miércoles, 15 de mayo de 2013

El Gobierno de sí y de los otros (2º Hora)

Michel Foucault 
Curso en el Collège de France 
Ciclo lectivo (1982-1983)


Clase del 5 de enero de 1983
Segunda hora (Parte: 2-2)

 Podríamos decir otro tanto con respecto al segundo ejemplo, que es el del Seelsorger, el del Geurissen. La Crítica de la razón práctica nos enseñará que no debemos hacer depender nuestro deber de nuestro destino ulterior, y al mismo tiempo hay que comprender que debemos utilizar nuestra conciencia para determinar nuestra conducta. También aquí la complementariedad se marca con mucha facilidad, toda vez que, cuando procuramos que nuestro deber dependa no de la forma pura del imperativo, sino de lo que suponemos nuestro destino ulterior, confiamos la detetm i nación de nuestra conducta, no a nosotros mismos, lo cual significaría ser mayores de edad, sino a un Seelsorger, un Seehorger que bien puede ser útii en unos cuantos casos, pero que no debe ser el principio mismo de nuestra voluntad. Y llegará a ser el principio de nuestra voluntad si procuramos, justamente, fundar nuestra conducta moral en lo que debe ser nuestro destino ulterior. Así, vemos esbozarse de una manera que me parece bastante clara, aunque sea discreta, la relación entre la limitación que debemos imponer a la reflexión crítica y la autonomización por el proceso de la Aufklärung. Salir de la minoría de edad y ejercer la actividad crítica son, a mi juicio, dos operaciones que están ligadas, y cuyo vínculo se deja ver en esos tres ejemplos o, en todo caso, en los dos primeros de esos tres ejemplos.

Ese lazo de pertenencia entre la crítica y la
Aufklärung-lazo implícito, entonces— no se formula, pero tengo la impresión de que podríamos encontrar sus efectos y algo así como sus ecos a trave's de todo el texto. [En] la insistencia, por ejemplo, que Kant pone en mostrar que el estado de minoría de edad no se debe a nadie más que al hombre mismo, tenemos, creo, algo que hace eco y responde en términos empíricos, por decirlo así, a lo que la crítica trataba de analizar cuando no se daba en modo alguno por objeto la refutación de los errores transmitidos, inculcados y creídos, sino que se daba el proyecto de mostrar cómo y por qué razones pueden nacer necesariamente las ilusiones que nos hacemos. De la misma manera, cuando Kant dice en su texto sobre la Aufklärung que los hombres son responsables de su propio estado de minoría de edad -a tal punto que, si se liberaran, y cuando de algún modo se los liberara autoritariamente de su Gángelwagen (del andador que los guía como si fueran niños), bien, en ese caso tendrían miedo de desplomarse, no serían capaces de caminar y de salvar siquiera las zanjas más fáciles, y caerían-, me parece que tenemos algo parecido a la imagen simétrica e inversa del famoso vuelo de la razón que, al ir más allá de sus límites, ni siquiera sabe que no habrá atmósfera alguna para sostenerla. Sea como fuere, el sistema de ecos entre la Críticay este análisis de la actualidad de la Aufklärung astante claro en el texto. Discreto, pero claro.

Pase lo que pasare con esas relaciones entre crítica y
Aufklärung, cteo que, de manera general, de todo el comienzo del texto puede retenerse, en primer lugar, que la minoría de edad de la que la Aujklarung debe hacernos salir se define por una relación entre el uso que damos o podríamos dar a nuestra razón y la dirección (la Leitung) de los otros. Gobierno de sí, gobierno de los otros: el estado de minoría de edad se caracteriza sin duda en esa relación, esa relación viciada. Segundo, la sobreimposición de la dirección de los otros al uso que podríamos y deberíamos dar a nuestro propio Ventando Gewissen, etc., ¿a qué* se debe? No se debe a la violencia de una autoridad: se debe simplemente a nosotros mismos, a cietta relación con nosotros mismos. Y Kant catactetiza esa relación con nosotros mismos con palabras que toma de] registro de la moral. Dice "pereza", dice "cobardía" [Faulheit, Feigbeit]. Y creo que con ello —habría que estudiarlo un poco más— no apunta a defectos morales, sino, en sustancia, a una especie de déficit en la telación de autonomía consigo mismo. La pereza y la cobatdía son las que nos llevan a no otorgarnos la decisión, la fuerza y el coraje de tener con nosotros mismos la relación de autonomía que nos permita setvirnos de nuestra razón y nuestra moral. Y por consiguiente, lo que la Aufklärung deberá hacer, lo que está haciendo, es justamente redistribuir las relaciones entre gobierno de sí y gobierno de los otros. Según Kant, ¿de qué manera se está produciendo esa redistribución del gobierno de sí y el gobierno de los otros? ¿Cómo se produce y cómo es preciso que se produzca, puesto que estamos a la vez en el orden de la descripción y en el orden de la presctipción?

Seguir leyendo...
Pues bien, en ese punto el texto se modifica de manera bastante curiosa. En primer lugar, Kant establece que los individuos son incapaces por sí solos de salir de su estado de minoría de edad. ¿Y por qué son incapaces de hacerlo? Exactamente por las mismas razones que se aducen y que explican por qué nos encontramos en estado de minoría de edad y por qué los hombres mismos son responsables de su estado de minoría de edad. Es porque son cobardes, porque son perezosos; por su propio pavor. Insistamos, aun liberados de sus vínculos, aun liberados de lo que los retiene, aun liberados de esta autoridad, pues bien, no tomarían a su cargo la decisión de caminar por sus propios medios y caerían, no porque los obstáculos sean insalvables, sino porque tendrían miedo. Nos encontramos en un estado de minoría de edad porque somos cobardes y perezosos, y no podemos salir de dicho estado de minoría de edad precisamente porque somos cobardes y perezosos.

Ahora, la segunda hipótesis mencionada por Kant: si los hombres no son capaces de salir por sí solos de su estado de minoría de edad, ¿hay individuos que, en virtud de su autoridad, de su acción propia sobre los otros, tengan la capacidad de liberarlos de él? Y Kant se refiere a hombres que piensen por sí mismos, es decir que hayan escapado efectivamente y a título individual de esa pereza y esa cobardía y que, al pensar por sí mismos, conquisten sobre tos otros la autoridad que éstos precisamente reclaman. Y por lo tanto es esa gente la que, con cortesía —decía Kant irónicamente un poco antes-, se adueña de la dirección de los otros. Pero, cuando se adueñan de la dirección de los otros sobre la base de su autonomía, algunos de esos individuos, al tomar conciencia de su propio valor y, también, "de la vocación [Beruf] de cada hombre de pensar por sí mismo", deciden cumplir el papel de liberadores de los demás. En consecuencia, piensan por sí mismos y se apoyan en esa autonomía para tomar la autoridad sobre los otros. Pero se valen de tal manera de esa autoridad sobre los otros, que en cierto modo la conciencia de su propio valor se difunde y llega a .ser la constatación y la afirmación de la voluntad de cada hombre de actuar como ellos, es decir pensar por [sí] mismo. Ahora bien, dice Kant, esos individuos que son algo así como jefes espirituales o políticos de los otros no son capaces, en realidad, de hacer salir a la humanidad de su minoría de edad. ¿Y por qué no son capaces? Pues bien, precisamente porque han comenzado por poner a los otros bajo su propia autoridad, de tal modo que esos otros, así acostumbrados al yugo, no toleran Ja libertad y la liberación que se les otorga. Y fuerzan, obligan a los mismos que quieren liberarlos porque se han liberado a sí mismos, a volver al yugo, a someterse a ese yugo que ellos aceptan por cobardía, por pereza, ese yugo que han aceptado del otro y al que ahora quieren llevar a éste. Por consiguiente, agrega Kant, la ley de todas las revoluciones -recordemos que el texto data de 1784- es que quienes las hacen vuelven a caer necesariamente bajo el yugo de aquellos que han querido liberarlos.

Entonces, como no son Jos hombres mismos, como no son algunos de los hombres quienes van a llevar a cabo ese proceso de salida, de transformación del estado de minoría de edad en un estado de mayoría de edad, pues bien, dice Kant, para ver cómo debe efectuarse la Aujklarung, la liberación, la salida del estado de minoría de edad, hay que ver cómo funciona exactamente éste. Y señala que el estado de minoría de edad se caracteriza en cierto modo por la constitución de dos pares indebidos e ilegítimos: [primero,] el par entre la obediencia y la ausencia de razonamiento, y segundo, el par, o al menos la confusión entre dos cosas que deben distinguirse: lo privado y lo público.

Para empezar, el primer par es el siguiente. En las sociedades que conocemos, se admite —así lo quieren hacer creer quienes gobiernan, pero es también lo que cteen los gobernados, por cobardía y pereza- que sólo puede haber obediencia cuando hay ausencia de razonamiento. Y Kant da tres ejemplos: el de los oficiales que dicen a sus soldados: no razonen, obedezcan; el del sacerdote que dice a los fieles: no razonen, crean, y el del funcionario fiscal que dice: no razonen, paguen. La palabra, el término utilizado, es Rasonnieren, que, como saben, tiene en las Criticas, y sobre todo en la Crítica de la razón pura, un sentido bastante particular de "raciocinio", pero que hay que tomar aquí en la acepción de "utilizar la facultad de razonar". Entonces, en esa estructura del estado de minoría de edad, tenemos el parentesco de la obediencia y la taita del Rasonnieren, del uso de la facultad de razonar. Y, dice Kant, de hecho sólo hay un ser en el mundo —no dice cuál—, un "maestro en el mundo" que sea capaz de decir: razonad tanto como queráis, pero obedeced. Se suscita así, desde luego, la cuestión de saber quie'n es ese maestro, ese único maestro que, en el mundo, dice: razonad tanto como queráis, pero obedeced. ¿Es Dios, es la razón misma, es el rey de Prusia? Verán que, sin lugar a dudas, no es el primero, es un poco la segunda y sobre todo el tercero.

Segundo par que caracteriza el estado de minoría de edad, el constituido por los ámbitos de lo privado y lo público, Privaty Publikum (ese famoso público del que hablábamos hace un rato). Pero aquí hay que prestar mucha atención. Cuando Kant distingue lo que es privado de lo que es público, no se refiere en modo alguno o, en todo caso, no se refiere principalmente a dos ámbitos de actividad, uno que sea público por una serie de razones y otro que sea privado por las razones inversas. No aplica la caracterización de "privado" a un ámbito de cosas, sino a determinado uso, un uso, justamente, de las facultades que nos son propias. Y lo que llama "público" no es tanto un dominio preciso de cosas o actividades como cierta manera de hacer actuar y hacer uso de ésas, nuestras facultades.

¿Qué significa el uso privado de las facultades? ¿En dónde hacemos ese uso que Kant llama uso privado de las facultades? Pues bien, en nuestra actividad profesional, en nuestra actividad pública, cuando somos funcionarios, cuando somos los elementos de una sociedad o un gobierno cuyos principios y objetivos son los del bien colectivo. En otras palabras —y aquí hay, si se quiere, una pequeña astucia o, en fin, un pequeño desfase con respecto a los usos que damos a estos mismos términos—, lo que él llama privado es en suma lo que nosotros denominaríamos público o, en todo caso, profesional. ¿Y por qué lo llama privado? Por la simple razón siguiente. En todas esas formas de actividad, en ese uso que hacemos de nuestras facultades cuando somos funcionarios, cuando pertenecemos a una institución, un cuerpo político, ¿qué somos? Somos sencillamente, dice Kant, "las piezas de una máquina". Somos las piezas de una máquina, situadas en un lugar dado, [con] cierto papel preciso que cumplir, mientras que otras piezas de la máquina tienen que desempeñar otros papeles. Y en esa medida, no funcionamos como sujeto universal sino como individuos. Tenemos que hacer un uso particular y preciso de nuestra facultad dentro de un conjunto que, por su parte, está encargado de una función global y colectiva. Eso es el uso privado.

En cuanto al uso público, ¿qué es? Es justamente el uso que damos a nuestro entendimiento y nuestras facultades cuando nos situamos en un elemento universal, cuando podemos aparecer como sujetos universales. Ahora bien, es evidente que ninguna actividad política, ninguna función administrativa, ninguna forma de práctica económica nos ponen en esa situación de sujetos universales. ¿En qué momento nos constituimos como sujetos universales? Pues bien, cuando, como sujetos racionales, nos dirigimos al conjunto de los seres racionales. Y entonces, en esa actividad que es precisamente y por excelencia la del escritor que se dirige al lector, en ese momento, encontramos una dimensión de lo público que es al mismo tiempo la dimensión de lo universal. O, mejor, encontramos una dimensión de lo universal, y el uso que a la sazón damos a nuestro entendimiento puede y debe ser un uso público.

Por consiguiente, ahora puede verse en qué consiste la minoría de edad y en qué va a consistir la salida de ésta. Hay minoría de edad cada vez que hacemos coincidir, cada vez que superponemos el principio de la obediencia —confundido con el no razonar— y no sólo, por supuesto, el uso privado, sino también el uso público de nuestro entendimiento. Cuando obedecer se confunde con no razonar y cuando, en esa confusión del obedecer y eí no razonar, avasallamos lo que debe ser el uso público y universal de nuestro entendimiento, hay minoría de edad. En cambio, habrá mayoría de edad cuando se haya restablecido de alguna manera la justa articulación entre esos dos pares: cuando la obediencia bien separada del Rüsonnieren (utilizar la razón) valga total y absolutamente y sin ninguna condición en el uso privado (es decir cuando obedezcamos en cuanto ciudadanos, en cuanto runcionarios, en cuanto soldados, en cuanto miembros de una comunidad religiosa, etc.) y cuando, por otro lado, el Rüsonnieren (el uso de la razón) se haga en la dimensión de lo universal, es decir en la apertura a un público con respecto al cual no haya ninguna obligación o, más bien, ninguna relación de obediencia ni de auroridad. En la minoría de edad obedecemos de todas formas, sea en el uso privado o en el uso público, y por lo tanto no razonamos. En la mayoría de edad, disociamos razonamiento y obediencia. Se hace valer la obediencia en el uso privado y la libertad total y absoluta de razonamiento en el uso público. Como se darán cuenta, tenemos aquí la definición de lo que es la Aujklarung. Y podrán ver que la Aufklärung exactamente —Kant lo dice— lo contrario de la "tolerancia" En electo, ¿qué es la tolerancia? Y bien, la tolerancia es precisamente lo que excluye el razonamiento, la discusión, la libertad de pensar en su forma pública, y sólo los acepta -y los tolera- en lo que es el uso personal, privado y oculto. La Aufklärung, por el contrario, será lo que va a dar a la libertad la dimensión de la mayor publicidad en la forma de lo universal, y ya sólo mantendrá la obediencia en ese papel privado, digamos ese papel particular dentro del cuerpo social.

En eso debe consistir entonces el proceso de la Aufklärung, el nuevo reparto, la nueva distribución del gobierno de sí y el gobierno de los otros. Ahora bien, ¿cómo se hará esta operación, quién será su agente? Ese es el aspecto en que, por decirlo de algún modo, el texto se da vuelta, y lo hace de manera tal que, hasta cierto punto, la mayor parte de los principios en los que ha apoyado su análisis se ponen en cuestión, y en alguna medida esto exige, designa el lugar posible del texto sobre la revolución. En efecto, dice Kant, ¿cómo se lleva a cabo la Ausgang\ Esa Ausgang, esa salida, está cumpliéndose; ¿en qué punto nos encontramos? ¿Cuál es, en el proceso de la salida, el punto actual? Y Kant da a esta pregunta una respuesta que es absolutamente tautológica y no dice nada más que la pregunta; dice: estamos "en marcha hacia la Ilustración". Para ser más precisos, el texto alemán dice: estamos en el período, el Zeitalter, la era de la Aufklärung. A la pregunta: ¿Qué es la Aufklärung y dónde nos encontramos en el proceso correspondiente?", Kant se conforma con responder: nos encontramos en la era de la Aufklärung.

Pero, en realidad, para dar a esa pregunta un contenido semejante, Kant apela a una serie de elementos, que son heterogéneos entre sí y, una vez más, ponen en tela de juicio el juego mismo de su análisis. En primer lugar dice: actualmente hay signos anunciadores de ese proceso de liberación, y esos signos muestran la supresión de "obstáculos" que hasta ahora se oponían a que el hombre hiciese uso de su razón. Ahora bien, sabemos que no hay obstáculos a que el hombre haga uso de su razón, puesto que es él mismo, debido a su cobardía y su pereza, quien no la utiliza. Resulta, entonces, que Kant destaca la existencia de esos obstáculos. En segundo lugar, luego de decir y mostrar de manera bastante exhaustiva que no puede haber un agente o agentes individuales de esa liberación, hace tomar parte justamente al rey de Prusia. Hace tomar parte a Federico de Prusia, acerca de quien dice que —y en este aspecto Federico es un agente, es el agente mismo de la Aufklärung— no ha prescrito nada en materia de religión. En ese ámbito —como también en el de las ciencias y las artes, aunque, dice Kant, que tiene que zanjar un problema preciso con la legislación religiosa, en ese ámbito la cosa plantea pocos problemas y es relativamente simple—, en el ámbito de la religión, entonces, donde hay muchos más peligros, Federico de Prusia, a diferencia de su sucesor, no ha prescrito nada. Sin embargo, por otro lado, ha asegurado la "tranquilidad pública" de su Estado gracias a un ejército fuerte y "bien disciplinado". Y en esa libertad total de entablar la discusión religiosa, acompañada del establecimiento de un ejército fuerte encargado de velar por la tranquilidad pública, tenemos exactamente, debido a la decisión misma de Federico y su manera de gobernar, el ajuste entre un gobierno de sí que se dé en la forma de lo universal (como discusión pública, razonamiento público y uso público del entendimiento) y, por otro lado, lo que va a ser la obediencia, a la cual estarán obligados todos los que formen pane de una sociedad dada, un Estado dado, una administración dada. Federico de Prusia es la figura misma de la Aufklärung, el agente esencial de la Aufklärung, ese agente de la Aufklärung que redistribuye como se debe el juego entre obediencia y uso privado, universalidad y uso público. Por último —y aquí termina el texto de Kant—, éste menciona, luego de ese papel de Federico de Prusia como agente de la Aufklärung, una suerte de pacto que es una tercera manera de poner en tela de juicio lo que acaba de decir. Lo ha puesto en tela de juicio al decir que hay obstáculos que se suprimen. Ha puesto en tela de juicio su propio análisis al hacer desempeñar un papel individual a Federico de Prusia. Y ahora, en la conclusión, pone en tela de juicio el reparto exacto que hacía entre lo que es discusión pública y uso autónomo del entendimiento, por una parte, y obediencia y uso privado, por otro. Menciona lo que considera, lo que llama efectos benéficos de esa apertura de una dimensión pública por el uso de la razón. Y dice —en un texto que, por otra parte, es bastante oscuro, pero creo que se lo puede interpretar así— que al permitir el mayor desarrollo posible de esa libertad pública de pensar, al abrir por consiguiente la dimensión libre y autónoma de lo universal al uso del entendimiento, este entendimiento va a mostrar, de manera cada vez más clara y evidente, que la necesidad de obedecer se impone en el orden de la sociedad civil. Cuanta más libertad dejemos al pensamiento, más seguros estaremos de que el espíritu del pueblo se formará en la obediencia. Y de ese modo vemos perfilarse una transferencia de beneficio político del uso libre de la razón al ámbito de la obediencia privada.

Sin duda pueden advertir que esas tres soluciones o, mejor, esas tres definiciones del proceso de la Aujklürung se desplazan y hasta cierto punto contradicen, cuestionan el conjunto del análisis. La molestia manifiestamente sentida por Kant al recurrir al rey de Prusia como agente de la Aufklärung explica -en parte, claro está- el hecho de que el agente de la Aufklärung, el proceso mismo de la Aufklärung, se transfiera, en el texto del que les hablaba la hora anterior -el texto de 1798-, a la revolución. O, más exactamente, no del todo a la revolución, sino a ese fenómeno general que se produce en torno de ella, y que va a ser el entusiasmo revolucionario. El entusiasmo revolucionario como agente de la Aufklärung en el texto de 1798 el sustituto o el sucesor de lo que era el rey de Prusia en el texto de 1784.
Y bien, detengámonos aquí por hoy. A partir de la vez que viene retomaré, pero en una escala muy distinta, con muy otras referencias históricas y documentos muy diferentes, el problema del gobierno de sí y de los otros. Sólo quería indicarles que, en la historia de la filosofía moderna, fue Kant quien introdujo ese tipo de problemática concerniente al análisis de la actualidad.




Publicación anterior:
- Primera hora 1/2
- Primera hora 2/2
- Segunda hora 1/2

Michel Foucault: El gobierno de si y fe los otros

0 comentarios:

Solo se publicarán mensajes que:
- Sean respetuosos y no sean ofensivos.
- No sean spam.
- No sean off topics.
- Siguiendo las reglas de netiqueta.

Publicar un comentario