sábado, 25 de diciembre de 2010

El rey y el cortesano

..Elogio a la apatía..

7. El latino Séneca (ca. 4-65 d.c.) es uno de los filósofos que con más frecuencia recurrió a los ejemplos. Se dedicó intensamente a escudriñar los pliegues ocultos del alma humana y, para ello, recurrió sistemáticamente a la anécdota histórica como instrumento para prescribir los mejores comportamientos morales. Entre sus obras, los tres libros de la cólera son los que contienen mas ejemplos, sobre todo negativos, especialmente truculentos.

Para los filósofos de la Antigüedad combatir las pasiones era algo respetable. Platón las criticaba; los estoicos exaltaban la llamada «apatía», es decir, el hecho de ser inmune a ellas. E1 motivo de dicha hostilidad es obvio: las pasiones corrompen la psique comprometiendo el correcto uso de la razón.
En realidad, el primor filosofo que analizó las pasiones sin prejuicios. Aristóteles, intento mostrar que no son incompatibles con la razón. Decía en efecto que derivan de la parte irracional de nuestra alma, que obedece a la parte racional, como un hijo obedece al padre. Y a propósito de la pasión menos recomendable, la cólera, en la Ética a Nicómaco llegó a escribir que es digno de loa «el que se irrita por aquello que debe y con los que debe, e incluso también como debe y cuando y todo el tiempo que debe», ya que el hombre sensato, «tal como la razón se lo ordena, así también de esta manera y por tales cosas y por tanto tiempo se mantiene irritado» (1125b 15).

Séneca, considerado uno de los espíritus más nobles de la Antigüedad, mantenía una posición no muy alejada de la de Aristóteles cuando afirmaba que la cólera es típica de un solo animal, el hombre: «Las fieras carecen de ira y todos los seres, excepto el hombre; pues si bien es enemiga de la razón, empero en ninguna parte prende, a no ser donde hay lugar para la razón» (De la cólera, I 3, 4). Pero a diferencia de Aristóteles, y pese a condenar la cólera como un vicio nocivo para la humanidad, el filósofo latino no era excesivamente optimista sobre las posibilidades de mantenerla a raya. Tanto es así que describió al que sucumbe a ella como un loco de aspecto y comportamiento trastornados:

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... así de los encolerizados son idénticos [que los de la locura] los síntomas: relampaguean, centellean sus ojos, intenso arrebato en todo su rostro al borbotarles de sus más recónditas entrañas la sangre, sus labios temblequean, los dientes se encajan, se horripilan y erizan los cabellos, una respiración forzada y jadeante, gemidos y gruñidos y un hablar entrecortado a base de palabras poco moduladas, y palmeadas en demasía las manos y el suelo golpeado con sus pies y agitado todo su cuerpo (ibid. I 1, 4).

Frente a semejante metamorfosis, que haría pensar en un licántropo, Séneca no sabía decir si consideraba la cólera mas repugnante o detestable, pero de una cosa estaba seguro: si no se la puede extirpar del ánimo, al menos hay que mantenerla a raya, porque «ninguna calamidad al genero humano le ha costado más» {¡bul, I 2, 1).

Se da la circunstancia de que Séneca tenía un hermano mayor, Aneo Novato, que había ido a verle para obtener una receta contra la colera. Séneca le preparó una cura mas bien larga: los tres libros De la colera, un excelente antidoto contra el estrés de la vida política y la irascibilidad. Tal vez se trate solo de una ficción literaria, tal vez Novato fuese mas flemático que su hermano, el caso es que el filósofo no escatimo esfuerzos para convencerle de que esta pasión no produce nada bueno.

En los libros De la colera Séneca se detiene en una larga serie de anécdotas ejemplares, a menudo condicionadas por el gusto del horror, porque el filosofo, no hay que olvidarlo, también fue autor muy apreciado de tragedias, en las que exhibía, no sin complacencia, toda clase de atrocidades. Su fortuna fue espectacular: el Renacimiento tardío, el teatro isabelino de Shakespeare y hasta el mundo romántico quedaron fascinados por los sombríos escenarios senequianos.

Pero volvamos a la terapia en De la cólera. Una técnica que el filosofo latino utiliza con frecuencia consiste en presentar un modelo negativo, o sea, inmoral, a fin de inducir al lector o al oyente a la aplicación del modelo contrario, virtuoso. Los protagonistas de los antimodelos de Séneca son de lo mas granado que pueda imaginarse, ya que a menudo se trata de soberanos bastante quisquillosos.

Cuenta Séneca que uno de ellos, el rey Cambises, solía empinar el codo. Un día uno de sus cortesanos, Praesepes, tuvo la infeliz idea de reprochárselo amablemente. ¡En mala hora se le ocurrió! la replica del soberano fue seca. «Demostrare ahora -dijo- que, tras beber, mis ojos y mis manos siguen en condiciones» Y se aprestó a una clamorosa demostración de sus palabras. Bebió una cantidad de vino doble de lo habitual, después de lo cual hizo llamar hizo llamar al hijo de Praesepes, al que ordeno detenerse en el umbral con la mano izquierda sobre la cabeza. Luego cogió el arco y con mano firme disparó una flecha que atravesó el corazón del joven, la diana declarada. Entonces, dirigiéndose al incauto cortesano, como en un alucinante circo, le preguntó si había sido suficientemente certero. El padre, impasible, respondió que un dios no habría podido serlo más.

Comentario de Séneca: «... más criminalmente aquel tiro fue ensalzado que lanzado». Pero añadió que Praesepes tal vez mostró más prudencia sofocando la cólera que manifestando la intemperancia del rey, ya que «si algo hubiera dicho en calidad de encolerizado, nada como padre podría haber hecho» (III, 14).

El filósofo glosa tristemente: los que frecuentan las casas de los reyes y beben y comen con ellos deben estar dispuestos a reírse de sus propias desgracias, de lo contrario sólo tienen una salida, ¡cualquier vena de su cuerpo! A los que no frecuentan amistades peligrosas, como probablemente el hermano Novato, sólo deseoso de una receta contra la cólera, Séneca aconseja un tratamiento no invasivo: «¿No quieres ser irascible? No seas curioso... Cierta interpretación le lleva a que aparenten ofensas» (ibid. ., III 11,1).
  

Capitulos anteriores: 

Los Cien Táleros De Kant: La Filosofía A Través de los filósofos

2 comentarios:

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Graciela dijo...

Cuanta razón, el hombre es el único ser vivo que conoce la cólera, el odio...besos Argi, Feliz Navidad :)

Argifauve dijo...

..tema complicados si los hay querida Graciela...

- los animales no racionales también quizás si la cólera, el odio es una palabra más en el diccionario, pero los animales (no racionales) tienen su territorio, su comportamiento, sus compromisos...

.."La naturaleza es sabia"
Cuando se menciona “la naturaleza es sabia”, implicando que hay algún tipo de inteligencia y un proyecto detrás de lo que existe en el mundo natural. Otras posibilidades: C. Darwin, A. R. Wallace...

Un gran abrazo

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