversa. Intentamos mostrar en qué sentido esto es ya cierto en la infancia. Proponemos un esquizoanálisis que se contrapone al psicoanálisis. Basta con atenerse a los dos escollos principales con los que tropieza el psicoanálisis: es incapaz de llegar a las máquinas deseantes de cualquiera porque se mantiene en las figuras o estructuras edípicas; es incapaz de llegar a las catexis sociales de la libido porque se queda en las catexis familiaristas. Esto se observa a la perfección en el ejemplar psicoanálisis in vitro del Presidente Schreber. Lo que a nosotros nos interesa (y que, en cambio, no interesa en absoluto a los psicoanalistas) es esto: ¿Cuáles son tus máquinas deseantes? ¿Cuál es tu manera de delirar el campo social? La unidad de nuestro libro consiste en que entendemos que las insuficiencias del psicoanálisis, así como su ignorancia del fondo esquizofrénico, están vinculadas a su profunda pertenencia a la sociedad capitalista El psicoanálisis es como el capitalismo: la esquizofrenia es su límite, pero no deja de desplazar el límite ni de intentar conjurarlo.
- Su libro está lleno de referencias, de textos que se utilizan generosamente, tanto en su propio sentido cuanto a veces contra él, pero se trata, en cualquier caso, de un libro cuyo subsuelo es una “cultura" precisa. Reconocen ustedes una gran importancia a la etnología, y sin embargo poca a la lingüística; otorgan gran relevancia a ciertos novelistas ingleses y americanos, pero apenas a las teorías contemporáneas de la escritura. Más concretamente, ¿por qué ese ataque a la noción de significante, y cuáles son las razones que les hacen rechazar su sistema?
F. G.: No tenemos nada que ver con el significante. No somos los únicos ni los primeros. Puede verse el caso de Foucault, o el reciente libro de Lyotard. La oscuridad de nuestra crítica del significante se debe a que se trata de una entidad difusa que todo lo reduce a una máquina obsoleta de escritura. La oposición exclusiva y coercitiva entre significante y significado está obsesionada por el imperialismo del Significante, tal y como emerge con las máquinas de escritura. Todo remite directamente a la letra. Tal es la propia ley de la hipercodificación despótica. Nuestra hipótesis es ésta: el Significante es el signo del gran Déspota que, al retirarse, libera una región que puede descomponerse en elementos mínimos entre los que existen relaciones regladas. Esta hipótesis tiene la ventaja de explicar el carácter tiránico, terrorista y castrador dél significante. Se trata de un enorme arcaísmo que remite a los grandes imperios. Ni siquiera estamos seguros de que el significante pueda servir en el terreno del lenguaje. Por ello, nos hemos vuelto hacia Hjelmslev hace tiempo que él ha erigido una especie de teoría spinozista del lenguaje en el cual los flujos de contenido y de expresión prescinden del significante. El lenguaje como sistema de flujos continuos de contenido y expresión, troquelado mediante constructos maquínicos de figuras discretas y discontinuas. En este libro aún no hemos desarrollado nuestra concepción de los agentes colectivos de enunciación, una noción que pretende superar la escisión entre el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación. Somos estrictamente funcionalistas: lo que nos interesa es cómo funcionan las cosas, cómo se disponen, cómo maquinan.
El significante pertenece aún al dominio de la pregunta: “¿Qué quiere decir esto incluso es esta misma cuestión en cuanto borrada. Para nosotros el inconsciente no quiere decir nada, ni tampoco el lenguaje. El fracaso del funcionalismo se debe a que se ha intentado aplicar a dominios que le son extraños, a grandes conjuntos estructurados que, por serlo, no pueden estar formados de la manera en que funcionan. El funcionalismo, al contrario, no tiene rival en el dominio de las micro-multiplicidades, de las micro-máquinas, de las máquinas deseantes, de las formaciones moleculares. Y, a este nivel, no hay en absoluto máquinas cualificadas de tal o cual manera, como por ejemplo una máquina lingüística, porque hay elementos lingüísticos en toda máquina, en convivencia con elementos de otro tipo, El inconsciente es un micro-inconsciente, es molecular, y el esquizoanálisis es un micro-análisis, La única cuestión es cómo funciona, con qué intenciones, qué flujos, qué procesos, qué objetos parciales, cosas todas ellas que no quieren decir nada.
G. D.: Eso mismo es lo que pensamos de nuestro libro. De lo que se trata es de saber si funciona, y cómo y para quién. Es una máquina. No se trata de releer, habrá que hacer otras cosas. Es un libro hecho gozosamente, No nos dirigimos a quienes piensan que el psicoanálisis sigue el camino correcto y tiene una visión apropiada del inconsciente. Nos dirigimos a quienes piensan que es monótono, triste, como un runrún (Edipo, la castración, la pulsión de muerte, etc.). Nos dirigimos a los inconscientes que protestan. Buscamos aliados. Tenemos gran necesidad de aliados, Tenemos la impresión de que nuestros aliados están ya por ahí, que se nos han adelantado, que hay mucha gente que está harta, que piensan, sienten y trabajan en una dirección análoga a la nuestra. no se trata de una moda, sino de algo más profundo, una especie de atmósfera que se respira y en la que se llevan a cabo investigaciones convergentes en dominios muy diferentes. Por ejemplo, en etnología. O en psiquiatría. O el trabajo de Foucault: aunque no practicamos el mismo método, tenemos la impresión de coincidir con él en multitud de puntos, esenciales a nuestro modo de ver, del camino que él trazó antes que nosotros. Es verdad que hemos leído mucho, pero un poco al azar. Nuestro problema no estriba en un retorno a Freud o a Marx. No es una teoría de la lectura. Lo que buscamos en un libro es el modo en que abre el paso a algo que escapa a los códigos: flujos, líneas activas de fuga revolucionaria, líneas de descodificación absoluta que se oponen a la cultura. Incluso para los libros existen estructuras, códigos y ataduras edípicas, tanto más solapadas por cuanto no son figurativas sino abstractas. Lo que nos ha llamado la atención de los grandes novelistas ingleses y americanos es ese don del que los franceses casi siempre carecen, las intensidades, los flujos, libros-máquinas, libros para ser usados, esquizolibros. Tenemos a Artaud, y la mitad de Beckett. Quizá se reproche a nuestro libro el ser demasiado literario. pero estamos seguros de que este reproche procederá de profesores de literatura. Acaso tenemos la culpa de que Lawrence, Miller, Kerouac, Burroughs, Artaud o Beckett sepan más acerca de la esqui-zofrenia que los psiquiatras y los psicoanalistas?
- Pero ¿no se arriesgan ustedes a un reproche más serio? El esquizoanálisis que proponen es, de hecho, un anti-análisis; en consecuencia, se les podría reprochar que valoran la esquizofrenia de manera románt1ca e irresponsable; e incluso que tienen tendencia a confundir al revolucionario con el esquizo. ¿Cuál sería su actitud ante estas posibles críticas?
G. D.- F. G.: Sí, una escuela de esquizofrenia sería una buena idea. Liberar los flujos, ir siempre un poco más lejos en el artificio: el esquizo es el que está descodificado, desterritorializado. Dicho esto, no se nos puede responsabilizar de los disparates: siempre hay gente dispuesta a esgrimirlos (véanse los ataque contra Laing y la anti-psiquiatría), Hace poco se publicó en el Observateur un artículo cuyo autor (un psiquiatra) decía: doy muestras de mi valor al denunciar las corrientes modernas de la psiquiatría y la antipsiquiatría. Nada de eso. Lo que él hacía más bien era escoger el momento adecuado en el que la reacción política se atrinchera contra toda tentativa de cambio en el hospital psiquiátrico y la industria del medicamento, Siempre hay una política tras los disparates. Nosotros planteamos un problema muy sencillo, similar al de Burroughs frente a la droga: ¿se puede alcanzar la potencia de las drogas sin drogarse, sin autoproducirse como un loco drogado? Con la esquizofrenia pasa lo mismo. Por nuestra parte, diferenciamos, de un lado, la esquizofrenia como proceso y, de otro, la producción del esquizofrénico como entidad clínica apropiada al hospital: ambos están en proporción inversa, El esquizofrénico del hospital es alguien que ha intentado algo y ha fracasado, que se ha derrumbado. No decimos que el revolucionario sea esquizofrénico. Decimos que hay un proceso esquizofrénico de descodificación y desterritorialización cuya conversión en producción de esquizofrenia clínica sólo puede ser evitada por la actividad revolucionaria, Planteamos un problema que concierne a la estrecha relación que existe entre el capitalismo y el psicoanálisis, por una parte, y entre los movimientos revolucionarios y el esquizoanálisis, por otra. Paranoia capitalista y esquizofrenia revolucionaria, por así decirlo, pero no en el sentido psiquiátrico de estos términos sino, al contrario, a partir de sus determinaciones sociales y políticas, de las que sólo bajo ciertas condiciones se deriva su aplicación psiquiátrica. El esquizoanálisis tiene un solo objetivo, que la máquina revolucionaria, la máquina artística y la máquina analítica se conviertan en piezas y engranajes unas de otras. Si, una vez más, consideramos el caso del delirio, nos parece que tiene dos polos, un polo paranoico fascista y un polo esquizo-revolucionario. No deja de oscilar entre ambos polos. Esto es lo que nos interesa: la esquizia revolucionaria por contraposición al significante despótico. Por otra parte, no merece la pena contestar de antemano a los disparates, ya que son imprevisibles, como tampoco la merece luchar contra ellos cuando se producen. Es mejor hacer otras cosas, trabajar con quienes van en el mismo sentido. En cuanto a la responsabilidad o la irresponsabilidad, nada. Sabemos de tales nociones: se las dejamos a la policía y a los psiquiatras de los tribunales.
Aunque ya desde el principio estuviese sometido a compromisos, causaba perturbaciones, imponía nuevas articulaciones, revelaba el deseo. Usted acaba de invocar los aparatos psíquicos tal y como son analizados por Freud: aparece ahí todo un aspecto de maquinaria, de producción de deseo y de unidades de producción. Pero hay otro aspecto: la personificación de estos aparatos (el super-yo, el yo, el ello), una escenografía teatral que sustituye las verdaderas fuerzas productivas del inconsciente por simples valores representativos. Así es como las máquinas del deseo se convierten progresivamente en maquinarias teatrales: el super-yo, la pulsión de muerte como deus ex machina. Tienden progresivamente a funcionar fuera de la escena, entre bastidores. O bien como máquinas de ilusión, de producción de efectos. Toda la producción de-seante queda anonadada. Nosotros decimos estas dos cosas al mismo tiempo: Freud descubre el deseo como libido, como deseo que produce; pero no cesa de enajenar la libido en la representación familiar (Edipo). Sucede con el psicoanálisis igual que con la economía política tal y como la veía Marx: Adam Smith y Ricardo descubren la esencia de la riqueza como trabajo que produce, pero no cesan de enajenarla en la representación de la propiedad. El deseo se proyecta sobre una escena de familia que obliga al psicoanálisis a ignorar la psicosis, a no reconocerse sino en la neurosis, y a dar una interpretación de la propia neurosis que desfigura las fuerzas del inconsciente.
- ¿Es esto lo que quieren decir cuando hablan de un “giro idealista” en psicoanálisis, asociado a Edipo, y cuando se esfuerzan en oponer al idealismo psiquiátrico un nuevo materialismo? ¿Cómo se articulan el materialismo y el idealismo en el dominio del psicoanálisis?
G. D.: El objeto de nuestros ataques no es la ideología del psicoanálisis sino el psicoanálisis en cuanto tal, tanto en su práctica como en su teoría. Y no hay, en este aspecto, contradicción alguna en sostener que el psicoanálisis es algo extraordinario y, al mismo tiempo, que desde el principio marcha en una dirección errónea. El giro idealista está presente desde el comienzo. Pero no as contradictorio: aunque la putrefacción ya está en el origen, en ella crecen espléndidas flores. Lo que nosotros llamamos idealismo en el psicoanálisis es todo un sistema de proyecciones y reducciones propias de la teoría y de la práctica del análisis: reducción de la producción deseante a un sistema de representaciones llamadas inconscientes, y a las formas de motivación, de expresión y de comprensión correspondientes; reducción de la fábrica del inconsciente a un escenario dramático, Edipo o Hamlet; reducción de las catexis sociales de la libido a catexis familiares, desviación del deseo hacia coordenadas familiaristas. Edipo, una vez más. No queremos decir que el psicoanálisis haya inventado a Edipo. Se limita a responder a la demanda, cada cual se presenta con su Edipo. El psicoanálisis no hace más que elevar Edipo al cuadrado -un Edipo de transferencia, un Edipo de Edipo- en la ciénaga del diván. Pues, ya sea familiar o analítico, Edipo es fundamentalmente un aparato de represión de las máquinas deseantes, en absoluto una formación propia del inconsciente en cuanto tal. Tampoco deseamos sostener que Edipo, o sus equivalentes, varíen según las formaciones sociales consideradas. Estamos más inclinados a creer, como los estructuralistas, que se trata de una constante. Pero es la constante de una desviación de las fuerzas del inconsciente. Por eso atacamos a Edipo: no en nombre de unas sociedades que no implicarían a Edipo, sino debido a la sociedad que lo implica de un modo eminente, la nuestra, la capitalista, No atacamos a Edipo en nombre de ideales pretendidamente superiores a la sexualidad, sino en nombre de la propia sexualidad, que no se reduce al “sucio secretito de familia”. No establecemos diferencia alguna entre las variaciones imaginarias de Edipo y la constante estructural, puesto que se trata en ambos extremos del mismo atolladero, del mismo avasallamiento de las máquinas deseantes. Lo que el psicoanálisis llama a solución o la disolución de Edipo es en extremo cómico, ya que se trata precisamente de la puesta en marcha de la deuda infinita, el análisis interminable, la epidemia edípica, su transmisión de padres a hijos. Cuánto desatino, cuántas estupideces han podido decirse en nombre de Edipo, especialmente a propósito de los niños.
Una psiquiatría materialista es aquella que introduce la producción en el deseo y viceversa, la que introduce al deseo en la producción. El delirio no remite al padre, ni siquiera al nombre del padre, sino a todos los nombres de la Historia. Es algo así como la inmanencia de las máquinas deseantes en las grandes máquinas sociales, Es la ocupación del campo social histórico por parte de las máquinas deseantes. Lo único que el psicoanálisis ha comprendido de la psicosis es su línea "paranoica”, la que conduce a Edipo, a la castración y a todos esos aparato. represivos que se han inyectado en el inconsciente. Pero el fondo esquizofrénico del delirio, la línea “esquizofrénica" que diseña un campo ajeno a la familia, se le ha escapado por completo. Foucault decía que el psicoanálisis seguía siendo sordo a la voz de la sinrazón. Y, efectivamente, d psicoanálisis lo neurotiza todo y, mediante tal neurotización, no contribuye únicamente a producir esa neurosis cuya curación es interminable, sino al mismo tiempo a reproducir al psicótico como aquel que se resiste a la edipización. Carece por completo de una posibilidad de acceso directo a la esquizofrenia. Y pierde igualmente la naturaleza inconsciente de la sexualidad debido a su idealismo, al idealismo familiarista y teatral.
- Su libro tiene un aspecto psiquiátrico o psicoanalítico, pero también un aspecto político y económico, ¿Cómo conciben ustedes la unidad de estos dos aspectos? ¿Intentan ustedes recuperar de algún modo la tentativa de Reich? Hablan ustedes de catexis fascistas, tanto al nivel del deseo como al del campo social. Se trata en tal caso de algo que claramente concierne al mismo tiempo a la política y al psicoanálisis. Pero no se comprende bien qué es lo que ustedes opondrían a esas catexis fascistas. ¿Qué es lo que se puede contraponer al fascismo? Se trata de una cuestión que no concierne únicamente a la unidad de este libro, sino también a sus consecuencias prácticas: y estas consecuencias son de una enorme importancia, porque si nada impide esas “catexis fascistas”, si ninguna fuerza las contiene, si lo único que puede hacerse es constatar su existencia, ¿cuál es el significado de su reflexión política y de su intervención en la realidad?
F. G.: Sí, como tantos otros, nosotros anunciamos el desarrollo de un fascismo generalizado. Aún no ha hecho más que empezar, no hay razones para que el fascismo no siga creciendo. Mejor dicho: o bien se construye una máquina revolucionaria capaz de hacerse cargo del deseo y de los fenómenos del deseo, o bien el deseo seguirá siendo manipulado por las fuerzas de opresión y represión y terminará amenazando, incluso desde el interior, a las propias máquinas revolucionarias. Distinguimos dos clases de catexis en el campo social: las catexis preconscientes de interés y las catexis inconscientes de deseo. Las catexis de interés pueden ser realmente revolucionarias y, no obstante, permitir la subsistencia de catexis inconscientes de deseo que no lo son o que incluso son fascistas. En cierto sentido, lo que llamamos esquizoanálisis tendría su punto ideal de aplicación en los grupos, y especialmente en los grupos militantes: es en ellos en donde se dispone de modo más inmediato de un material ajeno a la familia, donde aparece el funcionamiento a veces contradictorio de las catexis. El esquizoanálisis es un análisis militante, libidinal-económico, libidinal-político. Al contraponer esos dos tipos de catexis sociales, no estamos contraponiendo el deseo, como fenómeno suntuario o romántico, a los intereses, que serían económicos y políticos; al contrarío, pensamos que los intereses se encuentran siempre emplazados allí donde el deseo ha predeterminado su lugar. Igualmente, no hay revolución conforme a los intereses de las clases oprimidas a menos que el deseo haya adoptado una posición revolucionaria que comprometa a las propias formaciones del inconsciente. Porque el deseo, en todos los sentidos, forma parto de la infraestructura (no creemos en absoluto en conceptos como el de ideología, que no sirve de nada a la hora de analizar los problemas: no hay ideologías). La amenaza permanente contra los aparatos revolucionarios estriba en hacerse una idea puritana de los intereses, que nunca se realizan más que en provecho de una franja de la clase oprimida que realimenta una casta y una jerarquía por completo opresiva. Cuanto más se asciende en una jerarquía, incluso aunque se trate de una jerarquía seudo-revolucinaria, menos posible será la expresión del deseo (por contra. tal expresión aparece en las organizaciones de base, aunque sea muy deformada). A este fascismo del poder nosotros contraponemos las líneas de fuga activas y positivas, porque tales líneas conducen al deseo, a las máquinas del deseo y a la organización de un campo social de deseo: no se trata de que cada uno escape "personalmente”, sino de provocar una fuga, como cuando se revienta una cañería o cuando se abre un absceso. Dejar que pasen los fluidos por debajo de los códigos sociales que pretenden canalizarlos o cortarles el paso. Toda posición de deseo contra la opresión, por muy local y minúscula que sea, termina por cuestionar el conjunto del sistema capitalista, y contribuye a abrir en él una fuga. Denunciamos toda la temática de la oposición hombre-máquina, el hombre alienado por la máquina, etc. Desde el movimiento de Mayo, el poder, apoyado por las seudo-organizaciones de izquierda, ha intentado hacer creer que sólo se trató de unos cuantos niños mimados que luchaban contra la sociedad de consumo, mientras que los obreros de verdad sabían perfectamente dónde estaban sus intereses... Pero jamás hubo lucha contra la sociedad de consumo (noción imbécil donde las haya. Al contrario, lo que decimos es que aún no hay suficiente consumo, aún no ha suficiente artificio, los intereses no estarán jamás de parte de a revolución hasta que las líneas dé deseo no alcancen el punto en el que e deseo y la maquina, el deseo y el artificio, sean una sola cosa, el punto en el que se rebelen por ejemplo contra los llamados “datos naturales” de la sociedad capitalista. Nada más fácil que alcanzar ese punto, pues el más minúsculo de los deseos se eleva hasta él, y al mismo tiempo nada más difícil, porque comporta todas las catexis del inconsciente.
G. D.: En este sentido. la cuestión de la unidad del libro está fuera de lugar. Hay, ciertamente, dos aspectos: el primero es una crítica de Edipo y del psicoanálisis; el segundo, un estudio acerca del capitalismo y de sus relaciones con la esquizofrenia. Pero el primer aspecto depende estrechamente del segundo. Atacamos al psicoanálisis en los siguientes puntos (que conciernen tanto a su teoría como a su práctica): su culto a Edipo, su reducción de la libido a catexis familiaristas, incluso bajo las formas encubiertas y generalizadas del estructuralismo o del simbolismo. Decimos que la libido actúa mediante catexis inconscientes que difieren de las catexis preconscientes de interés, pero que, como estas últimas, conciernen al campo social. Sea una vez más el caso del delirio: nos preguntan si hemos visto alguna vez un esquizofrénico, pero nosotros preguntamos a los psicoanalistas si ellos han escuchado alguna vez un delirio. El delirio no es familiar, sino histórico-mundial. Se delira a propósito de los chinos de los alemanes, de Juana de Arco y del Gran Mongol acerca de los arios y los judíos, del dinero, del poder y de la producción, y no en absoluto sobre papá y mamá. Aún más: la famosa “novela familiar” depende estrechamente de las catexis sociales inconscientes que aparecen en el delirio, y no a la inversa. Intentamos mostrar en qué sentido esto es ya cierto en la infancia. Proponemos un esquizoanálisis que se contrapone al psicoanálisis. Basta con atenerse a los dos escollos principales con los que tropieza el psicoanálisis: es incapaz de llegar a las máquinas deseantes de cualquiera porque se mantiene en las figuras o estructuras edípicas; es incapaz de llegar a las catexis sociales de la libido porque se queda en las catexis familiaristas. Esto se observa a la perfección en el ejemplar psicoanálisis in vitro del Presidente Schreber. Lo que a nosotros nos interesa (y que, en cambio, no interesa en absoluto a los psicoanalistas) es esto: ¿Cuáles son tus máquinas deseantes? ¿Cuál es tu manera de delirar el campo social? La unidad de nuestro libro consiste en que entendemos que las insuficiencias del psicoanálisis, así como su ignorancia del fondo esquizofrénico, están vinculadas a su profunda pertenencia a la sociedad capitalista El psicoanálisis es como el capitalismo: la esquizofrenia es su límite, pero no deja de desplazar el límite ni de intentar conjurarlo.
- Su libro está lleno de referencias, de textos que se utilizan generosamente, tanto en su propio sentido cuanto a veces contra él, pero se trata, en cualquier caso, de un libro cuyo subsuelo es una “cultura" precisa. Reconocen ustedes una gran importancia a la etnología, y sin embargo poca a la lingüística; otorgan gran relevancia a ciertos novelistas ingleses y americanos, pero apenas a las teorías contemporáneas de la escritura. Más concretamente, ¿por qué ese ataque a la noción de significante, y cuáles son las razones que les hacen rechazar su sistema?
F. G.: No tenemos nada que ver con el significante. No somos los únicos ni los primeros. Puede verse el caso de Foucault, o el reciente libro de Lyotard. La oscuridad de nuestra crítica del significante se debe a que se trata de una entidad difusa que todo lo reduce a una máquina obsoleta de escritura. La oposición exclusiva y coercitiva entre significante y significado está obsesionada por el imperialismo del Significante, tal y como emerge con las máquinas de escritura. Todo remite directamente a la letra. Tal es la propia ley de la hipercodificación despótica. Nuestra hipótesis es ésta: el Significante es el signo del gran Déspota que, al retirarse, libera una región que puede descomponerse en elementos mínimos entre los que existen relaciones regladas. Esta hipótesis tiene la ventaja de explicar el carácter tiránico, terrorista y castrador dél significante. Se trata de un enorme arcaísmo que remite a los grandes imperios. Ni siquiera estamos seguros de que el significante pueda servir en el terreno del lenguaje. Por ello, nos hemos vuelto hacia Hjelmslev hace tiempo que él ha erigido una especie de teoría spinozista del lenguaje en el cual los flujos de contenido y de expresión prescinden del significante. El lenguaje como sistema de flujos continuos de contenido y expresión, troquelado mediante constructos maquínicos de figuras discretas y discontinuas. En este libro aún no hemos desarrollado nuestra concepción de los agentes colectivos de enunciación, una noción que pretende superar la escisión entre el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación. Somos estrictamente funcionalistas: lo que nos interesa es cómo funcionan las cosas, cómo se disponen, cómo maquinan.
El significante pertenece aún al dominio de la pregunta: “¿Qué quiere decir esto incluso es esta misma cuestión en cuanto borrada. Para nosotros el inconsciente no quiere decir nada, ni tampoco el lenguaje. El fracaso del funcionalismo se debe a que se ha intentado aplicar a dominios que le son extraños, a grandes conjuntos estructurados que, por serlo, no pueden estar formados de la manera en que funcionan. El funcionalismo, al contrario, no tiene rival en el dominio de las micro-multiplicidades, de las micro-máquinas, de las máquinas deseantes, de las formaciones moleculares. Y, a este nivel, no hay en absoluto máquinas cualificadas de tal o cual manera, como por ejemplo una máquina lingüística, porque hay elementos lingüísticos en toda máquina, en convivencia con elementos de otro tipo, El inconsciente es un micro-inconsciente, es molecular, y el esquizoanálisis es un micro-análisis, La única cuestión es cómo funciona, con qué intenciones, qué flujos, qué procesos, qué objetos parciales, cosas todas ellas que no quieren decir nada.
G. D.: Eso mismo es lo que pensamos de nuestro libro. De lo que se trata es de saber si funciona, y cómo y para quién. Es una máquina. No se trata de releer, habrá que hacer otras cosas. Es un libro hecho gozosamente, No nos dirigimos a quienes piensan que el psicoanálisis sigue el camino correcto y tiene una visión apropiada del inconsciente. Nos dirigimos a quienes piensan que es monótono, triste, como un runrún (Edipo, la castración, la pulsión de muerte, etc.). Nos dirigimos a los inconscientes que protestan. Buscamos aliados. Tenemos gran necesidad de aliados, Tenemos la impresión de que nuestros aliados están ya por ahí, que se nos han adelantado, que hay mucha gente que está harta, que piensan, sienten y trabajan en una dirección análoga a la nuestra. no se trata de una moda, sino de algo más profundo, una especie de atmósfera que se respira y en la que se llevan a cabo investigaciones convergentes en dominios muy diferentes. Por ejemplo, en etnología. O en psiquiatría. O el trabajo de Foucault: aunque no practicamos el mismo método, tenemos la impresión de coincidir con él en multitud de puntos, esenciales a nuestro modo de ver, del camino que él trazó antes que nosotros. Es verdad que hemos leído mucho, pero un poco al azar. Nuestro problema no estriba en un retorno a Freud o a Marx. No es una teoría de la lectura. Lo que buscamos en un libro es el modo en que abre el paso a algo que escapa a los códigos: flujos, líneas activas de fuga revolucionaria, líneas de descodificación absoluta que se oponen a la cultura. Incluso para los libros existen estructuras, códigos y ataduras edípicas, tanto más solapadas por cuanto no son figurativas sino abstractas. Lo que nos ha llamado la atención de los grandes novelistas ingleses y americanos es ese don del que los franceses casi siempre carecen, las intensidades, los flujos, libros-máquinas, libros para ser usados, esquizolibros. Tenemos a Artaud, y la mitad de Beckett. Quizá se reproche a nuestro libro el ser demasiado literario. pero estamos seguros de que este reproche procederá de profesores de literatura. Acaso tenemos la culpa de que Lawrence, Miller, Kerouac, Burroughs, Artaud o Beckett sepan más acerca de la esqui-zofrenia que los psiquiatras y los psicoanalistas?
- Pero ¿no se arriesgan ustedes a un reproche más serio? El esquizoanálisis que proponen es, de hecho, un anti-análisis; en consecuencia, se les podría reprochar que valoran la esquizofrenia de manera románt1ca e irresponsable; e incluso que tienen tendencia a confundir al revolucionario con el esquizo. ¿Cuál sería su actitud ante estas posibles críticas?
G. D.- F. G.: Sí, una escuela de esquizofrenia sería una buena idea. Liberar los flujos, ir siempre un poco más lejos en el artificio: el esquizo es el que está descodificado, desterritorializado. Dicho esto, no se nos puede responsabilizar de los disparates: siempre hay gente dispuesta a esgrimirlos (véanse los ataque contra Laing y la anti-psiquiatría), Hace poco se publicó en el Observateur un artículo cuyo autor (un psiquiatra) decía: doy muestras de mi valor al denunciar las corrientes modernas de la psiquiatría y la antipsiquiatría. Nada de eso. Lo que él hacía más bien era escoger el momento adecuado en el que la reacción política se atrinchera contra toda tentativa de cambio en el hospital psiquiátrico y la industria del medicamento, Siempre hay una política tras los disparates. Nosotros planteamos un problema muy sencillo, similar al de Burroughs frente a la droga: ¿se puede alcanzar la potencia de las drogas sin drogarse, sin autoproducirse como un loco drogado? Con la esquizofrenia pasa lo mismo. Por nuestra parte, diferenciamos, de un lado, la esquizofrenia como proceso y, de otro, la producción del esquizofrénico como entidad clínica apropiada al hospital: ambos están en proporción inversa, El esquizofrénico del hospital es alguien que ha intentado algo y ha fracasado, que se ha derrumbado. No decimos que el revolucionario sea esquizofrénico. Decimos que hay un proceso esquizofrénico de descodificación y desterritorialización cuya conversión en producción de esquizofrenia clínica sólo puede ser evitada por la actividad revolucionaria, Planteamos un problema que concierne a la estrecha relación que existe entre el capitalismo y el psicoanálisis, por una parte, y entre los movimientos revolucionarios y el esquizoanálisis, por otra. Paranoia capitalista y esquizofrenia revolucionaria, por así decirlo, pero no en el sentido psiquiátrico de estos términos sino, al contrario, a partir de sus determinaciones sociales y políticas, de las que sólo bajo ciertas condiciones se deriva su aplicación psiquiátrica. El esquizoanálisis tiene un solo objetivo, que la máquina revolucionaria, la máquina artística y la máquina analítica se conviertan en piezas y engranajes unas de otras. Si, una vez más, consideramos el caso del delirio, nos parece que tiene dos polos, un polo paranoico fascista y un polo esquizo-revolucionario. No deja de oscilar entre ambos polos. Esto es lo que nos interesa: la esquizia revolucionaria por contraposición al significante despótico. Por otra parte, no merece la pena contestar de antemano a los disparates, ya que son imprevisibles, como tampoco la merece luchar contra ellos cuando se producen. Es mejor hacer otras cosas, trabajar con quienes van en el mismo sentido. En cuanto a la responsabilidad o la irresponsabilidad, nada. Sabemos de tales nociones: se las dejamos a la policía y a los psiquiatras de los tribunales.
viernes, 18 de abril de 2014
Nietzsche's burst of laughter
Entrevista con Gilles Deleuze
Esta entrevista, titulado "Nietzsche’s burst of laughter", se publicó en 1967 en el periódico francés Le Nouvel Observateur el 5 de abril. Que se llevó a cabo por Guy Dumur. Publicado en Reddit, la fuente de la traducción no se menciona. Sin embargo, la traducción de la misma entrevista en "islas desiertas, y otros textos, 1953-1974."
Deleuze describe la publicación de obras completas de Nietzsche, y analizar los problemas de la obra de Nietzsche. Muchas de las obras de Nietzsche fueron altamente alterados póstumamente por su hermana para que sean más atractivos para el Partido Nazi Alemán.
"Elizabeth Forster-Nietzsche pone juntos un trabajo extremadamente dañino que privilegia la muchas interpretaciones Nazi," notas de Deleuze. "Ella no falsifica los textos, pero sabemos muy bien que hay otras formas de distorsionar el pensamiento del autor, incluso si es sólo una selección arbitraria entre sus papeles".
Antes de escribir "El Antiedipo" con Felix Guattari, Deleuze escribió sobre la historia de la filosofía, entre ellos, "Nietzsche y la filosofía." Este fue el segundo libro que publico.
Deleuze sigue hablando sobre la relevancia de Nietzsche en la Francia contemporánea. La reacción contra las estructuras opresivas ya no se hace, para él, en el nombre de un "yo" o un "yo", dice Deleuze. Por el contrario, es como si el "yo" y el "yo" fueron cómplices de esas estructuras."
Lea la entrevista a continuación:
Dumur: ¿Cómo fue la nueva edición de obras completas de Filosofía de Nietzsche?
Deleuze: el problema era reclasificar las notas póstumas — el Nachlass — según las fechas que Nietzsche había escrito y colocarlos después de las obras con las que fueron contemporáneos. Algunos de ellos habían sido utilizados de manera abusiva después de la muerte de Nietzsche para componer la voluntad al poder. Así que era esencial para restablecer la cronología exacta. Esto explica por qué el primer volumen, la ciencia de Gay, es más de la mitad compuesta por fragmentos inéditos que data de 1881-1882. Nuestra concepción del pensamiento de Nietzsche, así como su proceso creativo puede ser profundamente alterada como resultado. La nueva edición aparecerá simultáneamente en Italia, Alemania y Francia. Pero los textos se lo debemos a la labor de dos italianos, Colli y Montinari.
Dumur: ¿Cómo se explica que los italianos en lugar de alemanes hicieron el trabajo?
Deleuze: Tal vez los alemanes no estaban en una buena posición para hacerlo. Ya tenían numerosas ediciones, eran aficionados, a pesar de la organización arbitraria de las notas. Además, los manuscritos de Nietzsche en Weimar, Alemania Oriental, donde los Italianos estaban mejor recibido que cualquier alemán occidental se podía esperar. Por último, los alemanes eran, sin duda, avergonzado por haber aceptado la edición de La voluntad de poder creado por la hermana de Nietzsche. Elizabeth Forster-Nietzsche armó una obra extremadamente dañina que privilegia a muchas interpretaciones nazis. Ella no falsifica los textos, pero sabemos muy bien que hay otras maneras de distorsionar el pensamiento de un autor, incluso si se trata simplemente de una selección arbitraria de entre sus papeles. Conceptos nietzscheanos como los de "fuerza" o "maestro" son lo suficientemente complejos como para ser traicionado por una selección como la de ella.
Dumur: ¿Las traducciones serán nuevas?
Deleuze: Completamente nuevo. Esto es especialmente importante para aquellos escritos hacia el final (ha habido algunas lecturas pobres, para los que Elizabeth Nietzsche y Peter Gast son responsables). Los dos primeros volúmenes que se publicarán, La gaya ciencia y Humano, demasiado humano, han sido traducidas por Pierre Klossowski y Robert Rovini. Esto no significa que las traducciones anteriores de Henri Albert, y por Genevieve Bianquis, eran malos-no en todos. Pero si ellos estaban decididos a publicar notas de Nietzsche con sus obras, que tenían que comenzar desde cero y unificar la terminología. En esa nota, curiosamente, Nietzsche fue introducido por primera vez en Francia y no por el "derecho", pero por Charles Andler y Henri Albert, quien representó a toda una tradición socialista con colorantes anárquicas.
Dumur: ¿Cree usted en un "regreso a Nietzsche" está teniendo lugar hoy día en Francia? Y si es así, ¿por qué?
Deleuze: Es difícil de decir. Tal vez ha habido un cambio, o tal vez el cambio está teniendo lugar ahora, con respecto a los modos de pensamiento que han sido tan familiar para nosotros desde la Liberación. Estábamos acostumbrados a pensar dialécticamente, históricamente. Hoy en día parece que la marea ha cambiado de pensamiento dialéctico hacia el estructuralismo, por ejemplo, así como otros sistemas de pensamiento.
Foucault insiste en la importancia de las técnicas de interpretación. Es posible que en la idea misma de la interpretación es algo que va más allá de la oposición dialéctica entre "saber" y "transformar" el mundo. Freud es el gran intérprete, por lo que es Nietzsche, pero de una manera diferente. La idea de Nietzsche es que las cosas y las acciones son ya interpretaciones. Así que para interpretar es la de interpretar las interpretaciones, y por lo tanto para cambiar las cosas, "para cambiar la vida." Lo que está claro para Nietzsche es que la sociedad no puede ser una autoridad definitiva. La autoridad máxima es la creación, es el arte: o más bien, el arte representa la ausencia y la imposibilidad de una autoridad definitiva. Desde el principio de su obra, Nietzsche plantea que existen extremos "sólo un poco más alto" que los del Estado, que los de la sociedad. Se inserta todo su corpus en una dimensión que no es ni histórico, ni siquiera entendida dialécticamente, ni eterna. Lo que él llama a esta nueva dimensión que opera tanto en el tiempo y contra el tiempo es lo intempestivo. Es en este que la vida como la interpretación encuentra su fuente. Tal vez la razón de la "vuelta a Nietzsche" es un redescubrimiento de lo intempestivo, esa dimensión que es distinta tanto de la filosofía clásica en su empresa "atemporal" y de la filosofía dialéctica en su comprensión de la historia: un elemento singular de la agitación.
Dumur: ¿Podríamos entonces decir que esto es un retorno al individualismo?
Deleuze: Sí, pero un individualismo extraño, en el que, sin duda, la conciencia moderna reconoce a sí mismo en cierto grado. Debido a que en Nietzsche, este individualismo se acompaña de una crítica viva de las nociones de "yo" y "yo" Para Nietzsche, hay una especie de disolución del yo. La reacción contra las estructuras opresivas ya no se hace, para él, en nombre de un "yo" o un "yo", por el contrario, es como si el "yo" y el "yo", fueron cómplices de esas estructuras.
¿Debemos decir que el retorno a Nietzsche implica una especie de esteticismo, la renuncia a la política, un "individualismo" como despersonalizado como está despolitizado? Quizás no. Política, también, está en el negocio de la interpretación. La inoportuna, que acaba discutimos, nunca es reducible al elemento político-histórico. Pero ocurre de vez en cuando que, en ciertos grandes momentos, que coinciden. Cuando la gente muere de hambre en la India, un desastre es político-histórico. Pero cuando el pueblo lucha por su liberación, siempre hay una coincidencia de actos poéticos y eventos históricos o esta acción política, la encarnación gloriosa de algo sublime o inoportuna. Tales grandes coincidencias son la explosión de Nasser de la risa cuando nacionalizó Suez, o gestos de Castro, y que otra carcajada, entrevista de televisión de Giap. Aquí tenemos algo que nos recuerda a los imperativos de Rimbaud o de Nietzsche y que pone uno encima en Marx-un gozo artístico que viene a coincidir con la lucha histórica. Hay creadores de la política, y los movimientos creativos, que están preparados para un momento de la historia. Hitler, por el contrario, carecía de un grado singular cualquier elemento nietzscheano. Hitler no es Zarathoustra. Tampoco es Trujillo. Representaban lo que Nietzsche llama "el mono de Zaratustra." Como dijo Nietzsche, si se quiere ser "un maestro", no es suficiente para llegar al poder. Más a menudo que no son los "esclavos" que llegan al poder, y que lo mantienen, y que siguen siendo esclavos, mientras que lo mantienen.
Los amos según Nietzsche son los prematura, los que crean, que destruyen el fin de crear, no para preservar. Nietzsche dice que en virtud de los enormes acontecimientos añicos la tierra son pequeños eventos silenciosos, que él compara a la creación de nuevos mundos: hay una vez más que ver la presencia de lo poético bajo el histórico. En Francia, por ejemplo, no existen hechos añicos la tierra ahora mismo. Ellos están muy lejos, y horrible, en Vietnam. Pero todavía tenemos pequeños acontecimientos imperceptibles, que quizá anuncian un éxodo desde el desierto de hoy. Tal vez el retorno a Nietzsche es uno de esos "pequeños eventos" y ya una reinterpretación del mundo.
Recursos: critical-theory
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