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viernes, 27 de agosto de 2010

Dos Palimpsestos

  Paleolítico

`Les Trois Frères, France´


Hay un sentido (siempre) en el que coinciden la escritura y el dibujo, con tanto debe entenderse como casos primarios de lenguajear visible. En la gran palimpsestos, el overwritings / overdrawings, en las paredes de la pintados y grabados paleolíticos cuevas de Europa, se ve este proceso en acción y prorrogados, ya que probablemente fue durante muchas generaciones. Las dos imágenes presentadas aquí fueron elaborados por el Abbé Henri Breuil después de una porción de un muro de grabado en el "santuario" de la cueva de Les Trois Frères en Francia. Por un intento de leer en esta y similares imágenes paleolítica "las semillas de la narrativa," el lector puede consultar publicado recientemente Clayton Eshleman’s publicado Juniper Fuse, un *extracto.







*Una vez que hemos de cruzar las líneas, un sentido de la vertical y la horizontal parece incipiente. S. Giedion escribe:
    Cada uno de nosotros lleva en su cerebro una especie de equilibrio secreto que nos impulsa inconscientemente a sopesar todo lo que vemos en relación a la horizontal y vertical-a la rectangular. Esto abarca desde la composición de una pintura a nuestros hábitos cotidianos. Nos sentimos un poco incómodos cuando nuestro cuchillo y el tenedor no se establecen directamente al lado de nuestro plato o cuando el papel de escribir en nuestro escritorio no es paralela al secante. Pero esto no es la única concepción posible de orden. Una concepción no depende de la vertical se produce en el arte primitivo... Todas las direcciones son de igual importancia... La multiformidad de las superficies, con una libertad infinita o la dirección y el azar perpetuo, está en la raíz de todo arte primitivo.

*Si bien el eje en Lascaux ha recibido más atención superficial que cualquier otro sitio otra pintura del Paleolítico Superior, tiene, desde el descubrimiento de la cueva en 1940, se resistió tanto a la caza y de la interpretación chamánica. A medida que la extensión final del pasillo y el ábside, el corredor y la cámara de curvas que se ramifican desde el centro de la Rotonda, de 16 pies de eje representa las entrañas "de Lascaux. George Bataille da una descripción adecuada de la "escena" pintado en una de sus paredes:
    A medio camino hacia abajo... una estrecha plataforma trae una frente a un saliente de roca (por debajo del cual el eje sigue zambullida) imágenes con, por un lado, de un rinoceronte y, por otro, de un bisonte, entre ellos, la caída o en decúbito, una el hombre con cabeza de pájaro, por debajo de él, un pájaro a punto de un palo vertical. El pelo del bisonte enfurecido literalmente de punta, lo azota la cola, los intestinos derrame en gruesas cuerdas de una herida en su vientre. Una lanza se pinta en diagonal sobre la bestia que pasa el costado, sobre el lugar donde ha sido la herida infligida. El hombre está desnudo y itifálico: elaborados de manera pueril, se le muestra como recién derribado por dos cuernos de bisonte de la proyección; los brazos del hombre son de par en par y las manos de cuatro dedos están abiertos.

* Una vez que comenzamos a notar los aspectos femeninos de los bisontes, que puedan ser alcanzados por el hecho de que el bisonte y el hombre con cabeza de pájaro son, su composición, los lados de un triángulo de pie en su ápice. La parte horizontal es la joroba de bisonte aplanada y la espalda. La izquierda es diagonal cuerpo rígido del hombre destacó por su brazo derecho, la cabeza y la espalda del ave palo y el objeto corto gancho (en las interpretaciones cazador se conoce como un lanzador, en las interpretaciones chamánicas, no se discute). La diagonal derecha se hizo lo que se ha denominado una lanza. Si uno lee las entrañas se derramaron como una imagen de la vulva, y luego la lanza se puede ver como un falo. Leroi-Gourhan ha ofrecido su propio testimonio, de un sistema de Paleolítico Superior de género emparejamiento. Sus comentarios sobre los signos de un bisonte en Bernifal pueden ser pertinentes para el Eje de "escena":
    Cuando consideramos las variantes de la "flecha" y de las marcas de la herida," nos damos cuenta que estas marcas gráficas pueden asimilarse a las formas variantes de los signos masculinos y femeninos. En otras palabras, es muy probable que los hombres del Paleolítico estaban expresando algo así como "la lanza es el pene" como "la herida es la vulva". Para ser plenamente convencido de esto, es suficiente para ver que el bisonte en el panel central en Bernifal está marcado por su parte, no con una "herida" y "filas", pero con una vulva ovalada en sus líneas de matrimonio y dos pares de trazos cortos. "

Aquí debo añadir que los intestinos llamada en el eje "escena" se podría describir con las mismas palabras.


Fragmentos: Clayton Eshleman (1981)

lunes, 19 de julio de 2010

Arte rupestre en Campo Lameiro (2)

Por lo que respecta a los temas que hemos denominado antropomorfos, ofrecen una enorme variabilidad estilística. Generalmente de tamaño superior al de las figuras humanas, son representaciones extrañas pero de acentuado antropomorfismo. Componen un grupo formal y estilísticamente diferenciado que se aleja de las representaciones humanas clásicas, sin que podamos atrevernos, de momento, a aventurar una interpretación coherente.

Algo semejante sucede con otro tipo de figuras de aparición, por el momento, muy limitada. Nos
referimos a imágenes de un determinado tipo de objeto que la literatura arqueológica conoce con
el nombre de «ídolo-ciilindro>> y que se cree relacionado con el mun: do funerario por su reiterada aparición en las sepulturas megalíticas del sur y occidente peninsular. A su probable valor como exponente de la «religiosidad» del momento hemos de añadir el no menos apreciable de su bien conocida cronología, que coincide plenamente con la que se deduce de las figuras de armas que veremos a continuación.
Las cada vez más numerosas rocas con diseños de modelos muy concretos de armas abren enormes perspectivas en el estudio de nuestros grabados rupestres por sus precisas aportaciones cronológicas y su valor ideológico. Su identificación tipológica no está en ocasiones exenta de dificultades por la mayor o menor fidelidad de la representación respecto de los modelos reales y por su estado de conservación. No obstante lo anterior, se distinguen con claridad ciertos modelos de espadas cortas, puñales, alabardas y escudos. 
Numéricamente, son los puñales y espadas cortas los temas más representados. Su análisis tipológico no deja lugar a dudas: en los casos debidamente contrastados se trata de imágenes de modelos de cobre más o menos evolucionados, con hoja triangular, con o sin cresta central, con o sin estrías paralelas al filo, pero siempre en relación con las producciones locales típicas de la transición III-II Milenios. Algunas espadas del famoso complejo compostelano de Conxo parecen claramente emparentadas con modelos británicos del mundo de Wessex datables también en la transición III-II Milenios. El mejor conjunto de espadas cortas documentado en Campo Lameiro es el de Ramallal, magnífico complejo en el que aparece representada una buena canti dad de estas armas junto a un diseño escutiforme. 

Mayores precisiones cronológicas ofrecen las alabardas, por cuanto al margen del modelo copiado, su datación se situaría a inicios del II Milenio a.C. Dibujadas con mayor o menor fortuna, en algunas la hoja muestra la característica cresta central y los orificios para los tres remaches de sujección al mango, por lo que su identificación con los modelos propios del área atlántica no ofrece dudas.

Finalizando el tema de las armas de nuestros grabados, mencionaremos ciertas figuras más o menos claras de escudos. Parece fuera de toda duda que el diseño circular que exhibe en su brazo izquierdo la figura principal de la Pedra das Ferraduras es un escudo. Mayores dificultades ofrecen ciertos diseños de forma aproximadamente triangular apuntada o trapezoidal, aunque su reiterada aparición en grandes rocas-panoplia como las de O Castriño en Compostela, Pedra Ancha en Dumbría, Mogüelos en Cangas o Auga da Laxe en Gondomar, en asociación directa con diversos modelos de armas, apuntaría hacia su identificación como escudos.

También en relación con la temática armamentística distinguimos en nuestros grabados ciertos modelos de armas arrojadizas y muy proDablemente arcos y flechas, todos ellos plasmados con casi total ausencia de realismo. Las lanzas que se ven clavadas sobre el lomo del gran ciervo de Os Carballos parecen disponer de hoja relativamente ancha aunque son muy difíciles de clasificar desde el punto de vista cronológico y cultural.
 
4.2.  El bloque geométrico: 
El otro gran conjunto temático del Grupo Galaico es el que hemos denominado Bloque Geométrico, integrado por una apreciable cantidad de figuras geométricas. Es, sin lugar a dudas, el repertorio más numeroso y el de mayor dispersión geográfica. Puntos o cazoletas, combinaciones de círculos concéntricos, espirales y diseños laberínticos forman la base iconográfica esencial de nuestro arte rupestre, bien de forma aislada, bien en conjunción directa con el repertorio naturalista.
Parece incuestionable que los círculos, tanto los más simples como las más complicadas combinaciones de formas concéntricas, suponen la temática básica de nuestros grabados. Rarísimo es el petroglifo en el que las combinaciones circulares no ocuparrlar máyorparte'del panel, y pueden contarse aquéllos en que están totalmente ausentes. Las variantes detectadas en las combinaciones circulares son tan numerosas que poco o nada puede aportar cualquier intento de clasificación tipológica. Desde las formas circulares más simples, apenas integradas por un punto central rodeado por un anillo de pequeño diámetro, hasta las gigantescas combinaciones de círculos concéntricos rodeadas de una maraña de trazos largos, pasando por todo un enorme conjunto de variantes, los círculos nos ponen de lleno ante un universo de tipo simbólico difícilmente desentrañable, pese a los numerosos intentos en este sentido, al no contar con el adecuado «libro de claves».
 
Intimamente relacionadas, hasta el extremo de compartir en todos los casos las rocas con las combinaciones circulares, están los diseños en espiral. De las más simples a las más elaboradas, las espirales no pueden disociarse de las combinaciones circulares.
 
Finalmente, mencionaremos ciertas figuras muy concretas sobre las que se han vertido ríos de tinta. Nos referimos a los conocidos «laberintos», de aparición por el momento muy restringida
aunque de gran interés por tratarse de diseños de muy complicada realización que aparecen en contextos geográficos y cronológicos radicalmente diferentes. Concentrados en los alrededores de la ría de Pontevedra —los famosos ejemplares de Mogor en Marín y O Cribo en Meis— en el complejo rupestre de Chan da Lagoa vemos varias figuras que se aproximan extraordinariamente al modelo clásico.
 
Por último, la temática geométrica se completa con unas cuantas figuras de cuadrados de esquinas redondeadas muy semejantes a las combinaciones circulares, diseños reticulados, un par de esvásticas de brazos rectos o curvos, un trisquel, etc.; todo ello eñ un número tan escaso que apenas supone algo relevante en el conjunto del arte rupestre galaico.

5.—Arte rupestre Galaico y Sociedad:
En nuestros grabados rupestres se puede apreciar una selección intencionada tanto de las superficies para grabar como de la temática elegida.
Si analizamos con detalle las imágenes, podemos constatar la existencia de un tipo de soporte diferente para cada uno de los grandes bloques temáticos en que hemos dividido el arte rupestre galaico: el geométrico utiliza generalmente superficies horizontales apenas visibles, mientras que el naturalista, salvo los cérvidos, suele aparecer sobre superficies inclinadas y bien visibles. La constatación de esta tendencia nos ha permitido postular la existencia de dos tipos de «lenguaje» diferentes pero complementarios: un «lenguaje restringido», basado en la iconografía geométrica , y un «lenguaje abierto», de fuerte carácter narrativo e ideológico, en el que la figura humana, los antropomorfos, las armas y los diseños de «ídolos-cilindro» serían los máximos exponentes.
Una segunda selección se aprecia en la elección de las representaciones. La documentación de escenas de monta, caza y equitación frente a la total ausencia de escenas que pudiesen reflejar un carácter presumiblemente cotidiano, parecen vincularla figura humana con actividades de prestigio social. Lo mismo podría deducirse de las figuras de armas metálicas representadas. La presencia de puñales, espadas cortas, alabardas y escudos, frente a la ausencia de armas que pudieran tener una función de carácter primario como las hachas, abundarían en el mismo sentido.
La vinculación de actividades como la caza o la equitación con el elemento masculino, y la constatación de que en la mayoría de los casos documentados las armas representadas en los grabados aparecen en enterramientos de varones, ha llevado a postular a algunos autores el predominio social del varón en el seno de las comunidades que grabaron nuestros petroglifos.
 
Las investigaciones arqueológicas más recientes parecen mostrar que el transitó del III al II Milenio a.c. refleja una fase de profundas transformaciones socieconómicas que tiene su origen en la
desestructuración de las comunidades megalíticas. En términos generales, se trataría del paso de una sociedad de las comunidades megalíticas a otra bien distinta en la que se manifestaría una clara tendencia hacia la jerarquización y estratificación social,en la que determinados individuos
adquirirían un papel relevante; en definitiva, hacia una sociedad más compleja.
Esta mayor complejidad social se manifestaría a través del registro arqueológico en determinados aspectos, preferentemente en la consolidación de una economía de producción con una base agrícola más intensificada a partir de la adopción de un arado ligero y de algún tipo de abonado. Pese a ello, no hay que olvidar que no estamos ante una economía especializada sino de amplio espectro, en la que también tendría cabida la caza, la ganadería, la recolección, el marisqueo, etc.
De igual forma, se observa en esta época la existencia de un reforzamiento de la desigualdad social, que se hace evidente en la adopción de rituales funerarios individualizados en los que los ajuares se componen fundamentalmente de elementos metálicos y de orfebrería que indicarían una nueva concepción ideológica exaltadora del individuo, en la que éste exhibiría su prestigio y reforzaría su posición social a través de la posesión y ostentación de determinados objetos de estatus, cuyo valor intrínseco se vería incrementado en muchos casos por su procedencia exótica.
En este contexto de una sociedad en transición, de una sociedad cada vez más compleja, es en el que a nuestro parecer hay que integrar el arte rupestre galaico, que parece ser el reflejo de un mundo espiritual relativamente complejo en el que necesariamente habrían de jugar un papel relevante ciertos individuos destacados que detentarían un mayor o menor grado de poder al disponer del «código de cíaves» para interpretar el universo simbólico representado en los grabados; por otro lado, creemos que parece evidente también la existencia de otro tipo de élite, en este caso de naturaleza política, que reafirmaría su poder mediante la plasmación de determinadas actividades de prestigio social —caza, equitación, etc.—, y la exhibición de determinados objetos de estatus —armas de metal y orfebrería principalmente—.
En nuestra opinión, dada la coincidencia entre el registro arqueológico y la imagen de la sociedad que se desprende del análisis del arte rupestre galaico, parecería lícito pensar que éste constituye un elemento legitimador del nuevo orden social al potenciar y hacer evidentes los mismos elementos que el registro arqueológico nos presenta como manifestaciones de una sociedad dividida y estructurada en torno a la desigualdad.
 
6. La conservación del Patrimonio Rupestre Galaico: 
El arte rupestre galaico constituye una manifestación cultural de incalculable valor que debe ser conservada y protegida como parte esencial de nuestro Patrimonio Histórico.

A lo largo de los siglos, los grabados se han visto afectados por una lenta degradación natural que, pese a todo, no les ha afectado en exceso y en muy pocos casos impide su debida lectura. Sin embargo, en los últimos años estamos asistiendo a una destrucción acelerada a causa de las actividades humanas. Hasta tal punto esto es así, que parece claro que el mayor enemigo actual del arte rupestre somos nosostros.
Los grabados rupestres de Campo Lameiro, al igual que los restantes del Grupo Galaico, se encuentran teóricamente protegidos por un amplio marco legal que va desde su declaración como Monumentos Histórico-Artísticos de carácter Nacional en 1974, hasta su declaración genérica en 1985 como Bienes de Interés Cultural en el ámbito regulado por la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español. Recientemente, este marco legal de protección puede verse incrementado con la solicitud planteada en el XXII Congreso Nacional de Arqueología celebrado en Vigo, para que sean declarados Patrimonio de la Humanidad.
 
Sin embargo, esta protección legal es poco efectiva si no va acompañada de una mayor sensibilización por parte de las personas que visitan los complejos de arte rupestre. De ahí que terminemos estas breves líneas haciendo un llamamiento a los poderes públicos para que tomen conciencia, de una vez por todas, de la responsabilidad que supone asumir la conservación de estos importantes testimonios de nuestro pasado, y al público visitante, para que evite por todos los medios destruir los grabados o actuar sobre ellos para resaltarlos.


Pontevedra, 29 de noviembre de 1993



Leer parte:

viernes, 16 de julio de 2010

Arte rupestre en Campo Lameiro (1)

1- Introducción:

Enclavado en pleno corazón del valle del Lérez, el municipio de Campo Lameiro atesora la mayor concentración de complejos de grabados rupestres prehistóricos al aire libre de todo el noroeste
peninsular, lo que le ha valido acertadamente el calificativo de «Capital del Arte Rupestre Galaico».
La preocupación por el estudio de los grabados rupestres de Campo Lameiro no es reciente. Es a primeros de siglo cuando comienzan a ser conocidos de la mano de Ramón Sobrino Buhigas, que
posteriormente los dará a conocer a través de su magna obra Corpus petrogly-phorum Gallaeciae. Su labor será continuada durante la década de los cincuenta por su hijo, Ramón Sobrino Lorenzo-Ruza, sin duda el mejor conocedor del arte rupestre galaico. Por esas mismas fechas es
de destacar la labor de búsqueda de Carlos Paratcha Vázquez. A inicios de los sesenta, una de las mayores personalidades de la investigación del arte rupestre, el italiano E. Anati, lleva a cabo estudios directos que incluirá en diversas monografías; esta labor es continuada a comienzos de la década siguiente por otro equipo italiano dirigido por C. G. Borgna. Finalmente, es a comienzos de los ochenta cuando Antonio Alvarez Núñez realiza el inventario sistemático de los complejos rupestres de la zona, que sirve de base a su Tesis de Licenciatura, desgraciadamente todavía inédita. Desde entonces, puede decirse que apenas existen estudiosos del arte rupestre prehistórico que no hayan al menos visitado los complejos rupeses de Campo Lameiro. Tras lo dicho, se comprende que el número, variedad y, sobre todo, calidad de los complejos rupestres de Campo Lameiro, hayan hecho de esta localidad uno de los puntos de referencia en todos los estudios de arte rupestre prehistórico, trascendiendo su fama mucho más allá de nuestras fronteras, como ponen de relieve no sólo las referencias en multitud de publicaciones sino los cientos de curiosos y de estudiosos del tema que se dan cita cada año para admirar e investigar estos preciosos testimonios de nuestros antepasados.
 
Es precisamente a estos visitantes a quienes va dirigida de forma especial esta publicadas. En ella hemos querido resumir, con el lenguaje más claro posible, el estado actual de la investigación sobre el arte rupestre galaico en general. No se trata, por tanto, de una guía al uso —como las publicadas en su día por M. C. García Martínez y Antonio Alvarez Núñez— sino de un breve compendio de nuestros conocimientos sobre el tema, que se acompaña con ejemplos e ilustraciones gráficas de los complejos rupestres de Campo Lameiro. En él hemos creído conveniente incluir los petroglifos de la localidad de Fentáns, no sólo por su incuestionable número y calidad, sino porque a pesar de pertenecer administrativamente al municipio de Cotobade, la realidad geográfica los incluye sin lugar a dudas en las tierras de Campo Lameiro.
 
2.—El Arte Rupestre Galico: Una definición 
Es bien sabido que en el noroeste de la Península Ibérica pueden distinguirse varios «grupos» de diseños grabados sobre rocas al aire libre. Naturalmente, no todas estas figuras coinciden ni en el aspecto temático ni en el técnico ni, mucho menos, en el cronológico. Una buena parte de los autores que han tratado el tema de los grabados rupestres de esta zona pasó por alto este detalle, creando con ello un gran confusionismo.

El que hemos convenido en denominar Grupo Galaico de Arte Rupestre presenta unas características propias tan acusadas que permiten su individualización sin excesivos problemas.
En primer lugar, se trata de figuras grabadas mediante una técnica de percusión indirecta con un instrumental presumiblemente lítico. Los surcos así dibujados han sufrido por efecto de la constante erosión un desgaste muy peculiar que provoca que en la actualidad se nos presenten con un perfil tan suave que en ocasiones hace sumamente difícil percibirlos con claridad.
En segundo lugar, la temática principal de nuestro arte rupestre es muy característica, y se concreta en dos grandes bloques: naturalista y geométrico.
El bloque naturalista es el que individualiza con mayor precisión del Grupo Galaico de los restantes focos rupestres europeos. Dentro de él, los diseños más frecuentes son las figuras de cérvidos de variada gama, estilísticamente a caballo entre la estilizacióm y el esquematismo; junto a ellos, algunos équidos de la poblada cola y seres humanos de gran simplicidad formal. Variadas figuras antropomorfas y representaciones aceptablemente fieles de armas de estatus —puñales, espadas cortas, alabardas y escudos y de «ídolos-cilindro» completan a grandes rasgos este repertorio naturalista.
 
El bloque geométrico es el más numeroso y el de mayor dispersión geográfica. Al tiempo, es el que

mayores puntos de contacto ofrece con otros focos rupestres europeos, preferentemente de la órbita atlántica. Lo integra una amplísima gama de combinaciones de círculos concéntricos, espirales, y, en menor proporción, diseños laberínticos, esvásticas, cuadrados, etc.. Representa un universo de gran complejidad que sin embargo no se puede disociar del repertorio naturalista.
Por último, el Grupo Galaico de Arte Rupestre aparece siempre en relación directa con las rocas graníticas, preferentemente las de la variedad de grano fino, que constituyen su soporte habitual. La localización espacial de los complejos rupestres muestra un núcleo central, tanto desde una perspectiva cuantitativa como cualitativa, coincidente con las tierras del valle medio del río Lérez, concretamente los municipios de Campo Lameiro y Cotobade. A partir de este lugar, los núcleos de grabados rupestres se van haciendo progresivamente menos numerosos y de temática mucho más pobre y repetitiva, descendiendo de forma harto elocuente su calidad. Este proceso es rápido hacia el interior y hacia el norte, en tanto que se torna más lento en dirección sur, por lo que parece sensato suponer que el fenómeno rupestre galaico es propio del área atlántica, preferentemente de la zona de las Rías Baixas, aunque con ciertas filtraciones cara al interior.
Vemos por tanto que estamos ante una manifestación «artística» muy peculiar, con soportes, técnica, temática, estado de conservación y dispersión geográfica característicos; es decir, ante un grupo de arte rupestre perfectamente individualizado.

3- Cronología del Arte Rupestre Galaico:
Si hacemos caso de la visión tradicional, nuestros grabados serían la producción «artística» más destacada de un período arqueológico en apariencia muy concreto —la Edad del Bronce— pero que en realidad abarcaría algo más de un milenio, amplitud cronológica demasiado destacada para que no se hubiesen producido a lo largo de su desarrollo mayores o menores alteraciones en los

aspectos principales de los grabados a semejanza de lo que se observa en otros focos de arte rupestre al aire libre con ciclos de larga duración. Pero nada de esto se distingue con claridad en el Grupo Galaico, en el que además están prácticamente ausentes las superposiciones de motivos y donde la sin cronía entre las figuras de cada panel parece fuera de toda duda razonable en la práctica totalidad de los casos. Todo parece indicar que estamos ante un fenómeno de corta duración pero de gran intensidad. Aunque desde finales de la década de los setenta es aceptada casi sin discusión la vinculación de los grabados rupestres galaicos con la Edad del Bronce en líneas generales, la investigación más reciente está precisando mucho mejor el tema. Nuestra opinión particular es que el Grupo Galaico de Arte Rupestre es obra de alguna o algunas de las comunidades humanas asentadas en nuestro territorio durante la transición entre el III y el II Milenios a.c., período coincidente con el desarrollo inicial de la Metalurgia. Éllo es así por dos motivos principales: En primer lugar, porque los temas representados que proporcionan una datación relativa —espadas cortas, puñales, alabardas e «ídolos-cilindro»— se refieren siempre a modelos propios del período abierto entre los

mómeñtosfinales del III Milenio y el siglo XVIII a.c. aproximadamente. Durante este período sabemos que se grabaron tanto las figuras de armas como de «ídolos-cilindro», junto con otros motivos del repertorio clásico asociados. Pudiera parecer poca cosa, pero al menos estamos ante un dato contrastado.
En segundo lugar, porque en el caso estudiado de la península del Morrazo se aprecia una más que evidente relación entre los asentamientos de la transición III-II Milenios a.C. y los complejos de grabados rupestres, al situarse estos últimos circundando" los territorios inmediatos a los asentamientos.



4.—Temática
Más arriba hemos puesto énfasis en la división de la temática propia del Grupo Galaico de Arte Rupestre en dos grandes bloques: naturalista y geométrico.



4.1.  El bloque naturalista: 
Los temas más o menos naturalistas son los que dotan de marcada personalidad a nuestro grupo de arte rupestre y lo diferencian de otras manifestaciones semejantes de la órbita europea. En el aspecto estilístico, nos encontramos con diseños a media distancia entre la estilización más o menos definida y el puro esquematismo. Los temas más frecuentemente representados son los zoomorfos —cérvidos y équidos en su mayor parte—, la figura humana, los antropomorfos y las figuras de objetos muy concretos como son ciertos modelos de armas y los «ídolos-cilindro».
Los cérvidos son las figuras zoomorfas de aparición más frecuente. Con una dispersión geográfica muy definida que apenas sobrepasa los actuales límites de la provincia de Pontevedra, en ocasiones aparecen aislados, aunque lo más normal es que compartan la roca con los diseños del bloque geométrico.


En el plano estilístico pueden distinguirse dos grandes grupos. Uno de aspecto estático, en el que la figura está dibujada con dos líneas básicas: la inferior contornea el interior de las patas y el vientre; la superior dibuja el exterior de las patas, cuello, cabeza y lomo. El otro grupo es de aspecto dinámico y en él los animales se representan claramente al galope; los cuartos traseros muestran un plano elevado con relación a los delanteros, y la parte inferior de cada par de patas aparece unida por la misma línea y apunta al espacio situado bajo el animal. Casi todos los ciervos exhiben pequeñas colas; algunos presentan poblada cornamenta, y en bastantes ocasiones se destacan con claridad los genitales. Menos veces se han dibujado los ojos o la boca del animal.

Dentro de esta iconografía básica son fácilmente perceptibles ligeras variantes locales que nos podrían hablar de la existencia de estilos propios de zonas muy concretas.
Un análisis somero de los paneles con figuras de cérvidos ofrece detalles; djgnosdeconsjder ación. En numerosas ocasiones, el artista ha pretendido plasmar la realidad natural con mayor o menor fortuna. Ciertos atisbos de perspectiva pueden rastrearse en los diferentes tamaños de algunos animales y en su disposición sobre la superficie grabada. Manadas de ejemplares de diferente sexo y edad, representadas en actitud tranquila o "en plena estampida, muestran una aguda y precisa observación de la realidad. No faltan las escenas del ciclo reproductivo de los ciervos —grandes machos en celo berreando, cópulas, etc.—. Finalmente, escenas explícitas de caza o animales claramente heridos por armas arrojadizas o con jadizas o con trazos sobre su vientre y cuello que podrían interpretarse como heridas. Determinados autores atribuyen a esta preferencia por las representaciones de ciervos un contenido simbólico relacionado con la fecundidad animal.
Dentro del apartado de figuras zoomorfas, en ocasiones surgen determinadas representaciones que, aunque mantienen las mismas características estilísticas que los cérvidos, carecen por completo de rasgos distintivos. Lo más probable es que se trate de ciervos jóvenes o de hembras, pero cabe también la posibilidad de que los autores pretendiesen plasmar otra especie de cuadrúpedo. De igual forma, siempre se han querido incluir dentro de la temática zoomorfa del Grupo Galaico de Arte Rupestre ciertas supuestas figuras serpentiformes. En realidad, sólo conocemos, una imagen que se pueda relacionar claramente con la serpiente: la grabada en el gran complejo de A Boullosa; las restantes, o bien son meras líneas ondulantes, o bien no tienen relación alguna con nuestro grupo de arte rupestre, como es el caso de la conocida representación del Castro de Penalba. Por último, es obligado hacer referencia a ciertas curiosas huellas de pezuñas que alcanzan un realismo fuera de lo común en el panel horizontal de la Pedra das Ferraduras.
 

Tanto las figuras de seres humanos como los diseños antropomorfos son temas relativamente minoritarios dentro del Arte Rupestre Galaico. Aquellas se caracterizan por un diseño muy simple, casi esquemático, y un reducido tamaño; estas, por el contrario, presentan una gran variabilidad formal y mayores dimensiones.
Desde un punto de vista meramente iconográfico, las representaciones humanas conocidas aparecen en dos actitudes diferentes: cazando pie a tierra o cabalgando. Cuando van a pie,

estilísticamente se reducen a un diseño en el que un punto señala la cabeza; bajo ella, una sencilla cruz dibuja el torso y los brazos, completándose la figura con la adición de dos trazos en ángulo a modo de piernas. Muy ocasionalmente, con una simple línea se plasman los genitales masculinos, y en la mayoría de los casos enarbolan en cada brazo un arma arrojadiza con la que acosan a los ciervos.
En las escenas de equitación, las figuras humanas muestran, por lo general, un estilo diferente. Como era de esperar, casi nunca se representan las piernas del jinete, y si se hace, es colocandolas paralelas en plano frontal. Ahora, una línea ininterrumpida contornea el torso y la cabeza, con lo que la figura gana el volumen y la plasticidad de que carecían las anteriores. Con uno de los brazos exhiben un arma arrojadiza, mientras que con el restante sujetan las bridas o agarran directamente la cabeza del caballo.
 

Los animales representados en las escenas de monta son, en la mayor parte de los casos, caballos al galope, de estilo muy semejante al de los cérvidos pero de los que difieren con claridad por su larga y espera cola. Dos o tres montas de ciervos podrían interpretarse tal vez desde la óptica simbólica y/o conegética.

jueves, 29 de octubre de 2009

Marcelino Sanz de Sautuola - (Previous Final)

Epílogo

Algunos apuntes sobre algunos objetos prehistóricos
de la provincia de Santander


"Los breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander de Marcelino Sanz de Sautuola significaron un gran cambio en el estudio y conocimiento de la Prehistoria de la Humanidad.
El descubrimiento en 1879 de las pinturas conservadas en la Sala de Policromos de la Cueva de Altamira, hoy llamada la Capìlla Sixtina del Paleolítico, no fue obra del azar sino del afán investigador y constancia de un hombre estudioso, dotado de la intuición precisa para adelantarse a su tiempo.

La obra cuyo facsímil hoy ofresemos fue objeto de la gran polémica que en las páginas siguientes comentan los especialistas José Antonio Lasheras y Carmen de las Heras. Como en otras iniciativas relevantes ha ocurrido, su autor no alcanzó a ver en vida el reconocimiento de aquel paso innovador. Pero su prudencia, y la generosidad con que ofreció al mundo sus hallazgos, fueron finalmente recompensadas.
Esta edición es un homenaje a su memoria."
Emilio Botín



El descubrimiento del primer arte. Comentario sobre los breves apuntes...
de Marcelino Sanz Se Sautuola

José A. Lasheras y Carmen de las Heras *


Sautuola fue consciente de la belleza, importancia y trascendencia de su hallazgo realizado hace ciento veiticinco años en Altamira. Investigando la más remota Prehistória de su región encontró unas figuras pintadas que indentificó como la primera gran obra descubierta de loas primeras manifestaciones artísticas de la humanidad, y lo hizo cuando no se conocía ninguna pintura igual, ni siquiera parecida, en todo el mundo. Identificó las especies animales representadas en la cueva, su técnica de realización, dedujo su cronología precisa y dio a conocer con absoluto rigor científico la existencia del arte original por excelencia, el más antiguo, el primer Arte. Aunque pasaron veinte años hasta que fuera definitivamente reconocida así, sus Brevesa apuntes son una sorprendente joya científica para la Historia de la Prehistoria, y Altamira es reconocida en todo el mundo como una obra maestra de la Historia del Arte universal.
* Director y conservador del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, respectivamente.


El hallazgo de una cueva en Altamira:

La prehistori
a de Altamira terminó hace trece mil años. Entonces, por causas naturales, se derrumbaron por completo los seis metros iniciales del luminoso vestíbulo. Este era el lugar usado para habitar por los grupos humanos durante el Paleolítico. El desplome de todos los estratos superiores cegó la gran boca (de unos catorce metros de anchura y hasta tres de altura) y la cueva quedó clausurada. Poco antes de ese suceso, gentes de cultura magdaleniense habían vivido allí y realizó las últimas pinturas, quizás los pequeños bisontes dibujados en negro que aparecen entre los policromos, en lo que ahora denominamos el Gran Techo. Desde ese lejano momento la cueva quedó sumida en la oscuridad absoluta; se abrió entonces un largo paréntesis de milenios sin presencia humana en su interior, hasta su fortuita localización en la segunda mitad del siglo XIX.
El hallazgo de las más bellas pinturas de la Prehistoria está lleno de atractivo y es un hito del máximo relieve en su historia. Reúne, además, curiosos matices de casualidad y anécdota que lo hacen particularmente emocionante, pero también de método y voluntad, que junto a su repercusión científica y artística le confieren un interés excepcional.
Era Sautuola un hombre de formación académica, licenciado en derecho, cuya curiosidad científica le condujo tanto a estudiar la historia regional como las ciencias de la naturaleza, y a coleccionar antigüedades, fósiles, y a coleccionar antigüedades, fósiles y minerales. Entre otras iniciativas que ilustran su pensamiento divergente y su amplitud de miras cabe recordar que introdujo el cultivo del eucalipto en Cantabria, proponiéndolo como recurso económico de interés regionál (1) y que fue vicepresidente de la Comisión Provincial de Monumentos durante años.
Hacia 1870-1872, un labrador llamado Modesto Cubillas encontró una grieta por la que se accedía a la cueva. En una carta que dirigió el rey Alfonso XII en 1881, aprovechando la vista del rey a la cueva, solicitaba alguna recompensa - "algún socorro", escribió: para él por haber sido su hallador y quien se la mostró a Sautuola, que poseía una "casona" en el pueblo de Puente San Miguel, próximo a la cueva. Cabe pensar que, conociendo sus aficiones, Cubillas le informara de su existencia, y que fueran sus inquietudes naturalistas las que le llevaran a visitar la cueva por primera vez en 1875. En esta primera ocasión la recorrió en su totalidad (más de 270 metros), incluso arrastrándose para franquear el paso en la galería mas profunda: ciertamente el interés por la geología eran intensos. Quizás por esto, cuando casi al final de la gruta vio unos raros dibujos negros, no le prestó entonces particular atención ni les concedió ninguna importancia.

En 1878 Sautuola fue a París, a la Exposición Universal. Visitó varias veces el pabellón dedicado a la Antropología donde se exponían las colecciones de objetos prehistóricos recientemente descubiertos en Francia. Estimulado por su observación - "aguijoneado por mi afición a estos estudios y excitado (sic)...por su contemplación" [p.3]
dice el mismo decidió entonces investigar en su región. Programó indagar en distintas cuevas y volver de nuevo, con tal fin, a la de Altamira en la que sería su segunda y definitiva visita a lo largo - suponemos - de varios días. Informó de ello a la Academia de la Historia, de la que era correspondiente, aunque no citó en sus cartas nada de las pinturas, quizá por no haberlas hallado aún al escribirlas o, más probable, por discreción y prudencia a la espera de analizar, valorar adecuadamente y alcanzar conclusiones precisas sobre lo hallado.
El aspecto anecdótico y casual del hallazgo está marcado por la participación de la hija de Sautuola, María, que siendo niña acompañó a su padre en la cueva. Fue ella la primera en ver las pinturas: "¡Papá, bueyes!", fueron sus palabras, según contaba siendo ya mayor. Se trata de un detalle simpático pero intrascendente que, en algunas menciones bibli0ográficas y por su reiteración, trivializa el mérito del verdadero descubrimiento científico que sólo corresponde a Sautuola y a los Breves apuntes.


En el nacimiento de la prehistória

A mediados del siglo XIX comenzó a desarrollarse en Europa el estudio sobre el pasado más remoto del hombre, tomando como base el método y el hallazgo que la Geología y la Paleontología estaban aportando. Esta nueva corriente de estudio, denominada "naturalista", se impuso progresivamente a un cierto modelo "erudito" hegemónico hasta ese momento. La tradición erudita hacía asumir que el origen del universo había sido tal y como se recogía en el libro del Génesis, y habiendo creado Dios al hombre en su estado pleno de perfección de dominio "creacionistas"; para ellos, los relatos del Antiguo Testamento y los acontecimientos de los llamados "cuatro imperios" (Asiria, Persia; Grecia y Roma) constituían el pasado más lejano de la humanidad, para cuyo estudio eran suficientes la Biblia, la Historia Antigua y las lenguas clásicas. Por lo contrario, esto empezaba a estar cuestionado por ciertos hallazgos que se veían produciendo desde el siglo XVIII. Desde la Geología y la Paleontología surgía un nuevo "Génesis", basado en la razón y no en las creencias, ajeno al Paraíso y procedente del Reino mineral y animal.
Esta nueva reflexión sobre el orígen del hombre se intensificó a partir de 1809, cuando se publicó la obra del biólogo Jean Baptiste Lamarck Zoological Philosophy en la que enunciaba los principios del "trasformismo", con los que abordaba la evolución de los seres vivos. Este cambio en la atención y actitud de los científicos se acrecentó con la publicación de dos trabajos fundamentales: "Principles of Geology", de Charles Lyell en 1833, y la obra de Jacques Boucher de Perthes "Antiquités Celtiques et Antédiluviennes" en 1847, referencias obligadas en cuanto a los inicios de la Prehistoria se refiere. Exponía Boucher de Perthes el hallazgo de instrumentos de piedras hechos por humanos y asociados a restos de animales extinguidos y, todo ello, en estratos naturales, geológicos, muy antiguos, lo que demostraba una antigüedad del hombre mucho mayor de la uqe se daba por supuesta a partir del relato bíblico del Génesis (pese a las evidencias, la discusión de esto la prolongaron algunos integristas hasta bien entrado el siglo XX). Poco después en 1859, Charles Darinn publicó "El origen de las especies" (2) donde explicaba los principios rectores de la evolución de las especies y los mecanismos que la hacen posible, fundamentalmente de la selección natural. La aparición ese mismo año de una nueva obra de Lyell titulada "Geological Evidence of the Antuquite of Man" vino a fundamentar de manera irrefutable las tesis de Bocher de Perthes y de Darwin, en lo relativo al largo camino recorrido por por la humanidad, en 1867, la Prehistoria se expuso de forma destacada en el recién inaugurado Musée des Antiquités Nationales de Saint-Germain-en-Laye y también en la gran Exposición Universal de París, y se celebró un Congreso al que asistió alguno de los primeros prehistoriadores españoles como Juan de Vilanova (3), en una apertura de la ciencia española a las novedades en Europa (algo más deseable que frecuente). Un año más tarde, John Lubbock en su obra Prehistoric Times acuñó los términos "Paleolítico" y "Neolítico" que fueron rápidamente admitidos por los prehistoriadores. En 1871 Darwin publica "El origen del hombre" (4), en el que tendría en cuenta los datos de la arqueología prehistórica y, en 1872, Gabriel de Mortillet estableció la sucesón de los diferentes perídos del Paleolítico. En fin, podemos considerar que la Prehistoria tuvo su período formativo como ciencia independiente de la Geología y la Paleontología en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX.

¿Y en España?

Pese al considerable desarrollo que el estudio de la Prehistoria había tomado en el extranjero, en España esta disciplina seguía siendo una gran desconocida. Bien es cierto que la situación de atraso económico y social y la inestabilidad política de nuestro país no favorecía el avance de las ciencias.
La restauración de la monarquía en 1875 supuso que la iglesia mantuviera y aún aumentara su poder y capacidad de influencia sobre la sociedad y en todas las instituciones públicas. Se reavivó entonces uno de los conflictos que ensombrecían a la sociedad española, el que enfrentaba a clericales y anticlericales. Entre los primeros se encontraban sectores muy conservadores - católicos y españolistas a ultranza - que ignoraban o rechazaban los logros culturales y sociales adquiridos en Europa a partir de la Revolución Francesa. Por otra parte, en los sectores anticlericales se integraban burgueses liberales, progresistas, federalistas y republicanos, todos ellos partidarios de una secularización de la sociedad. Una de las concesiones más significativas al clericalismo se realizó en el ámbito docente y fue provocada por el ministerio de Fomento, el marqués d Orovio, en 1875. Se la conoce como la "Segunda Cuestión Universitaria", cuando se prohibió la enseñanza de postulados que contradijeran las normas de la iglesia y el dogma católico. Varios catedráticos dimitieron y otros fueron cesados en la Universidad. Alguno de estos, con Francisco Giner de los Ríos al frente, crearon en 1876 la Institución Libre de Enseñanza, basada en la libertad de pensamiento, el interés por la Ciencia y en la didáctica laica e innovadora.
El conflicto entre la religión y ciencia en el ámbito educativo fue duro y tardó varios años en resolverse. Así, por ejemplo, en 1892, en el III Congreso Católico Nacional de España celebrado en Sevilla, se pidió la creación de una cátedra "consagrada exclusivamente a enseñar la verdadera Prehistoria católica", y se recomendó que todos los escritores católicos que tratasen del tema declarasen ser contrarios "a todo panteísmo evolucionista y transformista, y evitasen el empleo de palabras que se prestasen a confundirlos con esta escuela".
De lo anterior se deduce que la situación general existente en la España de 1880 no permitía alardes científicos en lo relativo al origen del hombre y a la Prehistor¡a. En este contexto, el hallazgo de las pinturas de Altamira y su atribución a la época paleolítica - palabra además poco frecuente aún en las publicaciones españolas - suponía un atentado contra dos pilares de la estructura social: la iglesia, por una parte, y las tradicionalistas Academias y demás.


1- Manuscrito titulado "Apuntes sobre la aclimatación del Eucaliptus globulus en la provincia de Santander", en M. Sanz de Sautuola, Escritos y documentos, Santander, 1976, p. 55 y ss.
*- Las páginas referenciales entre corchetes corresponden al facsímil original de los Breves apuntes...
2- On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggke for Life.
3- El primer catedrático de Geología y Paleontología de la Universidad española. Había publicado en 1872 su obra "Origen, Naturaleza y Antigüedad del hombre", y a él recurría Sautuola en demanda de información con la que contrasta el hallazgo.
4- The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex.


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