domingo, 19 de octubre de 2008

(Breves) - La casa encendida


Exposición "Reflejos de la India contemporánea"



Se muestra el trabajo de cuatro artistas originarios de diferentes partes del país y que dirigen su atención hacia lo más profundo de la realidad que les rodea.
Del 21 de Octubre 2008 al 4 de Enero de 2009.

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ArtFutura 2008

La decimonovena edición del Festival de cultura y creatividad digital de refe
rencia en España aterriza en diez ciudades, con su extenso programa que explora los proyectos y las
ideas más importantes surgidas en el último año en el panorama internacional del new media,
los videojuegos y la animación digital.

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En Tránsito 08


En esta tercera edición queremos presentar los resultados de nu
eve procesos artísticos que se han desarrollado dentro de nuestro programa Artistas en Residencia el cual realizamos junto al Aula de Danza Estrella Casero de la UAH.


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Hoy Radioficción: "24 horas en la vida de una mujer"

Representación de la obra basada en la novela del mismo nombre de Stefan Zweig. Adaptación de Roberto Mendés.

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Solo a ciegas (con lágrimas azules), de la compañía Olga Mesa


Una memoria compartida con el público, compañero de este tango-poema inventado, de historias fragmentadas y reveladoras, con invitados de viaje como Puccini, Pasolini, Verlaine, Walser y Monteiro.

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Este mes


Naissance des Pieuvres, de Céline Sciamma. Francia, 2007. 89 min. 25.10.2008 a 26.10.2008Cine para niños. El metrónomo: los niños ven la música, los ruidos y el silencio 25.10.2008 a 26.10.2008Gulabi Talkies, de Girish Kasaravalli 29.10.2008 a 29.10.2008Acervo de heterónimos, de Filipa Guimarães 31.10.2008 a 02.11.2008

martes, 14 de octubre de 2008

Sculpture //~\\ Magnetic //~\\ Ferrofluid

La artista japonesa Sachiko Kodama nació en 1970. Como un niño ella pasó mucho tiempo en la parte meridional de Japón. Esta área está rica en flores tropicales y plantas, afiladas por el mar, y lavada con la lluvia caliente.

(Click en la imagen para ejecutar los videos 1,2,3 & 4)

Compone las esculturas con "Ferrofluidos"; estos son liquidos que se ven alterados con los campos magneticos; lo que realiza en sus obras una variedad de figuras que van danzando, manipulado los campos magneticos como ella lo desea, con el ordenador.

Sachiko tiene el gusto por el arte y la literatura de una temprana edad, pero también tenía un fuerte interés en la ciencia. Después del curso de Física que termina la carrera en la Facultad de Ciencias en la Universidad
Hokkaido, En 1993, Sachiko se matriculó en Bellas Artes en el Departamento en la Universidad de Tsukuba, estudiando Medios de comunicación Plásticos de arte. Entonces ella completó el Programa Doctoral de Master en Arte y Diseño en la Universidad de Tsukuba. Ella estudió el Ordenador y el Arte de la Holografía en su investigación doctoral.
En el 2000,
Sachiko comenzó el trabajo sobre un proyecto ferrofluido de arte el que ella llamó "
Protrude, Flow". El movimiento dinámico de líquidos es el tema de este proyecto. Kodama es actualmente una profesora asociado en la Universidad de Electro-comunicaciones en Tokio. Su trabajo ha sido expuesto en Ars Electronica Center /Linz, National Taiwan Museum of Fine Arts, Tokyo Metropolitan Museum of Photography, Wexner Center for the Arts/Columbus, Skirball Cultural Center /Los Angeles, Science Museum/ Tokyo, The National Art Center/Tokyo.

lunes, 13 de octubre de 2008

Garra Matérica Nº3

Garra matérica (serie 3/10)
Medidas: 30 X 42 ctm
Técnica
: Tinta china s/papel
Año
: 2006


"Mi vida"
Traducción
de Luis Fernando Moreno Claros, en NIETZSCHE, F., De mi vida. Escritos autobiográficos
de juventud (1856-1869), Valdemar, Madrid, 1997

¿Cómo esbozamos un retrato de la vida y el carácter de una persona que hemos conocido?
En general, exactamente igual que como se esboza el de una región que hemos visitado alguna vez. Tenemos que representarnos sus particularidades fisonómicas: la naturaleza y forma de sus montes, la fauna y la flora, el azul del cielo; todo esto, en su conjunto, determina nuestra impresión. Pero, precisamente aquello que primero salta a la vista, la masa de las montañas, la forma de los roquedales, no proporciona en sí mismo el carácter fisonómico propio de una región: en distintas extensiones de tierra, como grupos que se atraen y se repelen, surgen según leyes idénticas idénticos tipos de montes, las mismas configuraciones de la naturaleza inorgánica. Algo distinto ocurre con la naturaleza orgánica. Sobre todo en el reino vegetal se encuentran los rasgos más sutiles para un estudio comparativo de la naturaleza.

Algo parecido sucede cuando queremos contemplar una vida humana y valorarla con justicia.

No debemos dejarnos guiar por los acontecimientos ocasionales, los dones de la fortuna, los giros caprichosos del destino, pues sólo son el resultado de la coincidencia de circunstancias externas que, similares a las cimas de las montañas, son las primeras que saltan a la vista. En cambio, precisamente aquellas experiencias mínimas, aquellos acontecimientos interiores a los que no damos importancia, son los que con más claridad muestran la totalidad del carácter de un individuo, pues se desarrollan orgánicamente según la naturaleza humana, mientras que los otros no le pertenecen, sólo están unidos con él de forma inorgánica.

Después de esta introducción parecerá como si yo deseara escribir un libro sobre mi vida. De ningún modo. Solamente quiero señalar cómo comprendo los acontecimientos vividos que narraré a continuación. Esto es, tal y como lo haría un apasionado naturalista que reconoce en sus colecciones
de plantas y minerales, clasificadas según los distintos terrenos, la historia y el carácter de las que examina; en contraposición al niño ignorante que sólo ve en ellas piedras y plantas para jugar y divertirse y del utilitarista que las contempla orgullosamente con desprecio, ya que las considera inútiles al no servir ni para alimento ni para vestido.

Como planta, nací cerca del camposanto; como hombre, en la casa de un párroco de aldea.

¿Y a santo de qué ese tono tan profesoral? Puede ser, pero, en todo caso, no deseo excusarlo. ¿Qué más puede hacer una introducción para mejorar la vida que instruir, si la vida misma no instruye?
Y estas noticias escuetas de mi vida ni podrán instruir ni entretener; son como piedras lisas; pero, en realidad, esas piedras son hermosas, con su coraza de musgo y tierra.

Al lado de la carretera comarcal que va desde Weißenfels hasta Leipzig y que pasa por Lützen, se halla la villa de Röcken.
Se encuentra rodeada de sauces, álamos y olmos aislados, de modo que desde lejos sólo se ven sobresalir las elevadas chimeneas de piedra y el antiquísimo campanario sobre las verdes cimas. En el interior del pueblo hay anchos estanques separados unos de otros por estrechas franjas de tierra. En torno a ellos, verde frescor y nudosos sauces. Algo más arriba se encuentra la casa parroquial y la iglesia; la primera está rodeada de jardines y de prados arbolados.

Muy cerca se halla el cementerio, repleto de lápidas semienterradas y de cruces. Tres acacias majestuosas de amplias ramas dan sombra a la propia casa parroquial.

Aquí nací el 15 de octubre de 1844 y, a causa del día de mi nacimiento, se me bautizó con el nombre de «Friedrich Wilhelm». El primer acontecimiento que me conmocionó cuando aún estaba formándose mi conciencia fue la enfermedad de mi padre. Era un reblandecimiento cerebral. La intensidad de los dolores que sufría mi padre, la ceguera que le sobrevino, su figura macilenta, las lágrimas de mi madre, el aire preocupado del médico y, finalmente, los incautos comentarios de los lugareños debieron de advertirme de la inminencia de la desgracia que nos amenazaba. Y esa desgracia vino: mi padre murió. Yo aún no había cumplido cuatro años.

Algunos meses después, perdí a mi único hermano, un niño vivaz e inteligente que, presa de un ataque repentino de convulsiones, murió en unos instantes.

Así pues, tuvimos que abandonar nuestra tierra; al atardecer del último día jugué aún con muchos niños y me despedí de ellos, al igual que de todos mis lugares queridos. No pude dormir; nervioso y malhumorado daba vueltas en mi lecho hasta que, finalmente, me levanté. En el patio se cargaban varios carros; la tenue luz de una linterna iluminaba la escena. En cuanto amaneció se engancharon los caballos; partimos en medio de la bruma matinal hacia Naumburg, la meta de nuestro viaje. Aquí, al principio con timidez, luego algo más espabilado, pero siempre con la dignidad de un pequeño filisteo envarado, comencé a conocer la vida y los libros. En Naumburg aprendí también a amar la naturaleza representada en sus hermosos bosques, valles, castillos y fortalezas y a querer a los seres humanos en la persona de mis parientes y amigos.

Comenzó también la época del gimnasio y, con ella, los nuevos intereses y las nuevas inquietudes. Sobre todo fue entonces cuando germinó mi inclinación por la música, a pesar de que el comienzo de las clases casi contribuyó a erradicarla en sus raíces. Mi primer maestro fue un maestro de capilla, con todos los encomiables defectos de un maestro de capilla y, además, de uno jubilado, sin ningún mérito especial.

Finalmente, y con la debida lentitud de rigor, llegué a tercero. Ya era tiempo de salir del círculo materno, de desacostumbrarse por fin a esa rutina que es tan nefasta para la vida práctica. Poseía en mí la ciencia de algunas enciclopedias, todas mis posibles inclinaciones se habían despertado ya, escribía poemas y dramas horripilantes y mortalmente aburridos, me martirizaba con la composición de música sinfónica y se me había metido en la cabeza la idea de adquirir un saber y un poder universales, tanto que me hallaba en peligro de convertirme en un completo cabeza de chorlito y en un visionario.

Por eso me vino muy bien, desde todos los puntos de vista, en calidad de alumno interno de la escuela provincial de Pforta, dedicarme durante seis años a concentrar mis fuerzas y dirigirlas hacia metas muy concretas.

Todavía no he dejado atrás esos seis años; sin embargo, puedo considerar ya maduros los frutos de este período, pues siento sus efectos en todo lo que actualmente emprendo.

Así pues, puedo mirar con agrado casi todo lo que me ha ocurrido, ya sean alegrías o penas; los acontecimientos me han conducido hasta ahora como a un niño.

Ya va siendo hora, tal vez, de tomar yo mismo las riendas de los acontecimientos y entrar de lleno en la vida.

Y de este modo el hombre se libera de todo aquello que lo encadena; no necesita dinamitar las rocas, sino que, inesperadamente, éstas caen por sí solas cuando un dios se lo ordena. Y ¿dónde está el grillete que al final aún le aprisiona? ¿Es el mundo? ¿Es Dios?


F. Nietzsche
Escrito el 18 de septiembre de 1863


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