La naturaleza de la cultura -y esa expresión es casi un oxímoron- es problemática, antinómica. Una larga tradición, que desde el Lukács joven a la escuela de Frankfurt es compartida por toda una tradición de análisis crítico de la cultura, señala desde hace tiempo ese carácter contradictorio. Para Lukács, por ejemplo, sólo la cultura nos permite imaginar un mundo mejor, transformado. En ella se enuncia entonces una promesa de felicidad. de libertad -pero es la propia cultura la que se encarga de frustrarla, de hacerla invisible. En efecto, es la misma cultura - a través de su plasmación en las formaciones objetivas del espíritu, cuya institucionalización determina la estructuración efectiva de los mundos de la vida - la que delimita y limita nuestras posibilidades de actuar, la que por encima del mundo de la libertad que nos empuja a soñar impone también a nuestro propio actuar el orden en el que fracasa y se suspende ese sueño: el orden de la necesidad, el principio de realidad. Es también de esto de lo que Freud habla cuando emplea la expresión "malestar en la cultura", es seguramente de algo muy parecido de lo que habla Adorno y Horkheimer cuando desarrollan su análisis de la dialéctica de la ilustración - y era de eso también de lo que, con unos u otros matices, hablaba Thomas Mann al oponer los conceptos de civilización y cultura.
...se trata de evidenciar que en el seno de un programa concebido para hacer pensable un progreso emancipatorio se esconde larvado un dispositivo que determina la inviabilidad de ese mismo proceso. Es eso lo que, justamente, significa la expresión que refiere "el carácter antinómico de la cultura".
Al hablar por nuestra parte de la "era póstuma de la cultura" estamos intentando nombrar un momento, una tensión epocal, en que esa dialéctica se ha roto, venciéndose en una sola dirección: utilizando los términos de Thomas Mann, diríamos que hablar de "era póstuma de la cultura" representa reconocer que en el momento actual el impulso "civilizatorio" ha desplazado al cultural, lo ha aparcado.
...podemos en efecto reconocer la condición antinómica de lo artístico tal y como éste es diseñado en el orden de la experiencia moderna en lo que se refiere al problema de la relación arte/vida. Es sabido que la disolución del arte en la vida se aparece como horizonte programático para lo moderno - y ello en cuantas formas de relación queremos tematizar. Por ejemplo, en cuanto a la existencia separada de lo artístico tomada como institución: se quiere el derrumbe de las paredes del museo, la continuidad sin fronteras de topos social de lo artístico; su invación ilimitada del espacio de vida cotidiana.
Por ejemplo, también, en cuanto a la existencia separada de lo artístico en el espacio de la división del trabajo y de la actividad social: se querría imaginar un concepto de lo artístico que pudiera abarcar a toda actividad humana y que no fuera privilegiado de un gremio específico; se querría que lo artístico perteneciera al dominio de todo sujeto de conocimiento, cumplida por éste una reapropiación de la totalidad plena de su experiencia.
Finalmente y para dar un tercer ejemplo, en cuanto a la existencia separada de lo artístico respecto al sistema general de los objetos a las imágenes. El permanente juego de aproximación indiferenciada a esos universos -el sistema de los objetos, el sistema de las imágenes- evidencia que el horizonte de disolución de la esfera de lo artístico como esfera separada de la de los mundos de vida (constituidos ellos mismos como efectivos sistemas de objetos e im
ágenes) constituye un polo de permanente atracción para la investigación de los lenguajes de las vanguardias.
...Lo artísitco se constituye entonces en el órden de una grammatología, ese campo movedizo que, según Derrida, "abarcaría a todos aquellos sistemas de lenguaje, cultura y representación que exceden a la comprensión de la razón logocéntrica o de la 'metafísica de la presencia' occidental". Y su potencial específico se desplegaría como eficacia para resistir a la pretensión de someter la producción del sentido a los regímenes de cualquier economía estable.
...Lo artístico irrumpe en el espacio de la significancia desbaratando todo régimen estable, para mostrar la producción de sentido es porceso sujeto a una economía transformacional inagotable. Al igual que la escritura, la producción artística se revela entonces puro envío, potencia de significancia que sólo se irá actrualizando a lo largo de un proceso inagotable de sucesivas lecturas. Y su potencial de resistencia a la economía logocéntrica de la representación - que todavía pretendería leer la obra como símbolo, "presencia real" y plena del sentido - dependerá entonces de su incorporación de un dispositivo que haga transparente su porpia ilegibilidad.
lunes, 20 de julio de 2009
Naturaleza
Extraido del libro:
viernes, 17 de julio de 2009
Rahsaan: "Kirk Roland & Jonn Cage"
Este es uno de esa clase de videos que se tiene guardado..
la sintaxis: música / palabra
su mágia...
John Cage & Kirk Roland
Sound ?? - (1966)
(Download)Aunque "Rahsaan" - Kirk Roland y John Cage en realidad nunca se reúnen en esta película (la jaula de la enigmática pregunta sobre el sonido se intercut Kirk con algunos de los experimentos más ambiciosos de la misma), estos dos iconoclastas musicales muy diferentes comparten una visión similar de las ilimitadas posibilidades de la música. Kirk desempeña tres saxos a la vez, cambia a la flauta, incluye cintas de aves jugado hacia atrás y, finalmente, a manos silbidos a su público y les alienta a que lo acompañara ", en la clave de W, si por favor". Cage, por otra parte, se está preparando una obra musical para la bicicleta con David Tudor y Merce Cunningham en "the Seville Theatre" en Londres. Rahsaan se reúne la música de cámara en un eco, y él termina su búsqueda para el sonido del silencio en su lugar preferido - la cámara - en la que resulta ser el escándalo de "su sistema nervioso en funcionamiento".
Martin Williams, "JAZZ TIME"
lunes, 13 de julio de 2009
Manifiesto
"Por un arte no banal"
"La totalidad del mundo del arte ha alcanzado un nivel tan bajo, ha sido comercializado hasta un grado tal, que el arte y todo lo que tenga que ver con él se ha convertido en una de las actividades más triviales de nuestro tiempo. El arte en estos tiempos se ha hundido hasta uno de sus más bajos niveles en la historia, seguramente incluso inferior al de finales del siglo XVIII, cuando ya no había gran arte, sino pura frivolidad. En el siglo XX el arte está jugando un papel del puro entretenimiento, como si vivieramos una época divertida, ignorando todas las guerras que experimentamos como parte de lo que somos".
Marcel Duchamp

Extraido del libro:
"Un ruido secreto (el arte en la era póstuma de la cultura)"
José Luis Brea
Bien es cierto que todo ello sitúa el valor ético de lo artístico en un horizonte inseguro, muy difícil de evaluar. Cuanto más el arte insista en apostar por la superación de la frontera arte / vida - resistiéndose a reconocer esa superación como ya cumplida salvo en formas falseadas - menos complaciente será con el orden del discurso ideológico que define su lugar contemporáneo en el seno de la institución - Arte. Cuanto más apueste por llevar a su límite dialéctica autonegadora de su apariencia estética - sin prestarse a jugar su juego simulando ni siquiera en el asentamiento de la forma academizada de la vanguardia - menos entrada a la industria por él regulada encontrará, lo que a reverso le restará toda eficacia para ejercer, desde dentro, tal autonegación
Cuanto más, por último, insista en poner en evidencia su propia condición de ilegibilidad radical; pero cuanto más fuerce a la mirada a reconocer que la lógica del sentido se apega a su superficie sólo como puro suplemento, como el puro efecto de su circulación pública; cuanto más insista en evidenciar que su experiencia radical sólo se cumple en los términos de la ceguera total que rinde su radical condición de materialidad absoluta, menos rendimiento encontrará en el seno de la economía de la representación que impera - y más excluido resultará por ella, quedando entonces también depotenciado para ejercer su crítica.
Pero a cambio, es justo en la insistencia en poner en escena esa constelación de tensiones irresolubles donde el arte, como actividad de producción social, puede todavía constituirse como potencia no desarmada de desmantelamiento del orden generalizado de la representacion imperante - en el que él mismo se constituye -. Como un Sansón cegado por la furia, el poder del arte se alimenta siempre de esa tensión suicida.
Cuando la cultura, que a la vez la consagra y le niega, vive tiempos de moribundía, tiempos póstumos, empujar las columnas del templo que la acoge es un movimiento sencillamente obligado, un imperativo no tanto ético como político. Tras el derrumbe apuntará ciertamente otra mirada, otra forma de experiencia - y el arte se habrá cargado con la fuerza institutiva de otros mundos posibles, con el poder simbólico, que la propia cultura había perdido.
Pero es un error creer que el arte - y menos aún la filosofía - podría ofrecernos alguna imagen anticipator¡a de esos lugares otros, incluso instruimos por adelantado para saber cómo habitarlos. Como se ha dicho, el arte es ciego para la luz que él mismo emite; sordo para la palabra que él mismo, mudo, enuncia. Lo que sí se puede hacer, y hace, es dejarnos escuchar "el ruido secreto" que, como avanzadilla de un muy profundo movimiento de tierras, nos deja intuir que ese acontencimiento que trastornaría radicalmente la forma de darse la vida para nosotros los hombres podría estar en puertas. Si no me equivoco, nos acercamos al arte con el fin de escuchar ese sordo ruido - y al hacerlo experimentar el escalofrío que produce tal presentimiento.
José Luis Brea
...un libro para leer detenidamente...
Bien es cierto que todo ello sitúa el valor ético de lo artístico en un horizonte inseguro, muy difícil de evaluar. Cuanto más el arte insista en apostar por la superación de la frontera arte / vida - resistiéndose a reconocer esa superación como ya cumplida salvo en formas falseadas - menos complaciente será con el orden del discurso ideológico que define su lugar contemporáneo en el seno de la institución - Arte. Cuanto más apueste por llevar a su límite dialéctica autonegadora de su apariencia estética - sin prestarse a jugar su juego simulando ni siquiera en el asentamiento de la forma academizada de la vanguardia - menos entrada a la industria por él regulada encontrará, lo que a reverso le restará toda eficacia para ejercer, desde dentro, tal autonegación
Cuanto más, por último, insista en poner en evidencia su propia condición de ilegibilidad radical; pero cuanto más fuerce a la mirada a reconocer que la lógica del sentido se apega a su superficie sólo como puro suplemento, como el puro efecto de su circulación pública; cuanto más insista en evidenciar que su experiencia radical sólo se cumple en los términos de la ceguera total que rinde su radical condición de materialidad absoluta, menos rendimiento encontrará en el seno de la economía de la representación que impera - y más excluido resultará por ella, quedando entonces también depotenciado para ejercer su crítica.
Pero a cambio, es justo en la insistencia en poner en escena esa constelación de tensiones irresolubles donde el arte, como actividad de producción social, puede todavía constituirse como potencia no desarmada de desmantelamiento del orden generalizado de la representacion imperante - en el que él mismo se constituye -. Como un Sansón cegado por la furia, el poder del arte se alimenta siempre de esa tensión suicida.
Cuando la cultura, que a la vez la consagra y le niega, vive tiempos de moribundía, tiempos póstumos, empujar las columnas del templo que la acoge es un movimiento sencillamente obligado, un imperativo no tanto ético como político. Tras el derrumbe apuntará ciertamente otra mirada, otra forma de experiencia - y el arte se habrá cargado con la fuerza institutiva de otros mundos posibles, con el poder simbólico, que la propia cultura había perdido.
Pero es un error creer que el arte - y menos aún la filosofía - podría ofrecernos alguna imagen anticipator¡a de esos lugares otros, incluso instruimos por adelantado para saber cómo habitarlos. Como se ha dicho, el arte es ciego para la luz que él mismo emite; sordo para la palabra que él mismo, mudo, enuncia. Lo que sí se puede hacer, y hace, es dejarnos escuchar "el ruido secreto" que, como avanzadilla de un muy profundo movimiento de tierras, nos deja intuir que ese acontencimiento que trastornaría radicalmente la forma de darse la vida para nosotros los hombres podría estar en puertas. Si no me equivoco, nos acercamos al arte con el fin de escuchar ese sordo ruido - y al hacerlo experimentar el escalofrío que produce tal presentimiento.

"No es impensable que la humanidad, no necesitada ya de una cultura inmanente y cerrada sobre sí misma, una vez que ésta ya se ha realizado, amanece hoy con una falsa destrucción de la cultura, camino hacia la barbarie. La frase "il faut continnuer", al final de L´innommable, nos ofrece la antinomia de que el arte aparece externamente imposible, mientras que tiene que continuar inmanentemente. Es nueva esa cualidad por la que el arte se incorpora a su propio ocaso; crítica del espíritu dominante, el arte es el espíritu que puede volverse contra sí mismo".
Theodor W. Adorno - "Teoría Estética"
Taurus, Madrid, (1980), p 415
Taurus, Madrid, (1980), p 415
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