miércoles, 31 de diciembre de 2025

Fluxus

 Return of beast


una de las mas bellas creadas en 2025.
en el GRAN TALLER...
la amada casa (J.B.Justo 1743 - Caba)
tan amado, deseado... 
Mi taller.

aquí sus frutos...



Título: Fluxus
Técnica: (complicada) acrílico S/lienzo
Medidas: 50x69 ctm,
Año: 2025


cuando se transforma la poesía en trazos...
sentimiento puro y duro que fluye del corazón..

Les deseo un gran año para tod@s de corazón.

                                                                              #Art #LaConchaDeTuMadreConstantini #VisualArt #FKinYourAss


viernes, 26 de diciembre de 2025

Kuartier IS DEAD

Hay ratas que, tienen pseudos museos "y NO respetan obras de Arte" 37938/2017... 84248/2019

..cometiste casi todos los delitos... 

MIS OBRAS.. 

son MIS OBRAS Y NO ESTAN A LA VENTA.

Rat in the kitchen



#Art #LaConchaDeTuMadreConstantini #VisualArt #FKinYourAss

martes, 16 de diciembre de 2025

Return: La Bestia





... en proceso.



lunes, 15 de enero de 2024

Retourn


autorretrado en Cmaj7

 

Pepe..

mirá quien volvió ?

mirá la foto que viene a sacar.... 
a drede claro esta.

sábado, 17 de junio de 2017

La vuelta a Cortázar en 80 Julios

A 100 años… 

  

 

Para rendir homenaje a Julio Cortázar, a un siglo de su nacimiento se transmitió el programa especial “La vuelta a Cortázar en 80 Julios. A 100 años…



Participaron el narrador, ensayista, editor y catedrático, Hernán Lara Zavala, y el dramaturgo, poeta, ensayista, narrador y cineasta, Daniel González Dueñas.


Fuente: e-radio.edu.mx

miércoles, 5 de abril de 2017

Michael Maraden

Window Water Photon Grooving




Video de refracción de luz corta. Disparo en un iPhone 5.



Música: Sagas

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Artesfera (3)

Dating Da

 Nos fijamos en Dating Dalí, la "webserie" que da una vuelta de tuerca a la vida del artista surrealista español Salvador Dalí. Esta producción, que se estrena y distribuye íntegramente a través de Internet, es un proyecto pionero generado por Alonso Laporta, que es el creador de la novela y director de la serie, y Gon Alonso, que es el actor protagonista.


Dating Dalí, está dirigido a un público que busque la combinación de entretenimiento, arte y humor.

Episodio 3




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Ver capítulo anterior:
- Dating Dali: Episodio 1
- Dating Dali: Episodio 2

lunes, 24 de octubre de 2016

El movimiento fauve

La primacía del color


Con anterioridad a la aparición del movimiento fauve en el Salón de Otoño de París de 1905, ya existía un grupo fauve e incluso diversos estilos fauves. El grupo fauve, constituido antes de 1900, comprendía tres círculos distintos: en primer lugar, Matisse y sus condiscípulos de la época del estudio de Gustave Moreau y de la Academia Carriére: Marquet, Manguin, Puy, Camoin y Rouault; en segundo lugar, la llamada «Escuela de Chatou», con Derain y Vlaminck; en tercer término, el círculo de El Havre, al que pertenecían Dufy, Friesz y Braque. Dentro del grupo fauve también hay que incluir al holandés Van Dongen. Hoy nadie discute que Matisse, Derain y Vlaminck son los fauves más importantes, así como los más osados pictóricamente. Asimismo, Matisse fue el jefe y el eje de todos estos círculos, aunque Rouault y Vlaminck mantuvieron siempre una actitud más independiente.

El punto de partida del fauvismo, dirá Matisse, fue «la valentía para volver a la riqueza de recursos». En otro sentido, el fauvismo fue un movimiento sintético, que trató de usar y englobar los métodos del pasado inmediato. John Elderfield, en su magnífico estudio sobre el fauvismo que nos guiará en esta breve reseña, habla de un hilo importante que se desovilla a lo largo del fauvismo: el desarrollo de un neosimbolismo, un neoclasicismo y un imaginativo primitivismo, esto es, desde Lujo, calma y voluptuosidad (1904-1905) de Matisse, por un lado, hasta la serie de Bañistas (a partir de 1907) de Derain, por otro, momento en que la fase final del fauvismo «cezanniano» coincide con la naciente estética del cubismo.

Hacia 1900 el modo (principios y normas), no el estilo, impresionista seguía siendo el dominante en la pintura francesa, sobre todo a través de las versiones nabi (neosimbolista) y neoimpresionista, en la que el divisionismo de Signac era más popular entre los pintores jóvenes que el de Seurat. En André Derain. "Montañas de Colliure", 1905. Óleo sobre lienzo su periodo protofauve, es decir, desde finales de 1898 a 1901, Matisse hace un uso muy libre y nada programático de este neoimpresionismo, adoptando un divisionismo más metódico en el cuadro antes citado. Merece la pena, a este propósito, resumir la evolución de Matisse hasta 1904. De 1897 data su primer gran cuadro moderno, La mesa de comedor, que está muy cerca del lado nabi-intimista de la tradición impresionista. Después de la Naturaleza muerta a contraluz, de 1899, obra muy representativa del periodo protofauve basada en una técnica mixta que suponía un uso de la pincelada exagerada al modo impresionista y un uso asimismo de colores locales exagerados, Matisse desarrolla, desde 1901 hasta 1904, su llamado «periodo oscuro», caracterizado por un atemperamiento en la intensificación del color y por una mayor corporeidad y solidez en las figuras, esta última una clara influencia de Cézanne. La persistencia, no obstante, del color zonal en este periodo, debe interpretarse como una deuda contraída con el decorativismo plano de los nabis.

Por su parte, Derain, que entre principios de 1904 y la primavera de 1905 cubrió rápidamente varias etapas, sobre todo la neoimpresionista y la del color plano y zonal ya explorado por Matisse, y que también sufrió por entonces la influencia de Gauguin y de Cézanne, ya había escrito lo siguiente a Vlaminck en una carta de finales de 1901: «Estoy convencido de que la época de la pintura realista se ha acabado. Estamos a punto de embarcarnos en una nueva fase. No comparto la aparente abstracción de las telas de Van Gogh, aunque tampoco la discuto, pero sí creo que líneas y colores están íntimamente relacionados y gozan de una existencia paralela desde el principio mismo, y que nos van a permitir emprender una carrera sumamente independiente y libre… Vamos a encontrar así un campo, quizás no nuevo, pero sí más real, y, sobre todo, más simple en su síntesis». En el invierno de 1904-1905 Derain realiza algunas obras que pueden considerarse ya plenamente fauves, antes incluso y en gran medida por la ambición de superar a Matisse, inmerso entonces en su experiencia neoimpresionista. Entre ellas puede citarse El puente de Le Pecq, presentada en el Salón de los Independientes de 1905 y donde se combinan armoniosamente los estilos nabi, neoimpresionista e impresionista. Pero, a pesar de estos brillantes augurios, Derain no tuvo la suficiente seguridad en sí mismo para continuar por este camino en solitario. Después de ver las obras neoimpresionistas de Matisse de aquel invierno, vuelve también él a hacer obras en ese estilo, como las que realiza en Londres después de la primavera.

El fauvismo surgió definitivamente en Colliure en el verano de 1905, donde trabajaron juntos Derain y Matisse. En una carta a Vlaminck, le dice por entonces Derain: «Una nueva concepción de la luz que consiste en la negación de sombras… debo desechar cuanto concierne a la división de tonos» (esto es, cuanto concierne al principio del divisionismo de Seurat). Algunos años más tarde, dirá por su parte Matisse: «Lo que caracterizó al fauvismo fue nuestro rechazo de los colores imitativos; y el que con los colores puros obtuvimos reacciones más fuertes  –reacciones simultáneas más llamativas–; y estaba también la luminosidad de nuestros colores…». El distanciamiento respecto a impresionistas y neoimpresionistas, comenta Elderfield, se produce desde el momento en que Derain trata las sombras y los reflejos como si tuvieran igual luminosidad. Esto suponía una forma nueva y depurada de colorismo, que plasmaba la luz mediante contrastes de tintas, no de tonos (aquí el término «tono» hay que entenderlo como el grado de intensidad, es decir, de luminosidad, de un color). Gracias a ello, no sólo se organiza el cuadro por superficies, sino que también se destaca la importancia de las áreas de color en fuerte contraste. Aunque los impresionistas no ignoraban el color que contenían las sombras, nunca dejaron de distinguir las zonas en sombra de las iluminadas, mediante variaciones tonales, uniendo pictóricamente estos dos tipos de zonas en una superficie uniformemente tramada. La actitud de Derain implicaba que los contrastes, y por consiguiente las áreas y zonas de color, adquirían una nueva importancia, pudiéndose prescindir de la uniformidad de factura impresionista. Todo ello podemos verlo en Vista de Colliure y Las montañas, Colliure, en los que la forma de aplicarse el color revela, sin embargo, cierta influencia tanto de Gauguin como de Van Gogh, esto es, colores planos y combinación de densidad de color y pincelada suelta.

En cuanto a Matisse, al comienzo de su estancia en Colliure sigue todavía bajo la órbita del neoimpresionismo. Pero muy pronto, en no poca medida por influencia del joven amigo, se desembaraza del divisionismo y adopta una especie de técnica mixta que va a continuar hasta principios de 1906, después de la muestra del Salón de Otoño. Un buen cuadro de este momento auroral es la célebre Ventana abierta, del verano de 1905. En este importante lienzo se aplican toques de color impresionistas y neoimpresionistas en el panorama que se ve por la ventana, mientras que el interior de la habitación está realizado a base de manchas toscamente aplicadas y zonas de tonos planos y bastante uniformes. En este cuadro, de otro lado, la forma en que las amplias áreas de colores complementarios quedan separadas por el motivo central tiene algunos precedentes en su obra protofauve, por ejemplo, en el Desnudo en el estudio, de 1899. Precisamente una de las constantes que descubrió en sí mismo por entonces Matisse fue esa manera de organizar la composición en la que los colores intensos no sólo podían yuxtaponerse, sino también mantenerse separados, equilibrándose a través de la superficie plana del lienzo, comunicándose entre sí desde los lados. Similar sistema de disposición de los colores aparece en el retrato que le hizo a Derain en Colliure. A partir de aquí, Matisse fue asentando su arte en los contrastes de zonas cada vez más amplias de colores complementarios, siendo toda su obra posterior una permanente investigación de las propiedades de la finísima película de la superficie del cuadro, que resiste la penetración óptica y que invita al ojo a recorrerla una y otra vez sin que se rompa su unidad. El cuadro titulado La línea verde, un retrato de su mujer del invierno de 1905-1906, inaugura el segundo estilo fauve, más preocupado por las zonas de color plano. A este respecto, dice Matisse: «Lo que creó la estricta organización de nuestras obras fue que la cantidad de color era su calidad», es decir, que para conseguir el máximo impacto con los colores, había que definir cuidadosamente sus zonas exactas.

Por lo que respecta a Vlaminck, hacia finales de 1905 y principios de 1906 consolida su estilo, convirtiéndose en el tercero de los grandes pintores fauves. Su arte era una búsqueda de la autoexpresión en sí misma, prescindiendo de los patrones estéticos (él fue, de hecho, el más próximo a la propuesta expresionista de Van Gogh). Si lo logró fue gracias a los tres atributos esenciales de su arte: una paleta limitada, dominada por los colores primarios; superficies enérgicamente modeladas y un instintivo, aunque excéntrico, sentido de la composición.

El bautizo del fauvismo, como bien recuerda John Elderfield, es uno de los episodios más emblemáticos del anecdotario del arte moderno. La explicación de Matisse es la siguiente: «Exponíamos en el Salon d’Automne; Derain, Manguin, Marquet, Puy y algunos otros habían colgado juntos sus obras en una de las grandes galerías. El escultor Marque exponía un busto infantil de estilo italiano en el centro de esta misma sala. Cuando Vauxcelles entró, exclamó: “¡Vaya, Donatello entre las fieras” [“Donatello au milieu des Fauves”]». El crítico Louis Vauxcelles, que ni mucho menos era adverso a los nuevos planteamientos artísticos, y que dedicó amplias y elogiosas páginas a comentar las obras más modernas del Salón, quiso hacer un juego de palabras: el nombre del célebre escultor renacentista por eso del estilo italiano de la obra de Marque, y la expresión «fieras» por el cromatismo intenso y agresivo de los pintores que allí exponían.

En los Independientes de 1906 el foco de todas las miradas fue Bonheur de vivre, de Matisse, un cuadro con el que el fauvismo consuma públicamente su separación del círculo neoimpresionista, y que, por ello mismo, disgustó a Signac. Las palabras que Maurice Denis había dicho de la pintura matissiana del Salón de Otoño de 1905 pueden aplicarse a este lienzo magistral: «La pintura de Matisse era incluso más abstracta que la de Van Gogh o que la de las decoraciones del arte oriental, algo más abstracto aún, una pintura al margen de toda contingencia, pintura en sí misma, puro acto de pintar… Hay, de hecho, una búsqueda de lo absoluto. Y, sin embargo, extraña contradicción, ¡este absoluto queda limitado por la más relativa de las cosas: la emoción individual!». También esa obra marcará la separación definitiva del fauvismo respecto de los nabis.

La exposición de los Independientes de 1907 supone la práctica terminación del fauvismo de Matisse y Derain, mientras que la muestra del Salón de Otoño del mismo año estableció la de los restantes miembros del grupo fauve. A partir de ese momento sus carreras iban a emprender caminos separados y, en muchos de ellos, sumamente diferentes a la revolución plástica que supuso la estética fauve.

Publicado originalmente en el diario Sur de Málaga el 23 de septiembre de 2005

viernes, 21 de octubre de 2016

El poder, los valores morales y el Intelectual.

Michel Foucault

Entrevista realizada a Michel Foucault en 1980 llamadaEl poder, los valores morales y el Intelectual.”

Extraído del diario History of the Present Nº 4 (Primavera de 1988), 1-2,11-13.
Entrevistador: Michael Bess.
Traducción: Francisco Larrabe.

Esta entrevista se realizó el 3 de noviembre de 1980 por Michael Bess, estudiante graduado del Departamento de Historia en la Universidad de California, Berkeley. Foucault se encontraba en Berkeley para ofrecer las conferencias Howison (“Subjetivación y verdad”) los días 20-21 de octubre de 1980. Extractos de la entrevista aparecieron en un artículo escrito por el propio Bess y publicado el 10 de noviembre de 1980 en el diario estudiantil Daily Californian, de dicha universidad. La entrevista se desarrolló en francés y fue traducida por el propio Michael Bess.
- Hace un momento usted me contaba que es moralista…
En cierto sentido lo soy, en la medida en que creo que uno de los propósitos, uno de los sentidos de la existencia humana – la fuente de su libertad – es no aceptar nunca nada como definitivo, intocable, obvio o inmóvil. No se debería aceptar que ningún aspecto de la realidad se convierta en ley definitiva y anti humana para nosotros.
- Sin embargo, necesitamos aferrarnos, incluso de manera provisoria.
Sí, es cierto. Esto no significa que uno deba vivir en una discontinuidad indefinida. A lo que me refiero es que uno debe considerar todos los puntos de fijación, de inmovilización, como si fuesen elementos tácticos, estratégicos; como parte de un esfuerzo por devolver las cosas a su movilidad original, a su apertura al cambio.
Te mencionaba anteriormente los tres elementos de mi moral. Estos son (1) la negación a aceptar como evidente las cosas que se nos proponen; (2) la necesidad de analizar y conocer, dado que no podemos llevar a cabo nada sin la reflexión y el entendimiento – de ahí el principio de curiosidad; y (3) el principio de innovación: buscar en nuestras reflexiones aquellas cosas que nunca han sido pensadas o imaginadas. En resumen: negación, curiosidad, innovación.
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- Me parece que el concepto que tiene la filosofía moderna respecto del sujeto supone estos tres principios. Me refiero a que la diferencia entre sujeto y objeto es precisamente que el sujeto es capaz de negarse, de generar innovación. Por tanto, ¿su trabajo ataca la tendencia a cristalizar esta noción de sujeto?

Lo que estaba explicando era el campo de valores dentro del cual sitúo mi trabajo. Me preguntaste antes si yo era un nihilista que rechaza la moralidad. Te respondí que no. También me estuviste preguntando “por qué hace el trabajo que hace”

Estos son los valores que propongo. Pienso que la teoría moderna del sujeto, la filosofía moderna del sujeto, muy bien podría ser capaz de otorgar al sujeto una capacidad para la innovación, etc., pero que, sin embargo, en la actualidad la filosofía moderna sólo lo hace en un nivel teórico. En la realidad no es capaz de traducir en una práctica estos diferentes valores que estoy tratando de elaborar en mi propio trabajo.

- ¿El poder puede ser abierto y fluido, o es intrínsecamente represivo?

El poder no debe ser entendido como un sistema opresivo que somete desde la altura a los individuos, castigándolos con prohibiciones sobre esto o aquello. El poder es un conjunto de relaciones. ¿Qué significa ejercer el poder? No significa tomar esta grabadora y arrojarla contra el suelo. Tengo las capacidades para hacerlo, tanto material como física y anímica. Sin embargo, si la azoto contra el suelo con el propósito de hacerte enojar o que no puedas reproducir lo que he dicho, o presionarte de modo que te comportarás de tal o cual manera o para intimidarte; pues bien, lo que he hecho al moldear tu comportamiento mediante ciertos medios, eso es poder.

Esto quiere decir que el poder es una relación entre dos personas, una relación que no está en el mismo orden de la comunicación (incluso si estás obligado a servirme como instrumento de comunicación). No es lo mismo que decirte “el clima está agradable” o “nací en tal o cual día”.

Ejerzo poder sobre ti: influyo en tu comportamiento o intento hacerlo. Intento guiarlo, conducirlo. Y la manera más sencilla es, obviamente, tomándote de la mano y obligarte a que vayas a donde quiero. Ese es el caso límite, el grado cero del poder. Y es precisamente en ese momento en que el poder deja de serlo y se convierte en simple fuerza física. Por el contrario, si uso mi edad, mi posición social, el conocimiento que pueda tener sobre determinado tema para hacer que te comportes de un modo particular – es decir, no te estoy forzando a algo sino que te estoy dejando completamente libre – ahí es cuando empiezo a ejercer poder. Está claro que no debemos definir el poder como un acto violento y opresor que reprime a los individuos forzándolos a hacer algo o evitando que hagan algo distinto. Sino que el poder tiene lugar cuando existe una relación entre dos sujetos libres y esta relación es desigual, de modo que uno puede actuar sobre el otro, y ese otro es guiado o permite que lo guíen.

Por tanto, el poder no siempre es represivo. Puede tomar varias formas. Y es posible tener relaciones de poder que son abiertas.

- ¿Son relaciones equitativas?

Nunca son equitativas porque la relación de poder es desigual. Pero puedes tener sistemas de poder reversibles. Tomemos, por ejemplo, lo que sucede en una relación erótica – no estoy hablando de una relación amorosa sino simplemente una relación erótica. Pues bien, tienes claro que es un juego de poder y la fuerza física no es necesariamente el elemento más importante aquí. Ambos tienen una cierta manera de actuar en el comportamiento del otro, moldeándolo y determinándolo. Uno de los dos puede usar esta situación de un modo determinado y luego generar el inverso exacto con respecto al otro. Pues bien, ahí tienes una forma específica y pura de poder reversible.

Las relaciones de poder no son en sí mismas formas represivas. Lo que sucede es que en las sociedades, o en la mayoría de ellas, se crean organizaciones para mantener cristalizadas las relaciones de poder, para mantener dichas relaciones en un estado de asimetría, de modo que un cierto número de personas obtienen una ventaja social, económica, política, institucional, etc. Y esto cristaliza la situación. Eso es lo que uno llama poder, en el sentido estricto del término: es un tipo específico de relación de poder que ha sido institucionalizado, cristalizado e inmovilizado para beneficios de algunos y perjuicio de otros.

- Pero, ¿son ambas partes de la relación victimas del poder?

¡No del todo! Sería forzar demasiado la idea si decimos que aquellos que ejercen el poder son víctimas. De cierta manera es verdad que pueden quedar atrapados en la trampa, dentro de su propio ejercicio de poder; pero no son tan victimas como los otros. Inténtalo…ya verás [risas].

- ¿Está alineado con la posición de los marxistas?

No lo sé. Verás, no estoy seguro de saber qué es el marxismo en realidad y no creo que exista como algo abstracto. Para mala o buena suerte de Marx, su doctrina ha sido adoptada casi siempre por organizaciones políticas y es, después de todo, la única teoría cuya existencia siempre ha estado atada a organizaciones sociopolíticas que fueron extraordinariamente fuertes y volátiles, hasta el punto de convertirse en aparatos del Estado.

De manera que cuando mencionas al marxismo, te pregunto a cuál te refieres, ¿el que se enseña en la República Democrática Alemana (marxismo-leninista); el vago, desaliñado y bastardo concepto que usan algunos como George Marchais; o el cuerpo doctrinario que sirve como punto de referencia para algunos historiadores ingleses? En otras palabras, no sé lo que es el marxismo. Intento luchar con los objetos de mi propio análisis, por lo que cuando uso un concepto utilizado tanto por Marx o los marxistas, un concepto útil y tolerable, para mí es indiferente. Siempre me he negado a considerar como factor decidor el estar o no de acuerdo con el marxismo a la hora de negar o aceptar lo que digo. No me podría importar menos.

- ¿Tiene algunas ideas respecto de un sistema de poder que ordene a la masa de seres humanos en el planeta, un sistema de gobierno que no se convierta en una forma de poder represiva?

Un programa de poder puede tomar tres formas. Por un lado, ¿cómo ejercer un poder que sea efectivo y posible (en esencia, cómo reforzarlo)? O, por otro lado, la postura inversa: ¿cómo anular el poder, qué puntos atacar para derrumbar la cristalización del poder ya existente? Y por último, la postura intermedia: ¿de qué manera limitar las relaciones de poder tan encarnadas y desarrolladas en una sociedad específica?

Pues bien, la primera postura no me interesa: crear un programa de poder que ejerza el poder más que antes. La segunda postura es interesante, pero me complica que se deba considerar esencialmente bajo el propósito de sus objetivos concretos: las luchas que uno desea emprender. Y esto significa, precisamente, que uno no debe hacer de ella una teoría a priori.

En cuanto a la postura intermedia – ¿cuáles son las condiciones aceptables del poder? – digo que estas condiciones aceptables para el ejercicio del poder no pueden ser definidas a priori. Ellas son siempre el resultado de relaciones de fuerza dentro de una sociedad. Y en tal situación sucede que un cierto desequilibrio en las relaciones de poder es, en efecto, tolerado por un periodo de tiempo por aquellas víctimas que están en una posición más desfavorable. Esto no quiere decir que semejante situación sea aceptable. Ellos son conscientes de esto desde el primer momento, de modo que después de pocos días, años, siglos, las personas siempre terminan resistiéndose y ese viejo compromiso ya no funciona. Eso es. Pero no se puede dar una fórmula definitiva para el ejercicio óptimo del poder.

- ¿Quiere decir que algo se cristaliza en las relaciones de poder entre las personas y que se vuelve intolerable después de un tiempo?

Claro, a pesar de que a veces sucede de inmediato. Las relaciones de poder, tal como se expresan en una determinada sociedad, no son sino la cristalización de una relación de fuerzas. Y no hay ninguna razón para que estas cristalizaciones de las relaciones de fuerza deban ser formuladas como una teoría ideal de dichas relaciones.

Dios sabe que no soy un estructuralista o un lingüista o algo por el estilo, pero, verás, es casi como si un filólogo quisiera decir “bien, así es como el lenguaje debe ser hablado, así es como el inglés o francés debe ser hablado”. ¡Pero no! Uno puede describir de qué manera un lenguaje es hablado en un determinado momento, uno puede decir lo que es comprensible y lo que es inaceptable, incomprensible. Y es todo lo que uno puede decir. Por otro lado, sin embargo, esto no significa que este tipo de trabajo en relación al lenguaje no permita innovaciones.

- Es una posición que se rehúsa a hablar en términos positivos, excepto para el momento presente.

Desde el momento en que uno concibe el poder como un ensamble de relaciones de fuerza, no puede haber ninguna definición programática de un estado óptimo de fuerzas, a menos, claro, que uno fije posiciones al decir “quiero que el blanco ario, de raza pura tome el poder y lo ejerza”, o incluso, “quiero que el proletariado ejerza el poder y quiero que lo haga de manera absoluta”. En ese momento sí se ha establecido un programa para la construcción del poder.

- ¿Es intrínseco a la existencia humana que su organización se transforme en una forma represiva de poder?

Sí. Por supuesto. Tan pronto como haya personas que se encuentren en una posición – dentro del sistema de relaciones de poder – donde puedan actuar sobre otros y determinar la vida y el comportamiento de éstos, pues bien, la vida de esas otras personas no será del todo libre. Como resultado, dependiendo del umbral de tolerancia y de un gran número de variables, la situación será más o menos aceptada, pero nunca completamente. Siempre habrá personas que se rebelen, que se resistan.

- Permítame poner otro ejemplo. Si un niño quiere rayar las murallas de una casa, ¿sería represivo impedir que lo haga? ¿En qué punto uno dice “¡Basta!”?

[…] Si acepto la idea que frecuentemente se tiene del poder – vale decir, que es algo horrible y represivo para el individuo – es evidente que evitar que un niño raye las murallas sería una tiranía insoportable. Pero eso no es el poder: Yo digo que el poder es una relación. Una relación en la que uno guía el comportamiento de los otros. Y no hay ninguna razón para decir que la manera de guiar el comportamiento de los otros no puede tener, en última instancia, un resultado positivo, valioso, interesante, etc. Si yo tengo un hijo, te aseguro que no rayaría en las murallas; y si lo hiciera, sería contra mi voluntad. ¡Incluso el solo pensarlo!

- Es complicado…a veces uno tiene que cuestionar constantemente.

¡Sí, sí! ¡Así es! Un ejercicio de poder nunca debe ser algo evidente. No significa que porque seas el padre tienes derecho a golpear a tu hijo. A menudo, incluso, no castigarlo es también una manera de moldear su comportamiento. Este es un dominio de relaciones bastante complejo que exige una reflexión constante. Y cuando uno piensa en el cuidado con que los sistemas semióticos han sido analizados en nuestra sociedad, para develar su valor significante [valeur signifiante], ha existido un relativo descuido de los sistemas para el ejercicio del poder. No se le ha dado la suficiente atención a este complejo ensamble de conexiones.

- Su postura escapa continuamente de la teorización. Tiene que rehacerse una y otra vez.

Es una práctica teórica, si tú quieres. No es una teoría sino más bien una manera de teorizar la práctica. […] Como mi posición aún no ha sido esclarecida del todo, a veces la gente piensa que soy una suerte de anarquista radical que tiene un profundo odio hacia el poder. ¡No! Lo que trato de hacer es abordar este fenómeno tremendamente importante y confuso que es el ejercicio del poder en nuestra sociedad, con la mayor reflexión y prudencia. Prudencia en mi análisis, en los postulados morales y teóricos que empleo. Intento averiguar qué está en juego. Pero cuestionando las relaciones de poder de la manera más escrupulosa y atenta posible, examinando todos los ámbitos de su ejercicio, que no es lo mismo que construir una mitología del poder como si fuera la bestia del apocalipsis.

- ¿Hay temas positivos en su concepto sobre lo que es bueno? En la práctica, ¿cuáles son los elementos morales en los que basa sus acciones?

Ya te los dije: negación, curiosidad e innovación.

- Pero, ¿no son todas ellas negativas en cuanto al contenido?

La única ética que puedes tener con respecto al ejercicio del poder, es la libertad de los otros. Yo no le digo a la gente “hagan el amor de esta manera, tengan hijos, vayan a trabajar”.

- Debo admitir que estoy un tanto perdido al no tener puntos de orientación en su mundo, hay demasiada apertura.

Escucha, escucha… ¡No es tan difícil! No soy un profeta; no soy un organizador; no quiero decirle a la gente qué debe hacer. No voy a decirles “¡esto es bueno para ti, esto no!”.

Intento analizar una situación real en sus diversas complejidades, con el propósito de permitir la negación, la curiosidad y la innovación.

- Y con respecto a su vida personal, eso ya es distinto…

¡Pero a nadie le incumbe!

Pienso que en el fondo de todo esto hay un malentendido sobre la función de la filosofía, del intelectual, del conocimiento en general: y es que les concierne a ellos decirnos qué es bueno.

¡Pues no! ¡No, no, no! No es responsabilidad de ellos. Ellos ya son bastante propensos a interpretar ese papel. Por dos mil años han estado diciéndonos qué es bueno, con todas las consecuencias catastróficas que eso ha generado.

Hay un juego terrible aquí, un juego que oculta una trampa en la que los intelectuales tienden a decir lo que es bueno, y las personas no encuentran nada mejor que les digan lo que es bueno, cuando sería mejor que empezaran a gritar “¡esto es malo!”

Pues bien, cambiemos el juego. Digamos que los intelectuales ya no tendrán el rol de decir lo que es bueno. Por tanto, dependerá de las propias personas, basando su juicio en los múltiples análisis de realidad que se les ofrezcan, trabajar o comportarse espontáneamente, de manera que puedan definir por sí mismos qué es bueno para ellos.

Lo bueno a veces surge a través de la innovación. Lo bueno no existe como tal en un cielo atemporal con personas que serían como los Astrólogos del Bien, cuyo trabajo es determinar cuál es la naturaleza favorable de las estrellas. Lo bueno es definido por nosotros, se practica, se inventa. Y es un trabajo en conjunto.

¿Está más claro ahora?

viernes, 22 de abril de 2016

Un joven japones rehizo...

The Life of Pablo

..sin escucharla.

Tidal todavía no está disponible en Japón, los fans de Kanye West no han sido capaces de escuchar su último disco legalmente - por lo que un productor tomó el asunto en sus propias manos.


 Si usted vive en un país occidental, es fácil asumir que sus hábitos de consumo de música reflejan las del resto del mundo - que nadie compra más música, que todo el mundo utiliza Soundcloud, que todo está en Spotify. De hecho, en Japón, las ventas físicas todavía superan enormemente a digital, mientras que los servicios de streaming como Spotify y Tidal tienen todavía por poner en marcha en el país.
 Esto plantea un problema para los fans de Kanye West. El rapero del último opus, The life of Pablo, era hasta hace poco una exclusiva Tidal, lo que significa que el álbum estaba fuera de límites para cualquier persona en el país que quería escuchar el álbum sin descargarlo ilegalmente.
 Frustrado con su indisponibilidad, un productor japonés decidió tomar el asunto en sus propias manos. TOYOMU, un productor de Kyoto, construyo su propia versión del álbum sin haber escuchado primero.

 "En Japón, no podíamos escuchar TLOP oficialmente, debido a Tidal," dijo TOYOMU Palomas & aviones, "los servicios de suscripción en Japón son demasiado lentas, la mayoría de las personas siguen utilizando iTunes y comprar CDs. Pensé que sería una buena idea hacer todo el álbum sin escucharlo, (pero) quizás es el pensamiento inverso".

 El resultado es : なんとなく 印象III、パブロ (imaginando la "The life of Pablo"), una increíble outsider sobre el álbum construido con créditos muestra encontrada en WhoSampled, letras de genio, un text-to-speech TOYOMU generador, y la propia imaginación. En realidad, no tiene nada de sonido como el original Kanye's (aunque TOYOMU las decisiones creativas de hacer ocasionalmente golpeó cerca del rapero's), pero es convincente escuchar sin embargo.

 Stream 印象III : なんとなく、パブロ (Imagining “The Life of Pablo”)



Debido a que bloquearon el reproductor de audio, tuve que publicarlo nuevamente  pero con reproductor de youtube (video no reproductor de audio) , disculpen las molestias; la web libre es así.
1. Ultralight Beam 
2. Father Stretch My Hands Pt. I ft. Kid Cudi 
3. Pt. 2 ft. Desiigner 
4. Famous ft. Rihanna and Swizz Beatz 
5. Feedback 
6. Low Lights 
7. High Lights ft. Young Thug 
8. Freestyle 4 ft. Desiigner 
9. I Love Kanye 
10. Waves ft. Chris Brown 
11. FML ft. The Weeknd 
12. Real Friends ft. Ty Dolla $ign 
13. Wolves ft. Frank Ocean 
14. Siiiiiiiiilver Surffffeeeeer Intermission 
15. 30 Hours ft. André 3000 
16. No More Parties In LA ft. Kendrick Lamar 
17. FACTS (Charlie Heat Version) 
18. Fade ft. Ty Dolla $ign and Post Malone 

Fuentedazeddigital.com

jueves, 21 de abril de 2016

Convocatoria PyR Festival 2016

CIERRA el 31 de JULIO 2016 (inclusive)


Esta convocatoria está dirigida a cortometrajes construidos netamente con imaginería abstracta. ¡Nada de representación, sólo Puntos y Rayas como fines en sí mismos!

Invitamos a los autores a concentrarse en la expresividad de los elementos que constituyen el arte audiovisual en su estado más puro: Color, Movimiento, Forma y Sonido.

La participación es gratuita.

> Requisitos

· Los films deben estar realizados únicamente con imaginería abstracta, evadiendo la representación.

· Se acepta cualquier técnica: dibujo, vídeo composición, cgi, scratch, op·art, stop·motion, animación sin cámara...

· La banda sonora no puede contener palabras en ningún idioma. Si utilizas una canción, ésta debe ser netamente instrumental o contener voces inarticuladas.

· La duración máxima es de 8 minutos.

· Recomendamos enfáticamente enviar tu film en FULL HD / 1080p (1920 x 1080 / 24 fps / progresivo), ya que proyectaremos todos los trabajos seleccionados en esta resolución.

· Nuestros formatos de preferencia son .MOV | .MP4. Recomendamos no comprimir o utilizar el códec H264 o x264 (lossless).

> Participación

La participación está abierta a todas las personas del mundo, de cualquier edad y formación. La inscripción es gratuita y debe realizarse online antes del domingo 31 de Julio 2016 (inclusive). 

El proceso de inscripción se hace a través de nuestra Zona de USUARIOS. Para tener acceso a ella, debes primero Registrarte

El proceso de inscripción consta de 5 partes: 

1. Registro de Usuario > Regístrate aquí 
o si ya tienes obra seleccionada en PyR > Inicia sesión aquí
2. Registro de Autor
3. Registro de Coautores y/o Compositores (si los hubiera) 
4. Inscripción del/los film/s
5. Envío del/los film/s online 



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Criterios de Valoración
· La intrínseca relación entre el lenguaje sonoro y el visual, y la calidad y profundidad de la exploración de dicha relación (40%).
· La expresión pictórica de los visuales, en su uso de color/blanco y negro, forma y movimiento (20%)
· El trabajo de composición de la banda sonora (20%)
· La originalidad del concepto y cómo es explorado por el/la autor/a, independientemente de si está trabajando con pura forma conceptual, expresión estética y/o narrativa (20%).


Selección
· Cada autor podrá presentar el número de obras que desee, pero se seleccionarán como máximo 3 obras por autor.
· La inscripción de tu film no implica que será exhibido en Punto y Raya Festival. Los trabajos serán seleccionados por un comité determinado por la organización. El resultado será comunicado por email a todos los participantes. Los autores y obras seleccionados se publicarán en nuestra web.
· Las imágenes de las obras seleccionadas y textos cumplimentados durante la inscripción serán publicados en el programa de mano y/o web de la presente edición. Por ello, solicitamos respetuosamente a los participantes que preparen bien sus textos y nos hagan llegar las imágenes en buena resolución.
· Se realizarán trailers promocionales para TV e internet que contendrán fragmentos de las obras seleccionadas, exclusivamente con fines publicitarios.


Premios
· Nuestro jurado internacional será el encargado de otorgar 3 premios, y opcionalmente, 1 mención honorífica. Su decisión será inapelable.
· Se otorgará también un Premio de la Audiencia.
· Los premios serán especificados en nuestra web en cuanto se llegue a un acuerdo con los espónsors y colaboradores.


Derechos
Los organizadores del Punto y Raya Festival desean hacer llegar las obras seleccionadas al mayor número de audiencia posible. A tal fin, hemos desarrollado una plataforma de difusión internacional que consta -por el momento- de más de 35 ciudades en 25 países. Se compilará una selección de "Lo mejor de" esta sexta edición en FULL HD conteniendo las obras finalistas y premiadas, con el fin de ser proyectada en los sitios de la plataforma internacional Punto y Raya.
La participación en la competición implica el cese no exclusivo de los derechos de exhibición del material seleccionado para su proyección en dichos espacios, sin limitación geográfica.

Aceptación de las Bases
La inscripción supone la aceptación de estas bases así como de las decisiones de la organización, comité de selección y jurados. Cualquier cuestión no prevista en las bases será resuelta por la organización del festival.
Con su participación el artista confirma ser el propietario de las licencias, copyrights y derechos de imagen, sonidos, tipografías y cualquier herramienta que utilice. MAD y demás instituciones involucradas declinan toda responsabilidad legal sobre las películas y su contenido.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Clase del 9 de marzo de 1983

Michel Foucault

Curso en el Collège de France
Ciclo lectivo (1982-1983)

Segunda hora

Estadio del Gorgias — La obligación de confesión en Platón: el contexto de liquidación de la retórica — Las tres cualidades de Cálleles: episteme; parrhesía y éunoia — Juego agonístico contra sistema igualitario — La palabra socrática: básanos y homología.

Repito lo que he dicho: ésta es la última clase. Supongo que saben que es la última clase porque ya he sacado las conclusiones. Querría pues, a título en parte de adición y para llenar una laguna, volver a dos textos del Gorgias, en esencia a uno que a mi entender fija bastante bien [o, mejor], esboza al menos el tipo de relación que, en la parrhesía, debe instaurarse, ya no con el político, insistamos, ya no con el rétor, sino con el discípulo. Éste es el tercer aspecto, el tercer perfil, el tercer campo de actividad, campo de ejercicio de la parrhesía. [...] Había pensado [entonces] estudiar uno tras otro dos textos del Gorgias. Uno que revisaré de manera más sucinta, en cuanto se trata de un texto que, pese a la importancia que se le atribuye, no me parece que corresponda justamente a la parrhesía filosófica. Y luego otro en el cual Platón emplea la palabra parrhesía, y es el primer uso del término en lo que podríamos llamar el campo de las prácticas de la dirección de conciencia. Como es obvio, querría dedicarme a este segundo texto.

Para ser breve, lo que me gustaría decirles acerca del Gorgias es lo siguiente: como saben, en la clasificación posplatónica o neoplatónica se le dio el subtítulo de Perí tes rhetorikés ("Sobre la retórica"). Y se trata en efecto de una interrogación sobre la retórica, pero muy diferente de la que encontramos en el Fedro. En este diálogo, efectivamente, la crítica de la retórica se hace, como saben, a través de una imitación; juego complejo, toda vez que la retórica misma es un arte de la adulación, imitación a cuyo término, a propósito del amor, se muestra que no es el discurso retórico el capaz de hacer el elogio verdadero del verdadero amor, sino otro tipo de discurso que debe articularse, de manera permanente y continua, con la verdad en la forma de la dialéctica. El Gorgias, por su parte, plantea la cuestión de la retórica, pero la plantea de diferente forma, y de dos maneras.. La diferencia es doble.
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Ante todo porque hace la pregunta: "¿Qué es la retórica?" Y en este punto hay que referirse, al comienzo mismo del texto, a toda una serie de interrogantes que se centran en ese asunto. Mientras que los sucesivos interlocutores, sobre todo Gorgias y Polo, quieren hacer el elogio de la retórica, Sócrates responde en cada oportunidad: pero no, no se trata de eso, lo que queremos saber es tisan eie tekhne tes rhetorikés (qué es el arte retórico, cuál es el ser de la técnica retórica). Y al cabo de una primera discusión que mostrará que la retórica no es nada, habida cuenta de que es el arte de la adulación, pasará algo que va, no a definir, sino a mostrar de hecho qué es esa otra tekhne que es la de la filosofía como conducción de las almas. [Será] el paso de la retórica a esa otra práctica que es la conducción de las almas a partir de una interrogación sobre el ser de la retórica, y la demostración, apenas teorizada, de lo que es la práctica filosófica. Digo "apenas teorizada" porque, para ser más preciso, hay con todo un breve pasaje donde se trata de eso y [donde] el ser del discurso filosófico va a asociarse, justamente, a la práctica de la parrhesía. Ésa es pues, para decirlo de algún modo, la arquitectura del diálogo o en todo caso la perspectiva que propongo para leerlo.

Entonces, la primera parte, que trata de "¿qué es la retórica, qué es el ser de la retórica?", llega a esta conclusión: el ser de la retórica no es nada, y la argumentación [general] consiste en mostrar que la retórica no es capaz de alcanzar lo que pretende, es decir el bien. Lo que hace, al contrarío, es sugerir, en lugar de su propia meta, cualquier otra cosa que es su imitación, su simulacro, su ilusión, de tal manera que sustituye el objetivo del bien por la apariencia que es el placer. Por tanto, no alcanza su meta, y la meta que alcanza no es nada. Por esas dos razones, la retórica no es nada. Y, en suma, después de haber obtenido ese resultado del no ser de la retórica, al menos como tekhne (el hecho de que no tenga el ser de una tekhne de un verdadero arte), [llegados a ese punto,] al no ser la retórica ya nada, se encuentra, como si se tratara de una adición, el texto que hice reproducir (480#) y que es extremada y, a mi juicio, injustamente célebre. Démosle una rápida lectura, si les parece: "Pero si se da el caso de cometer una falta, sea uno mismo o alguien en quien uno se interesa, es preciso acudir a toda prisa, por propia voluntad, donde se obtenga el castigo más expeditivo, a un juez, como se iría a lo del médico, por temor a que, de no tomarlo a tiempo, el mal de Ja injusticia corrompa el alma hasta el fondo y la haga incurable". Y un poco más adelante (voy rápido) dice:

Si se trata de defendernos en caso de injusticia, o de defender a nuestros padres, nuestros amigos, nuestros hijos, nuestra patria cuando es culpable, la retórica, Polo, no puede sernos de utilidad alguna, a menos que admitamos, al contrario, que deberíamos valemos de ella para acusarnos ante todo a nosotros mismos, y luego para acusar a aquellos de nuestros amigos o parientes que sean culpables, sin ocultar nada y poniendo, más bien, la falta a la vista de todos, de tal modo que la expiación redima a su responsable. Nos obligaríamos entonces y obligaríamos a los otros a no flaquear, a ofrecernos valerosamente a los jueces, con los ojos cerrados, como al acero y el fuego del médico, con amor por lo bello y el bien, sin inquietud por el dolor y, si la falta cometida merece golpes, a ir al encuentro de los golpes, y al encuentro de las cadenas si merece cadenas, dispuestos a pagar si hay que pagar, a exiliarnos si la pena es el exilio, y a morir si hay que morir; siempre los primeros en acusarnos y acusar a los nuestros; oradores con el solo fin de hacer la falta evidente para mejor liberarnos del más grande de los males, la injusticia.

No hace falta decirles los motivos por los cuales este texto me interesa, dado que uno de los aspectos o, en fin, de las preguntas que querría plantear a la historia de la parrhesia es la cuestión de la prolongada y lenta evolución pluri-secular que llevó de una concepción de la parrhesia política como derecho, privilegio [de] hablar a los otros para guiarlos (parrhesia pericleana), a esa otra parrhesia—iba a decir postan tigua—, la posteriora la filosofía antigua, que vamos a encontrar en el cristianismo y en la que llegará a ser obligatorio hablar de sí mismo, decir la verdad sobre sí mismo, decirlo todo sobre sí mismo, y ello a fin de curarse. Esta suerte de gran mutación, de la parrhesia "privilegio de la libre palabra para guiar a los otros" a la parrhesia "obligación de quien ha cometido una falta de decirlo todo acerca de sí mismo para salvarse", es a buen seguro uno de los aspectos más importantes en la historia de la práctica parresiástica. Y está claro que es eso, en cierto sentido, lo que me gustaría restablecer. Ahora bien, al parecer y a primera vista es muy obvio que tenemos aquí algo semejante al testimonio primero, a no dudar, de esa inflexión de la parrhesía "derecho [de] hablar a los otros para guiarlos" a la parrhesía "obligación de hablar de sí para salvarse". Esa extensa historia es evidentemente muy importante cuando se aspira a analizar las relaciones entre subjetividad y verdad y las relaciones entre gobierno de sí y gobierno de los otros. Y la pregunta que querría hacer es la siguiente: ¿ese texto puede leerse efectivamente como la primera formulación de dicha inflexión, de dicha inversión? Texto que sería paradójico, puesto que aparece como un hápax, es casi único —verán que no lo es del todo— y anuncia sin anunciarla, parece prefigurar con cinco o seis siglos de anticipación lo que será la confesión cristiana. Pues un texto como éste -las formulaciones, los preceptos que se dan, las justificaciones que se les proponen- está muy cerca de lo que vamos a poder encontrar a partir del momento en que la práctica de la penitencia quede concretamente institucionalizada—después del siglo ni, digamos, o en su transcurso—y se convierta entonces en una práctica constante al menos del ascetismo cristiano o de todo un aspecto de éste, desde los siglos IV y V. Sea como fuere, en textos como los de san Cipriano, por ejemplo, comprobarán que, una vez que hemos cometido una falta, esa obligación de ir corriendo a buscar a quien como juez pueda castigarnos y, al mismo tiempo, curarnos como médico, esa obligación, esa formulación, las reencontraremos casi palabra por palabra sin que, que yo sepa -tómenlo con pinzas—, ningún autor cristiano se haya referido jamás a ese texto del Gorgias; como si efectivamente supieran con claridad que no se trataba del todo de eso. Bueno, no importa, pongo aquí signos de interrogación, lal vez hallaríamos referencias al Gorgias, pero es absolutamente cierto que a primera vista la analogía es muy llamativa. De todas maneras, en los comentarios modernos del texto ese pasaje se interpreta en general como un modelo serio de la buena conducta moral y cívica. Bien sabemos que, cuando hemos cometido una mala acción, lo mejor es, después de todo, ir en busca de quien pueda condenarnos y curarnos, y esto [...].

Por otra parte, Sócrates vuelve dos veces -vean, hay dos párrafos- a esta idea, y parece por consiguiente establecer a las claras que la mejor manera, el mejor modo de la psicagogia consistiría pues, si uno quiere transformarse y dejar de ser injusto para ser justo, en utilizar la retórica para, en la escena judicial donde ésta tiene efectivamente su lugar de privilegio (iba a decir natural [mejor dicho]: institucional), acusarse y, gracias al castigo resultante, alcanzar la curación. ¿No es ésa la verdadera psicagogia? Y entonces, los comentaristas encuentran la confirmación de que la psicagogia platónica es [eso], de que tenemos allí la prefiguración reconocida, autentificada por el mismo Platón, de una práctica que a continuación será secular y hasta milenaria, en el hecho de que, por ejemplo, ese pequeño esquema parece anticipar de algún modo lo que el propio Sócrates debía hacer cuando, acusado, no huyó de sus jueces. Al contrario, enfrentó, reconoció una serie de quejas que había contra él y aceptó el castigo. También es un hecho que en Platón encontramos con mucha frecuencia el tema de que la falta es una enfermedad, un tema de origen pitagórico. La falta es una enfermedad, es decir que hay que entenderla en el doble registro de la impureza que es preciso expulsar y la enfermedad que es preciso curar. En la tradición pitagórica, purificación y curación están mezcladas, y está claro que aquí encontramos un eco. Bueno, también podemos hallar con bastante frecuencia en los trágicos griegos la idea de que, al ser la falta enfermedad e impureza a la vez, la sentencia que castiga, el juicio que se pronuncia, el castigo que se impone, constituyen al mismo tiempo curación y purificación. Por lo tanto, puede suponerse en efecto que tenemos allí, sostenido, apuntalado por varias otras confirmaciones y como eco a varias otras ideas, el tema de que la verdadera transformación del alma debe producirse por medio de una retórica de la confesión, en una escena judicial donde el decir la verdad sobre sí mismo y el ser castigado por otro van a inducir la transformación de lo injusto en justo. Y llegaríamos entonces a una especie de núcleo cuya fortuna iba a ser milenaria. Ahora bien, creo que si damos a ese texto el sentido que acabo de sugerir, un sentido tan positivo e inmediato, es porque nos dejamos obnubilar, desde luego, por dos esquemas anacrónicos: el de la confesión cristiana, con su doble referencia constante, judicial y médica, y el de una práctica penal que, al menos desde el siglo XVIII, no dejó de justificar el castigo por su función terapéutica.

[En consecuencia,] no creo que sea posible dar ese sentido al texto. Y nada me parece más alejado de la psicagogia platónica que la idea de que una retórica de la confesión en un escenario judicial pueda llevar a cabo la transformación de lo justo en injusto. En efecto, si encontramos no pocos pasajes concernientes a la función terapéutica del tribunal en textos trágicos o en otros textos griegos, esa terapéutica que se pide al tribunal no se refiere, en la mayor parte de los casos, al alma de quien ha cometido la faJta. Es una terapéutica que hay que aplicar a la ciudad; consideren el ejemplo de Edipo: el castigo del criminal no cura al criminal. Expulsa de la ciudad un mal que, efectivamente, se percibe a la vez como impureza y como enfermedad. No es una psicagogia, es una política. Es una política de la purificación que se pone en juego a raíz de la idea de que el tribunal cura; no es en absoluto una psicagogia de las almas individuales. Segundo, tampoco creo que pueda invocarse el ejemplo de Sócrates, porque, en el fondo, éste hace muy otra cosa que acusarse a sí mismo cuando lo llevan a comparecer ante los tribunales. No se precipita a acudir frente al juez luego de haber cometido una falta, no va en absoluto a su encuentro; al contrario, son los jueces quienes lo persiguen. Por otra parte, si se deja condenar, no es en modo alguno porque haya cometido una injusticia y lo reconozca. En los textos, trátese de la Apología, del Fedón, del Critón —en parte— o también de un texto que se encuentra a] final del Gorgiasy donde se hace alusión, mediante una especie de prefiguración retrospectiva, a lo que había sido —a lo que iba a ser con respecto al diálogo- el proceso de Sócrates, éste no aparece de ninguna manera como alguien que dijera: soy culpable y por eso me someto a las leyes. Sino: como los ciudadanos se valen de leyes que son justas de por sí, pero lo hacen para condenarme injustamente, yo mismo cometería una injusticia si tratara de escapar a ellas. El reconocimiento que debo a la ciudad y el respeto que se debe a las leyes hacen que, aunque injustamente procesado, no me sustraiga ni a las diligencias judiciales ni a sus consecuencias; la injusticia estaría en hacerlo. No es, por tanto, nada del orden de la confesión; con referencia a los jueces, Sócrates practica un juego muy distinto. No la confesión de la falta cometida, sino la obediencia a las leyes para no cometer la injusticia que significaría desobedecerlas. No mencionemos entonces el ejemplo de Sócrates para confirmar la significación de esa presunta escena de la confesi¿Por qué, entonces, Sócrates hace referencia aquí a la confesión de las faltas, y qué significación hay que dar al pasaje? Me parece que ante todo es preciso recordar el contexto. Este pasaje constituye el eje de la discusión preliminar, en cierto modo, con Polo —en la cual, digámoslo una vez más, se acaba de demostrar que la retórica no es nada, al menos si se le pide que sea una tekhne-> el eje, por lo tanto, de la liquidación de la retórica y lo que va a ser en la segunda parte, a través de la discusión con Calicles, la puesta en evidencia de la propia parrhesía filosófica. Hay que tomar este texto como una especie de punto terminal del debate sobre la retórica y, me parece mejor, su inversión histórica. Sócrates presenta aquí un uso casi bufonesco de la retórica. En fin, pongo "bufonesco" entre comillas, hay que ser más prudente y mesurado. Esto es lo que quiero decir: Sócrates acaba de establecer -es así como ha mostrado que la retórica no era nada- que lo importante no es escapar a la injusticia de los otros. Lo importante es no cometer uno mismo una injusticia. Y si eso es tan importante, ¿para que sirve la retórica? Él lo ha dicho: la retórica no puede servir para nada. Pues si lo importante es no cometer la injusticia, lo importante será entonces hacer que quien es injusto llegue a ser efectivamente justo, y no que se limite a pare-cerlo. La retórica, en consecuencia, no sirve para nada. Y llegado a este límite, Sócrates dice simplemente: sí en verdad quieren servirse de la retórica, si a pesar de su falla de uso real quieren valerse de ella, ¿en qué podrían hacerlo? Entonces imagina una escena paradójica —una escena imposible en sí misma, y que para un griego, me parece, no tiene sentido— en la que se ve a alguien precipitarse a comparecer ante los tribunales y —el texto lo dice con precisión- utilizar todo su arte retórico para decir: el culpable soy yo, les ruego que me castiguen. Sócrates presenta este uso de la retórica como una escena paradójica, una escena imposible, para mostrar hasta qué punto, en efecto, aquélla no sirve de nada. Y creo que tenemos la confirmación de que ése es el sentido que Sócrates le da -el de una escena paradójica y literalmente imposible— en el pasaje que viene a continuación, donde, luego de explicar el uso confesional, el uso de confesión de la retórica, dice: habría también otro uso de la retórica, si en verdad se quieren valer de ella, tras admitir que lo importante es no cometer una injusticia. Si han admitido eso, pues bien, pueden servirse de la retórica o bien para acusarse a sí mismos, cosa absolutamente extravagante e inimaginable, o bien:

En la situación inversa, si se trata de alguien, enemigo o cualquier otro, al que se quiere prestar un mal servicio, con la sola condición de que sea, no la ón terapéutica y psicagógica.
sino el autor de una injusticia, entonces [será menester un; Michel Foucauit] cambio de actitud. Hay que hacer todos los esfuerzos, en los dichos y en los hechos, para que no tenga que rendir cuentas y no comparezca ante los jueces; o, si acude a ellos, para disponer que escape al castigo, de modo tal que, si ha robado sumas cuantiosas, no las devuelva sino que las conserve y las gaste en sí mismo y los suyos de manera injusta e impía; para que, si merece la muerte por sus crímenes, en la medida de lo posible no muera y, en cambio, viva para siempre en su maldad o, al menos, tanto cuanto se pueda en ese estado.

A mi juicio, este texto esclarece a la perfección la significación del que lo precede y cuya fotocopia les he repartido. La situación, entonces, es la siguiente: como lo importante es no cometer la injusticia, de ello puede deducirse que la retórica no es nada. No es nada en sí misma y no tiene utilidad alguna. Pero si en verdad quisiéramos —sobre la base del principio de que lo importante es no cometer la injusticia— dar algún uso a esa cosa que no es nada ni sirve para nada, ¿qué podríamos hacer con ella? Y bien, podríamos darle dos usos grotescos: uno, correr a la presencia del juez y desplegar nuestro talento retórico para acusarnos, y otro, en caso de tener un enemigo al que tuviéramos tirria, ir a defenderlo en los tribunales y esforzarnos por lograr que no fuera castigado y que en ese castigo no pudiera encontrar el principio de su transformación de hombre injusto en justo. Lo mantendríamos en su injusticia, procuraríamos que no la reparara y, así, como enemigos que somos de él, podríamos prestarle el peor servicio. Ésas son las dos paradojas de la utilización imposible y ridicula de la retórica, una vez admitidos los principios precedentes. No hay psicago-gia de la confesión, no hay psicagogia judicial. Si somos injustos, no podremos transformarnos en hombres justos gracias a la mera manifestación de la verdad de nosotros mismos frente a un juez que castiga. Y me parece entonces que, al hablar de ese texto, hay que tener presente este sentido.
En cambio —y aquí pasamos a otro texto del que querría hablarles—, hay un pasaje donde se ve cuál es el modo de ser del discurso que tendrá la capacidad concreta de efectuar la psicagogia de marras. No será en la retórica, en la falta judicial» en el juego de la falta, la confesión y el castigo donde podrán llevarse a cabo las cosas. El pasaje que les cito f...] está en 486¿¿

Si mi alma fuera de oro, Calicles, ¿no crees que me sentiría dichoso al encontrar alguna de esas piedras con las que prueban el oro? Una piedra tan perfecta como fuese posible, con la que tocaría mi alma, de tal suerte que, si ella estuviera [...] de acuerdo conmigo sobre las opiniones de mi alma, de resultas eso sería verdadero. Observo, en efecto, que para verificar correctamente si un alma vive bien o mal, es preciso tener tres cualidades que tú posees: saber [epistenten], benevolencia [éunoian] y franqueza [parrhesía]. A menudo me topo con personas que no son capaces de probarme, porque no son sabias, como tú lo eres; otros son sabios, pero no quieren decirme la verdad, porque no se interesan en mí como tú lo haces. En cuanto a esos dos forasteros, Gorgias y Polo, ambos son sabios y amigos míos, pero una desafortunada timidez les impide mostrarme su parrhesía. Nada más evidente: esa timidez llega tan lejos que los reduce a contradecirse por falsa vergüenza ante un auditorio numeroso [...]. Tú, por el contrario, tienes todas esas cualidades.

Y Sócrates enumera entonces las tres cualidades que tiene Calicies: es epistemon (tiene episteme) siente amistad, afecto por Sócrates, y "en cuanto a tu franqueza \parrhesiázesthai\ y tu falta de timidez, las afirmas altivamente y tu discurso precedente no te ha desmentido. Un asunto zanjado, entonces: cada vez que estemos de acuerdo sobre un punto, este será considerado como suficientemente ado por una y otra parte, sin que haya motivos para examinarlo".11 Un poco más adelante, bien al final de la página, verán, a partir de lo que podríamos llamar pacto parresiástico de la prueba de las almas, un pequeño párrafo, unas líneas que se refieren efectivamente a la conducta y la conducción de las almas:

En cuanto a mí, si me toca cometer alguna falta de conducta, ten la certeza deque no lo hago adrede, sino por pura ignorancia; y ya que has comenzado a darme consejos, no me abandones e indícame en cambio el género de ocupaciones a las cuales debo dedicarme y la mejor manera de prepararme para ellas; si más adelante, luego de que te haya otorgado hoy mi consentimiento, me sorprendes haciendo algo distinto de lo que te haya dicho, considérame un cobarde, indigno en lo sucesivo de recibir tus consejos.

Como podrán ver, este texto se opone, aun en forma indirecta, pero bastante clara, al que acabo de leerles. En los dos casos se trata sin duda de: ¿qué hay que hacer cuando se ha cometido una falta? Hipótesis bufonesca, absurda para quien crea en la retórica: correr a comparecer ante un juez para autoacusarse. Y resulta que ahora tenemos la otra fórmula, que es justamente la de la acción filosófica sobre el alma, por la cual, si se ha cometido una falta, es preciso admitir que no ha sido de manera voluntaria y que, por consiguiente, quien la ha cometido necesita una vez más consejos. Sin embargo, si después de esos consejos y una vez que la persona ha sido esclarecida sobre la naturaleza de la falta, vuelve a cometerla, pues bien, su único castigo consistirá en ser abandonada por quien la dirige. Como ven, nos encontramos en una escena muy distinta, con procedimientos muy diferentes y en muy otro contexto, con un juego que no tiene nada que ver con el de la escena judicial de la confesión. Me gustaría entonces volver un poco a los elementos presentes en ese pasaje.
Me parece que en él se definen, aun de manera rápida y en cierto modo puramente metodológica (como reglas de la discusión), el modo de ser del discurso filosófico y su forma de ligar el alma a la verdad, el Ser (a lo que es) y el Otro a la vez. A mi juicio, el pasaje es interesante porque retoma, teoriza de una manera indudablemente fugaz, aunque muy clara, lo que ha estado en juego a lo largo de todo el diálogo, porque —aquellos de ustedes que lo tengan [leído] lo recordarán— Sócrates no ha dejado de decir a su interlocutor: no quiero que me hagas grandes discursos, no quiero que me hagas el elogio de la retórica, quiero simplemente que respondas a mis preguntas. Y quiero que respondas a mis preguntas, no —como se dirá en el Menón o como lo encontraremos en otros diálogos- porque sepas la verdad en el fondo de ti mismo. [O, mejor,] esta proposición está implícita en ello, pero el tema del "quiero que respondas a mis preguntas", que recorre todo el Gorgias, no se focaliza en ese punto. En este diálogo, el "quiero que respondas a mis preguntas" significa: quiero que seas el testigo de la verdad. AJ responder exactamente como piensas, exactamente como lo tienes [en] mente, a las preguntas que voy a hacerte, sin disimular nada ni por interés, ni por adorno retórico, ni por vergüenza —[la cual] va a tener un gran papel en el asunto—, pues bien, al decir con toda exactitud lo que piensas, tendremos de tal modo una verdadera prueba del alma. El diálogo no se justifica aquí como instrumento de la memorización, como juego dialéctico con la memoria. Se justifica como una prueba permanente del alma, un básanos (una prueba) del alma y de su calidad mediante el juego de las preguntas y las respuestas.

El texto también es interesante porque, al teorizar o, al menos, reagrupar una serie de temas que recorren todo el diálogo, que son una suerte de pacto recordado por Sócrates en toda su extensión, encontramos aquí, como se darán cuenta, la palabra parrhesía, una palabra que se utiliza, por supuesto, en su significación corriente, al margen de su campo político preciso, al margen del campo institucional del que hemos hablado. Es decir que en este caso se trata del hablar franco liso y llano, del decir lo que a uno se le pasa por la cabeza, de la libertad de hablar, del decir exactamente lo que uno piensa, sin límites ni vergüenza. Pero si esta significación de la palabra parrhesía es la significación tradicional, el término se emplea aquí en una reflexión sobre lo que debe ser el diálogo filosófico y, por ende, lo que debe ser el juego de la verdad y la prueba que juegan el filósofo y su discípulo, el interrogador y el interrogado, quien busca y quien es buscado. En esa medida, creo que damos con un primer uso -en todo caso, no hay otros en la literatura de la época ni los ha habido antes-de la palabra parrhesía en el contexto, dentro de una práctica que es ya la de la dirección de conciencia. Hallaremos entonces, en forma mucho más tardía, textos que atribuyen íntegra o muy parcialmente, como fuere, una parte importante a la teoría de la parrhesía. Tenemos, por ejemplo, un tratado de Plutarco dedicado a la identificación de los aduladores: ¿cómo puede reconocerse a un adulador, cómo puede desenmascararse aun adulador? En realidad, ese texto es una discusión muy técnica sobre la adulación en contraste con la parrhesía. Y en él hay una reflexión, si no teórica sí al menos técnica, casi tecnológica sobre la parrhesía. Aquí no se trata todavía de eso, pero la palabra ya se utiliza en el contexto de la práctica de la conducción de las almas, la conducción filosófica, la conducción individual de las almas, y es la primera vez. Debido a ello, hay que detenerse un poco en este texto.

Recordarán que el contexto en que se sitúa ese pasaje es muy simple. Está poco después del que hemos leído sobre la confesión, y que a mi entender es justamente una oposición casi caricaturesca a éste. Polo, entonces, ha sido descalificado como interlocutor, porque en cierto modo se ha plantado en la discusión. Se ha visto obligado a admitir que si lo justo, en efecto, es mejor que lo injusto, la retórica no sirve para nada. En ese momento interviene Cálleles, que ha advertido a la perfección cuál es el punto débil del discurso de Polo, a saber, haber intentado reunir dos proposiciones. Primero, la proposición de que la retórica es inútil, y segundo, la proposición de que lo justo es mejor que lo injusto. Sócrates ha mostrado que las dos proposiciones no se sostenían y, al considerar por su parte que lo justo es mejor que lo injusto, ha demostrado que la retórica es inútil, y no sólo inútil, sino que no es nada. Por consiguiente, a partir de esta situación va a ser muy fácil deducir la táctica de Calicles en la discusión. Calicles va a tomar la otra posición, que consiste en decir: no es cierto que lo justo sea preferible a lo injusto, y por ende la retórica existe y por ende la retórica es útil. Este famoso pasaje sobre el hecho de que lo justo no es preferible a lo injusto se explica, se interpreta no sólo como el esbozo de lo que será el deTrasímaco en la República-lo que es exacto—, [sino] que también se lo reinterpreta como una especie de prefiguración del hombre nietzscheano, una especie de afirmación primera de la voluntad de poderío. Esta interpretación me parece, en contraste, muy aventurada y tan anacrónica como la que hacía del pasaje que explicábamos antes una prefiguración de la confesión. Lo que se pone en escena en ese diálogo de Gorgiasno es una moral de la confesión y el castigo, opuesta a una moral de la voluntad de poderío. Por razones históricas evidentes, sería sorprendente que así fuera.

Si insisto en Calicles, verán que lo hago por una razón simple. Para situar las cosas, y porque es necesario apresurarse, querría limitarme a decir que Calicles, en el fondo, es un joven a la vez de bien, estimable y, en resumidas cuentas, del todo normal. Pues si tomamos su discurso sobre lo justo y lo injusto [cuando dice]: no es cierto que lo justo deba preferirse a lo injusto, ¿cómo lo justifica, y sobre qué base? Lo justifica diciendo: no hay que hacer como un esclavo, dado que son los esclavos quienes sufren la injusticia sin poder defenderse (en 483¿). Y en 483c. hay que contarse entre los más fuertes, los más capaces, los que son dynatóipleon ekhein (capaces de tener más que los otros). Hay que procurar imponerse sobre los hoipollói, los más numerosos (en 483^, hay que estar entre los dynatóteroi (quienes son más poderosos que los demás). En 483^: es preciso que el más fuerte {kreitton) mande al menor, al más débil (hettori), y hay que formar parte de los béltistou los mejores. Ahora bien, todo esto es una muestra de las formulaciones más banales que puedan encontrarse en cualquier griego, habida cuenta de que Cálleles pertenece a la categoría de los ciudadanos de pleno derecho y también a la clase de gente que, por su estatus, su nacimiento, su riqueza, tiene la pretensión de gobernar la ciudad. No hay nada de extraordinario en el proyecto de Calicles. Lo único que se le opone, y que hace que esta actitud absolutamente normal -querer estar entre los mejores y ser, en ese título, alguien que manda al más débil y al menos bueno— [tropiece con una resistencia], es que frente a él tiene un nomos (una ley) que es justamente la ley de la democracia ateniense, que tiende a dar el mismo estatus a todo el mundo y en especial a impedir que nadie se imponga sobre los demás. Y frente a lo que para él es un escándalo (esta ley igualitaria) -en este punto hay, si se quiere, algo que hace que su personaje no sea un joven aristócrata como cualquier otro—, Calicles utiliza una argumentación que, según sabemos, procede muy directamente de los sofistas, de Gorgias, de Protágoras, etc., consistente en decir que el nomos no es más que una cuestión de convención y que ninguna ley obliga sobre la base de la naturaleza. En consecuencia, reinterpreta esa situación que le resulta intolerable. Él, que quiere jugar con normalidad el juego aristocrático del mejor, que pertenece a un mundo agonístico donde los más fuertes deben imponerse sobre los más débiles, utiliza ese tipo de razonamiento. Yes menester entonces ver que con Calicles, Sócrates no está en modo alguno frente al representante premonitorio de una aristocracia casi nietzscheana, incapaz de someterse a ley alguna, en cuanto ésta aspire a doblegar su apetito de poderío. En el caso de Calicles, Sócrates tiene frente a sí a un joven que quiere practicar, en un sistema que se ha convertido en igualitario, un juego agonístico tradicional. Ya no son sus ventajas de fortuna, su estatus tradicional los que pueden ponerlo entre los mejores, y el hecho de que se cuente entre ellos no le confiere autoridad real. ¿Cómo podrá adquirirla? Pues bien, simplemente por intermedio de la retórica. Ésta será, por tanto, un instrumento que le permitirá jugar, en el sistema igualitario, el viejo juego tradicional de la preeminencia y las jerarquías privilegiadas. La retórica es el instrumento para volver a hacer desigual una sociedad a la cual se ha procurado imponer una estructura igualitaria por medio de leyes democráticas. Es menester, pues, que esa retórica ya no se ajuste a la ley, dado que, justamente, debe actuar contra ella. La retórica tiene que ser, entonces, indiferente a lo justo y lo injusto, y se justifica como puro juego agonístico. Tal es el contexto en que se sitúa el pasaje que querría explicarles.

Entonces, frente a ese uso de la retórica sin adaptación a lo justo y lo injusto, ¿qué va a proponer Sócrates a Calicles? Bien, va a proponerle otro juego discursivo que es completamente diferente, que es diferente término a término. En efecto, primero, sea en la situación tradicional, sea en la situación conflictiva en que la gente, perteneciente a la élite o deseosa de practicar el juego agonístico, está frente a una estructura igualitaria y democrática, la retórica es un discurso que, según la idea de Calicles como, por lo demás, según la idea de los rétores, tiene un uso y uno solo: se trata de imponerse a los muchos {hoipollói) y, por consiguiente, de dirigirse a ellos y, al dirigirse a hoi pollói> [de] persuadirlos. Y cuando consiga entonces por la persuasión el apoyo de los muchos, uno va a poder superar a sus rivales. La retórica es, si se quiere, una práctica de discurso que se juega en tres categorías de personajes: están los muchos a quienes hay que convencer, están los rivales sobre los cuales hay que imponerse, y está por último quien u tiliza la retórica y quiere llegar a ser el primero.

Lo que Sócrates propone a Calicles es un discurso que no juega ese juego de tres niveles o que no actúa en ese espacio agonístico con los más numerosos, los rivales y el que tiene la pretensión de imponerse. Es un discurso del que uno se sirve como básanos,1 como prueba de un alma por otra. A lo largo de la discusión precedente con Polo, la cuestión pasaba por valerse del interlocutor como un mártir, un testigo. Aquí, la palabra básanos hace que el discurso vaya de un alma a otra como prueba. ¿En qué sentido, como prueba? La utilización de la metáfora de la piedra de toque es interesante. En efecto, ¿qué muestra la piedra de toque? ¿Cuáles son su naturaleza y su función? Su naturaleza consiste en la existencia de algo así como una afinidad entre sí misma y el elemento que somete a prueba, por la cual la naturaleza de este último se revelará en virtud de lo probado por ella. Segundo, la piedra de toque actúa en dos registros. Actúa en el registro de la realidad y actúa en el registro de la verdad. Es decir que permite saber cuál es la realidad de la cosa que se quiere probar a través de ella y, al manifestar esa realidad, se muestra si la cosa es lo que pretende ser y, por consiguiente, si su discurso o su apariencia están de conformidad con lo que ella es. En consecuencia, la relación que habrá entre las almas ya no es en absoluto una relación de tipo agonístico en la cual se trata de imponerse sobre los otros. La relación entre las almas será de prueba, será esa relación de básanos (de piedra de toque) en la que habrá afinidad de naturaleza, y por esta afinidad de naturaleza, demostración a la vez de la realidad y la verdad, es decir de lo que es el alma en lo que puede tener de étymos (auténtico). Como recordarán, ya habíamos dado con esta noción de lo auténtico (de lo étymos) a propósito del lagos. Y en la medida en que un alma se manifiesta por lo que dice (por su logos, [por] la prueba, en el diálogo, del lagos: saber qué es en realidad y si lo que es se ajusta efectivamente a la realidad y dice la verdad), lo que vale para el lagos vale también para el alma. El juego, por tanto, ya no es agonístico (de superioridad). Es un juego de prueba de a dos, por afinidad de naturaleza y manifestación de la autenticidad, de la realidad-verdad del alma.

En segundo lugar, se darán cuenta de que, en esa prueba de verdad, el punto que se indica varias veces como elemento destacado, y que va a hacer que se proceda en concreto a esa prueba y ésta lleve a una decisión, ¿cuál es? Es lo que en el texto se denomina en diversas oportunidades homología. El término reaparece varias veces, y se trata de la identidad del discurso en uno y en otro. Cuando en esas dos almas que se prueban por afinidad de naturaleza haya una homología por la cual lo que dice una pueda decirlo la otra, en ese momento habrá un criterio de verdad. Por eso, advertirán que el criterio de verdad del discurso filosófico no debe buscarse en una suerte de vínculo interno entre quien piensa y la cosa pensada. La verdad de ese discurso, entonces, no se alcanza de ninguna manera en la forma de lo que más adelante será la evidencia, sino por algo que se llama homología, es decir la identidad del discurso entre dos personas. Con una condición, sin embargo, punto en el cual damos con los tres términos que querría explicar y entre los cuales se cuenta parrhesía. Para que esa homología, esa identidad del discurso, sea en efecto lo que queremos que sea, una prueba de la calidad del alma, es preciso que no sólo aquél sino ésta, y el individuo que pronuncia el discurso —y en rigor estas tres cosas coinciden— cumplan una serie de criterios. Esos tres criterios [son]: episteme, éunoia y parrhesía. Habría que referirse (pero por desgracia no tengo tiempo) a otros textos que encontramos un poco más adelante con referencia a la adulación. ¿Qué es, en efecto, la adulación? En apariencia, también es una homología. ¿Qué significa adular? Adular significa tomar lo que el oyente ya piensa, formularlo por cuenta de uno mismo como discurso propio y devolverlo al oyente, que queda con ello tanto más fácilmente convencido y seducido cuanto que se trata de lo que él dice.

Por decirlo de algún modo, al parecer tenemos aquí una homología. Pero nunca se le dará ese nombre, porque la apariencia de identidad es sólo eso, una apariencia. Lo idéntico no es el logos mismo, sino las pasiones, los deseos, los placeres, las opiniones, todo lo que es ilusorio y falso. Eso es lo que se restituye y repite en la adulación. En cambio, la homología del discurso es un auténtico criterio de verdad. Y el hecho de que los dos interlocutores sostengan el mismo logos no será adulación con una condición, que ambos estén dotados de episteme, éunoia y parrhesía. Digo: "los oyentes estén dotados de", y habrá que volver por un momento a esto, pero por ahora, si les parece, dejémoslo de lado. Episteme, vale decir que es preciso que sepan: "saber" se opone a esa adulación que de tal modo se desahucia, porque sólo sirve como opinión. Aquí, la episteme no se refiere tanto a lo que el o los interlocutores saben en virtud de un saber que hayan aprendido, sino [al hecho] de que nunca dicen lo que dicen si no saben efectivamente que es verdad. Segundo, la homología no será adulación con una condición: que lo que buscan los interlocutores —también aquí en contraste con la práctica de los aduladores- [no sea] su propio bien, su provecho, su reputación ante sus oyentes, su éxito político, etc. Para que la homologa tenga en cicero valor de ámbito de formulación y prueba de la verdad, .será menester que cada uno de los dos interlocutores tenga, por el otro, un sentimiento de benevolencia que suponga la amistad (éunoia). Y tercero y último, para tener la certeza de que la homología no es simplemente la analogía del decir en la adulación, será preciso que cada uno de los dos utilice la parrhesía, es decir [que nada], sea del orden del temor, la timidez o la vergüenza, limite la formulación de lo que se cree cierto. Es necesario un coraje parresiástico. La episteme por la cual se dice lo que se cree cierto, la éunoia por la cual sólo se habla en virtud de la benevolencia hacia el otro, la parrhesía que infunde el coraje de decir todo lo que se piensa, a despecho de las reglas, las leyes, las costumbres: ésas son las tres condiciones [bajo] las cuales la homología, esto es, la identidad del logos en uno y otro, podrá cumplir ese papel de básanos (de prueba, de piedra de toque) del que se trata. Episteme, éunoia, parrhesía: si quieren realmente hacer comparaciones filosóficas, digan que, en cierto modo, esas tres condiciones ocupan, en una práctica filosófica definida por el diálogo y la acción de un alma sobre otra, el lugar exacto o, bueno, aproximado que tendrá la evidencia cartesiana cuando el discurso cartesiano se presente y se afirme como el ámbito de producción y manifestación de la verdad.

Sin lugar a dudas, habría que complicar un poco e incluso algo más que un poco las cosas, pero por desdicha no tengo tiempo... Pues de hecho ese juego se juega de a dos, es decir que ni la episteme, ni la éunoia, ni la parrhesía de Calicles son iguales a la episteme, la éunoia y la parrhesía de Sócrates. Y justamente, todo lo que pase en el diálogo a partir de ese momento indicará que, al actuar efectivamente con episteme—lo que sabe y lo que sabe cierto—, al jugar con su amistad-un poco limitada pero, después de todo, una muestra de buena voluntad con Sócrates- y al poner en juego su parrhesía que se define como la capacidad de decir cosas incluso escandalosas y vergonzosas, pues bien, al poner en juego todo eso y aplicar esas reglas a su propio diálogo, Calicles se va a ver poco u poco en la necesidad de dejar que el discurso de Sócrates se imponga. Y en ese momento, en medio del silencio de Calicles que renuncia a hablar, se afirmará una e'písteme de Sócrates que se manifiesta en la formulación de los grandes principios concernientes al cuerpo y el alma, la vida, la muerte y la supervivencia, que son algo así como el núcleo mismo del saber filosófico; la éunoia de Sócrates que es el afecto que siente por Cálleles, y laparrhesía socrática, esa parrhesía de la que da pruebas a lo largo de todo el diálogo, pero que se mencionará en concreto a] final, cuando, mediante una anticipación retrospectiva, el texto evoque lo que pronto será el proceso de Sócrates y su muerte, y el coraje con que éste dirá la verdad ante los jueces.

Y es así como episteme, éunoiay parrhesía constituyen operadores de verdad. Por un pacto al que Sócrates invita a Calicles, la homología que va a desarrollarse, que va a escandir el resto del diálogo, se erigirá en la prueba misma de la verdad de lo que se dice y por lo tanto de la calidad de las almas que lo dicen. Verán que, en esta concepción de la piedra de toque, de la homo logia y de su condición interna que culmina en la parrhesía, tenemos la definición del vínculo mediante el cual el lagos de uno puede actuar sobre el alma de otro y conducirlo a la verdad. De tal modo, esta parrhesía -que en su uso político, digamos según el modelo pericleano, tenía la posibilidad de reunir en torno del que manda la pluralidad de los otros en la unidad de la ciudad— ahora va a ligar uno a otro al maestro y el discípulo. Y al ligarlos uno a otro, [va] a asociar a ambos a una unidad que ya no es la de la ciudad sino la del saber, de la Idea, la unidad misma del Ser. La parrhesía filosófica de Sócrates liga al otro, liga a los otros dos, liga al maestro y al discípulo en la unidad del Ser, a diferencia de la parrhesía de tipo pericleano, que ligaba la pluralidad de los ciudadanos reunidos en la ciudad a la unidad de mando de quien ganaba ascendiente sobre ellos. Comprenderán por qué la parrhesía pericleana debía llevar necesariamente a la retórica, es decir el uso del lenguaje que permite imponerse sobre los otros y reunirlos, por medio de la persuasión, en la unidad de ese mando, bajo la forma de esa superioridad afirmada. En contraste, la parrhesía filosófica, que actúa en el diálogo entre el maestro y el discípulo, no conduce a una retórica, sino a una erótica. Es todo, gracias.



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