viernes, 13 de septiembre de 2013

El Gobierno de sí y de los otros (1º hora)

Michel Foucault  

Curso en el Collège de France 
Ciclo lectivo (1982-1983)


Clase del 19 de enero de 1983 
Primera hora (2-2)

 Creo también que es posible señalar analogías entre esas dos obras a través del mecanismo mismo de la búsqueda de la verdad, [que] se realiza en cierto modo por mitades. En la primera parte de Edipo, como recordarán, tenemos el descubrimiento de la verdad del asesinato de Layo. Y después, en la segunda parte, tendremos el descubrimiento de la verdad del nacimiento de Edipo. Además, el descubrimiento mismo del asesinato de Layo puede dividirse en dos, toda vez que por un lado está el relato de Edipo cuando cuenta cómo ha matado a un desconocido en el camino, y por otro el relato que va a indicarnos que ese desconocido no puede ser otro que Layo. De la misma manera, en el caso del nacimiento la verdad avanza por mitades. Y verán que aquí también la verdad va a avanzar por mitades; tendremos la mitad paterna y luego la mitad materna, hasta que el conjunto de los elementos reconstituya el conjunto de la verdad.

Con la salvedad de que, si bien tenemos muchos elementos comunes y analogías tanto en los episodios como en la estructura misma de la obra, me parece que hay una diferencia, y diría incluso una oposición entre la dramaturgia del decir veraz en Edipo y la dramaturgia del decir veraz en Ion. En Edipo, en efecto, el primero en poner en ejecución el decir veraz es el propio [Edipo]. Es él quien quiere saber la verdad. Como soberano, y para devolver la paz y la felicidad a su ciudad, necesita saber la verdad. ¿Y cuál revela ser ésta? Pues bien, se revela ante todo que él ha eliminado a su propio padre, que en cierto modo ha provocado, en consecuencia, un agujero en la soberanía que se ejercía sobre la ciudad y en el palacio mismo de Layo. Y Edipo se ha precipitado a ocupar ese lugar vacío, al desposar a su madre y tomar el poder. Y el descubrimiento de esa situación lo lleva, en definitiva, a quedar excluido y a excluirse él mismo de la ciudad. Así lo dice al final de la pieza: "Mientras yo viva, que jamás me sea dada como morada esta ciudad, la ciudad de mis padres". Por lo tanto, va a verse obligado a partir, en virtud del develamiento mismo de esa verdad cuyo proceso de descubrimiento ha sido puesto en marcha por él. Y en lo sucesivo no le quedará otra alternativa que vagabundear a través del mundo, errar en la noche de su ceguera, pues se ha vaciado los ojos. Y en esa tierra que recorrerá, sin abrigo ni patria, ¿[qué le quedará] para guiarse? También lo dice con mucha claridad al final de la obra: no tendrá más que la voz de sus hijas que habrán de guiarlo, y su propia voz que él siente flotar en el aire sin poder situarla, sin saber dónde está él mismo y dónde esa voz. Y debido a esa errancia, sólo guiada por el intercambio de voces entre el padre y las hijas, Edipo va a dar vueltas por la tierra griega hasta el momento en que encuentte en Atenas, precisamente, su lugar final de reposo.

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Con Ion, al contrario, tenemos un proceso de descubrimiento de la verdad en el que, por un lado y en primer lugar, vamos a ver que quien la busca no es el propio Ion, sino sus padres. En segundo lugar, esa verdad, que Ion va a descubrir o, mejor, que va a ser descubierta con referencia a él, no es en absoluto, claro está, que ha matado a su padre. Va a descubrir que, en cierto modo, tiene dos padres, y al final de la pieza se encontrará con dos padres: una especie de padre legal que seguirá creyendo hasta el final que es el padre real, Juto, y un segundo padre. Este segundo padre es Apolo, un Apolo que, en virtud de la paternidad real de Ion, garantiza que éste ha sido enteramente concebido en Atenas. Y gracias a esa doble paternidad, Juto y Apolo, Ion va a poder, al contrario de Edipo, volver a su patria, instalarse en ella y recuperar todos sus derechos. Debido a ese lazo fundamental así recobrado, debido a esa reinserción en la tierra misma de Atenas, podrá ejercer el derecho legítimo de la palabra, es decir ejercer el poder en la ciudad. Por lo tanto, advertirán de hecho que los dos procesos de la aleturgia del nacimiento, el descubrimiento de la verdad del nacimiento, son diferentes y llevan a resultados exactamente inversos. Uno tenía un padre de menos, y finalmente se vio obligado a abandonar su patria y errar, guiado por una voz, por tierras siempre ajenas. Otro, al contrario, descubre que tiene dos padres y, gracias a esa doble paternidad, va a poder insertar su palabra, su palabra de hombre que manda, en la tierra a la cual tiene derecho. Tal es el mateo, si se quiere, de la obra.

Querría mosttarles ahora cómo se desenvuelve ese proceso del decir veraz, y ei deveiamiento de la verdad por los diferentes procedimientos del decir veraz, contra el fondo de acontecimientos que les he recordado y que Hermes indica en el comienzo mismo de la pieza, a saber: el nacimiento secreto de Ion, el matrimonio ulterior de Creúsa con Juto, el hecho de que Ion viva oculto como servidor del dios en Delfos sin que nadie sepa su identidad, y el hecho de que Creúsa y Juto, en el momento de comenzar la obra, aún no tienen los dos hijos que nacerán luego de ésta y a quienes se alude justamente en los últimos versos: Aqueo y Doro, Carecen, entonces, de posteridad, y es precisamente por eso que, aunque residen en Atenas —Juto, jefe inmigrante pero que se ha casado con Creúsa, y ésta como descendiente de Erecteo—, viajan a Delfos para consultar al dios y preguntarle si no van a tener por fin una descendencia que pueda asegurar la continuidad a la vez histórica y territorial, fundada por Erecteo cuando, nacido de la tierra ática, fundó la ciudad ateniense. Éste es pues el primer punto: Creúsa y Juto van a consultar al dios. Van a hacerlo porque no tienen hijos y quieren establecer aquella continuidad.

De hecho, se darán cuenta de que la consulta no es exactamente igual para los dos consultantes. Por una parte, Juto va a consultar a Apolo. Y lo hace según las reglas ordinarias, para saber si verdaderamente no tendrá descendencia. Eso es lo que pregunta al oráculo. En apariencia, Creúsa va a plantear rambién la misma pregunta: ¿no tendré descendencia? Pero en realidad hace otra al mismo tiempo. Pues sabe muy bien que ha tenido un hijo. Y sabe muy bien que ha tenido ese hijo con Apolo. Entonces, la pregunta que va a plantear es ésta: ¿qué ha sido del hijo, el hijo que tú me has dado, que tú me has hecho y que yo he expuesto? ¿Vive aún, o ha muerto? Pero mientras que la primera consulta, la de Juto, es a la vez una pregunta, si se quiere, ordinaria -la consulta del consultante ordinario- [yj pública, la pregunta de Cteúsa (¿qué has hecho con el hijo que me has dado?) es una pregunta privada de la mujer al hombre o, mejor dicho, de la mujer al dios.

Y al acudir a Delfos motivados por esa doble pregunta —la oficial y la secreta-, al acudir a hacer esa doble pregunta, Creúsa y Juto, cuando se presenran ante el templo de Apolo, encuentran a ese joven que está ahí, provisto de ramas de laurel con las cuales barre el umbral del templo, y el agua lustral que vierte: que vierte, dice, porque riene el derecho de hacerlo, ya que siempre ha conservado su castidad. Ion, desde luego, no conoce su propia identidad, y por consiguiente no puede reconocer a sus padres, así como éstos no pueden reconocerlo a él. Tenemos pues tres ignorantes, cada uno de los cuales tiene frente a sí la respuesta a su pregunta: Juto busca un heredero y en realidad lo tiene delante de él, sin saberlo; Creúsa busca un hijo, el hijo que ha tenido, y también lo tiene trente a ella, y en cuanto a Ion, se queja, sin mucha insistencia, por lo demás, [de] que es un hijo abandonado, que no tiene patria, que no tiene madre y no tiene padre. Ahora bien, tiene a su madre frente a él, y en cuanto al padre, tiene dos: el que va a convertirse en su padre legal, Juto, y a su lado, detrás de él, su padre real, el dios. En consecuencia, éste es, si se quiere, el panorama: por una parte, al rondo de la escena, el templo del dios que sabe todo y debe decir la verdad, en respuesta a las preguntas que se le han formulado; y delante de la escena, el público, el anfiteatro al que Hermes, al comienzo de la pieza, ha puesto en conocimiento de coda la verdad de !a cosa. Y entre esas dos instancias que saben -el público que ha sido advertido por Hermes y Apolo que, claro está, sabe-, entre esas dos instancias de la verdad, los tres personajes ignoran. No se reconocen unos a otros y toda la obra va a consistir justamente en el develamiento de la verdad, para esos tres personajes y en el espacio de la escena. Aleturgia de la verdad, por lo tanto.

¿Y cuál va a ser el resorte del drama? Pues bien, la dificultad misma [de] decit la verdad, una reticencia esencial. ¿A qué se debe esa reticencia esencial; A dos cosas, y éste es el aspecto, creo, en que la pieza Ion es importante e interesante. Por una parte está, si les parece, la razón... iba a decir estructural, esencial, fundamental, permanente, que hace que cuando los hombres interrogan a los dioses, nada fuerce a éstos, si responden, a responderles de ral manera que la respuesta sea clara. Al contrario, es caracrerístico del decir veraz oracular que la respuesta sea tal que los hombres puedan o no comprenderla. De todos modos, el dios nunca está obligado a decir la verdad. Su respuesta es ambigua, y el dios siempre tiene la libertad de darla si quiere. Reticencia, pues, en la claridad misma de la enunciación. Reticencia también en la libertad que el dios conserva de hablar o no hablar. Esto, si se quiere, es parte del fondo común. Es eí rasgo común, el rasgo permanente de todo juego oracular de preguntas y respuestas. El texto hace a menudo referencia y alusión a esa reticencia, a esa reticencia esencial, característica de la estructura oracular, que manifiesran los dioses, y en particular el dios de Delfos, para ser veraces en todo. Por ejemplo, en el verso 374 y siguientes vemos a lón decir a Creúsa: "¿Cómo obtenei del dios el oráculo que él quiere callar?", "no se puede consultar contra la voluntad de los dioses". Se trata de una referencia al hecho de que el dios siempre riene la libertad de callar si así lo quiere. Y en otro lugar, Ion dice a Juto que le trae una respuesta del dios: te equivocas al pensar en el enigma. La respuesta es un enigma y, por consiguiente, uno siempre puede equivocarse. Todo esto, entonces, es una referencia a elementos conocidos.

Pero en la obra hay una razón, específica y propia de la intriga misma, que hace que la reticencia del dios esté, en cierto modo, sellada por otra cláusula, l'ues en este caso, si el dios se calla, no es simplemente por disponer de la libertad de no hablar, no es meramente por el hecho de que un rasgo esencial de la respuesta oracular es ser un enigma y hablar sólo por signos, como decía Heráclito. Se trata sencillamente de que Apolo, al tomar a Creúsa por la fuerza y abandonarla en las laderas de la Acrópolis, ha cometido una falta. Es culpable. Y la culpabilidad del dios es un tema que vamos a encontrar decididamente a lo largo de toda la pieza, de principio a fin. [Cuando] Ion se enterapaso ahora por alto los detalles de la intriga— de que Apolo sedujo antaño a una muchacha y la abandonó, aún no sabe en modo alguno que ésta es su madre, no sabe que es Creúsa. Simplemente escucha hablar de esa seducción y, aunque servidor fiel del dios, servidor casto del dios, se indigna y dice: "El dios es muy culpable y la madre es digna de lástima". Y en ese mismo diálogo, en el cual habla con Creúsa, escuchamos lo siguiente. Ion pregunta: "¿Cómo obtener del dios el oráculo que él quiere callar?" Creúsa responde: "Sobre este trípode, debe respuesta a todos los griegos". La réplica de Ion: "Se avergüenza de su acto, ¡¡ah!, no lo apremies... —Creúsa: Sí, se avergüenza, pero la pobre mujer gime". Ion concluye: "A nadie encontrarás que te comunique un oráculo semejante: convencido de una falta en su propia morada, Apolo con justicia haría daño a quien te lo anunciara". Podrán ver el choque de las dos palabras, y en consecuencia el problema que se plantea. Apolo ha sido injusto {ádikos), ha cometido una falta. Y se negará dikaios ("justamente", "con justicia") a hablar y a señalarse como el culpable. Por ende, la respuesta no puede venir de él, no a causa de la estructura misma del decir veraz oracular, sino porque sería menester que el dios, que ha obrado mal, confesara que lo ha hecho y superara la vergüenza provocada por su mala acción. Esa vergüenza sentida por el dios a raíz de su mala acción es uno de los hilos conductores de la pieza. Y bien al fina!, cuando la aleturgia termine de completarse y consumarse, cuando se diga toda la verdad, ¿la dirá el dios, la dirá Apolo, aquel que, sin embargo, [según] el texto, debe la verdad a todos los griegos? De ningún modo. La divinidad que va a decir la verdad al final es alguien que va a aparecer encima del templo de Apolo, como si lo abarcara y lo dominara -por razones que son políticas, claro está, pero también por razones que obedecen a lo que estoy explicándoles-, y ese alguien es Atenea. Será Atenea, la diosa de Atenas, quien ha de fundar en la verdad toda la historia y quien, por su propio discurso cíe verdad, ha de fundar la estructura política de la ciudad. Va a intervenir y a decir la verdad que el dios Apolo no consigue decir, y explicará además por qué es ella la que aparece, y no él. Dice: Apolo no quiere presentarse en persona ante la vista de ustedes porque teme los reproches públicos por el pasado, y me envía a señalarles que... Y toda la función, a la vez fundacional y proiética, del decir veraz quedará en manos de Atenea, porque es preciso, también en este caso por razones políticas, que sea ella, pero igualmente porque el dios no puede decir por sí mismo la verdad.

Me parece que tenemos aquí uno de los rasgos esenciales, característicos de la tragedia de fon: el decir veraz de un dios que habla a los hombres y les revela, de conformidad con la función misma del oráculo, lo que es y lo que será, también debe ser, en el caso de esa pieza, el decir veraz del dios sobre sí mismo y sus taitas. La reticencia del oráculo es también la vacilación para confesar. Y esra superposición del enigma oracular y la dificultad de confesar, del decir veraz del oráculo y ci decir veraz de la confesión, superposición que se produce en el dios y en su palabra misma, es, creo, uno de los resortes esenciales de la obra. Por consiguiente, habida cuenta de que estamos frente a una situación en la cual quien debe decir la verdad, aquel cuya función es decirla, aquel al que se consulta para que la diga, no puede hacerlo, ya que ella sería una confesión acerca de sí mismo, ¿cómo va a abrirse camino la verdad, cómo va a instaurarse el decir veraz y a instaurar al mismo tiempo la posibilidad de una estructura política en cuyo marco pueda decirse la verdad en la parrhesía? Pues bien, es preciso que esto sea obra [de] los hombres. Es preciso que sean ios hombres quienes lleguen a desentrañar esa verdad y practicar el decir veraz. Y, en efecto, en esa deficiencia del dios incapaz de decir la verdad, en esa doble reticencia del oráculo y la confesión, los humanos van a tratar de arreglárselas con la verdad. ¿Cómo van a hacer para forzar el doble sello del enigma oracular y la vergüenza de la confesión? Creo que para resumir la pieza o, en fin, agrupar sus elementos, podemos decir que hay dos grandes momentos.


Primer momento, que podríamos llamar el de la doble mentira a medias. Puesto que uno de los puntos esenciales de esta pieza —habrá que volver a ello— también es, justamente, que, a diferencia de lo que pasa en Edipo, en ella la verdad no se dice sin acarrear consigo una dimensión y, diría yo, un doble de ilusión que es a la vez su acompañamiento necesario, su condición y su sombra tendida. No hay decir veraz sin ilusiones. Veamos, en todo caso, cómo ocurre la cosa. Primera parte, entonces, las dos mentiras a medias. Son las siguientes: en primer lugar, la mentira a medias por el lado de la madre, y a continuación, la mentira a medias por el lado del padre, porque las cosas van a encadenarse por mitades, como en Edipo. En principio, por el lado de Creúsa. Tenemos pues a Creúsa la mujer y Juto el hombre que llegan a Delfos. Juto quiere preguntar si va a tener un hijo. Creúsa, por su parte, quiere preguntar en realidad qué ha sido del suyo. Es ella la primera en aparecer en escena y ella quien, la primera, se encuentra con ese joven que, con ramas de laurel, barre el umbral del templo. Encuentra a ese joven y le dice que quiere consultar al dios. Y Ion le pregunta cuál es esa consulta, pero ella, claro está, no se atreve a contarle la verdad de su pregunta. No se atreve a decirle: cometí una falta con el dios y vengo a preguntarle qué ha hecho con mi hijo. En consecuencia, va a responder con una verdad a medias o una mentira a medias. Va a decir lo que cualquiera diría en un caso semejante: y bien, tuve una hermana que cometió una falta con un dios. Tuvo un hijo de ese dios y querría saber qué ha sido de él. Y entonces —creyendo además de buena fe lo que le cuenta Creúsa (pero en este caso no tiene importancia que se trate de ella o de la hermana; de uno u otro modo, para Ion la respuesta es clara o, mejor, la no respuesta del dios es necesaria)- Ion le dice: como el dios ha cometido una falta, una falta con tu hermana, no temas nada, el dios no hablará. Los humanos no pueden forzarlo a hablar contra su voluntad. Y ya que ha cometido una falta, ya que ha sido ádikos, se callará dikaios (justamente). El hecho de haber cometido una injusticia le da fundamentos justos para no hablar. Por lo tanto, no hablará.

Pero durante ese diálogo entre Ion y Creúsa, o poco después, Juto formula su pregunta, mucho más directa, mucho más simple, mucho más clara: ¿voy a tener un hijo? Y en cierto modo, así como Creúsa no dice más que una media verdad cuando consulta a Ion, el dios va a responder con una mentira a medias a Juto, que le hace una pregunta clara y sincera. Es decir que ni uno ni otro, el padre y la madre, Apolo y Creúsa, se atreverán a decir la verdad, y se limitarán a decir verdades a medias o mentiras a medias. [...) A Juto, que le pregunta: ¿voy a tener un hijo?, Apolo responde: es muy sencillo, cuando salgas del templo, el primero que aparezca (ton: juego de palabras, desde luego) será tu hijo. Reconócelo como tu hijo. Y al salir, Juto se topa por supuesto con el muchacho que está ahí pata servir al dios, y que ronda por el templo que debe vigilar. Ese joven es Ion. En ese momento se juega la escena en que Juto se abalanza sobre él y lo abraza diciendo: tú eres mi hijo. Y Ion, un poco inquieto, dice: oh, vamos, compórtate o te mato. En realidad, la no verdad o la mentira a medias pronunciada por el dios no era simplemente del orden de la reticencia para confesar. O, mejor, la reticencia para confesar se traducía en la ambigüedad oracular normal, ordinaria, por decirlo de algún modo; el dios ha dicho a [Juto]: te doy doron, te entrego como obsequio al joven con quien vas a toparte cuando salgas del templo. Entregar como obsequio no quiere decir exactamente: ése será tu hijo, pero se le da a entender que, dado que él ha venido a buscar un hijo, el que va a regalársele será su hijo real.

En virtud de esa indicación dei dios que dice a Juto: el primero que encuentres será tu hijo, Ion tiene ahora un padre. Pues aunque se muestre un poco renuente a dejarse abrazar por ese señor barbudo, cuando Juto le dice: pero, sabes, fue el dios quien me dio esta respuesta y me dijo que tendría como doron al muchacho que encontrara al salir del templo, es obvio que Ion está obligado a inclinarse y reconocer, con un poco de vacilación: sí, éste es mi padre. Entonces, gracias a esa verdad a medias o mentira a medias del dios, lón se encuentra con que tiene una familia o, en todo caso, un padre. Pero esa familia que recibe de tal modo, la recibe como un contrasentido y yo diría casi como un contrapadre, porque de hecho cree —y Juto también- que son padre e hijo, cuando en realidad la verdad es que entre ambos no hay relación alguna. La verdadera relación de parentesco es la existente entre Creúsa y lón; ahora bien, esa relación no aparece. A la pregunta capciosa de la verdadera madre, que simulaba no ser la madre sino su hermana, el dios responde tergiversando la respuesta que da al hombre: le otorga un falso hijo. Pero, después de todo, las cosas bien podrían no ir más allá, porque, gracias a eso, lón va a poder volver a Atenas. Juto no es de ninguna manera su padre, pero podría a fin de cuentas actuar como tal. Y además lón va a poder vivir con Creúsa, a cuyo respecto no sabe muy bien que es su madre, pero, bueno, las cosas podrían arreglarse. Grosso modo, nos encontramos lo bastante cerca de la verdad para que el asunto pueda funcionar. Por lo demás, es así como lo entiende Juto, que se muestra muy conforme con esta solución que, de todas maneras, considera sincetamente buena. Y dice a lón: ahora las cosas son claras, ya no eres el niño abandonado que creías ser, y por mi parte buscaba un hijo, y lo tengo. "Deja este templo y tu desdichada existencia. Ve a Atenas, en un todo de acuerdo con tu padre [koinophron] y aquí, desde luego, como en Edipo, como en todas estas tragedias, tenemos la frase anfibológica: en un todo de acuerdo con tu padre. Juto cree ser el padre, pero en realidad el acuerdo se hace o debería hacerse con Apolo; Michel Foucault], Allí te esperan el cetro ilustre de tu padre y su inmensa riqueza; de tal modo, al escapar al doble oprobio de la pobreza sumada al bajo origen, serás noble y opulento a la vez."

El problema, por tanto, parece resuelto: lón ha encontrado padres o, bueno, un padre. Juto ha encontrado un hijo y le propone volver a Atenas y ejercer ese famoso poder que va a garantizar cierta continuidad con respecto a la dinastía fundadora de la ciudad; sólo cierta continuidad, porque, como ven, la situación no es más que aproximada, y para aceptarla no habría que ser muy puntilloso. No habría que ser muy puntilloso... y tal es, en efecto, el caso de Juto, que no se muestra muy exigente con referencia a esa verdad o, en fin, esa verdad a medias que ha recibido de buena fe del dios y que toma por la plena verdad. De todos modos, no es muy exigente, porque cuando le dice a lón: yo soy tu padre, tú eres mi hijo, Ion le contesta: bueno, bueno, veamos, ¿de que unión tuya pude haber nacido? ¿De la unión con Creúsa? No, no, dice Juto, con Creúsa no. Pero entonces, ¿de quién nací? ¿Acaso me has hecho tú solo? En ese momento, Juto responde: escucha, no te preocupes demasiado. Ante todo, no temas haber tenido un nacimiento innoble, porque yo, Juto, soy hijo o, mejor dicho, descendiente de Zeus, y por ese lado tienes nobleza. En cuanto a tu madre... Sabes, antes de casarme cometí pecados de juventud, locuras de juventud. Y como Ion, por motivos que pronto vamos a entender, quiere pese a todo saber con precisión quién es su madre, quiénes son los padres de ésta, cuál es su nacimiento, cuál es su nobleza, cuál es su suelo natal, insiste y dice: pero, en fin, si me concebiste en tu locura de juventud, ¿cómo es que terminé aquí, en Delíos? Juto menciona entonces una estadía suya en ese lugar, durante las fiestas de Baco, cuando se habría unido a las Ménades del dios en una especie de hierogamia que responde, pero en la modalidad de la ilusión y la mentira, a la vetdadera hierogamia que se produjo entre Apolo y Creúsa. Y la solución que propone Juto es, por tanto, la siguiente: pues bien, le hice un hijo a una de las Ménades del dios durante una ceremonia, una festividad y una ebriedad rituales. Ahora bien, esta explicación, que sólo es muy aproximada desde el punto de vista de la verdad, es desastrosa desde el punto de vista del derecho. ¿Por qué razón es desastrosa desde el punto de vista del derecho? Simplemente porque Juto procede de Acaya, es ajeno a Atenas, sólo ha sido recibido en esta ciudad como aliado, y Creúsa le ha sido entregada como pago por su alianza y la ayuda que ha brindado a Erecteo. Entonces, si vuelve con un hijo, pero un hijo presuntamente concebido con una muchacha cualquiera, aunque sea una Ménade del dios, el hijo de un padre y una madre no atenienses no puede en ningún caso ejercer esa función fundacional en la ciudad que es precisamente la función, la vocación de Ion. Este no puede ejercer esa función, y la verdad aproximada de Juto se traduce en los hechos por una suerte de prohibición o imposibilidad jurídicas. El propio Ion se da cuenta de que el asunto no puede funcionar y de que el haber nacido de Juto y una joven extranjera no le permitirá fundar su poder, y justamente en ese momento pronuncia la ramosa decía ración de la que ya les he hablado, en la cual dice: pero no puedo volver a Atenas si no sé de qué madre he nacido. No puedo recibir de ti el poder que me propones, no puedo sentarme en el trono y recibir el cetro. No puedo tomar la palabra y proferir esa palabra de mando si no sé quién es mi madre. Entonces, dentro de un rato querría retomar ese texto y esa declaración de Juto con mayor detalle. [...]



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Michel Foucault: El gobierno de si y fe los otro

lunes, 9 de septiembre de 2013

Intona

Dick Raaijmakers

1 de septiembre de 1930 - 4 de septiembre de 2013
Intona (1992) 

 A pocos días de su fallecimiento..


Un pionero en el campo de la música electrónica y la música de cinta.



 
"Intonaes una obra en la que Raaijmakers destruye 12 micrófonos, cada uno a su manera. El espacio de conciertos es un laboratorio y camina a cada tabla, en el que la víctima/micrófono está a la espera de su destrucción. Él les prende fuego, que se ahoga en agua, sierras, etc. Cada acción se lleva a cabo con mucho cuidado, no es la alegría de la violencia, pero el enfoque científico. Cada micrófono es 'activado', por lo que el público escucha el grito antes de que el silencio. La audiencia entre otros detalles, pero realmente no hay mucho de risa.  

Música, teatro y el concepto se reúnen en un evento memorable.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Harry Bertoia

Bellissima, Bellissima, Bellissima / Nova 

[Sonambient LPS 10570] - (1979)




1- Bellissima, Bellissima, Bellissima
2- Nova

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Shūji Terayama

 寺山 修司  

(1935 - 1983)


Parte: 4

Fototeca imaginaria: 

Shūji Terayama: les gens de la famille Chien Dieu. 

(Yomiuri Shinbunsha Tokyo 1975)  







Recursos (imágenes): Ubuweb

domingo, 1 de septiembre de 2013

Territorios del Arte Contemporáneo # 41

Hans Sedlmayr

Un análisis de la obra del pensador austriaco Hans Sedlmayr.  
(Szarvkő, 18 de enero de 1896 – Salzburgo, 9 de julio de 1984)


Autor de libros como “El Arte Descentrado”, “La Revolución del Arte Moderno” y “La Muerte de la Luz”. 
Hans Sedlmayr es un autor muy crítico que sigue puntualmente las obras del arte y ordena su pensamiento a partir de las mismas. Para este pensador, el arte moderno se hace en un mundo que carece de un centro, sin sentido.

sábado, 31 de agosto de 2013

Andy Warhol

Marie Menken

Andy Warhol es una exploración lírica del proceso creativo de Warhol por la cineasta, pintora, y actriz (Chelsea Girls) Marie Menken.


 Utilizando una cámara de mano, Menken capturas Warhol y sus asistentes, entre ellos Gerard Malanga, ya que trabajan en la fábrica. El resultado es un retrato íntimo de la artista en el proceso de creación de algunas de sus obras más famosas, incluyendo las cajas de Brillo, la serie de Jackie, y las flores serigrafías.


Play video 1 y 2
 18 minutos, color, silent (1965) 

 Con su esposo, el cineasta y poeta underground Willard Maas, Menken (1910-1970) crearon el Grupo de Gryphon (que también incluyó a Stan Brakhage, Charles Boultenhouse, Gregory Markopolous, Ben Moore y Charles Henri Ford) como una organización de cooperación para promover la producción y distribución de películas realizadas de forma independiente. Escribe Warhol, "Marie fue una de las primeras en hacer una película con la parada a tiempo. Ella filmó muchas películas, algunas con Willard, e incluso se hizo una en un día en mi vida.
Como pintora, Menken se refiere a la captura de la luz y su efecto sobre las superficies y los colores con textura, cualidades que se llevan encima en sus películas

martes, 27 de agosto de 2013

El Gobierno de sí y de los otros (1º hora)

Michel Foucault  

Curso en el Collège de France 
Ciclo lectivo (1982-1983)


Clase del 19 de enero de 1983 

Primera hora (1-2)

El personaje de Ion en la mitología y la historia de Atenas — Contexto político de la tragedia de Eurípides: la paz de Nicias — Historia del nacimiento de Ion — Esquema aletúrgico de la tragedia — La implicación de los tres decires veraces: el oráculolUt confesión/el discurso político - Comparación estructural entre Ion y Edipo rey — Las aventuras del decir veraz en Ion: la doble mentira a medias.

Hoy querría continuar el estudio de la noción de parrhesía, una noción que, en primerísima aproximación, parece abarcar un campo bastante grande, pues el rérmino mismo se refiere por una parte al "decir todo", por otra al "decir veraz" y por último al "hablar franco". Decir todo, decir veraz, hablar franco. Éstos son los tres ejes de la noción. Y, como recordarán, mencioné esta noción en el contexto particular de la dirección de conciencia. Este año me gustaría estudiarla en el contexto más amplio del gobierno de sí y de los otros.
Durante la clase anterior procuré delimitar un poco algunos aspectos de la noción de parrhesía, tal como puede aparecer en un texto medio, en cierto modo: el texto donde Plutarco pone en escena el enfrentamiento parresiástico de Platón, en principio, y de Dión, a continuación, con Dionisio el tirano. Entonces, a partir de este primer esbozo, querría ahora volver un poco atrás y tratar de seguir con más detalle la historia o, en todo caso, diferentes estratificaciones en la historia de la noción de parrhesía, esencialmente en la perspectiva de sus significaciones políticas. Entre los textos clásicos más importantes concernientes a la noción, me pareció que había algunos de Eurípides, en particular cuatro: Ión, Las fenicias, Hipólito y Las bacantes. Y la última vez les hablé muy rápidamente del texto que encontramos en Ion, esc texto en el cual vemos al personaje principal, el propio Ion, explicar que, como no conoce a su madre, siente gran necesidad de saber quien es. No sólo necesita saber quién es, sino que preferiría que ella fuera ateniense, a fin de disfrutar por el lado de su madre (metrótheri) el derecho a hablar libremente, recibir de ella la parrhesía. Pues, dice: "Entre un extranjero a una ciudad donde la raza se mantiene sin tacha y, aun cuando la ley lo convierta en ciudadano, su lengua seguirá siendo sierva [su boca seguirá siendo esclava: stoma doulon, Michel Foucault]; él no tendrá derecho a decirlo todo [no tendrá la parrhesía, Michel Foucault]". Ése era el texto que les señalé la última vez.

Entonces, con referencia a ese texto, podemos decir indudablemente una serie de cosas. En la edición Budé de Eurípides, Grégoire, el autor de la noticia —sumamente interesante, por otra parte, y en un plano histórico creo que no sólo muy oportuna sino muy documentada, porque pese a la antigüedad de la edición (data de 1925 o 1930), he podido constatar que los historiadores de la literatura no cambian gran cosa con respecto a lo que quedó [establecido] desde el punto de vista histórico—, dice: y bien, Ion es un joven muy agradable y loable, muy honorable, da muestras de una "piedad exacta" y un "tierno afecto", tiene una "inteligencia espontánea", es un ejemplo de la "alegre actividad de la juventud" y "está interesado en hablar con franqueza". Pues bien, me parece que ese problema del hablar franco es un poco diferente y tiene, al margen de los aspectos psicológicos que Grégoire indica en su noticia, otras dimensiones. Si me intereso en ese texto de Ion, es porque está insertado en el medio o, digamos, al final del primer tercio de una tragedia, acerca de la cual creo que puede decirse que está íntegramente consagrada a la parrhesía o, en todo caso, que el tema de la parrhesía (del decir todo, el decir veraz y el hablar franco) la recorre de uno a otro extremo.

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Retomemos un poco, si les parece, la historia misma que sirve de trasfondo a la tragedia. Ion es un personaje que no pertenece a ninguno de los grandes conjuntos míticos de la herencia griega, que no tiene lugar en ninguna de las prácticas culturales conocidas. Es un personaje tardío, un personaje artificial que parece haber surgido, en un principio con una existencia muy discreta, en las genealogías cultas que se utilizaron sobre todo a partir del siglo VII a.c. y que a menudo se reactivaron en el siglo V. Como saben, por intermedio de esas genealogías cultas se trataba de fundar y justificar la autoridad política y moral de algunos grandes grupos familiares. E incluso de dar ancestros a una ciudad, reivindicar los derechos de ésta, justificar una política, etc. En esas genealogías políticas, artificiales y tardías, Ion aparece (iba a decir: según su nombre lo indica) como el ancestro de los jonios. Es decir que se llegó hasta fabricar su nombre para dar a los jonios, a quienes desde hacía mucho se llamaba de ese modo, un antepasado. Así, Herodoto explica que los jonios, cuando vivían en el Peloponeso —esto es, en la parte del Pcloponeso denominada Acaya —, no se llamaban de esa forma. Se llamaban pelasgos. Pero en la época de Ion, hijo de Juto, tomaron el nombre de jonios. En consecuencia, Ion es el héroe epónimo de los jonios, su ancestro común. Ése es, si se quiere, el tema general de las genealogías que hablan de él.

Paso por alto las diferentes versiones y los desarrollos sucesivos de esta genealogía. Querría indicar simplemente esto: en un primer momento, Ion, ancestro de los jonios, se situaba en Acaya. Pero Atenas, a medida que crecía [su] poderío, a medida que se hacía más notoria la oposición entre ella y Esparta, a medida también que reivindicaba y ejercía, por lo demás, el leadership sobre Jonia, pues bien, tendía cada vez más a querer presentarse como la ciudad de los jonios y a rescatar a Ion como un ateniense o, en todo caso, como uno de los actores principales de la historia de la ciudad. Y en cierto modo vemos a Ion emigrar poco a poco de Acaya a Atenas, a donde llega, en algunas versiones de la leyenda, en carácter de emigrado, pero emigrado importante, decisivo, puesto que se le atribuye la primera gran revolución o reforma de la constitución ateniense. Se le adjudica, en efecto, el siguiente cambio: luego de la primera fundación de Atenas se habría producido una suerte de nueva fundación o, en todo caso, una reorganización interna, que habría repartido al pueblo ateniense en cuatro tribus. Esas cuatro tribus primitivas serían el origen de Atenas y de su organización política. Ésa es, por otra parte, la versión que encontramos en la Constitución de los atenienses de Aristóteles, [donde] este enumera las 11 revoluciones o las 1 1 grandes reformas de la ciudad ateniense. La primera de ellas es la de Ion al crear las cuatro tribus. Pero en Aristóteles, Ion es una persona que viene de Acaya, emigra a Atenas y la reorganiza. Se advertirá con claridad, sin embargo, qué tipo de problemas y estorbos podía suscitar esa clase de leyenda en una época en que Atenas reivindicaba para sí misma la autoctonía, es decir el hecho de que sus habitantes, a diferencia de tantos otros griegos, no habrían sido personas venidas de otra pune, sino nacidas en SU propio Suelo. En la época, por lo tanto, en que los atenienses querían diferenciarse de los otros griegos mediante la afirmación de esa autoctonía originaria, el momento en que pretendían ejercer la dominación política sobre el mundo jonio, ¿cómo podía admítitse que ¡a reforma de Atenas había estado a cargo de un inmigrante jonio? De ahí, si se quiere, una tendencia, una inclinación constante de toda esta leyenda a integrar, a insertar de la manera más estricta posible a Ion en la historia ateniense. En el marco de ese movimiento, de esa tendencia en la elaboración de la leyenda, se sitúa la tragedia de Eurípides y [también] una tragedia escrita por Sófocles y hoy perdida, que se llamaba Creúsa y que al parecer data de poco tiempo antes que el Ion de Eurípides. De manera verosímil en la tragedia de Sófocles, e indudable, en todo caso, en el Ion de Eurípides, la elaboración de la leyenda va a procurar darle una significación aceptable. Es decir que la apuesta de esa elaboración trágica será: ¿cómo conservar la función ancestral y fundadora de Ion con respecto a la totalidad de los jonios, pero inscribiendo y arraigando su historia en la propia Atenas y haciendo de él, contrariamente a la forma originaria de la leyenda, un hombre nacido en esa ciudad? Es preciso reintegrar a Ion a Atenas, y mantenerle a la vez su función de ancestro de todos los jonios. Eurípides efectúa esa inversión, que sitúa el nacimiento del personaje en Atenas y lo erige en antepasado de todos los jonios, de manera exhaustiva y hasta sus límites más extremos, porque idea una intriga en la cual Ion va a ser ateniense, completamente ateniense o, para ser más exactos, de sangre ateniense y divina. Y va a nacer de Creúsa por el lado materno y de Apolo por el lado paterno. Será, pues, ateniense. Por sus cuatro hijos, Ion estará en el origen de las cuatro tribus atenienses primitivas. A través de ellos será el ancestro de todos los jonios. Y por otro lado, se le adjudicarán como medios hermanos a Aqueo y Doro, nacidos de Creúsa, su madre, y Juto. Aqueo que, como su nombre lo indica, es desde luego el ancestro de los aqueos, y Doro, que, como su nombre también lo deja ver, es ancestro de los dorios. De modo que jonios, aqueos y dorios se encontrarán así emparentados gracias al lazo de parentesco que hay entre Ion, Creúsa, Juto, etc., personajes, todos ellos, que encontramos en la misma Atenas.

Esta elaboración de la trama legendaria de Ion, esta transformación de un inmigrante en un autóctono, esta especie de imperialismo genealógico que hará que, en definitiva, todos los griegps (aqueos, dorios, ionios) procedan dé una misma cuna, todo eso así como algunas otras informaciones internas al texto v diseminadas en él ha peí mil ido a los historiadores, en particular a Crégoire, datar con precisión la pieza. Y la fecha propuesta por Crégoire se mantuvo hasta nuestros días. Se admite que [la obra] data de 418 a. C, muy verosímilmente de la segunda mitad del año, a buen seguro durante esc breve período que se denomina paz de Nicias, al final de la primera parte de la guerra del Peloponeso, en la cual se habían enfrentado espartanos y atenienses. Y luego de diversas peripecias, sabrán que, en suma, la victoria correspondió más bien a Atenas. Sea como fuere, la paz de Nicias se había firmado en condiciones tales que el poderío ateniense se mantenía todavía intacto (el desastre de Sicilia sólo sucedería tras la ruptura de esa paz). El poderío ateniense no había sufrido mella, su imperio, sobre todo, estaba intacto, y Atenas trataba de aprovechar esa tregua para fortalecer sus alianzas, afirmar su supremacía y, en especial, constituir una suerte de alianza de los jonios, reagrupar a los jonios bajo su propia dirección. Ese reagrupamiento de los jonios era uno de los elementos esenciales de la estrategia de Atenas desde tiempo atrás. Y lo es sin duda de manera más intensa que nunca durante esa paz de Nicias, cuando el enfrentamiento con Esparta todavía no se ha consumado y sólo está en su primera fase. También hay que tomar en cuenta -y esto va a tener un papel importante en la pieza- el hecho de que Delfos -los anfictiones de Delfos, todo el movimiento de panhelenismo que giró alrededor de Delfos durante la primera parte de la guerra del Peloponeso, antes de la paz de Nicias— se había inclinado mucho más hacia Esparta que hacia Atenas. Y durante toda esa primera parte de la guerra, había habido una hostilidad bastante violenta del centro deifico contra esta última ciudad. La paz de Nicias representaba algo semejante a un compromiso, un apaciguamiento entre Delfos y Atenas. Delfos se había puesto del lado de los lacedemonios [y] la paz de Nicias constituye —es uno de sus elementos— una suerte de reconciliación entre Atenas y Delfos. Sobre la base de esa trama legendaria, por una parte, y de esta estrategia política precisa, Eurípides construirá su pieza y adoptará como intriga el siguiente esquema, explicado al principio de la obra, además, por Hermes, de acuerdo con un procedimiento que encontramos en muchas de las piezas de Eurípides y, por otra parte, en muchas tragedias: un personaje, a veces un dios —en este caso se trata de Hermes— se presenta en escena y explica cuál es la intriga, recuerda el fondo legendario que se utilizará en la obra.

Esto es entonces lo que Eurípides explica por boca de Hermes. Dice lo siguiente: Erecteo —ateniense de origen, por supuesto, nacido en el suelo mismo de Atenas y, por consiguiente, garante de esa autoctonía que tanto aprecian los atenienses- ha tenido una hija que se llama Creúsa y que resulta ser, por tanto, ateniense de cuna, ligada directamente por su padre a ese suelo de Atenas donde éste ha nacido. De joven, Creúsa es seducida pot Apolo, Es seducida por Apolo y tomada por éste en las grutas mismas de la Acrópolis, muy cerca, en consecuencia, del templo y el lugar reservado al culto de Atenea. Es seducida, tomada por Apolo en las laderas de la Acrópolis, y concibe un hijo a quien, por vergüenza y para ocultar su deshonra, va a exponer, a abandonar. Ese hijo desaparece sin dejar rastros. En realidad, Hermes se ha llevado a] fruto de los amores de su hermano Apolo y Creúsa. Lo ha raprado por orden del mismo Apolo, lleva a la criatura en su cuna a Delfos y la deja —siempre bajo su cuidado— en el templo. Y la sacerdotisa de Apolo, la Pitia, al ver a ese niño pero ignorar, por muy Pitia que sea, que se trata del hijo de Apolo, ¡o toma por un niño expósito y pese a ello lo recoge, lo alimenta y lo convierte en un servidor del templo. He aquí, pues, al hijo de Apolo y Creúsa convertido en un humilde criado, dedicado a barrer el umbral del templo. Ese hijo, claro está, es Ion. Entretanto, Creúsa, ninguno ele cuyos allegados sabe que ha sido seducida por Apolo y que ha tenido un hijo, se casa con Juto por decisión de su padre Erecteo. Ahora bien, Juto es un extranjero. No ha nacido en Atenas. Viene, sin duda, de Acaya, es decir de una parte del Peloponeso, pero ha recibido a Creúsa de manos de Erecteo. Puesto que en el transcurso de una guerra de conquista de Eubea, Juto prestó ayuda al ejército ateniense, ayudó a Erecteo. Y como recompensa por esa ayuda, recibe a Creúsa y su dote. Tal es la situación que Eurípides se presenta o se hace presentar por Hermes al comienzo de la pieza.

Antes de entrar en el análisis de los diferentes elementos de la obra y su mecanismo, me gustaría detenerme un momento. Se advierte enseguida en qué va a consistir la pieza: en el descubrimiento de una verdad, la verdad del nacimiento de Ion. Consistirá en la revelación de que ese servidor anónimo del templo de Apolo es, no un niño anónimo encontrado en Delfos, sino alguien que, concebido en Atenas, nacido en Atenas, podrá volver a ésta y cumplir la misión histórica y política de reorganización de la ciudad; más aun: de fundación de esa larga dinastía humana que representan los jonios. Esta revelación de la verdad del nacimiento de lón es una trama dramática que reencontramos en muchas otras piezas griegas. Habríamos podido encontrarla, por ejemplo, si el texto se hubiese conservado, en otra obra de Eurípides, Alejandro] que cuenta cómo Hécuba y Príamo, soberanos de Troya, enterados por una profecía de que su hijo Paris o Alejandro amenazaba desencadenar el desastre de la ciudad, deciden abandonarlo, lo exponen, lo creen desaparecido. Pero resulta que un día lo reencuentran. Y la identidad y el nacimiento de Alejandro-Paris se revelan. A partir de ese episodio, los desastres de Troya podrán acaecer. Se trata, por lo tanto, de un esquema conocido. Pero lo que debe destacarse es que esa revelación de la verdad, esa exposición a la luz del día de la verdad del nacimiento, se efectuará, primero, en un lugar preciso. En efecto, no tiene lugar en Atenas sino en Delfos, porque es allí donde se encuentra lón, oculto bajo ia apariencia de un servidor dei templo. La [manifestación] de la verdad se produce en ese lugar de Delfos donde, como todo el mundo sabe, se dice la verdad. La verdad se dice bajo una forma oracular, bajo la forma oracular de un decir veraz que, como sabemos, siempre es reticente, enigmático, difícil de entender, pero siempre dice, ineluctablemente, lo que es y lo que será. El dios oblicuo, el dios que, como decía Heráclito, sólo habla por signos, reside precisamente en Delfos, y es allí o, mejor aun, muy cerca del templo e incluso en el atrio mismo de éste, donde esa verdad va a decirse. ¿Por el poder del oráculo? Ya verán que no. Pero sí muy cerca del oráculo, en la mayor contigüidad posible con el oráculo, frente al oráculo y, hasta cierto punto, contra el oráculo. En todo caso, estamos en el lugar esencial del decir veraz oracular de la cultura griega. En segundo lugar, notarán que esa aleturgia, ese descubrimiento de la verdad, esa producción de la verdad, sólo podrá hacerse si los dos miembros de la unión que se ha mantenido en secreto y oculta -Creúsa la mujer, Apolo el padre y el dios- dicen la verdad acerca de su furtiva coyunda. Es menester que digan lo que han hecho, y que lo digan a su progenitura. Conjunción de la mujer y el dios, concepción y nacimiento del niño, exposición por la madre, rapto por Apolo, nada de esto saben los personajes, y todo esto es lo que deberá decirse. Tercero, será preciso también que ese develamiento de la verdad lleve a Ion a volver a la Atenas donde ha sido concebido y ha nacido y le pérmica, en ella, ejercer un derecho político fundamental: el derecho de hablar, de hablar a la ciudad, de dirigirse a la ciudad en un lenguaje de verdad y un lenguaje de razón, que será justamente uno de los pilares esenciales de la politeia, de la estructura política, de la constitución de Atenas. Por consiguiente, si se quiere, la pieza va a ir desde el lugar donde el dios dice la verdad a rravés de la palabra oracular y enigmática -estamos en Delfos- hasta la escena política donde el jefe, de pleno derecho, utiliza su hablat franco por medio de una constitución que es la misma del logos, y estamos en Atenas. Y ese pasaje, del lugar donde se dice oracularmente la verdad a la escena política donde se habla el lenguaje racional del gobierno, sólo podrá hacerse si el dios y la mujer, el hombre y la mujer, el padre y la madre dicen, en la confesión de lo que han hecho, la verdad del nacimiento de su hijo.

Lo que se cuenta a lo largo de la obra es esta serie de tres decires veraces: el del oráculo, el de la confesión y el del discurso político. Se trata de la fundación del discurso verdadero en la ciudad mediante una doble operación o en una doble referencia a la palabra oracular —que tendrá, como verán, un papel que jugar, aunque muy enigmático y ambiguo- y [a] la palabra de la confesión del padre y la madre, el dios y la mujer. Esa serie constituye, creo, el hilo conductor de la pieza. Y en la medida en que se traca sin duda de una tragedia del decir veraz, un drama del decir veraz, esa dramática del discurso verdadero, del decir veraz —de la que les hablaba la vez pasada y que me parece el marco en el cual puede comprenderse qué es la parrhesía-, Ion es, a mi juicio, su representación, su desarrollo más patente. Esta pieza, Ion, es verdaderamente la representación dramática del fundamento del decir veraz político en el campo de la constitución ateniense y el ejercicio del poder en Atenas. Ese es el primer aspecto.

El segundo aspecto en el que querría detenerme .unes de comenzar la lectura de Iones el siguiente. La pieza, como se habrán dado cuenta, implica una serie de analogías, claro, con muchas otras obras de Eurípides. También implica, me parece, una serie de analogías bastante precisas con otra pieza, que no es de Eurípides sino de Sófocles. Y creo que podemos valemos de esa proximidad para analizar con un poco más de detenimiento cómo pasan las cosas y cómo se dice la verdad en Ion. [...]

La pieza de Sófocles que me gustaría comparar con la de Eurípides es una obra en la que también se trata, desde luego, del dios de Delfos que dice y oculta la verdad. Es una pieza donde se trata asimismo de padres que exponen a sus hijos, una pieza donde se trata de un hijo que desaparece, pasa por muerto y reaparece. No hace falta decirles que la obra en la que Ion, inevitablemente, creo, hace pensar, es Edipo. Edipo, que es igualmente una pieza del decir veraz, del develamiento de la verdad, de la dramaturgia del decir veraz o, si lo preñeten, de la liturgia. Y me parece que sería fácil señalar muchos elementos comunes entre Edipo y Ion.

Elementos de simetría directa. Hay una escenita bastante discreta... No querría interpretar en exceso, pero, en fin, se ve muy pronto en Ion, casi al comienzo, el primer encuentro de Ion con aquel que, de buena fe, cree ser su padre, Juto. Se encuentran y entonces hay una escena bastante ambigua. Insisto, es indudable que no hay que sobreínterpretarla, pero unos cuantos elementos dejan suponer que Juto, que cree de buena fe saludar a su hijo en la persona de Ion, se arroja sobre él, lo abraza, lo rodea de zalamerías paternales. Y Ión se defiende, se defiende manifiestamente con el pudor de un joven que se ve asaltado por un señor barbudo, y ie dice: tranquilo (euphronéis), sé razonable. Y como Juto, en su entusiasmo de padre, sigue prodigándole su afecto, Ion se fastidia y amenaza matarlo. Creo que podemos reconocer aquí una especie de eco a la famosa escena de Layo y Edipo, que, como saben, en muchas versiones (no en la de Sófocles pero, en todo caso, sí en otras) eta una escena de seducción. Layo, tras querer seducir al joven Edipo con quien se cruza en su camino, como respuesta es muerto por él. Tenemos ese elemento.

Pero otros elementos parecen mucho más convincentes, y en particular los de simetría invertida. Ion, en efecto, vive en el templo de Apolo sin saber quién es. Es decir que vive en casa de su padre, sin saber que lo hace, como Edipo vivía en casa de una mujer con la que se había casado, pero de quien no sabía que era su madre. Ion vive en casa de Apolo como Edipo vive en casa de su madre. Segundo, vemos entonces una escena absolutamente explícita en la cual, por una serie de razones, a través de peripecias que les contaré o que resumiré, Ion, en un momento dado, quiere matar a su madre sin saber, desde luego, que lo es. Y creo que allí tenemos la reproducción exacta, pero referida esta vez a la madre, del asesinato de Layo cometido por Edipo.



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Michel Foucault: El gobierno de si y fe los otro

jueves, 22 de agosto de 2013

Obscure Nº 10

The Pavilion of Dreams 

Harold Budd (1978)



 Un ciclo prolongado de obras iniciadas en 1972. 
Bismillahi ´Rrahmani ´Rrahim de 1974.
Two Songs de 1973-74.
"Let us go into the house of the Lord" es un ajuste de un himno tradicional después de una versión de Pharoah Sanders.
"Butterfly Sunday" adaptado a partir Butterfly Sunday. 
Madrigals of the rose Angel desde 1972.
Juno de 1975 fue compuesta por John Bergamo; su símbolo mortal es el pavo real.


1- Bismillahi ´Rrahmani ´Rrahim
Saxofón alto: Marion Brown Celesta – Richard Bernas.
Piano eléctrico: Harold Budd Glockenspiel – Gavin.
Arpa: Bryars Lor. 
Marimba: Maggie Thomas – Howard Rees, Jo Julian, John White, Michael Nyman.
2- Let us go into the house of the lord
Arpa: Maggie Thomas.
Voz de mezzo-soprano: Lynda Richardson.
 Let us go into the house of the Lord adaptado por: Harold Budd.
Compuesta por: John Coltrane.
Arpa: Maggie Thomas.
Voz de mezzo-soprano: Lynda Richardsonr.
3- Rossetti Noise
Celesta [Celeste]: Gavin Bryars.
Coro: Alison Macgregor, Lesley Reid, Lynda Richardson, Margaret Cable, Muriel Dickinson, Ursula Connors.
Conductor [coro]: Harold Budd.
Piano eléctrico: Richard Bernas.
Arpa: Maggie Thomas.
Percusión: Nigel Shipway.
The crystal garden and a coda
Celesta [Celeste]: Gavin Bryars
Coro: Alison Macgregor, Lesley Reid, Lynda Richardson, Margaret Cable, Muriel Dickinson, Ursula Connors.
Conductor [coro]: Harold Budd.
Piano eléctrico: Richard Bernas.
Arpa: Maggie Thomas.
Percusión: Nigel Shipway.
4- Juno
Marimba: Glockenspiel – Gavin Bryars. 
Percusión: Michael Nyman. 
Piano: John White. 
Vibráfono: Harold Budd. 
Vibráfono [Vibes]: Howard Rees.
Voz: Jo Julian – Brian Eno, Gavin Bryars, Harold Budd, Jo Julian, John White, Michael Nyman.

domingo, 18 de agosto de 2013

W de Wittgesntein

El Abecedario de Gilles Deleuze

¿Que sucede en la cabeza de alguien cuando tiene una idea?
 

Entrevista realizada porClaire Parnet


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viernes, 16 de agosto de 2013

Gaspard-Félix Tournachon

Nada

Nacido el 06 de abril 1820 en París, 21 de marzo 1910 ibid. 
Fue uno de los más importantes fotógrafos franceses de la primera época; escritor, ilustrador y aeronauta.






domingo, 11 de agosto de 2013

Considerado estructuralista

Louis Althusser

Está considerado, junto con Lévi-Strauss y Lacan, uno de los representantes más destacados del estructuralismo francés en lo que se refiere al análisis de las ciencias humanas, aunque siempre negó estar vinculado a dicha corriente.





1- Helvetius révolutionnaire. (13:55) 
Extracto de la entrevista con Serge Jouhet Althusser en "l’homme d’Helvétius" en "La familia y la educación en el siglo XVIII(RTF, "Análisis espectral de Occidente", 10 de febrero 1962)
2- Marx et la science. (14:45)
3- La coupure marxiste. (10:41)
 Dos fragmentos de la intervención de Althusser en un programa dedicado a la filosofía de Karl Marx (RTF, 16 de Febrero 1963)