miércoles, 12 de mayo de 2010

La división de las artes

 Algunos criterios:


  Desde la teorización de las artes, que no desde la práctica artística, se ha tendido ha tendido a diferenciar tres grandes géneros artísticos o tres categorías de objetos artísticos producto de otros tantos oficios: arquitectura, escultura, pintura. Albertí divide asi su tratado o escritos sobre arte, y desde entonces ha sido un ejemplo.+
Sobre este esqueme se ha construido la problemática de la división de las artes, quedando fijados tres grandes géneros llamados <menores>.
  El tema tiene su importancia, ya que sobre esta distinción de artes mayores v artes menores se ha construido la práctica pedagógica oficial, que destina las academias de Bellas Artes a la enseñanza de la arquitectura, la escultura y la pintura (la arquitectura se destaca del grupo, con centros especializados, en el siglo XIX), y asignando otros centros al aprendizaje de las artes menores o decorativas: escuelas de artes y oficios, escuelas de artes aplicadas, escuelas de decoración, etc. Esta separación aún perdura en los programas actuales de enseñanza artística. Y con el peligro aumentado de que las escuelas de Bellas Artes, elevadas a la categoría de facultades universitarias, se conviertan en centros teóricos, desplazando la enseñanza práctica hacia las escuelas de artes y oficios, que incorporan paulatinamente los procesos de generación modernos en la enseñanza del arte. Todo ello es una consecuencia de la emancipación de la actividad artística del campo laboral o productivo, tal como hemos visto anteriormente.
  La intención de redimir las artes ornamentales o decorativas, elevándolas a una categoría superior en su consideración artística, a raíz de los estudios de Riegl desde finales del siglo XIX, ha permitido la elaboración de una división que las comprendiera: arquitectura, plástica (escultura y pintura) y ornamento, como tres géneros universales (A. Riegl, Spátrómische Kunstindustñe, 1902; H. Bauer, Historioprafín del arte, 1976). S m
Esta nueva tripartición tampoco es totalmente convincente, ya que la excesiva tendencia a la simplificación lleva consigo una reducción elemental que no explica totalmente la distintas categorías técnicas, ni tampoco la función de la obra de arte. La técnica, la función y la  expresión de la obra no pueden reducirse a la categoía eonstrucítvia, figurativa o plástica y a la ornamental.  Las preguntas fundamentales del arte, tal como se constatan desde la antropología y la sociología (quién, para qué, cómo y para quien), sólo pueden ser respondida teniendo en cuenta otros elementos, como son los materiales, los soportes, las técnicas y los procedimientos, máxime cuando éstos han variado tanto en el mundo industrializado y tecnológico moderno, capaz de utilizar medios de impresión, de proyección y generación de formas antes desconocidos.
  Las artes llamadas mayores no pueden explicar suficientemente todos los objetos artísticos y, en todo caso, sólo pueden ser consideradas como «artes madres» de las técnicas tradicionales de producción, pero no de los más recientes procedimientos, donde intervienen materias y técnicas de multiplicación, fotomecánicas o electromagnéticas, antes ignoradas.
  Además de las «técnicas artísticas» consideradas tradicionales, deberían tenerse en cuenta «otras técnicas artísticas» más actuales, como los sistemas de impresión, de proyección, o de generación, tanto de sonido como de imagen.
  Las categorías semperianas —materia, técnica y finalidad—, desvirtuadas por la reacción de los formalistas ante la excesiva carga de determinismo que llevaban en la explicación de las artes, deben ser consideradas de nuevo, a la hora de establecer una división de las artes. Es como volver a tener en cuenta la techne griega o el faceré medieval, pero incorporando la tecnología más reciente (G. Semper, Der Stil in den technischen und tektonischen Künsten, oder praktische Aes-tetik, 1860). También cabe la posibilidad de utilizar otro criterio mas subjetivo, a partir de los medios de percepción sensorial o del sujeto perceptivo, como han hecho algunos autores más recientemente (J. Alcina Franch, Arte y antropología, Madrid, 1982).
  Generalmente se utiliza el criterio de las artes visuales o auditivas, teniendo en cuenta los dos sentidos humanos considerados tradicionalmente más elevados o superiores en la cualidad perceptiva, con lo cual quedan relegados los otros sentidos (el tacto, el gusto y el olfato), considerados como incapaces de percibir formas estéticas, o lo que es lo mismo, negando a las formas y objetos táctiles, gustativos y olfativos el carácter artístico. Un intento de recuperación de recuperación de estos fenómenos en el mundo de las artes nos permite incluir un género artístico tenido en cuenta en su clasificación: el arte efímero.
  Es obvio que la división en «bellas artes» y artes del objeto, frecuente en algunos manuales, tampoco tiene sentido, ya que tan objeto es una pintura o una orfebrería como un plato cerámico o un libro encuadernado en rica y adornada piel.
   Tampoco estamos de acuerdo a en la denominación de artes suntuarias industriales o aplicadas, de regusto decimonónico, para clasificar este catálogo de objetos artísticos tan variados (A. Bonet Correa, Historia de las artes aplicadas e industriales en España, Madrid 1987, <introducción>; P. Vélez  «De las artes decorativas al diseño industrial», en Introducción a la Historia del Arte, Barcelona, 1991, pp. 235-272) 
  La clasificación de los objetos artísticos, y por lo tanto de los oficios artísticos o técnicas, debiera hacerse teniendo en cuenta el sistema de producción, los soportes, las materias, las técnicas y los procedimientos utilizados.
  Se ha de salvar siempre la interrelación y conexión que se produce y hace que algunas técnicas aparezcan con carácter mixto. Las técnicas y los procedimientos exigen el uso de unos materiales y soportes, que a su vez determinan unos instrumentos o herramientas.
  Estos criterios, a partir de los cuales procederemos a dividir y clasificar los oficios artísticos, eliminan el escollo de las artes mayores y artes menores, equivalentes a «más artísticas» y «menos artísticas», buscando una equiparación en la que sólo caben buenas y malas artes, buenos y malos maestros.
Hay, además, una serie de técnicas u oficios artísticos que no configuran objetos de carácter permanente o perenne, sino que su existencia se define por su corta duración: se consuman como arte cuando se consumen como objeto. El arte efímero no sólo se da en el campo de la arquitectura, la escultura y la pintura (celebraciones, fiestas, recibimientos), sino también en el campo de la vida ordinaria: moda, maquillaje, peinado y otros fenómenos artificiales creados por el hombre con elementos transitorios y fugaces, como son el fuego, el agua, la iluminación artificial, que pertenecen a la actividad lúdica y festiva o a la celebración religiosa o civil. Entre estas artes se hallan las que pudiéramos denominar técnicas del espectáculo propiamente tal, de muy antigua existencia en todas las culturas, como son la danza, el teatro y la música.
  Las artes efímeras manifiestan, incluso mejor que las perennes, el mundo simbólico de los pueblos (J. Fernández Arenas, Arte efímero y espacio estético, 1988). 
...ya que el resultado de la obra está en función de otros elementos, como la creatividad y el conocimiento y dominio de los materiales, así como de su técnica. No todo en el arte es cuestión de oficio: existen los grandes maestros y la creatividad.
Pero los oficios artísticos nada serían sin su función. Esta función está señalada en todas las culturas —incluso en la cultura industrializada y en la cultura tecnológica— por el espacio de consumo de los objetos artísticos. Este espacio de consumo es muy diverso en cada momento, pero está indicado por la fiesta o la celebración festiva, sea litúrgica, anual, laboral, vocacional o de ocio.
Según esto proponemos la clasificación del siguiente cuadro:









(Prueba de sonido - Huracan: 1994)

Publicación posterior: Oficios & artísticos

domingo, 9 de mayo de 2010

Felipe Gutiérrez Llerena

...Homenaje: Santiago Amón

EL día 5 de abril de 1988, durante el acto inaugural de la obra de Dalí que se instalaba en el Museo Vostell de Malpartida de Cáceres, el consejero de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura, Jaime Naranjo, ratificaba con su participación en el acto la preocupación y el interés con el que las instituciones autonómicas deseaban retomar un proyecto que, por su importancia y por su proyección internacional debía ser asumido por la máxima instancia regional.


El primer paso dado en ese sentido fue el de incoar el oportuno expediente para la declaración del "Lavadero" como Bien de Interés Cultural; lo que se hacía con categoría de Sitio Histórico, conforme al artículo 15, apartado 3 de la Ley 16/ 1985 de 25 de junio del Patrimonio Histórico de España, en la que se entiende como tal: "el lugar o paraje vinculado a acontecimientos o recuerdos del pasado, a tradiciones populares, creaciones culturales o de la naturaleza y a obras del hombre, que posean valor histórico, etnológico, paleontológico o antropológico." La incoación fue publicada en el Diario Oficial de Extremadura (D.O.E) el 5 de mayo de 1988 y, tras los trámites correspondientes, el Consejo de Ministros declaró Bien de Interés Cultural el "Lavadero" de Los Barruecos en acuerdo publicado en el B.O.E. con fecha del 1 de julio de 1988.


Para entonces, un grupo de técnicos, a los que se había encargado esa tarea, tenía ya preparada una propuesta para la creación de un patronato que orientase en el futuro las actividades del MVM. La documentación elaborada con ese propósito sirvió para que la Dirección General de Patrimonio Cultural tuviera un soporte sobre el que plantear las conversaciones mantenidas, tanto con el artista, a quien reconoce la dirección del centro, como con el Ayuntamiento, propietario del inmueble, a fin de que un generoso acuerdo entre las partes nos permitiera  afrontar solidariamente el ambicioso proyecto de dotar a Extremadura de un singularísimo centro en el que convergen naturaleza y arte de vanguardia.


Fue con fecha del 28 de octubre de 1988 cuando el Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura adoptó el acuerdo de: "aprobar un convenio con el Ayuntamiento de Malpartida de Cáceres para la cesión de uso por un periodo de 99 años a la Junta de Extremadura del Lavadero enclavado en Los Barruecos", para "su conservación, restauración y rehabilitación", así como para su posterior utilización como "centro de manifestaciones de arte contemporáneo" y "Museo Vostell".


Sentadas pues las bases sobre las que deberá apoyarse en el futuro el MVM, se inicia ahora un proceso en virtud del cual y coincidiendo con las distintas etapas en las que se procederá a la restauración de las instalaciones, el artista hará donación, al patrimonio de nuestra Comunidad Autónoma tanto de la obra personal, como de las manifestaciones de arte-fluxus que constituyen el núcleo fundamental del centro.


La creación de un enclave artístico de semejante envergadura es un acontecimiento que carece de precedentes en nuestra región y porque está, sin duda, llamado a desempeñar en el futuro un protagonismo decisivo para su desarrollo cultural, es por lo que estamos persuadidos de que la sociedad extremeña sabrá compartirlo y potenciarlo.


La instalación de "El Fin de Parzival" en Malpartida de Cáceres obedece a un intercambio efectuado con el Teatro-Museo Dalí de Figueras. Expresando nuestro agradecimiento y también nuestro homenaje de admiración por el artista catalán, no quisiéramos concluir sin hacer precisamente referencia a un fragmento de la conversación que Vostell sostuvo con él en Port-Lligat el 19 de julio de 1978 y cuya grabación pudimos obtener de su gentileza. Dicho testimonio, que transcribimos por su indudable interés, hace referencia a un proyecto de Dalí, coetáneo del que Vostell ha materializado en Malpartida y que le fue revelado cuando (Vostell) dirigiéndose a la prensa comentaba:


—(...) El interés fundamental de mi trabajo es, precisamente, el de trasladar este comportamiento artístico a otras personas y esto es algo que él (Dalí) hizo anticipándosenos a todos. Por eso yo estoy muy feliz de poder oir cosas que jamás había oído y que él ha hecho ya. Creo que son muy interesantes y muy importantes para la historia del arte del siglo XX... me refiero a algunos de sus happenings en Francia y América

A lo que Dalí contestó:
Dalí: Y los mejores de todos son los que nunca se han realizado. El más bueno de todos está escrito y anotado por Brassai y Picasso fue testigo. Yo quería hacer una inundación de yeso en la Plaza de la Opera de París, para sacar después el vaciado de las gentes tomando el café con los foulards, los chales, con los botones, con todos los detalles... los perros que se mean, los biciclistas que se caen, el tranvía, o los coches... todo! Hacer un vaciado monstruosamente monumental y pasaron después a mármol de Carrara, porque yo, contra las ideas de él —se refiere a Vostell— quiero que las ideas efímeras y completamente insólitas queden eternizadas como las pirámides de Egipto. Sería una cosa sublime, una instantánea marmórea de un día cualquiera en la Plaza de la Opera de París. 

Vostell: ¿Qué año fue eso?.
Dalí: Eso, al llegar a París, en 1929.




 

Desde estas líneas, nuestro más emocionado recuerdo para Santiago Amón, quien aquel 5 de abril presentó la obra de Dalí, dejándonos desde entonces con el recuerdo de su amistad y de su aliento.




Homenaje: Santiago Amón (El fin de Parzival)

viernes, 7 de mayo de 2010

F5

 ...un trabajo... 

...con tan solo dos minutos, sobran las palabras...

Cuando nos invitaron a hacer los títulos F5, queríamos que tuviera un parte real con el espíritu ecléctico de la conferencia. La idea era conseguir que el alma de los oradores en este título de alguna manera. Les preguntamos por cinco nombres de los objetos que los inspiran o tenga algo que ver con su trabajo.






Recibimos todo tipo de respuestas, los objetos muy interesante que nos puede hacer llegar este punto de partida y traducirlo en nuestras imágenes: Wind Turbines, Microscopes, Lights, Smoke, Lamb Rib Cage, French Bulldog...
Los altavoces no sabía lo que sus respuestas se utilizarán, pero fueron la semilla de toda la historia. De esta manera, todos los oradores han añadido su granito de arena y no hay una autoría `única´, sino una colaboración múltiple.


Música: Antfood
Dirección & animación: Dvein