martes, 19 de febrero de 2013

Q de Pregunta

La filosofía sirve para plantear preguntas..
preguntas, y las preguntas se fabrican.



Play video: parte 1 & 2

Entrevista realizada porClaire Parnet 

* Publicaciones relacionadas:
- C de cultura

domingo, 17 de febrero de 2013

Cinco prefacios para cinco libros No-Escritos (1)

Friedrich Nietzsche
Editado por  "Ediciones La Cueva


- Estado griego
Los modernos tenemos respecto de los griegos dos prejuicios que son como recursos de consolación de un mundo que ha nacido esclavo y. que por lo mismo, oye la palabra esclavo con angustia: me refiero a esas dos frases la diemdad del hombre y la disnidad del trabajo. Todo se conjura para peipetuar una vida de miseria, esta terrible necesidad nos fuerza a un trabajo aniquilador, que el hombre (o mejor dicho, el intelecto humano), seducido por la Voluntad considera como algo sagrado. Pero para que el trabajo pudiera ostentar legítimamente este carácter sagrado, seria ante todo necesario que la vida misma de cuyo sostenimiento es un penoso medio, tuviera alguna mayor dignidad y algún valor mas que el que las religiones y las graves filosofías le atribuyen. ¿Y qué hemos de ver nosotros en la necesidad del trabajo de tantos millones de hombres, sino el instinto de conservar la existencia, el mismo instinto omnipotente por el cual algunas plantas raquíticas quieren afianzar sus raices en un suelo roquizo?

En esta horrible lucha por la existencia sólo sobrenadan aquellos individuos exaltados por la noble quimera de una cultura artística, que les preserva del pesimismo práctico, enemigo de la naturaleza como algo verdaderamente antinatural. En el mundo moderno que, en comparación con el mundo griego, no produce casi sino monstruos y centauros, y en el cual el hombre individual, como aquel extraño compuesto de que nos habla Horacio al empezar su Arte Poética, está hecho de fragmentos incoherentes, comprobamos a veces, en un mismo individuo, el instinto de la lucha por la existencia y la necesidad del arte de esta amalgama artificial ha nacido la necesidad de justificar y disculpar ante el concepto del arte aquel primer instinto de conservación. Por esto creemos en la dignidad del hombre y en la dignidad del trabajo.
 
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Los griegos no inventaban para su uso estos conceptos alucinatorios; ellos confesaban, con franqueza que hoy nos espantara, que el trabajo es vergonzoso, y una sabiduría más oculta y más rara, pero viva por doquiera, añadía que el hombre mismo era algo vergonzoso y lamentable, una nada. La sombra de un sueño. El trabajo es una vergüenza porque la existencia no une ningún valor en sí: pero si adornamos esta existencia por medio de ilusiones artísticas seductoras, y le conferimos de este modo un valor aparente, aún así podemos repetir nuestra afirmación de que el trabajo es una vergüenza, y por cierto en la seguridad de que el hombre que se esfuerza únicamente por conservar la existencia, no puede ser un artista. En los tiempos modernos, las conceptuaciones generales no han sido establecidas por el hombre artista, sino por el esclavo: y éste, por su propia naturaleza, necesita, para vivir, designar con nombres engañosos todas sus relaciones con la naturaleza. Fantasmas de este género, como dignidad del hombre y la dignidad del trabajo, son engendros miserables de una humanidad esclavizada que se quiere ocultar a si misma su esclavitud Miseros tiempos en que el esclavo usa de tales conceptos y necesita reflexionar sobre sí mismo y sobre su porvenir ¡Miserables seductores, vosotros, los que habéis emponzoñado el estado de inocencia del esclavo, con el fruto del árbol de la ciencia! Desde ahora, todos los días resonarán en sus oídos esos pomposos tópicos de la igualdad de todos, o de los derechos fundamentales del hombre, del hombre como tal, o de la dignidad del trabajo, mentiras que no pueden engañar a un entendimiento perspicaz. Y eso se lo diréis a quien no puede comprender a qué altura hay que elevarse para hablar de dignidad, a saber, a esa altura en que el individuo, completamente olvidado de si mismo y emancipado del servicio de su existencia individua!, debe crear y trabajar.

Y aún en este grado de elevación del trabajo, los griegos experimentaban un sentimiento muy parecido al de la vergüenza. Plutarco dice en una de sus obras, con instinto de neto abolengo griego, que ningún joven de familia noble habría sentido el deseo de ser un Fidias al admirar en Pisa el Júpiter de este escultor ni de ser un Policleto cuando contemplaba la Hera de Argos: m tampoco habría quendo ser un Anacreonte. ni un Fílelas, ni un Arquiloco, por mucho que se recrease en sus poesías. La creación artística, como cualquier otro oficio manual, caía para los griegos bajo el concepto poco significado de trabajo. Pero cuando la inspiración artística se manifestaba en el griego, tenia que crear y doblegarse a la necesidad del trabajo. Y así como un padre admira y se recrea en la belleza y en la gracia de sus hijos, pero cuando piensa en el acto de la generación experimenta un sentimiento de vergüenza, igual le sucedía al griego. La gozosa contemplación de lo bello no le engañó nunca sobre su destino, que consideraba como el de cualquiera otra matura de la naturaleza, como una violenta necesidad, como una lucha por la existencia. Lo que no era otro sentimiento que el que le llevaba a ocultar el acto de la generación como algo vergonzoso, si bien, ai el hombre, este acto tenía una finalidad mucho más elevada que Los actos de conservación de su existencia individual: este mismo sentimiento era el que velaba el nacimiento de las grandes obras de arte, a pesar de que para ellos estas obras inauguraban una forma más alta de existencia, como por el acto genésico se inaugura una nueva generación. La vergüenza parece, pues, que nace allí donde el hombre se siente mero instrumento de formas o fenómenos infinitamente más grandes que él mismo como individuo

Y con esto hemos conseguido apoderamos del concepto general dentro del que debemos agrupar los sentimientos que los griegos experimentaban respecto del trabajo y de la esclavitud Ambos eran para ellos una necesidad vergonzosa ante la cual se sentía rubor, necesidad y oprobio a la vez. En este sentimiento de rubor se ocultaba el reconocimiento inconsciente de que su propio fin necesita de aquellos supuestos, pero que precisamente en esta necesidad estriba el carácter espantoso y de rapiña que ostenta la esfinge de la naturaleza, a quien el arte ha representado con tanta elocuencia en la figura de una virgen. La educación, que ante todo es una verdadera necesidad artística, se basa en una razón espantosa; y esta razón se oculta bajo el sentimiento crepuscular del pudor. Con el fin de que haya un terreno amplio, profundo y fértil para el desarrollo del arte, la inmensa mayoría, al servicio de una minoría v más allá de sus necesidades individuales, ha de someterse como esclava a la necesidad de la vida a sus expensas, por su plus de trabajo, la calase privilegiada ha de ser sustraída a La lucha por la existencia, para que cree y satisfaga un nuevo mundo de necesidades.

Por eso hemos de aceptar como verdadero, aunque suene horriblemente, el hecho de que la esclavitud pertenece a la esencia de una cultura: ésta es una verdad, ciertamente, que no deja ya duda alguna sobre el absoluto valor de la existencia. Es el buitre que roe las entrañas de todos los Prometeos de la cultura. La miseria del hombre que uve en condiciones difíciles debe ser aumentada, para que un pequeño número de hombres olímpicos pueda acometer La creación de un mundo artístico. Aquí esta la fuente de aquella rabia que los comunistas y socialistas, así como sus pálidos descendientes, la blanca raza de los "liberales" de todo tiempo, han alimentado contra todas las artes, pero también contra la Antigüedad clásica. Si realmente La cultura quedase al capricho de un pueblo, si en esta punto no actuasen fuerzas ineludibles que pusieran coto al libre albedho de los individuos, entonces el menosprecio de la cultura, la apoteosis de los pobres de espíritu, la iconoclasta destrucción de las aspiraciones artísticas seria algo más que La insurrección de las masas oprimidas contra las individualidades amenazadoras; seria el grito de compasión que derribara los muros de la cultura; el anhelo de justicia, de igualdad en el sufrimiento superaría a todos los demás anhelos. De hecho, en vahos momentos de la historia un exceso de compasión ha roto todos los diques de la cultura; un iris de misericordia y de paz empieza a lucir con los primeros fulgores del cristianismo, y su mas bello ñuto, el Evangelio de San Juan nace a esta luz. Pero se dan también casos en que, durante largos periodos, el poder de la religión ha petrificado todo un estadio de cultura, cortando con despiadada Ojera todos los retoños que querían brotar. Pero no debemos olvidar una cosa: la misma crueldad que encontramos en el fondo de toda cultura, yace también en el fondo de toda religión y en general en todo poder, que siempre es malvado; y asi lo comprendemos claramente cuando vemos que una cultura destroza o destruye, con el grito de libertad o por lo menos de justicia, el baluarte fortificado de las reivindicaciones religiosas. Lo que en esta terrible constelación de cosas quiere vivir, o mejor, debe vivir, es, en el fondo, un trasunto del entero contraste primordial, del dolor primordial que a nuestros ojos terrestres y mundanos debe aparecer insaciable apetito de la existencia y eterna contradicción en el tiempo, es decir: como devenir. Cada momento devora al anterior, cada nacimiento es la muerte de innumerables seres, engendrar la vida y matar es una misma cosa. Por esto también debemos comparar la cultura con el guerrero victorioso y ando de sangre que unce a su carro triunfal, como esclavos, a los vencidos, a qiuenes un poder bienhechor ha cegado hasta el punto de que. casi despedazados por las niedas del carro, exclaman aún: ¡dignidad del trabajo! ¡Dignidad del hombre! La adtura, como exuberante Cleopatra, echa perlas de incalculable valor en su copa: estas perlas son las lágrimas de compasión derramadas por los esclavos y por la miseria de los esclavos. Las mismas sociales de la época actual han nacido de ese carácter de niño mimado del hombre moderno, no de la verdadera y profunda piedad por los que sufren y si fuera verdad que los griegos perecieron por la esclavitud, es mucho más cierto que nosotros pereceremos por la falta de esclavitud: esclavitud que ni al cristianismo primitivo, a los mismos germanos les pareció extraña, ni mucho maros reprobable. Cuán digna nos parece ahora la servidumbre de la Edad Media, con sus relaciones jurídicas de subordinación al señor, en el fondo fuertes y delicadas, con aquel sabio acotamiento de su estrecha existencia - cuán digna-, y cuan reprensible!

Así pues, el que reflexione sm prejuicios sobre la estructura de la socredad. el que se La imagine como el parto doloroso y progresivo de aquel privilegiado hombre de la cultura a cuyo servicio se deben inmolar todos los demás, ese ya no será victima del falso esplendor con que los modernos han embellecido el ongen y la significación del Estado. ¿Qué puede significar para nosotros el Estado, sino el medio de realizar el proceso social antes descrito, asegurándole un libre desarrollo? Por fuerte que sea el instinto social del hombre, sólo la fuerte grapa del Estado sirve para organizar, a las masas de modo que se pueda evitar la descomposición quimica de la sociedad con su moderna estructura piramidal. ¿Pero de dónde surge este poder repentino del Estado cuyos fines escapan a la previsión y al egoísmo de los individuos? ¿Cómo nace el esclavo, ese topo de la cultura? Los griegos nos lo revelaron con su certero instinto político, que aun en los estadios más elevados de su civilización y humanidad no cesó de advertirles con acento broncineo: "el vencido dicho, el vínculo de acero que nge el proceso social; porque sin Estado, en natural bellum omnium contra omnes. la sociedad poco puede hacer y apenas rebasa el circulo familiar. Pero cuando poco a poco va formándose el Estado, aquel instinto del bellum omnium contra omnes se concentra en frecuentes güeras entre los pueblos y se descarga en tempestades no tan frecuentes, pero más poderosas. En los intervalos de estas guerras, la sociedad disciplinada por sus efectos, va desarrollando sus gérmenes, para hace florece, en épocas apropiadas, la exuberante flor del genio.

Ante el mundo político de los helenos, yo no quiero ocultar los recelos que me asaltan de posibles perturbaciones para el arte y la sociedad en ciertos fenómenos semejantes de la esfera política. Si imagináramos la existencia de ciertos hombres, que por su nacimiento estuvieran por encima de los instintos populares y estatales, y que. por consiguiente, concibieran el Estado solo en su propio interés, estos hombres considerarían necesariamente como última finalidad del Estado la convivencia armónica de srandes comunidades políticas, en las cuales se les permitiera, sin limitación de ninguna clase, abandonarse a sus propias iniciativas. Imbuidos de estas ideas fomentarían aquella política que mayor posibilidad de triunfo ofreciera a estas iniciativas, siendo, por el contrario, increíble que se sacrificaran por algo contrario a sus ideales; por ejemplo, por un instinto inconsciente, porque en realidad carecerían de tal instinto. Todos los demás ciudadanos del Estado siguen ciegamente su instinto estatal; sólo aquellos que señorean este instinto saben lo que quieren del Estado y lo que a ellos debe proporcionar el Estado. Por esto es completamente inevitable que tales hombres adquieran un gran influjo, mientras que todos los deniás sometidos al yugo de los fines inconscientes del Estado no son sino meros instrumentos de tales fines. Ahora bien, para poder conseguir por medio del Estado la consecución de sus fines individuales, es ante todo necesario que el Estado se vea libre de las convulsiones de la guerra, cuyas consecuencias incalculables son espantosas, para de este modo poder gozar de sus beneficios: y por esto procuran del modo más consciente posible, hacer imposible la guerra. Para esto es preciso, en pnmer término, debilitar y cercenar las distintas tendencias políticas particulares, creando agrupaciones que se equilibren y aseguren el buen éxito de una acción bélica, para hacer de este modo altamente improbable la guerra; por otra parte, tratan de sustraer la decisión de la paz y de la guerra a los poderes políticos, para dejarla entregada al egoísmo de las masas o de sus representantes, por lo que a su vez tienen necesidad de ir sofocando paulatinamente los instintos monárquicos de los pueblos. Para estos fines, utilizan la concepción liberal-optimista hoy tan extendida dondequiera que tiene sus raíces en el enciclopedismo francés y en la Revolución francesa, es decir, en una filosofía completamente antigermana, netamente latina, vulgar y desprovista de toda metafísica. Yo no puedo menos de ver. en el actual movimiento dominante de las nacionalidades, y ai la coetánea difusión del sufragio universal, los efectos predominantes del miedo a la guerra; y en el fondo de estos movimientos, los verdaderos medrosos, esos solitarios del dinero, hombres internacionales, sin patria, que dada su natural carencia de instinto estatal han aprendido a utilizar la política como instrumento bursátil, y el Estado y la sociedad como aparato de enriquecimiento. Contra los que de este lado quieren convertir la tendencia estatal, en tendencia económica, sólo hay un medio de defensa: la guerra y cien veces la guerra. En estos conflictos se pone de mam fiesto que el Estado no ha nacido por el miedo a la guerra y como una institución protectora de intereses individuales egoístas, sino que inspirado en el amor de la patna y del príncipe, constituye, por su naturaleza eminentemente ética, la aspiración hacia los más altos ideales. Si por consiguiente, señalo como peligro característico de la política actual el empleo de la idea revolucionaria al servicio de una aristocracia del dinero egoísta y sin sentimiento del Estado, y la enorme difusión del optimismo liberal igualmente como resultado de la concentración en algunas manos de la economía moderna y todos los males del actual estado de cosas, juntamente con la necesaria decadencia del arte, nacidas de aquellas raíces o creciendo con ellas, he de verme obligado a entonar el correspondiente Pean ai honor de la guerra. Su arco sibilante resuena temblé, y aunque aparezca como la noche, es, sin embargo, Apolo, el dios consagrador y purificador del Estado. Pero primero, como sucede al principio de la Diada, ensaya sus flechas disparando sobre los mulos y los perros. Luego derriba a los hombres, y de pronto las hogueras elevan su llama al cielo repletas de cadáveres. Por consiguiente, debemos confesar que la guara es para el Estado una necesidad tan apremiante como la esclavitud para la sociedad; y quién podría desconocer esta verdad al indagar la causa del incomparable florecimiento del arte griego o El que considere la guerra y su posibilidad uniformada. La profesión militar, respecto de la naturaleza del Estado, que acabamos de describir, debe llegar al convencimiento de que por ta guerra y en la profesión militar se nos da una imagen, o mejor dicho, un modelo del Estado. Aquí vemos, como efecto, el más general de la tendencia guerrera, una inmediata separación y desmembración de la masa caótica en castas militares, sobre la cual se eleva, en forma de pirámide, sobre una capa inmensa de hombres verdaderamente esclavizados, el edificio de la sociedad guerrera- El fin inconsciente que mueve a todos ellos los somete al yugo y engendra a la vez en las más heterogéneas naturalezas una especie de transformación química de sus cualidades singulares, hasta ponerlas en afinidad con dicho, en las castas superiores se observa ya algo más, a saber, aquello mismo que forma la médula de este proceso interior, la génesis del gano militar, en el cual hemos reconocido el verdadero creador del Estado en algunos Estados, por ejemplo, en la constitución que Licurgo dio a Esparta, podemos ya observar la aparición de esta idea fundamental, la génesis del genio militar.

sábado, 16 de febrero de 2013

Jean Dubuffet






Expériences Musicales / Musical Experiments 


Jean Dubuffet: "Experimentos musicales" forman un conjunto de 20 piezas, de las cuales 9 han sido elegidos para este disco.




1. La Fleur de barbe (Voix et instruments divers) - [23:46]
2. Temps Radieux (Flute, cithare, xylophone et piano) - [05:01]
3. Humeur Incertaine (Piano, orgue à bouche chinois, violons, flute, cello, viole) - [07:57]
4. Coq à l'oeil (Piano solo) - [06:27]
5. L'eau (Cymbalum, balafon, tambour de geisha) - [04:19]
6. Gai savoir (Piano, trompette, cello, tambour) - [03:37]
7. Longue peine (Papier froissé, 2 bassons, cello) - [11:09]
8. Terre foissonnante (Instruments divers) - [06:37]
9. Prospère, prolifère (Instruments divers) - [06:28] 


  Esta selección se hizo en relación con el "historical" el interés de ciertas obras (La fleur de barbe, 1st publicly performed piece - Gai savoir, 1st work using 2 tape recorders - Terre foisonnante, and Prospère, prolifère, his last musical works which were mixed in the recording studio) y con el objetivo de ofrecer al oyente con la gama más amplia posible de los diversos "instrumentos" que se utiliza.
A medida que los diferentes elementos que se combinan para componer estas obras fueron grabadas usando técnicas monofónicos, ellos fueron producidos en mono durante la vida de Dubuffet.

Tuvimos la suerte de poder utilizar las cintas maestras de Terre foisonnante and Prospère, prolifere, que se mezclaron en el estudio de grabación, y los elementos para la mezcla final fueron en dos pistas distintas y hemos decidido mantenerlos separados para que el oyente puede apreciar mejor el procedimiento empleado por el compositor.

Del mismo modo, no hemos tratado de forma artificial "mejorar" la calidad del sonido de estas grabaciones (añadiendo reverberación, por ejemplo) como Jean Dubuffet que era plenamente consciente de su propia (y su equipo) deficiencias técnicas, considerada la calidad imperfecto como aleatorio pero aspecto significativo del producto final. Es cierto que algunas de las terminaciones, especialmente, aparecerá en particular súbita. Para concluir estas consideraciones técnicas hay que señalar que una de las pistas en Terre foisonnante se desvanece antes de que termine, sino que continúa en mono y esto no es un signo de un defecto en el sistema de escucha.


MUSICAL EXPERIMENTS

Hacia fines de 1960, alrededor de la época de Navidad, mi amigo Asger Jorn, el pintor danés, me invitó a una ronda de improvisar música con él. Compré una grabadora Grundig TK35 para capturar el espíritu de nuestras reuniones y la primera grabación de nuestras recreaciones, hecho el 27 de diciembre tenía derecho nez cassé (nariz rota). Muchos más pronto iban a seguir como estaban tan cautivados por estos experimentos musicales que nuestras sesiones de improvisación eran muy frecuentes durante los meses siguientes. Asger Jorn a tenido un poco de experiencia con el violín y la trompeta, tuve una experiencia singular del piano que había hecho mucho uso de la en otros tiempos. Sin embargo, el tipo de música que teníamos en mente apenas requiere técnica virtuosa como teníamos la intención de utilizar nuestros instrumentos para obtener efectos no convencionales. Además de un piano bastante malo, empezamos con un violín, un violonchelo, una trompeta, una grabadora de una flauta al sur del Sahara, una guitarra y una pandereta. Poco a poco añade todo tipo de instrumentos, algunos de ellos fuera de fecha (la antigua flautas, una zanfona), algunos exóticos (de origen asiático, africano o Tzigane), algunos más comunes, tales como el oboe, fagot, saxofón , xilófono, cítara - y algunos de origen popular, como el Cabrette y la bombarda - básicamente, todo lo que hemos descubierto a medida que avanzábamos. El músico Alain Vian, que tiene una tienda rue Grégoire-de-Tours en París vendiendo instrumentos extraños y raros de colección, fue de gran ayuda, pues no sólo participó una vez o dos veces en nuestros conciertos pequeños, pero también se las arregló para encontrar, ya veces incluso hacer, los instrumentos adecuados para nosotros. 

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En ese momento, ni Asger Jorn ni yo estábamos au fait con la salida de los compositores contemporáneos y ni siquiera estaban familiarizados con los instigadores del serialismo, dodecafonismo, la música electrónica y la música concreta. En realidad sólo aprendí estos términos recientemente. Mi experiencia musical propio se limitó a estudio bastante superficial de la música clásica en el piano, que jugaba mucho cuando era niño y adolescente y abandonó cuando cerca de 20. Más tarde, cuando tenía 35 años, 1 tomó el acordeón y su música tradicional (con sólo un éxito moderado) y volvió al piano durante un año cuando tenía alrededor de 40 a reproducir música de Duke Ellington, intercalados con improvisaciones sobre el armonio. Siguió un período en el que desarrolló una antipatía violenta a la música europea y sólo disfrutamos escuchando a la música oriental y oriental (que había aficionado de la antigua durante mis viajes al Sahara).

En cuanto a la grabadora, yo era un novato. No fue hasta más tarde que me iba a darse cuenta de que mis grabaciones, hechas en equipos aficionados, dejaba mucho que desear en comparación con las llevadas a cabo por profesionales. Curiosamente, sin embargo no estoy convencido de que estos últimos son realmente superiores. Del mismo modo, a menudo prefieren las fotografías tomadas por amateurs mal equipadas que las de los especialistas. En mis relaciones posteriores con los técnicos, sentí que la desventaja de ciertos beneficios del cuidado que tomó en creación de su equipo, fue un efecto inhibidor, aunque las grabaciones resultantes eran muy limpias y libres de defectos y el hipo, que no estabas t necesariamente más evocador. Creo que todos los ámbitos de las artes podría beneficiarse del uso de técnicas más sencillas. También creo en ponerse manos a lo básico, yo estoy a favor de encantos robustos y no afectados en lugar de lujos y furbelows. Hay otra razón más importante para mi actitud. Consideramos que una buena grabación ofrecen un sonido preciso y distinto, que parece venir de una fuente cercana, en nuestra vida cotidiana, sin embargo, nuestra audiencia es sometida a todo tipo de otros sonidos que, más a menudo, no están claras confusa, lejos de puro, distante y sólo audible parcialmente. Para ellos ignoran es dar a luz a una forma de arte engañoso, ocupan exclusivamente de un solo tipo de sonidos que, cuando se llega a esto, son bastante comunes en la vida cotidiana. Yo tenía el propósito de producir música basada no en una selección de sonidos, pero los sonidos que se pueden escuchar en cualquier lugar en cualquier día y en especial las que se escucha sin ser realmente conscientes de ellos. Mi equipo rudimentario se adaptaba mejor a esto que las máquinas más sofisticadas. Después de haber decidido recoger y utilizar cualquier tipo de sonidos me encontré, a veces los sonidos inesperados que en I, grabadora reproducirá me fueron al menos tan interesante (ya veces más) que los que yo había pensado en realidad para grabar. Cuando las sorpresas estuvieron en mi opinión poco interesante, les contagió, pero a veces eran increíblemente bueno. Yo transformé una habitación en mi casa en un taller de música y en los períodos comprendidos entre nuestras reuniones con Asger Jorn me convertí en un hombre-orquesta, tocando cada uno de mis cincuenta y tantos instrumentos a su vez. Gracias a mi grabadora tuve la oportunidad de jugar cada parte sucesiva en la misma cinta y tener la máquina de nuevo todo el juego al mismo tiempo. Fui al respecto, paso a paso, la grabación sobre las secciones defectuosas y el uso de tijeras y cinta adhesiva para cortar, unir y poner todo junto Dicho método implica mucho ensayo y error: ya que era imposible oír lo que ya había grabado cuando jugando un papel nuevo, era muy difícil para sincronizar y, tratando de conseguir exactamente lo que yo quería, tuve que empezar de nuevo una y otra vez. Sin embargo, el hecho de que era tan difícil de mantener las cosas bajo control y que yo tenía que confiar en la suerte hizo que los riesgos de fracaso fue compensado por la posibilidad de sorpresas inesperadas. Más tarde añadió una segunda grabadora que me permitió transferir material de una máquina a la otra, para jugar mientras se escucha a lo que ya había sido grabada y realizar cambios, tantas como me gustaba sin echar a perder el registro inicial, cuando los nuevos elementos fueron decepcionantes .

La primera cinta producida en estas circunstancias es bastante inusual, ya que es un poema, La flor de barbe, que se declamaba, cantaba y cantaba vagamente por varias voces mezcladas (que son todos en el mío hecho) con acompañamiento instrumental ocasional. Las grabaciones posteriores son el resultado de dos enfoques diferentes que Dudé entre y que son probablemente ambos aparente en al menos algunas piezas. El primero fue un intento de producir música con un toque muy humano, en otras palabras, que expresan estados de ánimo de las personas y de sus unidades, así como los sonidos, la algarabía general y el telón de fondo sonoro de nuestra vida cotidiana, los ruidos a los que estamos tan estrecha y, aunque no se den cuenta, probablemente se ganó a nosotros y que nos veríamos en aprietos para prescindir. Hay una ósmosis entre esta música permanente que nos lleva a lo largo de la música y nos expresamos, sino que van juntos para formar la música específica que puede ser considerado como un ser humano. En el fondo me gusta pensar de esta música como la música que hacemos, en contraste con otra música muy diferente, lo que estimula en gran medida mis pensamientos y lo que yo llamo música que escuchamos. Este último es completamente ajeno a nosotros y nuestras tendencias naturales, no es humano en absoluto y podría llevarnos a escuchar (o imaginar) sonidos que serían producidos por los elementos propios, independiente de la intervención humana. Serían tan extraño como lo que podríamos saber si tuviéramos que poner el oído en alguna abertura hacia un mundo que no sea la nuestra o si nos íbamos a desarrollar pronto una nueva forma de escuchar con el que llegaría a ser consciente de un extraño tumulto que nuestros sentidos no había podido recoger y que pueden provenir de elementos que supuestamente participaron en la acción silenciosa, como humus en descomposición, hierba que crece o minerales en proceso de transformación. Debo señalar que en ambos tipos de música e incluso cuando yo les funden en uno y el mismo (no importa si esto parece ilógico), existe una clara preferencia por los sonidos muy compuestos que parecen estar formadas por un gran número de voces que llaman a la mente murmullos lejanos, comunidades, bullicio y colmenas de actividad. También tengo una preferencia por la música, sin variaciones y no estructurados de acuerdo a un sistema en particular, pero que no cambia, casi sin forma, como si las piezas no tenía principio ni fin, pero se extrae simplemente tomado al azar a partir de una puntuación incesante fluir de los siglos. Debo admitir que me parece esta idea muy agradable.

Estoy, sin embargo consciente de la brecha entre mis intenciones y los resultados reales. Los experimentos que están disponibles en la colección de registros pequeño debe ser considerado como contornos de un programa que, si llegara a ser finalizado, requeriría una gran cantidad de mejoras tales como las técnicas de grabación y mejor uso de cada uno de los instrumentos. También podría ser necesario modificar los instrumentos o hacer otras mejor adaptadas.

Mientras tanto, todavía hay mucho espacio para experimentar con lo que ya se encuentra disponible. Con un poco de un instrumento se encuentra con que se puede obtener una gran variedad de efectos de sonido que puede que no sea digno de mirar a los demás. Técnica instrumental y un conocimiento profundo de cómo obtener el máximo provecho de los instrumentos están claramente brilla por su ausencia, soy muy consciente de que serían de gran utilidad para mí.

Podría ser, sin embargo, que esto daría lugar a la pérdida del beneficio de ciertas ganancias inesperadas inesperadas que pueden surgir de la improvisación en un solo instrumento en realidad no se sabe cómo utilizar. Una vez dicho esto, los temas incluidos en este disco no fueron concebidas como obras acabadas, sino como los experimentos iniciales de alguien aventurarse en lo que es para él, territorio en gran parte desconocido. Me gustaría mucho que los músicos esperan aceptar que tratarlos como tales.

Jean Dubuffet, (abril 1961)