martes, 29 de mayo de 2007

R. V. R.

El Buey desollado


Me dejo sorprender, me tenso y vibro como un Stradivarius en su mejor y más experimentado momento con este “joven emergente y promisorio artista” (futuro “valor seguro”) .
Me permito algún escalofrío, cierto estremecimiento.

Me emociono aún como un niño, con la potencia de esta imagen que - aunque sometida a la exacta geometría de los pixeles del mundo digital para ser reproducida una vez más - pierde poco de su fuerza analógica original.
Actualidad, vigencia, a-temporalidad, fuera de toda pretenciosa hermenéutica, son los términos que dispara mi mente delante de esta versión del Louvre, como para la de la Art Gallery and Museum de Glasgow.
Que investigadores como H. Miles, Bredius, Schneider, Horst Gerson o Emmens, no coincidan exactamente en las fechas de ejecución de este óleo sobre tabla de apenas 94 x 67 cm ( ¿ 1650 ; o seguro, circa 1655 ?) y que al mismo tiempo, se piense que fue a su turno tocada o “retocada” por alguno de sus discípulos (cosa nada extraña en los talleres de la época) , no hace más que agregar otra dosis de misterio desde la arista procesual y técnica a la obra de este Gran Maestro.
Me considero alguien muy afortunado... siempre tuve suerte: en mis recorridas habituales por el Louvre (con o sin pirámide de Pei) nunca dejé de ir a “saludarlo”, nadie me prohibió reverenciarlo hasta lo irreverente.
No era como en Argentina con la saga de “Sin pan y sin Trabajo” de nuestro De la Cárcova, a quien por un largo tiempo no pude visitar por tristes historias demasiado famosas ya.
Fue también para 1987 (el 28 de abril más exactamente) que mi muy querido amigo el Pintor Paul Trajman, pateó “medio desbocado...completamente sacado” la puerta de mi estudio en Marchienne-au-Pont en Bélgica (siempre era así con Paul: las cosas “sorprendían” , “se rompían”... aparecían exageradamente fuera de contexto, él, esencialmente y por sobre todo... y... yo..., bueno ese día... acababa de conocer a Baselitz (pude constatar que era un poco más bajo que Picasso...y bastante menos pintor...) y (realmente “estaba tildado, andaba en otra”...) pero el gordo sensualote , insistente, desalineado y sucio, en su gastado traje señorial, con onda de ´Surreal-sincretismo Dior-Armani´ y con su típico, encarnado, genial andar de “judío errante”, entró con esos ojitos saltones, inquietos y siempre desorbitados “a lo Chaim” (como escapando de alguien o de algo, muy sinceramente perseguido) mostrándome entre sus manos temblorosas “la prueba del delito” :
El Gran Tomo con la obra Completa de Rembrandt. (De la densidad y el peso específico de dos ladrillos más o menos ) para gritarme enseguida: “ Feliz cumple Maestro ! “, sé que de ´esto´, vos entendés mucho ! (en claro “argot” : “ Je sais que t ´en sais beaucoup “ ...) “ ...y aquí dentro, también tenés al Buey , y además... podés verlo como un verdadero < Steak argentin > en el peor de los casos ...así no extrañas tanto Buenos Aires “Argie Nostalgique” ....además ... no es carne kosher, vos no tenés ése problema !!! ....
Para no ser menos que él casi le grité :
Siempre es así con vos...sos un animal !!! No sos el judío errante... sos "El Judío errado"... Resulta que me voy a hacer ahora un “vuelta y vuelta” a la parrilla con viande pas kosher! Me destrozaste otra vez la puerta del estudio, sos un atentado... un impresentable... sos un verdadero atentado al Golem... a más de 5 mil años de historia de tu pueblo !!! Cómo podés andar por la vida así... ehhh? (...)
No te escribió ya algo Dubuffet en las cartas que me dijiste que tenías ? Es que no vas a aprender nunca ???? Qué clase de “mesías” sos ? ... si no me arreglás la puerta te voy a hacer jabón EN POLVO !!! ....y nos gritamos una y otra vez, en estéreo-dolby-surround a punto tal, que las palabras y los sonidos desdibujaban todo ....los vidrios rotos, la puerta, los gestos ...su entrada exultante...
Más tarde (o sea, en ese mismo instante) ...en la trama de ésos segundos cómplices que duran una eternidad, nos miramos y después... nos fundimos en un gran abrazo, en ésos de los que son capaces los que se dicen todo y ES LO QUE SE GRABA... lo BELLO que nos queda de los amigos... en la memoria corporal .
Le agradecí casi llorando el libro de Rembrandt.
...El Buey Desollado, que toma relevancia cuando es adquirido para la colección del Louvre para 1857 , considerado en algún momento como una “Alegoría de la Fe” , (“mandato” menonita ? ) ...fue el detonante de singulares obras a través del tiempo y estableció ´una línea en la pintura´, creando casi un género e hizo que, entre otras cosas, por simple y llana “pereza mental” y no tanto falta de conocimiento o de información, muchos críticos y teóricos hablaran ligeramente de “Expresionismo” a la hora de referirse a este trabajo (cuando esta pieza y otras tan contundentes de Rembrandt, Goya o Grünewald, exceden el marco acotado de cualquier ismo histórico conocido) .
El viejo buey es a mi modo de ver - entre muchas otras cosas - algo así como “el centro del medio” de Matta; lo medular de un fin y un origen o quizás, una suerte de nudo epistemológico para la luz de la pintura.
Fue estudiado y copiado , o mejor si se me permite decirlo así : “por El Buey pasaron” artistas de la envergadura de Delacroix, Bonvin , Daumier, Soutine, Gutiérrez Solana, para llegar más cerca de nuestros días a autores como Nitsch, Bacon (con sus vastas crucifixiones ateas en vida) o inaugurar “El Grito” en Saura ... y ya en estas latitudes, comprometer a dos de nuestros más destacados pintores como lo fueron Berni y el inmerecidamente olvidado Policastro.
Desde ´el todo´ que organiza, es decir, desde la forma formadora o formante, se presenta como el punto álgido de ese signo inédito creado por Leonardo Da Vinci, que es el de la Temporalización de la Materia (cosa de la cual nadie escapa aún con sendos y muy mediatizados mapas de bits al alcance de la mano... y pretendidos universos fragmentados transculturales-globalizados, en su versión global, local o “glocal” , de Hi o Low-Tech , cada vez que una imagen, digital o analógica, sin importar la técnica, el concepto o el procedimiento , esté dominada por la articulación tonal abierta o la de los interpenetrados valores lumínicos desde dentro del lenguaje).
Del lado de las luces y las sombras, del clima y la atmósfera (dos cosas bien distintas), partiendo del claroscuro y del sinfónico semitono, obviamente, estamos ante un claroscuro color magistralmente llevado, o sea: se trata de la forma pictórica de más difícil y compleja realización.
Desde la temperatura del “Cuerpo” me remite al cuerpo caído a los niveles de la pura carne, fría, desgarrada, oponiéndose con éste a otros modelos menos “existenciales” y algo a-viscerados, que pudieron haber correspondido mejor con el de un plano del espíritu, del ser, “más feliz”, mayormente ideal, quizás arquetípico, estable e inmutable (Mientras escribo, se me cruza la asepsia del corpus de la Escuela de Atenas del admirable Rafael...)
En “El Buey” se da la luz materia, se configura la saturación del color en las zonas de núcleos de luz (lo que lo aleja del Renacimiento y gran parte del Manierismo proyectándolo hasta Paul Klee, pues no se trata del amable y certero amarillo de Nápoles en el modelado que define características hápticas) y se confirma otra vez, el giro Copernicano de Rembrandt al convertir al objeto en emisor de luz y sacarlo del estado pasivo de simple receptor, como parte visible del iceberg de su revolución pictórica que lo separaría para siempre de los pintores clásicos, de sus antecesores y más: hasta de sus contemporáneos.
En cuanto a la materia, es la que lleva el dibujo adelante (es ella quien en verdad crea el dibujo necesario a una nueva pintura), con ésas zonas de “antimateria” en las partes muy densas o en las más transparentes, como verdaderas metáforas, como un reconocimiento “avant la lettre” de los agujeros negros de la física cuántica contemporánea. De franca estructura abierta, no es dirigido o impuesto al objeto, por lo tanto el dibujo, nace en sentido inverso al que nos tuvo acostumbrados Picasso en algún período del siglo XX.
Al espacio y a la composición en Rembrandt... habría que dedicarle el tiempo de todo un seminario nada convencional, algo que claro, excede el marco del diseño de este artículo.
Una libre interpretación me fue dada para RADAR y seré cuidadoso entonces. No pretendo caer en ningún reduccionismo, ni siquiera, “interpretar” en el sentido estricto, descriptivo, anecdótico o lineal, sino solamente decir algo acerca de lo que esta pintura despierta en mí. Por lo tanto, digamos una vez más que desconocemos el móvil exacto para materializar esta obra, que escapa asimismo al criterio y al síntoma de “dégoût” en su época y contexto. Abrazo creo, o al menos intento hacerlo, algo más que una alegoría sin querer superar la dimensión de lo que por Fe se sienta o entienda, a la vez que me interno en una línea de artistas muy puntuales.
> El Buey < (conocemos de esto: la ignorancia y la desidia se pagan caro).
Si esta imagen “se descarga sobre" las de Soutine (para posteriormente hacer una cadena) quizás nos hayamos encontrado frente a su presentido Holocausto (sí, lo sabemos hoy: seis millones de judíos en los campos de exterminio, pero también más de 25 millones de rusos y ...otros más ...y más joyas del estilo durante el siglo pasado) ...asunto siempre plasmado por estos artistas desde lo visceral, y lejos, muy lejos del profiláctico y “exitoso” mundo de “lo conceptual” ...y ...veo, recuerdo, siento en la piel erizada todavía, mis festejos de cuando vivía en Europa, aquellos, los de la caída del muro de Berlín , ya por... las piedras esparcidas... por los otros cuerpos... por el fin de los “cuerpos desollados” que quedaron “colgados” a ambos lados en ese muro y nos dejaron mucho rojo de cadmio en la memoria... y veo también a gente de la generación anterior, en mi país... y la fisicalidad de esa irónica “Dialéctica Argentina” (Represión-Hiperinflación-Recesión) que alguna vez pinté y hoy forma parte de la colección de obras del MACLA de La Plata.
Pero también miro, rememoro y constato una vez más, que tras el último ladrillo derribado por muchos jóvenes del entonces “mi medio” en Europa, se terminaba de colocar paralela y prolijamente, la piedra final de la gran muralla virtual que separaría inexorablemente el Norte del Sur... y este “viejo y reciclado Buey” me señala todavía, desde aquí abajo, que quizás Occidente (como nunca) no haya renunciado a inaugurar Neo-Inquisiciones bastante entrados ya en el siglo XXI, en el difícil contorno de un muy mediático, senil y nada sutil maniqueísmo, que nos conduce directamente a padecer (en el peor de los casos) o a discurrir (en un plano más suave) sobre la abyección, un “nuevo cuerpo de lo abyecto” o la > alteridad desollada < "inconscientemente” planificado. Si se quiere, también puede verse esta imagen emblemática, como un “tónico” para ahondar en lo que denomino caprichosamente - señalando el nivel alcanzado en las democracias liberales contemporáneas - : el “ ECU “ Estadio Catatónico Urbano, es decir como paradigma empujando hacia una nueva reflexión y debate sobre el arte, el artista, su definición, rol y mensajes, a desarrollar en las ciudades y sociedades acosadas y paralizadas ( “ freezadas” ) por los serios atentados de grandes alcances, sus causas, efectos y consecuencias.
Espero que algunas - p r e s e n c i a s - puedan ser nuevamente leídas, interpretadas y re-significadas, más allá de las frías investiduras, formalidades e hipótesis de la investigación académica, que tienen mucho de prurito doctoral y otro tanto de “excelencia” que reducen todo de manera políticamente correcta a “textos visuales” más o menos gentiles, más o menos comprometidos, acotados a la inocuidad del saber enciclopédico archivable o que tienden a la complaciente “revuelta de revista especializada en arte”, para satisfacer las necesidades editoriales del mercado y, por el contrario, sean debidamente jerarquizadas, a pesar de la fuerza de las exclusiones abusivas, los intereses siempre pequeños y mezquinos que aplastan día a día a muchos de manera definitiva e irrecuperable a pesar de ciertos esfuerzos ciclópeos... e ir más allá también de lo relegado por el accionar efectivo de la soberbia de los ignorantes que son siempre bien acogidos, conceptuados, premiados y aceptados en nuestra sociedad.
Esta es la forma posible que toma parte de mi deseo en tanto “grito con retorno” de cara al Buey Desollado, como una esperanza débil (no generada por o tributaria de un pensamiento débil), esperanza que raya inevitablemente un borde de la utopía.
Desde mi modesto sitio, en medio de “tribus” diversas, solo me resta decir que “quizás algún día pueda algo con todo ello, y si no... habrá sido simplemente jugado, arriesgado y hermoso el intento, repartido entre muchas materializaciones que tengo a mi alrededor”.
Espero finalmente, que otro artista intenso de nuestra época como Greenaway, nos sorprenda pronto -sin defraudar- con su visión acerca de Rembrandt y nos dé algo en relación a su “Buey” que siempre nos estará interrogando acerca de la Condición Humana, tanto en lo individual, para vos que tenés nombre y apellido, sos de carne y hueso en este aquí y ahora implacable, como en lo concerniente al destino colectivo si es que esto último existe aún.

sábado, 26 de mayo de 2007

Signos - Simbolos

Titulo: s/t
Técnica:
Lápiz s/Palel
Medidas:
28,5 x 21 ctm
Año: 200
7

En diciembre de 1918 "Arbeitsrat" publicó "un nuevo programa artístico" donde declaraba: "El Arte ya no debería ser el placer de unos pocos, sino la felicidad y la vida de las masas. El objetivo es la unión de las Artes bajo los auspicios de una gran arquitectura. De ahora en adelante, el artista, como el que da forma a las percepciones de la gente, es el único responsable de los ropajes visibles del nuevo estado."

martes, 22 de mayo de 2007

Tacto

Título: Tacto
Tecnica: Acrílico s/Lienzo
Medidas: 130 X 81 ctm
Año
: 2004


Como dice Mahabharata: "el alma es una cosa que la espada no puede herir, que el fuego no puede consumir, que el agua no puede macerar, y que el viento no puede secar.”

(relato de la novela inédita :”EL DÍA QUE PROFANARON LA TUMBA DE GEORGE W. BUSH”)

viernes, 18 de mayo de 2007

Relatos de Don Pablo...


Pablo Neruda - Escenas familiares de su casa en construcción y los objetos amados por Neruda en Isla Negra. Recita en su propia voz los poemas 15 ("Me gusta cuando callas..") y 20 ("Puedo escribir los versos mas tristes..."), ambos de "Veinte poemas de amor y una cancion desesperada", libro publicado en 1924, cuando el poeta contaba 20 años.

lunes, 14 de mayo de 2007

Lecturas de un corazón


Titulo: Numen por una musa.
Técnica: Mixta.

Medidas: 70 X 50 ctm.
Año: 2006


Sueños...
muchas veces se puede creer como inalcanzable...
pero no...
está allí...
golpeando en la puerta de tu casa...

sábado, 5 de mayo de 2007

Unas lecciones de Metafísica (José O. & G.)


“El texto que se transcribe – según nos informan esos compiladores – (desde la lección primera hasta la lección número 14 que finaliza el libro); procede de un manuscrito de Ortega y corresponde a l curso que profesó en su cátedra de Metafísica de la Universidad de Madrid, en 1932 -1933. Las explicaciones de Ortega en clase le llevaban, a veces, a desarrollos complementarios por razones circunstanciales, pero el texto que aquí se imprime solo contiene el aludido manuscrito preparatorio de las lecciones, tal y como se ha encontrado.”

Lección primera: vamos a estudiar Metafísica, y eso que vamos hacer es, por lo pronto, una falsedad. La cosa es, a primera vista, estupefaciente, pero el estupor que produzca no quita a la frase la dosis que tenga de verdad. En esa frase – nótenlo ustedes –no se dice que la Metafísica sea una falsedad: ésta se atribuye no a la Metafísica, sino que nos pongamos a estudiarla. No se trata, pues, de la falsedad de uno o muchos pensamientos nuestros, sino de la falsedad de un nuestro hacer, de lo que ahora vamos hacer: estudiar una disciplina. Porque lo afirmado por mí no vale solo para la Metafísica, si bien vale eminentemente para ella. Según esto, en general estudiar sería una falsedad.
No parece que frase tal y tesis semejante sean las más oportunas para dichas por un profesor a sus discípulos, sobre tofo al comienzo de un curso. Se dirá que equivale a recomendar la ausencia, la fuga, que se vayan, que no vuelvan.
Tal vez acontezca lo contrario: que esa inaudita afirmación les interese. Entre que pasa lo uno o lo otro, que ustedes resuelven irse o resuelven quedarse, yo voy aclarar su significado.
No he dicho que estudiar sea solo una falsedad: es posible que contenga facetas, lados, ingredientes que no sean falsos, pero me basta con que algunas de las facetas, lados o ingredientes constitutivos del estudiar sea falso para que a mi enunciado posea su verdad.
Ahora bien, esto último me parece indiscutible por una sencilla razón; las disciplinas, sea la Metafísica o la Geometría, existen, están por ahí porque unos hombres las crearon merced a un rudo esfuerzo y si emplearon éste fue porque necesitaban aquellas disciplinas, porque las habían menester. Las verdades que ellas contengan fueron encontradas originariamente por un hombre y luego representadas o reencontradas por otros que acumularon su esfuerzo al del primero. Pero si las encontraron es que las buscaron y si las buscaron es que las habían menester, que no podían, por unos u otros motivos, prescindir de ellas. Y si no las hubieran encontrado habrían considerado fracasadas sus vidas. Si, viceversa, encontraron lo que buscaban, es evidente que eso que encontraron se adecuaba la necesidad que sentían. Esto, que es perogrullesco, es, sin embargo, muy importante. Decimos que hemos encontrado una verdad cuando hemos hallado un cierto pensamiento que satisface una necesidad intelectual previamente sentida por nosotros. Si no nos sentimos menesterosos de ese pensamiento este no será para nosotros una verdad. Verdad es, por lo pronto, aquello que aquieta una inquietud de nuestra inteligencia. Sin esta inquietud no cabe aquel aquietamiento. Parejamente decimos que hemos encontrado la llave cuando hemos hallado un preciso objeto que nos sirve para abrir un armario, cuya apertura nos es menester. La precisa busca se calma en el preciso hallazgo: este es función de aquella. Generalizando la expresión tendremos que una verdad no existe propiamente sino para quien la ha menester, que una ciencia no es tal ciencia sino para quien la busca afanoso, en fin, que la Metafísica no es Metafísica sino para quien la necesita. Para quien no la necesita, para quien no la busca, las Metafísica es una serie de palabras o, si se quiere, de ideas que, aunque se crea haberlas entendido una a una carecen, en definitiva, de sentido, esto es, que para entender verdaderamente algo, y sobre todo la Metafísica, no hace falta tener eso que se llama talento ni poseer grandes sabidurías previas; lo que, en cambio, hace falta en una condición elemental, pero fundamental: lo que hace falta es necesitarla.
Mas hay formas diversas de necesidad, de menesterosidad. Si alguien me obliga inexorablemente a hacer algo, yo lo haré necesariamente y, sin embargo, la necesidad de este hacer mío no es mía, no ha surgido en mi, sino que me es impuesta desde fuera. Yo siento - por ejemplo - la necesidad de pasear y esta necesidad es mía, brota en mí – lo cual no quiere decir que sea capricho, ni un gusto, no; a fuer de necesidad tiene un carácter de imposición y no se origina en mi albedrío, pero me es impuesta desde dentro de mí ser, la siento, en efecto, como necesidad mía – Mas cuando al salir yo de paseo de guardia de la circulación me obliga a seguir una cierta ruta, me encuentro con otra necesidad, pero ya no es mía, sino que me viene impuesta del exterior, y ante ella lo más que puedo hacer es convencerme por reflexión de sus ventajas y, en vista de ello aceptarla. Pero aceptar una necesidad, reconocerla no es sentirla inmediatamente como tal necesidad mía, es más bien una necesidad de las cosas, que de ellas me llega, forastera, extraña a mí. La llamaremos necesidad mediata frente a la inmediata, a la que siento, en efecto, como tal necesidad, nacida en mí, con sus raíces en mí, indígena, autóctona, auténtica.
Ahora bien, cuando un hombre se ve obligado a aceptar una necesidad externa, mediata, se encuentra en una situación equívoca, bivalente, porque equivale a que se le invitase a hacer suya – esto significa aceptar – une necesidad que no es suya. Tiene, quiera o no, comportarse como si fuese suya; se le invita, pues, a una ficción, a una falsedad. Y aunque el hombre ponga toda su buena voluntad para lograr sentirla como suya, no está dicho que lo logre, no es ni siquiera probable. Con esta aclaración, fijémonos en cuál es la situación normal del hombre que se llama para estudiar, si usamos, sobre todo, este vocablo en el sentido que tiene como estudio del estudiante, o lo que es lo mismo, preguntémonos qué es el estudiante como tal.
Y es el caso que nos encontramos con algo tan estupefaciente como la escandalosa frase con que yo he iniciado este curso. Nos encontramos con que el estudiante es un ser humano, masculino o femenino, a quién la vida le impone la necesidad de estudiar las ciencias de las cuales él no ha sentido inmediata, auténtica necesidad. Si dejáramos a un lado casos excepcionales reconoceremos que en el mejor caso siente el estudiante una necesidad sincera, pero vaga, de estudiar “algo”, así in genere, de “saber”, de instruirse. Pero la vaguedad de este afán declara su escasa autenticidad. Es evidente que un estado tal de espíritu no ha llevado nunca a crear ningún saber, porque éste es siempre concreto, es saber precisamente esto o precisamente aquello y según la ley, que ha poco insinuaba yo – de la funcionalidad entre buscar y encontrar, entre necesidad y satisfacción -, los que crearon un saber es que sintieron no el vago afán de saber, sino el concretísimo de averiguar tal determinada cosa.
Esto revela que aun en el mejor de los casos - y salvas, repito, las excepciones – el deseo de saber que pueda sentirle buen estudiante es por completo heterogéneo, tal vez antagónico del estado de espíritu que llevó a crear el saber mismo. Y es que la situación del estudiante ante la ciencia es opuesta a la que ante esta tuvo su creador. En efecto: la ciencia no existe antes de su creador. Este no se encontró primero con ella y luego sintió la necesidad vital y no científica y ella le llevó a buscar su satisfacción y al encontrarla en unas ciertas ideas resultó que estas eran la ciencia. En cambio, el estudiante se encuentra, con la ciencia ya hecha, como con una serranía que se levanta ante él y le cierra su camino vital. En el mejor caso, la serranía de la ciencia le gusta, le atrae, le parece bonita, le promete triunfos en la vida. Pero nada de esto tiene que ver con la necesidad auténtica que lleva a crear la ciencia. La prueba de ello está en que ese deseo general de saber es incapaz de concretarse por sí mismo en el deseo estricto de un saber determinado. Aparte de que no es un deseo lo que lleva propiamente al saber, sino uno necesita. El deseo no existe si previamente no existe la cosa deseada, ya sea en la realidad, ya sea, por lo menos, en la imaginación. Lo que por completo no existe aún, no puede provocar deseo. Nuestros deseos se disparan al contacto de lo que ya está ahí. En cambio, la necesidad auténtica existe sin que tenga que preexistir ni siquiera en la imaginación aquello que podría satisfacerla. Se necesita precisamente lo que no se tiene, lo que falta, lo que no hay, y la necesidad, el menester, son tanto más estrictamente cuanto menos se tenga, cuanto menos haya lo que se necesita, lo que se ha menester.
Para ver esto con plena claridad no es preciso que salgamos de nuestro tema: basta con comparar el modo de acercarse a la ciencia ya hecha, el que sólo va a estudiarla y el que siente auténtica, sincera necesidad de ella. Aquel tenderá a no hacerse cuestión de la ciencia, a no criticarla: al contrario, tenderá a reconfortarse pensando que ese contenido de la ciencia ya hecha, tiene un valor definitivo, es la pura verdad. Lo que busca es simplemente asimilársela tal y como está ya ahí. En cambio, el menesteroso de una ciencia, el que siente la profunda necesidad de la verdad, se acercará cauteloso al saber ya hecho, lleno de suspicacia, sometiéndolo a crítica, mas bien con el prejuicio de que no es verdad lo que el libro sostiene - en suma - precisamente porque necesita un saber con radical angustia pensará que no lo hay y procurará deshacer el que se presenta como ya hecho. Hombres así son los que constantemente corrigen, renuevan, recrean la ciencia. Pero eso no es lo que en su sentido normal significa el estudiar del estudiante. Si la ciencia no estuviese ya ahí, el buen estudiante no sentiría la necesidad de ella, es decir, que no sería estudiante. Por tanto, se trata de una necesidad externa que le es impuesta. Al colocar al hombre en la situación de estudiante, se le obliga a hacer algo falso, a fingir que siente una necesidad que no siente.
Pero a esto se opondrán algunas objeciones. Se dirá, por ejemplo, que hay estudiantes que sienten profundamente la necesidad de resolver ciertos problemas que son los constitutivos de tal o cual ciencia. Es cierto que los hay, pero es insincero llamarlos estudiantes. Es insincero y es injusto. Porque se trata de casos excepcionales, de criaturas que aunque no hubiese estudios ni ciencia, por sí mismos y solos inventarían, mejor o peor, ésta y dedicarían por inexorable vocación su esfuerzo a investigar. Pero, ¿y los otros? ¿La inmensa y normal mayoría? Estos y no aquellos pocos venturosos, éstos son los que realizan el verdadero sentido – y no el utópico – de las palabras “estudiar” y "estudiante." Con éstos es con quienes se es injusto al no reconocerlos como verdaderos estudiantes y no plantearse con respecto a ellos el problema de qué es estudiar como forma y tipo de humano hacer. Es un imperativo de nuestro tiempo, cuyas graves razones expondré un día en este curso, obligarnos a pensar las cosas en su desnudo, efectivo y dramático ser. Es la única manera de encontrarse verdaderamente con ellas. Sería encantador que ser estudiante significase sentir una vivacísima urgencia por este y el otro saber. Pero la verdad es estrictamente lo contrario: ser estudiante es verse el hombre obligado a interesarse directamente por lo que no le interesa o a lo sumo le interesa solo vaga, genérica o indirectamente. La otra objeción que habría de hacérseme es recordarme el hecho indiscutible de que los muchachos sienten sincera curiosidad y peculiares aficiones. El estudiante no lo es en general, sino que estudia ciencias o letras, y esto supone una predeterminación de su espíritu, una apetencia menos vaga y no impuesta de fuera.
En el siglo XIX se ha dado demasiada importancia a la curiosidad y a las aficiones, se ha querido fundar en ellas cosas demasiado poderosas para que puedan sostener las entidades tan poco serias como aquellas. Este vocablo, “curiosidad”, como tantos otros, tiene doble sentido – uno de ellos primario y sustancial, otro peyorativo y de abuso -, lo mismo que la palabra “aficionado”, que significa el que ama verdaderamente algo, pero también el que es solo amateur. El sentido propio del vocablo “curiosidad” brota de su raíz que da una palabra latina (y sobre la cual nos ha llamado la atención recientemente Heidegger), cura, los cuidados, las cuitas, lo que yo llamo, la preocupación. De cur-a viene curiosidad. De aquí que en nuestro lenguaje vulgar un hombre curioso es un hombre cuidadoso, es decir, un hombre que hace con atención y extremo rigor y pulcritud lo que tiene que hacer, que no se despreocupa de lo que le ocupa, sino al revés, se preocupa de su ocupación. Todavía en antiguo español cuidar era preocuparse, curare. Este sentido originario de cura o cuidados pervive en nuestras voces vigentes curador, procurador, procurar, curar; y en la misma palabra “cura”, que vino al sacerdote porque este tiene cura de almas. Curiosidad es, pues, cuidadosidad, preocupación. Como, viceversa, incuria es descuidado, despreocupación; y seguridad, securitas, es ausencia de cuidados y preocupaciones. Si busco, por ejemplo, las llaves es porque me preocupo de ellas y si me preocupo de ellas es las he menester para hacer algo, para ocuparme. Cuando este preocuparse se ejercita mecánicamente, insinceramente, sin motivo suficiente y degenerar en prurito, tenemos un vicio humano que consiste en fingir cuidado porque lo que no nos van de verdad a ocupar, por tanto, en ser eficaz de auténtica preocupación. Y esto es lo que significan peyorativamente empleados los vocablos “curiosidad”, “curiosear”, y “ser un curioso”.
Cuando se dice que la curiosidad nos lleva a la ciencia; una de dos, o nos referimos a aquella sincera preocupación por ella que no es sino lo que yo antes he llamado “necesidad inmediata autóctona” – la cual reconocemos que no suele ser sentida por el estudiante -, o nos referimos al frívolo curiosear, al prurito de meter las narices en todas las cosas, y esto no creo que pueda servir para hacer de un hombre un científico.
Estas objeciones son vanas. No andemos con idealizaciones de la áspera realidad, con beaterios que nos inducen a debilitar, esfumar, endulzar los problemas, a ponerles bolas en los cuernos. El hecho es que el estudiante tipo es un hombre que no siente directa necesidad de la ciencia, preocupación por ella y, sin embargo, se ve forzado a ocuparse de ella. Esto significa ya la falsedad general del estudiar. Pero luego viene la concreación, casi perversa por lo minucioso, de esta falsedad. Porque no se obliga al estudiante a estudiar en general, sino que éste se encuentra, quiera o no, con el estudio disociado en carreras especiales, y cada carrera constituida por disciplinas singulares, por la ciencia tal o por la ciencia cual.
¿Quién va a pretender que el joven sienta efectiva necesidad, en un cierto año de su vida, por tal ciencia que a los hombres antecesores les vino en gana inventar? Así, de lo que fue una necesidad tan auténtica y vivaz que a ella dedicaron su vida integra unos hombres – los creadores de la ciencia – se hace una necesidad muerta y un falso hacer. No nos hagamos ilusiones: en ese estado de espíritu no se puede llegar a saber el saber humano. Estudiar es, pues, algo constitutivamente contradictorio y falso. El estudiante es una falsificación del hombre. Porque el hombre es propiamente solo lo que es auténticamente, por íntima e inexorable necesidad. Ser hombre no es ser, o lo que es igual, no es hacer cualquier cosa, sino ser lo que irremediablemente se es. Y hay los modos más distintos entre sí de ser hombre y todos ellos igualmente auténticos. El hombre puede ser hombre de ciencia, u hombre de negocios, u hombre político, u hombre religioso porque todas estas cosas son, como necesidades constitutivas e inmediatas de la condición humana. Pero el hombre por sí mismo no sería nunca contribuyente. Tiene que pagar contribuciones, tiene que estudiar, pero no es ni contribuyente, es algo “artificial” que el hombre se ve obligado a ser. Esto que al principio pudo parecer tan estupefaciente, resulta que es la tragedia constitutiva de la pedagogía y de esa paradoja tan cruda debe, a mi juicio, partir la reforma de la educación. Porque la actividad misma, el hacer que la pedagogía regula y que llamamos estudiar, es en sí mismo algo humanamente falso, acontece lo que no suele subrayarse tanto como debiera, a saber: que en ningún orden de la vida sea tan constante y habitual y tolero lo falso como en la enseñanza. Yo se también que hay una falsa justicia, esto es, que se cometen abusos en los juzgados y audiencias. Pero sopese con su experiencia cada uno de los que me escuchan si no nos daríamos por muy contentos con que no existiesen en la efectividad de la enseñanza más insuficiencias, falsedades y abusos que los padecidos en el orden jurídico. Lo que allí se considera como abuso intolerable – que no se haga justicia - es correspondientemente casi lo normal en la enseñanza: que el estudiante no estudie, y que si estudia, poniendo su mejor voluntad, no aprende. Y claro es que si el estudiante, sea por lo que sea, no aprende, el profesor no podrá decir que enseña, sino, a lo sumo, que intenta, pero no logra enseñar. Y, entretanto, se amontona gigantescamente, generación tras generación la mole pavorosa de los saberes humanos que el estudiante tiene que asimilarse, tiene que estudiar. Y conforme aumenta y se enriquece y se especializa el saber, más lejos estará el estudiante de sentir inmediata y auténticamente la necesidad de él. Es decir, que cada ves habrá menos congruencia entre el triste hacer humano que es el estudiar y el admirable hacer humano que es el verdadero saber. Y esto acrecerá la terrible disociación que, hace un siglo por lo menos, se inició entre la cultura vivaz, entre el auténtico saber y el hombre medio. Porque como la cultura o saber no tiene más realidad que responder y satisfacer en una u otra medida a necesidades efectivamente sentidas, y el modo de transmitir la cultura es el estudiar, el cual no es sentir esas necesidades, tendremos que la cultura o saber se va quedando en el aire, sin raíces de sinceridad en el hombre medio a quién se obliga a ingurgitarlo, a tragárselo. Es decir, que se introduce en la mente humana un cuerpo extraño, un repertorio de ideas muertas. Esta cultura sin raigambre en el hombre, que no brota en él espontáneamente, carece de autoctonía, de indigenato – esa algo impuesto, extrínseco, extraño, extranjero, ininteligible -, en suma, irreal. Por debajo de la cultura recibida, pero no auténticamente asimilada, quedará intacto el hombre, es decir, quedará inculto; es decir, quedará bárbaro. Cuando el saber era más breve, más elemental y más orgánico estaba más cerca de poder ser verdaderamente sentido por el hombre medio que entonces lo asimilaba, lo recreaba y revitalizaba dentro de sí. Así se explica la colosal paradoja de estos decenios: que un gigantesco progreso de la cultura haya producido un tipo de hombre como el actual, indiscutiblemente más bárbaro que el de hace cien años. Y que la aculturación o acumulo de cultura produzca paradójica, pero automáticamente, una rebarbarización de la humanidad. Comprenderán ustedes que no se resuelve el problema diciendo: “Bueno, pues si estudiar es una falsificación del hombre y, además, lleva o puede llevar a tales consecuencias, que no se estudie.” Decir esto no es sería resolver el problema: sería sencillamente ignorarlo. Estudiar y ser estudiante es siempre, y sobre todo hoy, una necesidad inexorable del hombre. Tiene éste, quiera o no, que asimilarse el saber acumulado, so pena de sucumbir individual o colectivamente. Si una generación dejase de estudiar, la humanidad actual en sus nueve décimas partes moriría fulminantemente. El número de hombres que hoy viven solo pude subsistir merced a la técnica superior de aprovechamiento del planeta que las ciencias hacen posible. Las técnicas se pueden enseñar mecánicamente. Pero las técnicas viven del saber, y si éste no se puede enseñar llegará una hora en que también las técnicas sucumbirán. Hay, pues, que estudiar; es ello, repito, una necesidad del hombre, pero un necesidad externa, mediata, como lo era seguir la derecha que me marca el guardia de circulación cuando necesita pasear.
Mas hay entre ambas necesidades externas – el estudiar y el llevar la derecha – una diferencia esencial entre que es la que convierte el estudio en un sustantivo problema. Para que la circulación funcione perfectamente no es menester que yo sienta íntimamente la necesidad de ir por la derecha: basta con que de hecho camine yo en esa dirección: basta con que de hecho camine yo en esa dirección, basta con que la acepte, con que finja sentirla. Pero con el estudio no acontece lo mismo; para que yo entienda de verdad una ciencia no basta con que yo finja en mí la necesidad de ella, o lo que es igual, no basta que tenga la voluntad de aceptarla- en fin - no basta con que estudie. Es preciso, además, que sienta auténtica su necesidad, que me preocupen espontánea y verdaderamente sus cuestiones; solo así entenderé las soluciones que ella da o pretende dar a esas cuestiones. Mal puede nadie entender una respuesta cuando no ha sentido la pregunta a que ella responde.
El caso del estudiar es, pues, diferente del de caminar por la derecha. En este es suficiente que yo lo ejercite bien para que rinda el efecto apetecido. En aquel, no: no basta con que yo sea un buen estudiante para que logre asimilar la ciencia. Tenemos, por tanto, en él, un hacer del hombre que se niega a sí mismo: es a un tiempo necesario inútil. Hay que hacerlo para lograr un cierto fin, pero resulta que no lo logra. Por esto, porque las dos cosas son verdad a la par – su necesidad y su inutilidad – es el estudiar un problema. Un problema es siempre una contradicción que la inteligencia encuentra en sí, que tira de ella en dos direcciones opuestas y amenaza con desgarrarla. La solución a tan crudo y bicorne problema se desprende de todo lo que he dicho: no consiste en decretar que no se estudie sino en reformar profundamente ese hacer humano que es el estudiar y, consecuentemente, el ser del estudiante. Para esto es preciso volver al revés la enseñanza y decir: enseñar no es primaria y fundamentalmente sino enseñar la necesidad de una ciencia y no enseñar la ciencia cuya necesidad sea imposible hacer sentir al estudiante. Pero acaso alguno de ustedes se pregunta desde hace un rato: ¿Qué tiene que ver todo esto con un curso sobre Metafísica? Yo espero – y con ello empecé – que durante este curso entiendan ustedes no solo que lo dicho tiene que ver con la Metafísica sino que estamos ya en ella. Mas, por ahora, demos una justificación más clara de haber comenzado así, anticipando una primera definición de la Metafísica, la más modesta en apariencia, la que nadie se atreverá a invalidar: digamos que Metafísica es algo que el hombre hace, por lo menos, algunos hombres; ya veremos si todos aunque no se den cuenta. Pero esta definición no nos basta, porque el hombre hace muchas cosas y no solo Metafísica; más aún, el hombre es un incesante, ineludible y puro hacer. Hace su hacienda, hace política, hace industria, hace versos, hace ciencia, hace paciencia; y cuando parece que no hace nada es que espera, y esperar, vuestra experiencia os lo confirma, es a veces un terrible y angustioso hacer, es hacer tiempo. Y el que ni siquiera espera, el que verdaderamente no hace nada, el faitnéant, ese que hace la nada, es decir, sostiene y soporta la nada de sí mismo, el terrible vacío vital que llamamos aburrimiento, spleen, desesperación. El que no espera desesperar; hacer tan horrible, menesteroso de tan fiero esfuerzo que es uno de los que menos puede el hombre aguantar y suele llevarle hacer la efectiva y absoluta nada, a aniquilarse, suicidarse. Entre tan vario, omnímodo hacer ¿cómo reconoceremos el peculiarmente metafísico? Pero tendré que anticipar una segunda definición más determinada: el hombre hace Metafísica cuando busca una orientación radical en su situación. Pero ¿Cuál es la situación del hombre? Este se encuentra no en una sino en muchas situaciones distintas, por ejemplo, ustedes se encuentran ahora en una, casualmente en la de ponerse a estudiar Metafísica, como hace dos horas se encontraban en otra y mañana y otra. Ahora bien, todas esas situaciones por diferentes que sean coinciden en ser todas porciones de la vida de ustedes. Por lo visto la vida del hombre se compone de situaciones, como la materia se compone de átomos. Siempre que se vive se vive en una determinada situación. Pero es evidente que al ser todas situaciones vitales, por muy distintas que sean, habrá en ellas una estructura elemental, fundamental que las hace a todas situaciones del hombre. Esa estructura genérica será lo que tengan esencialmente de vida humana. O dicho en otra forma, cualesquiera sean los ingredientes variables que forman la situación en que yo me encuentre es evidente que esa situación será un vivir yo. Por tanto: la situación del hombre es la vida, es vivir. Y decimos que la Metafísica consiste en que el hombre busca una orientación radical en su situación. Pero esto supone que la situación del hombre – esto es, su vida – consiste en una radical desorientación. No, pues, que el hombre, dentro de su vida, se encuentre desorientado parcialmente en este o el otro orden, en sus negocios o en su caminar por un paisaje, o en la política. El que se desorienta en el campo busca un plano o la brújula, o pregunta a un transeúnte y esto le basta para orientarse. Pero nuestra definición presupone una desorientación total, radical; es decir, no que al hombre le acontezca desorientarse, perderse en su vida sino que por lo visto, la situación del hombre, la vida, es desorientación, es estar perdido – y por eso – existe la Metafísica.


Libro:Unas lecciones de Metafísica"” - (Lección: I de XIV)
Autor:
José Ortega & Gasset
Editorial: Alianza
1ra Edición: 1966
2da Edición: 1968
3ra Edición: 1970
Agradecimiento: Javier (por el obsequio del libro)

martes, 1 de mayo de 2007

Warrior in the Art

Cruje, late, siente....impregna...
una garra - guerrero; contención. pasión & creación...

Titulo: Warrior in the Art
Técnica: Lápiz, sepia; s/Papel
Medidas: 19 X 29,5 ctm
Año: 2004