martes, 26 de junio de 2007

Cuerpos Post Tecno-Kineticos

por Guillermo Cuello



Claro que era para 1984-85, mientras desarrollaba mi obra entre Bruselas, París y Ámsterdam. En esos años, sepultado ya en los “Centros Hegemónicos” el primer impacto de la Hi-Tech en el dominio de las Artes Visuales, quedaba un margen amplio o – si se prefiere - aparecieron nuevos caminos, para replantear problemas en la Pintura (una de las formas de expresión más directas y de menor posibilidad de especulación y manipulación de la imagen).

Fue la época de la expansión del Mercado del Arte, de la intensificación de las ventas con precios siderales en las Grandes Ferias, del “supermercado de la cultura” , de la aceleración del zeitgeist. . . tiempos de los FRAC de la “Era Miterrand”; del inicio del “nomadismo” y de la instalación incipiente del mundo potencialmente Transcultural Globalizado.

Una de las ideas más tenaces, fue la de mantener el trabajo fuera de la órbita de algo que se había sobrepasado hacía mucho con los Surrealistas, con Miró, y que más tarde cerró COBRA (si se lee desde Europa la concatenación de movimientos, épocas y artistas que trabajaron en el viejo continente).
Un nuevo contexto, invitaba a continuar con esa suerte de euforia transgresora, la de abordar la imagen de la figura humana con una cierta nueva intensidad, lejos del viejo debate de épocas de las vanguardias, con una de las dicotomías que de ello se desprendía: la de figuración contra abstracción y viceversa, o aún más, de combinación de ambas vertientes con sus respectivas formatividades y retóricas.

Entre Escuelas tan sólidas como las de la Abstracción en todas sus versiones y la oposición figurativa a las mismas , hasta con inclusión del “cuerpo de lo abyecto” (enfrentamiento al cual un aspecto de la teoría crítica en Occidente nos tuvo acostumbrados cómodamente) surgió una vía que no necesariamente era tributaria de ellas, ni de la cita posmoderna, ni de las variables en los campos de la fragmentación de la imagen.
Encontré algo figural en estadio embrionario“, lo que equivale a decir (aventuro) en términos filosóficos que aquello que está en gestación permanente bajo la presión de una conciencia deliberadamente lúcida de cara al trabajo en ese sentido, está por definición , eximido de límites conceptuales. Un universo así, peligroso por la amplitud de sus horizontes, se presentaba fascinante para mí, frente a la amable seguridad del campo comunicacional hiper-estructurado con su propia y autorreferencial uniformidad proyectada hacia la sociedad.

El problema central como para otros jóvenes de entonces, era ver cómo se resolvía “un cuerpo” después de haber sido “atravesado por el significante activo de la Hi-Tech”; qué quedaba de ello, tanto en el Arte como bajo todo el espectro de la comunicación en general. Surgió entonces una larga serie de obras que se inscribieron en un espacio comunicacional por fuera de la asepsia del consumo de la imagen digital (o de “ l ´ image numérique” como se dice en francés) , que desafiaba a su turno, la dialéctica informal de la materia arriesgada en el intento para alcanzar algo diferente.

Ese “algo diferente” , coincidió con el entramado de la sensación en el dominio de Lo Figural, es decir, aquello que no es abstracción pura y dura, ni figuración narrativa, anecdótica o descriptiva.
La mirada caía entonces con gran libertad sobre lo que había sido vivido con intensidad (como inside ; Introspección para otros ; Mirada o “Visión con los ojos cerrados”) , tanto como deducción de lo que uno observaba y absorbía a su alrededor (sumando miradas atenta e inatenta).

Pero esta suerte de Acción Figural, solo era posible y abarcable, en la medida en que “el banco de datos“ figurativo de un cuerpo humano, visto, vivido, y un producto posible, la figura, era reducido en sus aspectos anecdóticos y narrativos a su mínima expresión, violentando así tanto el sentido clásico como el meramente ilustrativo (para quienes están dentro del Arte conocen lo ciclópeo del esfuerzo para lograr una “fractura del cliché” ).

Surgió algo nuevo, diferente, de producción propia, diametralmente opuesto a la progresiva des-sensualización - que ya se vislumbraba - con el resultado de cerca de 200 obras que fueron adquiridas para colecciones privadas en Europa , en el período que llegó hasta el año 1990.
Era la oportunidad que se me dio en aquel medio que se mostró en extremo generoso comparado con otros un joven argentino con su verdad –como otros- de lleno en “Lo Glocal” .

Entre preparativos para una segunda muestra retrospectiva y un nuevo proyecto para Berlín 2007, la imagen que acompaña estas líneas remite a aquellas búsquedas y asimismo - a más de veinte años de ésas primeras incursiones en el mercado internacional - pareciera recordar que aquel arte “non médiatique no hubiese perdido nada de su vigor, de su potencia y su vigencia en nuestros días, para nuestro medio y la diversidad en la cual nos encontramos inmersos.